Los medios de EE UU equivocan la vía contra Google y Facebook | Compañías

El Wall Street Journal, el New York Times y otros periódicos están aplicando la solución equivocada en su lucha contra Facebook y Google. News Media Alliance, que representa a unos 2.000 editores de EE UU, quiere tener derecho a negociar colectivamente con el duopolio. El dominio de los titanes en el mercado de anuncios digitales es un motivo real de preocupación. Combatirlo, sin embargo, requiere una aplicación generosa de la legislación antimonopolio.

Aunque los periódicos ingresarán unos 4.400 millones de euros por publicidad digital este año, calcula PwC, es solo la décima parte de lo que obtendrán Google y Facebook, que controlan el 60% del mercado. Tal concentración plantea una amenaza más grande a la libertad de prensa que cualquier tuit del presidente Donald Trump, argumenta David Chavern, CEO de News Media.

Los editores quieren igualar el campo de juego uniendo fuerzas. Su organización pide a los legisladores que concedan una exención temporal de la ley antimonopolio que permita a sus miembros abordar colectivamente temas como nuevos métodos de cobrar a los lectores o la negociación de los ingresos publicitarios.

Sin duda, los medios de comunicación se han debilitado, aunque algunas de las heridas son autoinfligidas. Los periódicos estaban solos en el negocio de anuncios clasificados hasta que apareció Craigslist. Los ingresos eran tan buenos que durante décadas subestimaron su producto, prácticamente regalándolo. Ahora luchan por que la gente pague suscripciones.

La ubicuidad de Facebook y Google, con un valor de mercado combinado de un billón de dólares, es desconcertante. Casi el 80% de los usuarios de Internet en EE UU están en Facebook. Google domina el correo electrónico, los mapas y las búsquedas. Muchas otras partes como Yelp o incluso firmas de publicidad como WPP se beneficiarían de un mayor escrutinio gubernamental del duopolio.

La UE ha demostrado que se puede hacer. La semana pasada, golpeó a Google con una multa de 2.400 millones por abusar de su dominio de las búsquedas. Los periódicos harían bien en presionar para que se llevara a cabo un enfoque tradicional en vez de buscar su propia vía.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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Conseguí mi empleo gracias al ‘NY Times’ | Mercados

Hace años circulaban unos anuncios en los que un hombre aducía que había logrado su empleo a través de las páginas de ofertas laborales de The New York Times. Era una buena estrategia: anunciantes y buscadores de puestos de trabajo pagaban espacios en la sección de clasificados y los que deseaban empleo las consultaban. Además, la seriedad del diario neoyorquino daba garantías de que la información era seria y correcta. Años después comenzaron a aparecer unos pósteres, de las decenas que presumían de las ventajas de los rascacielos, donde aparecía un Fidel Castro sonriente haciendo el mismo mérito. “I got my job through the NY Times”.

Solamente los lectores más avezados y conocedores de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y las hazañas de la Revolución castrista, interpretaban correctamente la irónica afirmación. Se refería a un detalle histórico poco conocido acerca de cómo Castro capturó la atención de los medios norteamericanos y el poder de Washington. A parecer, Herbert Mathews, un avezado periodista del diario, famoso tempranamente por haber informado de acontecimientos mundiales importantes, como la Guerra Civil de España, plasmó una entrevista con Castro en Sierra Maestra en 1957. El texto tuvo tal impacto que en Washington se consideró que debía ser en interés de Estados Unidos apoyar a la incipiente revolución que terminaría por derribar la dictadura de Batista, quien había reclamado la muerte de Castro. El resto es historia: Mathews ha quedado señalado por los anticastristas como un cómplice del sistema comunista, mientras que Castro y los suyos lo consideran a la altura del Che Guevara.

Ahora, si la decisión de los editorialistas del Times, al recomendar al Gobierno español que pacte con el catalán y autorice la celebración del referéndum anunciado para el 1 de octubre, tiene éxito, los impresores de carteles y souvenirs se apresurarán a diseñar uno con una efigie de aire castrista. Si el resultado de la consulta deriva en un voto positivo y Cataluña se convierte en un Estado independiente, y republicano (según la especificación de las boletas provisionales), el nuevo presidente catalán podrá ser deudo de un sincero agradecimiento. Quizá entonces el mismo presidente catalán, Carles Puigdemont, se arrepienta de haber renunciado a repetir el cargo. Quizá la foto sea de Oriol Junqueras, el líder republicano que según las encuestas se apunta como vencedor de unas elecciones, constituyentes o transicionales. “I got my job through the NY Times”, en catalán, seguro sería un best seller, objeto de deseo de coleccionistas.

Lo que el editorial del diario norteamericano, el mejor y más influyente rotativo no solamente de Estados Unidos, sino del mundo, habrá conseguido es atraer la atención sobre un dilema que sigue pesando sobre la cabeza del presidente Rajoy. Como bien dice el editorial, su tozudez no ha conseguido más que el aumento de las huestes independentistas. Al negarse en redondo ni siquiera a hablar sobre el referéndum, aduciendo (correctamente) que la Constitución española no lo permite, pues la soberanía nacional no está troceada, sigue regalando argumentos a los que, al parecer y por ahora, no tienen intención de frenar la carrera hacia el enfrentamiento.

Tampoco sirve de mucho que el NY Times sepa bien que el propio ordenamiento constitucional de Estados Unidos no permite el ejercicio de consultas para estados individuales o en conjunto (como sucedió con la secesión del Sur). Lincoln no se fue por las ramas y aplastó la rebelión, aunque simultáneamente evitó la represión. De la misma forma, la doctrina de Wilson de la libre determinación se ofrecía para los casos, numerosos entonces, de colonialismo, y no es aplicaba ahora.

El NY Times, con sentido práctico liberal, aduce que sería mejor para el Gobierno español autorizar el referéndum, sin rubor de disimulo de calcular que sería negativo para los independentistas (como revelan ciertas encuestas). En otras palabras, tanto la democracia liberal como del propio interés de Estados Unidos ganarían, ya que Washington y Wall Street le tienen pánico a la fragmentación de los Estados. Ya lo dijo Obama: Estados Unidos no se entromete en los asuntos internos de sus aliados, pero prefiere una España “unificada” (fue un gafe, pues quiso decir modestamente “unida”).

Pero los observadores norteamericanos se preguntan qué quieren decir los partidos (como el PSOE) que interpretan España como una “nación de naciones”, sin reparar que hace ya tiempo que sigue pendiente una definición aproximada y clara de la identidad nacional que se decante por la variante norteamericana de opción (es norteamericano que quiere serlo) o la étnica-cultural, la antigua germana, eterna y primordial. Quizá el editorialista del Times intuye que la interpretación de la Constitución, al distinguir “nacionalidades” y “regiones”, requiere sutileza y flexibilidad. Pero quizá su corresponsal en Madrid (el autor en la sombra) no se da cuenta de que una mayoría notable de los españoles no están dispuestos a aceptar mayores ventajas para algunas nacionalidades. Ya se tiene bastante con el convenio vasco, del que nadie habla.

Joaquín Roy es catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.

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