Universidades: Las carreras preferidas por los alumnos más brillantes | Fortuna

Las carreras tecnológicas se resisten para los universitarios españoles. A pesar de que todas las alarmas están encendidas ante la falta de perfiles cualificados en ingenierías técnicas para atender la demanda del mercado laboral actual y de cara a los próximos años, las tes titulaciones más demandadas del sistema universitario español son Administración de empresas, Derecho y Psicología. Por género, las mujeres prefieren mayoritariamente estudiar Educación infantil, Enfermería, Psicología, Medicina, Turismo, Educación primaria y Derecho. Los hombres continúan siendo muy mayoritarios en los estudios de informática y en las ingenierías, opción que apenas elige poco más del 10% de mujeres en España.

Todas estas conclusiones se incluyen en el informe La universidad española en cifras, elaborado con datos del curso académico 2015-2016 por la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE), en colaboración con Santander Universidades, en el que también se pone de manifiesto que las titulaciones de Ciencias de la salud son las que atraen a los alumnos con mejores notas de acceso. De hecho, en los campus públicos el 88,54% de los estudiantes que estudian esta rama tienen una nota de 7,5 o superior a esta calificación, mientras que en los centros privados este porcentaje se sitúa en el 30,2%. Hay 11 titulaciones en las que los alumnos con nota de acceso superior a esta nota superan el 90% de los de nuevo ingreso: cuatro de estás carreras son de la rama de Ciencias de la salud, dos de Ingeniería y una de Ciencias sociales y jurídicas.

El encabezamiento de esta clasificación por la titulación de Relaciones internacionales constata, dice el informe, la atracción que el dominio de idiomas y la actividad internacional tienen para las expectativas de empleo de los nuevos estudiantes. A este le siguen en cuanto a preferencia, por parte de los expedientes más brillantes, Nanociencia y nanotecnología, Biotecnología, Ingeniería matemática, Microbiología, Bioquímica, Biología humana, Odontologia, Medicina, Ciencias biomédicas y Farmacia.

También en el acceso de los estudiantes con mejores calificaciones en los sistemas universitarios regionales existen diferencias de atracción. Así, por ejemplo, este colectivo supuso, en el curso 2015-2016, el 75,94% de los nuevos ingresos de las universidades del País Vasco, el 71,31% de la Comunidad de Madrid, el 70,40% de Cataluña, el 70,08% de Murcia, el 67,59% de Aragón y el 63,69% de la comunidad valenciana. Por universidades, el grado de atracción de estudiantes con diferentes notas de acceso presenta un abanico amplio, siendo dos universidades las que encabecen el ranking: la Carlos III de Madrid, con el 87,88%, y la Universidad Autónoma de Madrid, con el 81,70%. Les siguen la Universitat de Valencia, con el 79,04%, la de Barcelona, con el 77,43%, la Pompeu Fabra, con el 76,46%, la del País Vasco, con el 75,94% y la Politécnica de Madrid, con el 74,31%. De hecho, 33 de las 60 universidades presenciales que han participado en el estudio atraen a la mitad de sus estudiantes con nota de acceso superior a 7,5.

 

Tasas elevadas

En cuanto al precio de las matrículas, España sigue teniendo, así se asegura en el estudio de la CRUE, uno de los niveles de tasas públicas más elevadas de la Unión Europea, que es de cuotas muy bajas o gratuitas en el ámbito geográfico continental. El importe medio de matrículas en estudios de grado en una universidad española es de 1.110 euros, y de 1.991 euros la de un máster. Según recoge el estudio de la Comisión Europea, National student fede and support systems 2016-2017, solo Irlanda (3.000 euros el grado y 6.000 el master), Reino Unido-Escocia (2.137 el grado y 4.818 el máster), Holanda (1.984 euros en ambos casos), e Italia (1.262 euros) tienen precios públicos de grado más elevados que España.

Por comunidades autónomas también hay diferencias. De hecho, hay algunas regiones que se acercan a Reino Unido y Holanda en cuanto al nivel de tasas universitarias públicas. En Madrid el precio medio es de 1.556 euros, un 85,8% más si se compara el dato con 2008. Otras subidas clamorosas son las de la Comunidad Valenciana, con un 93,9% de aumento y una media de 1.223 euros por matrícula; Cataluña, con un 93,8% de incremento y una media de 1.509 euros; y Castilla La Mancha, con un 90,4% más y unas tasas de 1.400 euros. Por el contrario, se registró una mayor contención en Galicia, con un 5,1% y 713 euros de matrícula media, y en Andalucía, con un 9,7% y 757 euros.

El informe también hace hincapié en la urgencia de una reforma del sistema español de becas y ayudas al estudio, que ha pasado en los últimos años de 943,29 millones de euros a 838,80 millones, un 11,08% menos. La dotación per cápita también se redujo un 23,48%, pasando de 2.331 euros a 1.748 euros. “La equidad que debe darse en el acceso a un servicio educativo prestado por instituciones de carácter público y financiado muy mayoritariamente con recursos fiscales, demanda de actuaciones que corrijan las diferencias de esfuerzo que supone para las familias en función de la comunidad en la que vivan, y que pone en cuestión el principio de igualdad de oportunidades, al tiempo que encubren ineficiencias institucionales”, explican los autores del estudio. A su vez, añaden que los precios universitarios deberían operar como compensación de un coste estándar por titulación impartida en un centro universitario público y su pago, en todo caso, debería realizarse atendiendo el nivel de renta de cada uno de los demandantes del citado servicio educativo.

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Máster: Los mayores de 26 años ya no quieren estudiar una carrera | Fortuna

Durante los años de constante destrucción de puestos de trabajo que ha vivido la economía española, incluso en el periodo actual de recuperación, se ha reforzado la idea de la formación constante para la mejora de la empleabilidad. Una forma de mantener las capacidades al día y de ser un perfil atractivo para las empresas.

En España, el 9,4% de la población de entre 26 y 65 años participó en alguna actividad formativa en 2016, según los últimos datos del Ministerio de Educación. Y en el curso 2016/2017, alrededor de 435.000 personas con una edad superior a 26 años estaban matriculadas en estudios universitarios, ya fuese de grado o máster. Un 11% menos que en el curso 2013/2014. Este descenso no es uniforme entre las distintas opciones con las que cuentan quienes quieren seguir estudiando, algo que confirma un cambio en la forma en que estos se acercan a la enseñanza universitaria.

Los datos de los últimos cuatro cursos arrojan una primera conclusión: cada vez menos personas mayores de 26 años, es decir, gente que pasado su periodo natural de formación quiere continuar estudiando, eligen una carrera para hacerlo. Las nuevas matrículas en grados universitarios se han reducido en un tercio en apenas cuatro cursos: en el 2013/2014 fueron 109.154 personas de la edad referida las que eligieron esta opción universitaria, mientras que en el curso pasado la cifra había caído a 72.924. Un descenso que afecta, sobre todo, a la universidad pública. En esta, el retroceso de alumnado de estas edades roza el 40%: se ha pasado de 88.674 personas a 53.682. La reducción en la privada es mucho menor, del 6%, e incluso modalidades que pueden ser más solicitadas por personas que quieren compatibilizar su empleo con los estudios, como la universidad a distancia, también se han visto afectadas: las matrículas nuevas en este último caso han caído un 22% desde 2013.

Este descenso en nuevas matrículas también tiene su correspondencia en el conjunto de estudiantes ya matriculados en grados universitarios. Se ha pasado de 405.220 en el curso 2013/2014 a 319.372 en el 2016/2017, un 23% menos. Como en las primeras matrículas, la pública sufre la mayor caída. Un 24%. Las privadas, un 8%. Ya sea por necesidad o por interés personal, el grado ya no seduce.

Cuando se pensó Bolonia se quería que el grado habilitase la inserción laboral, pero la realidad no ha sido así

Juan Antonio Vázquez, de la Universidad de Oviedo

“Cuando se planteó Bolonia se quería que el grado tuviese un nivel formativo que habilitara para la inserción laboral. Pero la realidad ha dado la vuelta a esa intención. Ahora se percibe al grado como una condición necesaria, pero no suficiente”, afirma el catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Oviedo, y rector de este centro entre 2000 y 2008, Juan Antonio Vázquez. No es la única explicación de esta caída. Esta transformación también obedece a un cambio de tendencia: “Antes, muchos profesionales que ya estaban trabajando decidían completar su formación, ya fuese por afición o por obligación, con otra carrera. Ahora, esa segunda titulación en forma de grado se ha desinflado, impulsando otro tipo de estudios”, comenta Juan Hernández Armenteros, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Jaén y uno de los directores del tradicional estudio anual de la CRUE, La universidad Española en cifras.

Este experto se refiere al máster, un título que ha ido ganando peso paulatinamente en todas sus formas desde el curso 2013/2014, tanto en el número de estudiantes mayores de 26 años matriculados como en la oferta que lanzan cada curso las universidades. Si en el citado periodo eran 85.506 los matriculados en esta modalidad, la cifra aumentó hasta un 36% durante los siguientes tres años, llegando en 2016/2017 a 116.729 alumnos. El salto también se hace palpable en lo que se refiere al número de egresados mayores de 26 años, pasando de 18.052 a 25.548 titulados en el citado periodo, un aumento del 41%.

La segunda titulación en forma de grado se ha desinflado, dando paso al máster

Juan Hernández Armenteros, de la Universidad de Oviedo

Como en el caso de los grados, la diferencia entre los centros públicos y privados es considerable, a pesar de que el número de matriculados crece en ambos. En el curso 2013/2014 fueron 56.205 los mayores de 26 años matriculados en un máster de la universidad pública, pasando en 2016/2017 a 69.250. Esta subida, aunque del 23%, se queda corta al compararse con los números de los campus privados, que pasaron de tener 29.301 matriculados en 2013 a 47.479 tres años después, un ascenso del 62%. “Hay que recordar que para varios titulados, como el arquitecto, ingeniero aeronáutico o abogado, ese título ya es obligatorio, habilitante. Pero esto solo afecta a unas 15 carreras”, explica Juan Hernández Armenteros. Y en lo que respecta al resto de titulaciones, en las que el máster no es necesario sobre el papel, “las universidades se han puesto las pilas, con una oferta impresionante en muy poco tiempo, intensa y extensa, algo que también explica este aumento”, prosigue.

Las cifras le avalan: si en 2013/2014 el total de los másteres ofertados en España era de 3.306, en el último curso fue de 3.772, sumando 466 títulos. A esto se le añade, como recuerda el exprofesor visitante en Oxford y experto en gestión de educación superior, José-Ginés Mora, el boom que se ha creado en torno al máster, “un título que casi se ha convertido en moda, y que parece que todo graduado de hoy en día tiene que tener para dar el salto al mundo laboral”. Una idea que comparte Juan Antonio Vázquez, de la Universidad de Oviedo. “Se percibe al máster como la llave para el mercado laboral”, afirma.

A su juicio, la ventaja de estos estudios superiores radica en su flexibilidad y especialización, y en el hecho de adaptarse de forma más rápida a lo que pide el mercado. “En posgrado puedes captar muchas más demandas, actividades muy específicas, imaginativas y cambiantes. Pueden ser ofertados durante unos años y cambiar por las necesidades formativas”, lo que explica el rápido aumento de su oferta en los últimos años. Hernández Armenteros añade otros aspectos importantes, como una menor duración de tiempo respecto al grado y la posibilidad de cursarlo en cada vez más lugares. “Ya se puede estudiar un máster en casi cualquier ciudad”, apunta.

La universidad pública sigue mandando en lo que se refiere a la investigación

José-Ginés Mora, exprofesor invitado en Oxford

Precisamente, la adaptación a la realidad del mercado motiva el crecimiento de los estudiantes de máster en las universidades privadas, aquellas que por su idiosincracia facilitan más las cosas a los estudiantes: “Suelen tener más recursos económicos, mayores posibilidades en lo que a horarios se refiere y unos títulos más adaptados a las peticiones de las empresas. De cara a los estudiantes están mejor vistos”, afirma José-Ginés Mora. Precisamente por eso el máster privado ha ido ganando adeptos. Si de los 18.052 egresados en másteres en todas las universidades españolas en 2012/2013, 11.828 estudiaban en la pública y 6.224 lo hacían en la privada, las cifras han ido acercándose poco a poco. En el curso 2015/2016, último con datos disponibles, de los 25.548 egresados de máster, 13.851 fueron de centros públicos y 11.697 de privados. “Las privadas tienen una gran agilidad gestora: si deciden crear un nuevo máster, lo ejecutan. En la pública hay que discutirlo con muchos organismos, llegar a acuerdos, lograr permisos…”, dice Juan Antonio Vázquez, quien también señala la mayor capacidad de la privada para facilitar los estudios a quien trabaja, “con clases en fines de semana, estudios semipresenciales…”.

Pero no todo es un desinfle en la universidad pública. El doctorado se reivindica como alternativa pasando de un total de 15.450 matriculados en 2013 a 37.761 alumnos en 2016. En este salto, la universidad pública manda, aportando 14.591 y 35.655 estudiantes en los respectivos años. “La universidad pública tiene mucha más calidad en lo que se refiere a la investigación. Además, la inmensa mayoría de los doctores, una vez aprobada la tesis, mantienen los vínculos con la universidad u otros organismos públicos. El doctorado no se concibe tanto como una puerta de acceso a la empresa, y por eso en los centros privados su importancia es menor”, apunta José-Ginés Mora.

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Hacia una nueva gobernanza de la universidad española | Fortuna

Un menor número de profesores que sean funcionarios, más flexibilidad en la contratación del personal docente y una mayor proporción de perfiles externos a la universidad dentro los órganos de gobierno de los campus. Estas son las tres líneas principales de La reforma de la gobernanza en los sistemas universitarios europeos, el último informe de la Cámara de Comercio de España, la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD) y la Conferencia de Consejos Sociales, donde se propone una transformación total de la gestión de las universidades públicas españolas.

El documento hace un repaso de las reformas universitarias emprendidas durante décadas por Austria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Países Bajos y Portugal, países que han optado por cambiar su modelo docente, logrando así, según el informe, mayor autonomía, mayor rendición de cuentas, unos sistemas de evaluación con más calidad, diversificar sus fuentes de ingresos e incrementar la competencia. “Las universidades de estos países son instituciones que se definen por la calidad de sus profesionales, por lo que están obligadas a atraer talento, ofrecer itinerarios académicos transparentes y desarrollar procesos de promoción”, explicó ayer Javier Monzón, presidente del comité ejecutivo de la Fundación CYD. Y esto es lo que algunos quieren que imite la universidad española.

De esta forma, en estas regiones que sirven como modelo se ha reforzado la idea de que no sea necesario ser funcionario para trabajar en una universidad pública. Esto, a juicio de los autores del informe, supondría promover el talento dentro de las aulas, así como potenciar la profesionalización de la docencia. “Hoy, cada universidad debería poder elegir su política de contratación”, añadió Monzón. En este sentido, Marcial Marín, secretario de Estado de Educación, recordó que España se encuentra en la tesitura idónea para abrazar este cambio: “En los próximos cuatro años un 25% de los profesores universitarios se jubilará, y esto supone una oportunidad para reformar el estatuto del personal docente”.

Para estos expertos, otra medida a adoptar es que los órganos de gobierno de los centros pasen a estar ocupados también por representantes externos a la universidad y que no pertenezcan únicamente al mundo académico, con el fin de dar mayor prioridad a la rendición de cuentas, a la diversificación de las fuentes de ingresos o al incremento de la competencia entre los propios campus, “algo que solo puede suceder cuando se tiene a los mejores profesionales”, señaló Monzón. Estos organismos serían, además, los encargados de elegir al rector de cada centro, con el fin de alinear la dirección de la institución con el objetivo fijado.

Pretendemos llegar en 2020 a un 60% de financiación fija y que el resto vaya por objetivos

Antonio Abril, vicepresidente de la Conferencia de Consejos Sociales de Universidades Españolas

La financiación de la universidad es otro de los espinosos asuntos a tratar. Y estos expertos se decantan, sin ninguna duda, por la colaboración público-privada. Así, según explicó el vicepresidente de la Conferencia de Consejos Sociales de Universidades Españolas, Antonio Abril, los recursos de cada campus deberían establecerse en base a criterios de rendimiento. “Pretendemos llegar en 2020 a un 60% de financiación fija que garantice el funcionamiento mínimo y que el resto se mueva por objetivos, de calidad y resultados”. Aunque, como matizó el coordinador del citado estudio, Martí Parellada, deberían matizarse los criterios a tener en cuenta para esta doble vía de financiación, y por ejemplo, no incluir el grado de inserción laboral, pero sí aquellos aspectos que realmente puede controlar la universidad, como la tasa de graduación de los alumnos o su abandono.

“En estas políticas universitarias es necesaria la colaboración de todos, y la reforma es algo que no podemos prolongar durante más tiempo”, reconoció Marcial Marín, que animó a proseguir con esta transformación. Sobre todo porque, como reconocieron los autores del informe, esto supone un gran esfuerzo a todos los niveles. Los países analizados han tardado al menos dos décadas en poner en marcha los cambios y ver los frutos. “Precisamos de un fuerte liderazgo” de los gobiernos y de los rectores.

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