La UE da un mínimo respiro a May para evitar que sucumba al estancamiento del ‘brexit’ | Mercados

La primera ministra británica, Theresa May, ha implorado este jueves al Consejo Europeo un mínimo gesto que permita desatascar las negociaciones del brexit (salida del Reino Unido de la UE) y le dé argumentos para defenderse de las críticas que amenazan en Londres su posición.

A falta de las conclusiones definitivas, que se darán a conocer este viernes, May parece a punto de conseguir un breve respiro que le ayude a capear el temporal dentro de su Gobierno y de su partido.

Varias delegaciones, entre ellas la española, se mostraron durante la primera jornada del Consejo a favor de reconocer, como pide May, los avances registrados en la última semana.

El borrador de las conclusiones ya apunta que se han registrado “avances” y pide utilizarlos “como base” para consolidar “una posición convergente” en el mes de diciembre.

Fuentes diplomáticas advierten, sin embargo, que la posición a favor de aliviar la presión sobre May no es unánime. Y que algunas delegaciones, como la de Francia, desean mantener una posición muy dura al menos hasta diciembre, el nuevo plazo que ha marcado la UE para empezar a negociar el acuerdo sobre la futura relación comercial con Londres.

“May ha movido bastante su posición para facilitar el acuerdo”

 

May reclama antes de diciembre reconocimiento más tangible que le permita defender que la primera fase de negociación (factura, derechos de ciudadanos y frontera con Irlanda) está a punto de culminarse y se puede iniciar la segunda (acuerdo comercial), que es la que interesa a Londres.

Por suerte para May, la canciller alemana, Angela Merkel, cuya posición puede decantar el Consejo Europeo hacia un lado o hacia otro, llegó a la cumbre de Bruselas con un tono bastante favorable a Londres.

La canciller calificó como “esperanzadores” los avances logrados hasta ahora, lo que podría traducirse este viernes en unas palabras de reconocimiento a los esfuerzos de May, sobre todo, a raíz de su discurso en Florencia (22 de septiembre).

May prometió entonces saldar las cuentas del actual presupuesto de la UE (2014-2020), lo que supondría una aportación de unos 20.000 millones de euros tras la consumación del brexit en marzo de 2019. La líder británica también ofreció un período transitorio de dos años (hasta marzo de 2021) en el que estarían garantizados todos los derechos de ciudadanos y empresas europeas en Reino Unido.

May ha prodigado, además, en los últimos días las señales de socorro (el domingo telefoneó a Merkel y el lunes cenó con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker) y los gestos de buena voluntad.

Este jueves, May también publicó un largo comunicado plagado de parabienes hacia la valiosa contribución de los tres millones de europeos que residen o trabajan en Reino Unido y garantizándoles que sus derechos están garantizados y que Londres no los utilizará como arma de regateo para rebajar la factura del brexit. “El acuerdo [sobre los derechos] ya lo tenemos al alcance de la mano”, tranquiliza May en su misiva.

May ha movido bastante su posición para facilitar el acuerdo”, conceden fuentes diplomáticas, aunque piden mayor concreción en capítulos como el presupuestario. La UE insiste en que la factura de salida debe quedar clara antes de pasar a negociar la futura relación, que es la prioridad de Londres.

Pero una buena parte del Consejo Europeo considera peligroso contribuir a una posible caída de May. Su potencial relevo, el ministro de Exteriores, Boris Johnson, acrecentaría el riesgo de un brexit abrupto y sin acuerdo, que sembraría el caos económico a uno y otro lado del canal de La Mancha.

El propio Michel Barnier, negociador-jefe de la UE,  “nos ha pedido margen de maniobra para que la firmeza europea no se traduzca en un estancamiento definitivo de las negociaciones”, según fuentes diplomáticas. Barnier advirtió tras la quinta y, por ahora, última ronda de negociaciones, que el proceso se había estancado.

May también recibió la inesperada ayuda del presidente del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajani, que en una entrevista con la BBC cifró la factura de salida “en torno a los 50.000 o 60.000 millones de euros”, por encima los 20.000 millones ofrecidos por May pero muy por debajo de los 100.000 millones que se han llegado a citar.

Goldman Sachs, a un paso de Fráncfort


  • A golpe de tweet, el consejero delegado de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, dejó entrever que Fráncfort ha sido la ciudad escogida para albergar parte de su plantilla en Londres tras el brexit. “Me acabo de ir de Fráncfort. Excelentes reuniones, gran clima, lo he pasado muy bien. Buenas noticias, porque voy a pasar mucho más tiempo aquí. Brexit”, aseguró en la red social, a imagen y semejanza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

  • A falta de una confirmación oficial, el banco estadounidense sí que desveló a principios de mes que había alquilado espacio de oficinas en la ciudad alemana para cerca de 1.000 empleados. Su plantilla en Londres asciende a 6.000 personas.

  • Fráncfort se está convirtiendo en la gran beneficiada por la salida de Reino Unido de la Unión Europea y las mudanzas que planean los bancos de la City de Londres, obligados a considerar otras ciudades europeas para poder seguir operando.

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Londres y Bruselas deben cocinar un ‘bréxit’ rápido y poco conflictivo | Mercados

El proceso de salida del club del euro, a la vista de cómo se desarrolla la negociación entre Londres y Bruselas, se parece más al lento avance de un paquidermo que a la ligereza de una ardilla. La de momento última ronda de negociaciones entre ambos jugadores se cerró ayer con perspectivas no demasiado halagüeñas. Michel Barnier, el representante de los 27, y David Davis, el ministro británico encargado de negociar el acuerdo, resumieron el encuentro con distinto talante –más duro el francés, más optimista el británico– pero con idéntica conclusión: las negociaciones del bréxit están prácticamente en punto muerto, a falta de un acuerdo sobre diversos aspectos clave del proceso. El más importante: la factura de la salida de Gran Bretaña de la UE.

Las conversaciones entre Londres y Bruselas se han articulado en dos fases: la salida y las condiciones de asociación de Reino Unido con Europa. Barnier insistía ayer, con razón, en que es necesario culminar la primera parte de la negociación y acordar el montante de la factura, además de otros detalles que restan por cerrar, antes de iniciar la segunda fase. No parece una tarea fácil cuando desde Londres han comenzado a llegar mensajes que apuntan a la posibilidad de que la salida se convierta en ruptura. Como señalaba ayer el propio Barnier, el peor escenario posible es el escenario del no acuerdo.

El manejo del gigantesco entramado de relaciones económicas e intereses financieros que supone el bréxit no es una tarea sencilla ni pacífica, pero a ello se suman las vicisitudes de un partido conservador británico sumido en una evidente crisis y con un liderazgo –el de Theresa May– cada vez más frágil. A las voces que se alzan poniendo en cuestión la conveniencia de la salida se añade una May que se ha negado a contestar qué votaría en otro referéndum sobre el bréxit. Gran Bretaña debe aclarar y fortalecer su postura y Europa ha de presionar lo necesario para que esa clarificación se lleve a cabo. Porque solo hay una cosa más dañina para Europa y Reino Unido que un divorcio: un divorcio lento y conflictivo.

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Las dudas de May y Merkel paralizan el ‘brexit’ al menos hasta diciembre de este año | Mercados

La suerte aún no está echada, pero pinta muy mal para las negociaciones del brexit, que este jueves quedaron temporalmente embarrancadas tras la quinta ronda de contactos en Bruselas.

El proceso ha entrado en vía muerta por las dudas del Gobierno británico sobre el rumbo a seguir y la incertidumbre en el bando europeo sobre la posición del futuro Gabinete de la canciller alemana, Angela Merkel, todavía en formación.

El frenazo aumenta el riesgo de una ruptura sin acuerdo en marzo de 2019, cuando expira el plazo de dos años para concluir las negociaciones de salida de Reino Unido de la UE. La creciente amenaza provocó este jueves una caída inmediata de la libra, que perdió en torno al 1% en su cotización frente al dólar y pasó de 1,326 a 1,318.

Las dudas de May y Merkel paralizan el ‘brexit’ al menos hasta diciembre de este año

De momento, ya se ha incumplido el primer objetivo temporal, que preveía cerrar en la cumbre europea de octubre (19 y 20) la primera fase de negociación para pasar a la segunda, centrada en la futura relación comercial, política y diplomática entre la UE y Reino Unido.

“Dado el estado actual de las cosas, no estoy en condiciones de proponer al Consejo Europeo la semana que viene abrir las discusiones sobre al futura relación”, señaló el negociador jefe de la Comisión Europea, Michel Barnier, tras la conclusión de la quinta ronda de contactos. Aun así, el negociador británico, David Davis, se mostró esperanzado en que la próxima cumbre europea autorice a Barnier a iniciar los trabajos sobre la futura relación.

Pero Bruselas, de momento, no se da por satisfecha con las ofertas presentadas por Londres para resolver los tres puntos espinosos de la primera fase: la factura de la salida del Reino Unido para abandonar el club, los derechos de los ciudadanos europeos en suelo británico (y viceversa) y la gestión de las fronteras entre Irlanda (socio de la UE) y Gran Bretaña.

La primera ministra, Theresa May, se mostró dispuesta el pasado 22 de septiembre a mantener su aportación a las arcas de la UE hasta 2020, un año después de la salida, para cubrir los compromisos del actual periodo presupuestario europeo (2014-2020).

Pero ni a Bruselas le parece suficiente, ni May parece en condiciones de ofrecer garantías sobre el cumplimiento de su oferta, dada su inestabilidad al frente del Gobierno como consecuencia de la rebelión larvada de los conservadores partidarios de un brexit tajante y sin factura.

“Estamos estancados”, reconoció Barnier en relación con las cuentas pendientes, solo dos semanas después de que May hiciera su oferta con un discurso en Florencia en el que intentó, sin éxito, imponer su liderazgo en Londres e impulsar las negociaciones del brexit.

Aparte de los titubeos de May, el estancamiento de la negociación también se debe a las dudas de Berlín sobre la conveniencia de un brexit más o menos duro.

La industria alemana, con la automovilística al frente, reclaman un brexit lo menos traumático posible para sus intereses. Pero una parte de la clase política alemana, sobre todo, la más europeísta, desea que el brexit marque un claro precedente sobre la diferencia d e pertenecer o no al mercado interior europeo, como aviso para euroescépticos de otros países.

La canciller alemana, Angela Merkel, vacila entre ambas opciones. Y su decisión final dependerá, en parte, de la coalición de Gobierno que negocia con los Liberales (más proclives a un brexit blando) y los Verdes (partidarios de no hacer concesiones a Londres).

El nuevo Gobierno alemán no asumirá sus funciones hasta final de año, como pronto. Y a la espera de mayor claridad a ambos lados del canal de la Mancha, la UE ha prolongado dos meses, hasta diciembre, el plazo para cerrar la primera fase de negociación.

Pero de momento, según fuentes europeas, prevalece la idea de mantener una posición dura frente a May, aunque sea a riesgo de causar daños a ciertas industrias europeas. “Los británicos nunca calcularon que la UE está dispuesta a pagar un precio económico para salvar su proyecto político”, resume un alto cargo europeo.

13.000 euros por británico si no hay pacto

Londres se resiste a aceptar la factura de salida que reclama Bruselas, que podría oscilar entre 40.000 y 100.000 millones de euros. Pero el coste podría ser descomunalmente mayor si la salida se produce sin acuerdo, según los cálculos de la entidad financiera Rabobank.

Ese banco calcula que una salida en 2019 sin acuerdo tendría un impacto en el PIB del Reino Unido de unos 445.000 millones de euros hasta 2030, o unos 12.800 euros por persona. Tan tremendo impacto sería producto de las barreras comerciales que surgirían por la falta de acuerdo, la caída de la inversión, la pérdida de los sectores financieros y la reducción de la emigración europea hacia Reino Unido, según el estudio de Rabobank.

La libra cayó ayer un 0,37% frente al euro. Desde los máximos que alcanzó la divisa británica en septiembre –cuando volvió a niveles del brexit– retrocede un 3%.

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Theresa May pide dos años de transición para abandonar la UE | Mercados

La primera ministra británica, Theresa May, ha abandonado este viernes las posiciones más duras sobre el brexit y se ofreció a negociar todas las demandas de la UE con tal de evitar un cataclismo en marzo de 2019, cuando expira el plazo de dos años fijado para negociar la definitiva salida del Reino Unido del club. A cambio pide un período transitorio de otros dos años (hasta 2021) y una relación como socio privilegiado a partir de entonces.

El drástico giro de la tambaleante líder británica fue recibido con satisfacción en Bruselas. Pero podría costarle una rebelión del ala euroescéptica de su partido, liderada por el ministro de Asuntos exteriores, Boris Johnson, que no oculta sus deseos por un brexit duro ni su disgusto con las tácticas de negociación de May.

Por si acaso, May pronunció su discurso en la ciudad italiana de Florencia, lejos de un Londres donde sus palabras provocaron agitación y una caída de la cotización de la libra esterlina ante la falta de detalles sobre cómo espera lograr May ese trato de favor de la UE.

“Los ciudadanos y las empresas, tanto en Reino Unido como en la UE, saldrían beneficiados con un período para ajustarse a la nueva situación de manera suave y ordenada”, señaló May. La primera ministra cifró ese plazo “en dos años”, lo que aplazaría la salida efectiva y definitiva del Reino Unido al menos hasta 2021, cinco años después del referéndum del 23 de junio de 2016 que desencadenó el brexit.

Las negociaciones se retoman el lunes


  • El negociador jefe de la UE para el brexit recordó este viernes que las principales prioridades de Bruselas en la negociación con Londres son la situación de los europeos residentes en el Reino Unido y los británicos en el resto de la UE, las relación fronteriza entre Irlanda e Irlanda del Norte y la factura del “divorcio” entre Londres y Bruselas.

  • Las delegaciones de la Unión Europea y Reino Unido han celebrado hasta ahora tres rondas de negociaciones en las que se han logrado exiguos avances. En la última de ellas, celebrada a finales de agosto, Bruselas advirtió que solo estaba avanzando en temas secundarios, como en el estatus de los trabajadores transfronterizos, los procedimientos en marcha ante los tribunales de justicia o el área de viaje común entre Reino Unido e Irlanda. Las parálisis llevó a Barnier a proponer a Londres elevar la frecuencia de las reuniones.

  • Este lunes arrancará en Bruselas la cuarta ronda de negociaciones, que se prolongará hasta el jueves. Las tres anteriores arrojaron escasos resultados. El discurso de May y la conclusión del período electoral en Alemania podrían permitir mayores avances a partir de ahora.

El ruego de May llegó acompañado de una cascada de gestos de buena voluntad hacia Europa, con la esperanza de relanzar las negociaciones iniciadas con poco éxito en marzo del año pasado. La primera ministra ministra se comprometió a saldar las cuentas con el club europeo hasta 2020 (aunque sin concretar una oferta económica) y a respetar los derechos de los tres millones de europeos que residen o trabajan en Reino Unido.

May, además, retiró las veladas amenazas lanzadas en anteriores discursos y documentos, en los que había sugerido la posibilidad de convertir a Reino Unido en un paraíso fiscal para dañar a la UE y había amenazado con restringir la colaboración en la lucha antiterrorista si no se lograba un acuerdo sobre el brexit satisfactorio para Londres.

Las palabras conciliadoras de May llegan solo 48 horas antes de las elecciones en Alemania, una señal a la canciller Angela Merkel, de quien espera obtener ayuda para un brexit suave si, como parece muy probable, sale reelegida. La industria alemana no oculta su deseo de una transición suave, como pide May, y una relación comercial especial a partir de entonces.

Bruselas confía en que el cambio de tono de la primera ministra acelere las negociaciones, pero la situación en Londres cada vez resulta más caótica

 

El negociador-jefe de la UE, Michel Barnier, celebró el cambio de tono en Londres. “Theresa May ha expresado un espíritu constructivo (…) y su discurso muestra el deseo de avanzar”, señaló.

Barnier considera “un paso adelante” la oferta sobre los ciudadanos europeos, pero espera que se concrete. Y también se reserva la última palabra sobre la oferta presupuestaria de Londres, para comprobar si cubre todas las partidas. Bruselas no ha puesto cifra a su factura pero podría oscilar entre 40.000 y 60.000 millones, aunque algunos cálculos la elevan a 100.000 millones.

Barnier confía en que el discurso de May permita avanzar más rápido, aunque la situación en Londres parece cada vez más caótica

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¿Favorece el mercado único el separatismo? | Mercados

Independientemente de lo que suceda con la votación del 1-O en Cataluña, considerada ilegal por el Gobierno español, es poco probable que el anhelo de nacionalidad dentro de la comunidad autónoma termine. La disputa en torno a la división de España tiene mucho en común con la batalla por la separación escocesa, que culminó en un referéndum en 2014 que rechazó por poco la independencia.

Los dos movimientos son amenazas a uniones políticas que llevan siglos en vigor –desde 1516 en el caso de Cataluña y desde 1707 en el de Escocia. ¿Por qué se ha vuelto tan poderoso el deseo de convertir las identidades nacionales en naciones?

Si bien hay muchas razones, la creencia de los nacionalistas de que los estados independientes pueden ser miembros de la Unión Europea es un factor importante. Fuera de la UE, la independencia provocaría un impacto desastroso. El bloque económico más grande del mundo, aún muy exitoso, ofrece seguridad.

Si los políticos cooperan, la transición podría ser relativamente sencilla. Allá donde importa la economía de escala, Bruselas ya establece las normas. En el ámbito de la política de competencia, las normas de los productos y la lidia con la competencia extranjera, la independencia no cambiaría casi nada. Todas las grandes y muchas medianas empresas europeas ya prestan poca atención a las fronteras interiores de la UE, por lo que unas pocas líneas nacionales más marcarían relativamente pocas diferencias.

Por supuesto, los políticos podrían no cooperar. El Gobierno español, con un ojo en su propia región rebelde, trató despectivamente las afirmaciones escocesas de que retendrían la pertenencia al mercado único después de la independencia. Pero la realidad sobre el terreno tiene la forma de cambiar las mentes. Es probable que los separatistas tengan razón al creer que su patrimonio y el deseo serían suficientes para persuadir a la UE de que se saltara el procedimiento habitual para los nuevos miembros.

Pasar el control a Barcelona o Edimburgo significaría también deshacer lazos económicos y jurídicos nacionales acumulados a lo largo de los siglos. Sería complicado y no debería subestimarse. Sin embargo, ambas jurisdicciones ya tienen una gran autonomía, y al menos Cataluña no tendría que pensar en cambiar de moneda.

Tampoco es el paraguas económico de la UE una panacea. Escocia depende de las transferencias fiscales de Reino Unido, y el temor a perder fondos de Londres pudo ser el factor decisivo en el voto escocés. La caída del precio del petróleo –que afecta a los potenciales ingresos fiscales posteriores a la independencia– ha enfriado el entusiasmo del Partido Nacional Escocés por otro referéndum. Sin embargo, sin el trasfondo de una unión económica más grande, la idea de separarse probablemente nunca habría despegado.

Puede parecer extraño que los secesionistas vean el relativamente nuevo sistema europeo, con su engorrosa burocracia y su falta de democracia, como un buen sustituto de las antiguas uniones políticas nacionales. Sin embargo, las peculiares estructuras de la UE proporcionan amortiguador económico más que protector para las personas que quieren una nación que incorpore sus identidades ciudadanas.

El éxito de esta comunidad multinacional de gestión centralizada ha socavado las rígidas afirmaciones históricas sobre la soberanía política. La UE ha creado un nuevo tipo de soberanía: parcial y supranacional. Sus Estados miembros tienen una variedad diferente pero igualmente nueva de soberanía.

Durante las primeras décadas del experimento europeo, los creyentes en las fronteras tradicionales y claras de la nación moderna declararon que el proyecto estaba condenado. Sin embargo, la tendencia se está moviendo en la otra dirección. El éxito económico y la libre circulación de personas, así como de bienes, servicios y capital, han fortalecido las identidades duales y la doble política: francoeuropea, hispanoeuropea e incluso británicoeuropea.

Las autoridades de Madrid respaldaron en la práctica la nueva visión cuando se incorporaron a la Comunidad Económica Europea en 1986, como habían hecho sus pares en Londres en 1973. Tardaron unas pocas décadas, pero los nacionalistas regionales han asumido esta nueva comprensión de la nacionalidad. ¿Por qué ser catalán-español cuando se puede ser catalán-europeo?

Los partidarios de una salida británica de la UE son muy conscientes de los nuevos tipos de soberanía. Si bien sus temores de un superestado europeo son exagerados, tienen razón al esperar que la UE se volverá más influyente. Como sugirió esta semana el Grupo Socialista del Parlamento Europeo, esto significa una mayor toma de decisiones a nivel panregional y un papel menor para los Gobiernos nacionales.

Los secesionistas regionales y los entusiastas del brexit han respondido a la nueva soberanía de manera diametralmente opuesta. Los catalanes y los escoceses quieren un hogar europeo, mientras que los votantes británicos escogieron por poco margen un retorno a la vieja clase de nación en el referéndum del año pasado.

Los descontentos británicos no captaron cuántas cosas han cambiado. Para salir, ahora deben romper o remodelar miles de vínculos económicos establecidos con el resto de Europa. Está lejos de estar claro que puedan manejar eso sin provocar daños económicos severos. Y la salida de ReinoUnido puede dar un nuevo impulso a los escoceses amantes de la UE, siempre que puedan llegar a ser lo suficientemente prósperos como para prescindir de los subsidios ingleses.

Al igual que los secesionistas regionales, los activistas del brexit aprovecharon las ventajas de la economía europea. Parecen haber asumido que el mercado único permanecería abierto para ellos. Para estos secesionistas, sin embargo, eso fue un error. La UE apoya a sus miembros, pero no a los que la abandonan.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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El Parlamento británico da luz verde a la desconexión de la UE | Mercados

El Parlamento británico ha dado luz verde a la tramitación del proyecto de ley de retirada de la Unión Europea (UE), que pondrá fin a la preeminencia de las normas comunitarias en el Reino Unido cuando el país rompa de forma definitiva sus lazos con Bruselas.

El Partido Conservador de la primera ministra, Theresa May, que no tiene mayoría en la Cámara de los Comunes, contó con el respaldo de los diez diputados del norirlandés Partido Democrático Unionista (DUP) y de siete parlamentarios de la oposición laborista, que desafiaron la disciplina de voto para respaldar al Gobierno.

El texto, conocido como la Ley de la Gran Derogación, continuará ahora su curso parlamentario tras haber superado su primer escollo con una cómoda mayoría de 36 diputados -326 votos a favor por 290 en contra-. Tras la votación, que concluyó pasada la medianoche en el Reino Unido, May celebró la “histórica decisión” del Parlamento de “respaldar la voluntad del pueblo británico” al impulsar una ley que “aporta certidumbre y claridad” ante el “brexit”.

“Aunque todavía hay más que hacer, esta decisión significa que podemos continuar las negociaciones (con Bruselas) con cimientos sólidos”, sostuvo la primera ministra. El proyecto de ley tiene un doble objetivo. Por un lado, revocará el Acta de Comunidades Europeas de 1972, con la que el Reino Unido accedió a la entonces Comunidad Económica Europea (CEE).

Al mismo tiempo, trasladará las miles de leyes que componen el cuerpo legal de la Unión Europea a la legislación británica, a fin de que no haya vacíos normativos una vez se ejecute el “brexit”, previsiblemente el 29 de marzo de 2019.

El ministro británico para la salida de la UE, David Davis, alertó durante el debate de que oponerse a la ley significa abocar al Renio Unido a “una salida caótica” del club europeo. “Los británicos no votaron en favor de la confusión” en el referéndum sobre el ‘brexit’ de junio de 2016, y “el Parlamento tampoco debe hacerlo”, esgrimió Davis.

El negociador jefe del Reino Unido en Bruselas sostuvo que si el Ejecutivo no logra aprobar la Ley de la Gran Derogación el país “se aproximará al borde de un acantilado” y quedará sumido en la “incertidumbre”. La mayoría de los diputados laboristas se mostraron favorables a una regulación para que el Reino Unido abandone la UE, aunque alertaron de que el proyecto de May otorga al Gobierno amplios poderes para modificar leyes sin pasar por el Parlamento.

El texto a debate en los Comunes prevé que el Ejecutivo podrá utilizar un antiguo mecanismo legislativo conocido como “poderes de Enrique VIII” para aprobar legislación secundaria que, en la práctica, puede afectar a las normas primarias sin necesidad de someterse al escrutinio de los diputados.

El Gobierno argumenta que esos poderes extraordinarios son necesarios para introducir correcciones técnicas en las miles de leyes europeas que el Reino Unido va a adoptar con un único acto legislativo.

Esas regulaciones fueron redactadas en el contexto de la Unión Europea y hacen referencia a instituciones y mecanismos comunitarios, por lo que el Reino Unido tiene que adaptar múltiples detalles a contrarreloj, antes de que la ruptura sea una realidad.

La diputada laborista Angela Smith afirmó que su oposición a la ley no responde a que “quiera votar en contra del ‘brexit”, sino “contra un ‘brexit’ mal gestionado, que amenaza con debilitar todavía más unas tradiciones democráticas que tanto trabajo costó establecer”.

Entre los laboristas rebeldes que apoyaron el proyecto de ley de May, Caroline Flint argumentó que su deber es “respetar el resultado del referéndum” de junio de 2016, en el que el 51,9 % de los votantes optó por el “brexit”.

El Partido Nacionalista Escocés (SNP), la tercera fuerza política en la Cámara de los Comunes, con 35 diputados, se posicionó en contra de una ley que, en su opinión, no garantiza que competencias en áreas como pesca y agricultura, que actualmente controla Bruselas, se trasladen al Parlamento autónomo escocés tras el “brexit”.

“El Gobierno ‘tory’ quiere aprobar una ley defectuosa con la que no solo busca recuperar el control respecto a Bruselas, sino también respecto a Edimburgo, Belfast (Irlanda del Norte) y Cardiff (Gales)”, afirmó el portavoz para la UE del SNP, Stephen Gethins.

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Londres estaría dispuesto a pagar hasta 54.500 millones a la UE por el ‘brexit’ | Mercados

La factura que tendrá que pagar Reino Unido a la Unión Europea por su salida es una de las grandes incógnitas de las negociaciones entre ambos bloques y una de las grandes disputas. Hasta ahora, los medios británicos habían calculado que la salida de Londres de la Unión supondría entre 70.000 y 100.000 millones de euros. 

Una cuantía por encima de los 50.000 millones libras, unos 54.500 millones de euros) que, según el diario ‘The Sunday Times’ estaría dispuesta a pagar la primera ministra británica, Theresa May.

Según esta información, el Ejecutivo de Londres estaría dispuesto a pagar entre 7.000 y 17.000 millones de libras al año (de 7.630 a 18.530 millones) a Bruselas durante tres años, con el fin de terminar los pagos antes de las próximas elecciones generales británicas, previstas para 2022. El ministro para el ‘brexit’ David Davis ha asegurado que la cifra es un “sinsentido” y que la información del periódico es “completamente errónea”.

Se trataría de la primera oferta económica que presentaría May a Bruselas el próximo mes de octubre, tras el congreso del Partido Conservador y con el fin de evitar las críticas de la ala más euroescéptica del partido.

Esta semana se ha cerrado la tercera ronda de negociaciones entre Reino Unido y la Unión Europea sin lograr grandes avances. El negociador jefe de la UE para el ‘brexit’, Michel Barnier, lamentó la falta de claridad de Londres en aspectos clave del diálogo, como su disposición a hacer frente a los compromisos ya adquiridos en el presupuesto comunitario. El equipo europeo rechazó el planteamiento de Reino Unido de empezar a negociar cuál será el estatus tras la ruptura e insistió en las sus tres prioridades: la factura que deberá pagar Reino Unido, los derechos de los ciudadanos británicos y comunitarios y el futuro de la frontera de Irlanda del Norte. 

Una posición tildada de “ridícula” por parte del ministro británico para el ‘brexit’, David Davis, que en declaraciones a la BBC asegura que las negociaciones de esta semana “francamente, creo que resultó un poco ridículo, porque sencillamente habíamos logrado cosas”, dijo el ministro británico, que puntualizó que no hacía referencia a Barnier personalmente, sino a la postura de la Comisión Europea (CE), que le parece “ridícula”

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El Reino Unido compensará con robótica la marcha de trabajadores por el ‘brexit’ | Mercados

Las empresas británicas compensarán la pérdida prevista de trabajadores de la Unión Europea como consecuencia del “brexit” con el uso de “inteligencia artificial, robótica y automatización”, según un estudio de la consultora KPMG.

Después de que esta firma realizara el estudio “Efectos del brexit sobre los ciudadanos de la UE”, un responsable de KPMG, Antonio Hernández, ha indicado en un comunicado que las empresas británicas tendrán que esforzarse para “evitar una fuga de talento”.

Para ello, Hernández, socio responsable de KPMG en España para Brexit e Internacionalización, las compañías tendrán que actuar para evitar que se vaya un millón de trabajadores capacitados de países de la Unión Europea, que representan algo más del 3 por ciento de la población activa del Reino Unido.

El experto de la consultora, en este contexto, prevé un aumento de la competencia por el talento entre las empresas en los próximos años y añade que un gran número de ellas buscarán complementar sus plantillas mediante inteligencia artificial, robótica y automatización.

De acuerdo con la encuesta, el 45 por ciento de los ciudadanos europeos que trabajan en el Reino Unido planean quedarse, un 35 por ciento se está planteando marcharse, y el 8 por ciento (porcentaje que se correspondería con el millón de trabajadores antes citado) ya ha tomado la decisión de hacerlo.

Según el expertos, ya se están percibiendo consecuencias del “brexit”, como “una disminución de las solicitudes de matriculación de ciudadanos de la UE en las universidades británicas lo que, llegado el caso, podría provocar un problema en la cantera de especialistas de alto nivel, así como una carencia de químicos, lingüistas y otros profesionales”.

Según KPMG, el perfil de los empleados más proclives a abandonar el Reino Unido son los denominados “indey”, siglas inglesas que aluden a trabajadores independientes, solicitados, formados y jóvenes.

Así, señala que la mitad de los encuestados con doctorado y el 39 por ciento de los que cuentan con una titulación de posgrado afirman que se están planteando irse del Reino Unido. Además, el 52 por ciento de los que ganan entre 50.000 y 100.000 libras (entre 54.600 y 109.200 euros) planean marcharse o se lo están pensando.

Respecto a ese colectivo, Hernández ha indicado que, debido a los escasos esfuerzos efectuados por las empresas para retenerlos, “el Reino Unido está expuesto a perder parte de sus profesionales de tecnologías de la información, creativos, ingenieros y especialistas en finanzas, por citar algunos ejemplos”.

Por todo ello, y mientras la mitad de los trabajadores europeos esperan que sus empresas se dirijan a ellos con “una manifestación clara pidiéndoles que se queden”, KPMG aconseja a las empresas actuar para evitar la fuga de talento que puede darse vinculada al “brexit”.

Así, les ha propuesto, entre otras medidas, que tomen conciencia del riesgo al que se exponen por la marcha de esos empleados, que hablen con ellos, que decidan “una estrategia para apoyar al personal ante cualquier nuevo régimen de inscripción del Ministerio del Interior británico”, o que piensen en sus inversiones en formación y en la política de retribución y prestaciones.

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Impacto del ‘brexit’ en contabilidad y auditoría | Compañías

Es bien conocido que el referéndum celebrado en 2016 trajo consigo un insospechado resultado favorable al brexit. Las incógnitas ante este inesperado escenario arrancan con el calendario de la presumiblemente compleja negociación. La decisión acarrea incertidumbres de relevancia, particularmente para Reino Unido, pero también para los países que permanecerán en el club comunitario. Una de las más señaladas afecta directamente al marco institucional y regulador de la actividad empresarial, pues con la activación del brexit, y a falta de soluciones de transitoriedad, comienza la cuenta atrás para el momento en el cual tratados, directivas y restante normativa europea en materia de sociedades no serán aplicables a compañías radicadas en Reino Unido, al convertirse automáticamente en país tercero desde la óptica de la UE.

En este sentido, predominan los augurios que, en términos económicos, contemplan desfavorablemente este abandono británico, en virtud de que, culturalmente, su relación con la UE ha respondido a un claro enfoque de integración transaccional, que relegaba la voluntad de convergencia en muchas políticas comunes a una mera acomodación instrumental al servicio de relaciones comerciales y de negocios a escala global. Incluso parecía que la practicidad consustancial a un elevado nivel de integración financiera, cuya máxima expresión es la mística creada alrededor de la City se había venido imponiendo a cierta corriente subyacente de desconfianza euroescéptica hacia el proyecto de la UE, a menudo confinada en una retórica añeja de tintes más bien simbólicos. De hecho, el pulmón de servicios financieros londinense, incluyendo al pujante segmento de las fintech, ha dado impulso a una constelación de entidades prestadoras de servicios empresariales que podrían plantearse la conveniencia de relocalizarse tras la salida de Reino Unido.

Hay que considerar que, consumado el brexit, las reglas comunitarias referidas a libertad de establecimiento mercantil, normas contables y de auditoría u organismos reguladores centrales tendrán que sustituirse por futuribles leyes nacionales. Ahora bien, dada la indiscutible influencia de la tradición anglosajona en el vigente régimen contable y de auditoría adoptado por la UE, que descansa sobre normas internacionales, es improbable que se altere sustancialmente la sintonía entre los hoy todavía socios, más allá de inevitables efectos colaterales menores. Cabe presuponer que se mantenga la convergencia alcanzada en cuanto a principios y normas contables, publicación de estados financieros, revisión y verificación, consolidación, divulgación de información de gobierno corporativo o modelos para pymes. No obstante, los factores de riesgo y volatilidad derivados del impacto del brexit ya han encontrado reflejo en la información financiera de firmas que tienen intereses en Reino Unido. Así, y de acuerdo a lo dispuesto por la CNMV, en coordinación con los restantes supervisores nacionales de la UE, la evaluación y desglose de riesgos asociados al brexit destacaba como una de las prioridades establecidas para la formulación de cuentas de 2016 de cotizadas españolas eventualmente afectadas, entre las que aparecen varias compañías de peso en el índice selectivo.

En lo que respecta al campo de la auditoría, tampoco se vaticina que a corto y medio plazo se produzca una quiebra de la armonización conseguida entre los actuales socios en lo relativo a acceso a la profesión, cualificación, condicionantes y requisitos de acreditación, emisión de informes y contenido de los mismos o sistemas de supervisión. Con todo, es inevitable que se lleguen a plantear cuestiones concretas como la del ejercicio transfronterizo, en tanto que tras el brexit, los auditores británicos habrían de ser tratados como de terceros países, sujetándose su actividad en la UE a un régimen de autorización diferente del de quienes pertenezcan a los Estados miembros. En reciprocidad, surgen interrogantes respecto a la posición y estatus de los auditores asentados en el espacio comunitario y que quieran ejercer en Reino Unido.

Quizá la más lúcida síntesis de la situación de preocupación generada en el mundo corporativo con el impacto del brexit sea la de los análisis que recuperan la frase de James Carville, asesor de Bill Clinton, en la campaña demócrata presidencial estadounidense de 1992: “Es la economía, estúpido”.

Mercedes Redondo. Universidad de Valladolid. Francisco Javier Jimeno de la Maza es economista. Primer Accésit del Premio AECA de Artículos 2017.

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Londres pide una unión aduanera temporal porque ya ve las orejas al lobo del ‘brexit’ | Compañías

El primer documento base sobre la negociación del brexit, publicado ayer por Londres a menos de dos semanas de que se reabran las negociaciones con Bruselas, establece como prioridad acordar un periodo transitorio que le permita mantener las aduanas abiertas con la UE tras el 29 de marzo de 2019, en que el país saldrá del bloque.

Parecen así ganar peso las tesis moderadas del ministro de Finanzas, Philip Hammond, y de los que apuestan por un brexit suave que dañe lo menos posible a la economía británica, puesto que, según sus palabras, “no votamos brexit para ser más pobres”. Ese “acuerdo aduanero temporal” propuesto ahora por Londres no es más que la constatación de una evidencia tan grande como la dependencia que la economía de Reino Unido tiene de la Unión Europea. El 45% de las ventas británicas al exterior van a parar a la Unión, por eso Londres quiere mantener ese tráfico de mercancías sin aranceles y poco burocratizado, es decir, sin fricciones, un periodo que podría llegar hasta tres años tras la ruptura.

El trasfondo de la propuesta, que es un nítido reflejo de la preocupación de las empresas británicas por el futuro, está claro. Se trataría de proporcionarles a estas una confianza para invertir que ya han empezado a echar de menos. Aranceles, controles fronterizos y nuevas regulaciones son un paso atrás en el comercio transnacional que los grupos británicos contemplan razonablemente con preocupación. Y más porque Bruselas se mantiene, y así debe ser, en su tesis de que primero toca negociar el proceso de salida ordenada con aspectos tan importantes como los derechos ciudadanos o la factura que pagará Londres por la ruptura.

Londres ve las orejas al lobo del brexit y quiere dar claridad a sus empresas, pero además abrir pactos con terceros países, algo que contradice los acuerdos actuales. Las incertidumbres ya se han empezado a notar seriamente, por ejemplo, con caídas notables en el mercado del automóvil, mientras este crece en el resto de la UE. Una muestra clara del abismo a que se enfrenta el comercio británico si llega al divorcio de 2019 sin un acuerdo aduanero que sustituya al vigente con Bruselas.

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