El despegue de las rentas vitalicias y el ahorro 5 para preparar la jubilación | Mercados

Mientras el Gobierno sopesa medidas para intentar incentivar los planes de pensiones, otros productos destinados a complementar la pensión están cogiendo cada vez más brío. Se trata, principalmente de las rentas vitalicias, que han crecido un 3,86%, según datos difundidos por Unespa, y los planes de ahorro 5, que a cierre del primer semestre acumulan 2.586 millones de euros y suben un 69% con carácter interanual.

De hecho, desde Unespa prevén que los productos de ahorro previsión van a seguir creciendo en los próximos años dado que en España “existe un déficit de ahorro previsión en instrumentos financieros.

Durante largo tiempo, el ahorro se ha canalizado hacia otro tipo de activos, como los inmuebles, que no están específicamente pensados para la jubilación”, asegura Luis Miguel Ávalos, director del área de seguros personales, quien achaca el alza de los planes ahorro 5 gestionados por aseguradoras a que “es un producto pensado para pequeños ahorradores, ya que no se puede invertir más de 5.000 euros al año”. Su principal ventaja es que no se tributa por los rendimientos acumulados siempre que hayan transcurrido más de cinco años en el momento de cobrarlos. 

En Unespa prevén que los productos de ahorro previsión van a seguir creciendo en los próximos años

Raúl León, subdirector general de desarrollo de negocio de vida de Mapfre Vida, añade que la mayoría de las modalidades de ahorro 5 garantizan a su vencimiento el 100% del capital invertido, “lo que convierte a estos productos en una magnífica alternativa de inversión para ahorradores con un perfil inversor conservador/prudente”.

El alza de los otros productos de ahorro se constata en la evolución del negocio de las aseguradoras. Miguel Aldalur, director de vida y pensiones particulares de Caser, señala: “Al igual que el mercado, estamos potenciando las rentas vitalicias, pero además están obteniendo especial relevancia los productos basados en unit linked, ya que ofrecen inmejorables entornos de rentabilidad en este contexto de tipos tan bajos e incluso negativos.

Así, el PIAS Unit Linked [planes de ahorro sistemáticos combinados con fondos bajo el paraguas de un seguro] persigue obtener una fiscalidad diferencial tras pasar cinco años si se convierte a renta vitalicia”.

En Mutuactivos, la facturación por primas de rentas vitalicias ha crecido un 9% en el último año. No comercializan SIALP (seguro individual de ahorro a largo plazo), pero en cambio están potenciando los unit linked, que crecen el 19%, y los PPA, un 6,4% en el último año.

Las cifras

400.000 personas han contratado planes de ahorro 5 de aseguradoras en lo que va de año, un 69% más en tasa interanual.

10.000 jubilados habían transformado patrimonio en rentas vitalicias hasta junio de este año, un 3,86% más.

No obstante, ni rentas vitalicias ni otros seguros individuales son comparables con los planes de pensiones. Para José Antonio Iglesias, subdirector general comercial de VidaCaixa, “se trata de soluciones totalmente distintas.

Los planes son un medio de ahorro, mientras que las rentas vitalicias son una forma de optimizar el ingreso de ese ahorro que hemos generado en forma de complemento mensual para toda la vida. Además, las rentas vitalicias también son una solución para quienes desean organizar el patrimonio familiar, dejando una parte del capital en herencia”.

Pero no todo son bondades: Jorge García, director de vida y seguros personales de Generali, cree que el riesgo de las rentas vitalicias “es que su valor de rescate está ligado al valor de mercado del activo en el que se invierta, y en un entorno de previsión de subida de tipos de interés, lo más probable es que estos activos acumulen minusvalías, generando entre las personas que lo contratan la sensación de cautividad con la compañía”.

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Seguros, el gemelo aplicado de la banca | Compañías

Los problemas de los bancos han sido uno de los mayores tormentos para la Hacienda pública española. CCM, Cajasur, Caja Mediterráneo (CAM), Bankia, BMN, el banco malo… La lista de entidades financieras que han requerido dinero público es interminable. De acuerdo con el último informe del Banco de España, el rescate de las antiguas cajas de ahorros ha costado más de 60.000 millones de euros.

Mientras bancos y cajas perdían dinero a espuertas, cerraban oficinas y despedían a decenas de miles de trabajadores, las compañías de seguros han mantenido el empleo, han seguido dando beneficios y no han registrado ninguna quiebra durante la crisis. Siempre en la sombra. Siempre sin acaparar titulares.

Bancos y aseguradoras tienen algo de gemelos siameses. Captan recursos de los clientes minoristas para ofrecer soluciones financieras, tienen una fuerte regulación, invierten mucho en deuda pública… pero su comportamiento durante la crisis económica ha sido diametralmente opuesto.

“Las compañías de seguros tienen la peculiaridad de que cobran por adelantado una prima, para cubrir una contingencia futura”, recuerda a menudo la presidenta de la patronal del sector (Unespa), Pilar González de Frutos. Las aseguradoras recaudan el dinero de las pólizas y lo invierten de una manera muy prudente para cubrir siniestros:accidentes de coche (en los seguros de autos), goteras (en los seguros de hogar) o enfermedades (en los seguros médicos)…

El negocio principal de los bancos es casi opuesto: adelantan el dinero, tras calibrar el riesgo de impago de un particular o una empresa, y van recuperando las cantidades prestadas a lo largo de los años.

“El sector aseguradora ha demostrado una gran capacidad de resistencia durante la crisis. En unos años muy difíciles para la economía española no ha hecho falta intervenir ninguna compañía de seguros”, recordaba en unas jornadas del sector el responsable de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP), Sergio Álvarez Camiña.

El máximo responsable del supervisor de los seguros apuntaba entonces que solo hay tres formas para que una aseguradora quiebre:“problemas de control interno [con una malversación de fondos, por ejemplo], un mal diseño de los productos, con inversiones desacopladas con sus compromisos futuros de pago, y una mala política de inversiones”.

Históricamente, la única causa que ha provocado la necesidad de intervenir aseguradoras ha sido el último factor, pero durante la crisis económica que ha asolado España esto no se ha producido.

Una de las grandes fortalezas del sector ha sido, precisamente, su prudente política de inversiones, marcada en buena medida por la regulación. En concreto, ha sido clave la normativa de casamiento de inversiones.

“Esta peculiaridad legal ha hecho que el sector asegurador español haya sido el que mejor resultados ha obtenido en los últimos test de estrés realizados por el supervisor europeo”, explica Pedro del Pozo, responsable del departamento de economía de Unespa.

Casamiento de inversiones

¿En qué consiste ese casamiento? Simplificando, la normativa exige que los activos que la aseguradora compra para hacer frente a un compromiso futuro de pago deben tener un vencimiento similar a esos compromisos. Por ejemplo, para las indemnizaciones que tendrá que pagar una compañía para su cartera de seguros para coches a un año, deberá cubrirlas en buena medida con bonos a un año.

En otros países, el descabalgamiento de pasivos y compromisos de pago está provocando serios problemas. En Alemania, por ejemplo, se comercializaron muchos seguros de vida que prometían rentabilidades del 5% o el 6%. Cuando los tipos de interés de la deuda pública eran altos, se cubrían sin problemas. Pero ahora, con los tipos entre el 0 y el 1% y sin tener una casación con los activos, esos contratos generan grandes pérdidas.

Unespa y el supervisor del sector (la DFSFP) hicieron frente común para que las autoridades europeas reconocieran esta fortaleza del sector asegurador español y le permitirán reducir los requerimientos de capital que exigía la nueva normativa comunitaria, conocida como Solvencia II y que entró en vigor en 2016.

Las compañías de seguros españolas, además de no haber vivido ninguna situación crítica durante los últimos ejercicios, se convirtieron en los años más duros de la crisis en el mejor aliado del Tesoro.

En 2011 y 2012, cuando la sombra de la duda se cernía sobre la banca española y el Gobierno se vio obligado a solicitar un rescate para sanear las cajas de ahorros, los inversores internacionales huían de la deuda pública española como de la peste. En 2011, la multinacional alemana Allianz tomó la decisión de vender la mitad de su cartera de bonos españoles. Más de 2.000 millones de euros vendidos en unos pocos meses, lo que depreció aún más el valor de la deuda emitida por España y llevó la prima de riesgo cerca de los 700 puntos básicos.

En ese difícil contexto, las compañías de seguro españolas redoblaron su apuesta por los bonos del Tesoro. Al cierre de 2011 el sector asegurador acumulaba 47.000 millones de deuda pública española. En 2012 superó los 55.000 millones de euros. Entre 2010 y 2016, su inversión se disparó un 209%.

“La alineación del seguro con los intereses de España era total. En el hipotético caso de que el Estado no pudiera asumir sus compromisos de pago y quebrase, el menor de los problemas habría sido la cartera de deuda pública”, explica un directivo del sector. Pero esta inversión no fue una cuestión de patriotismo. En esos años, los bonos a 10 años llegaron a emitirse con un cupón del 5%. “Si tenías claro que España no iba a quebrar, era una oportunidad de oro”, apunta el directivo.

El interés por la deuda española no ha decaído y, a finales de 2016, la inversión en este activo rozaba los 140.000 millones de euros, algo menos de la mitad de la cartera total de inversiones del sector, que roza los 300.000 millones de euros.

Además de ser un sector con estabilidad financiera y plenamente alineado con los intereses del Tesoro, el seguro es un gran empleador. Da trabajo directo a 48.500 personas, el 95% con contratos indefinidos. Los empleos indirectos (peritos, corredores, agentes…) suman otras 100.000 personas. Además, las compañías de seguros pagan alrededor de 3.000 millones de euros de impuestos al año, un nivel que se ha mantenido estable en los últimos años.

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El Consorcio pagará 3.250 euros a los afectado por las tormentas de Madrid | Mi dinero

El Consoricio de Compensación de Seguros (CCS) ha calculado ya cuánto dinero le va a costar hacer frente a los daños provocados por las lluvias torrenciales que tuvieron lugar en la Comunidad de Madrid la semana pasada. De acuerdo con cálculos preliminares, este organimso público deberá abonar 6,5 millones de euros para hacer frente a unos 2.000 siniestros, todos ellos acaecidos en tan solo dos días (8 y 9 de julio). Por término medio, cada uno de los siniestros se llevará 3.250 euros.

Los daños han afectado principalmente a viviendas y urbanizaciones, automóviles, centros comerciales y algunos polígonos industriales, según los expertos del CCS. Un equipo de 40 peritos está valorando los daños. Hasta el momento se han recibido 224 solicitudes de indemnización, de las que 155 corresponden a viviendas y comunidades de propietarios, 36 a automóviles y 33 a comercios y oficinas.

Las inundaciones tuvieron un carácter muy disperso, destacando, por una parte, las zonas suroeste y noroeste de la capital y, por otra parte, numerosos municipios de la provincia (Aranjuez, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Parla, Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Coslada…).

Cuando se produce una fuerte tormenta, el Consrocio se hace cargo de los daños producidos en caso de inundaciones. También si ha habido vientos huracanados. En cambio, para los daños por goteras y humedades en los tejados, son las compañías se seguros de las viviendas o los locales quienes se hacen cargo.

Entre los días 30 de junio y 8 de julio se produjeron también fuertes tormentas en Girona. Sumadas a las de Madrid, han sumado alrededor de 2.650 siniestros con un coste aproximado de 10 millones de euros.

El Consorcio es un organsimo público adscrito al Ministerio de Economía que cubre algunos riesgos extraodinarios (como los provocados por el terrorismo, por terremotos o por tomentas muy fuertes). Las innundaciones son, de hecho, el evento climatológico que produce más reclamaciones ante esta institución. Entre 1987 y 2015, el CCS ha tramitado 521.000 expedientes por innundaciones, por los que ha pagado 4.569 millones de euros (el 69% de los importos abonados por la cobertura de riesgos extraordinarios). Por término medio, el Consorcio abona a los afectados unos 8.800 euros por los daños provocados por la inundación.

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