La riña franco-italiana se traslada a la telefonía | Compañías

La pendencia franco-italiana se ha trasladado de los barcos a los teléfonos. El mes pasado, París impidió que un grupo italiano tomara el control de un astillero. Ahora Roma está investigando la influencia de Vivendi sobre Telecom Italia.

El momento puede ser una coincidencia. El 27 de julio, el ministro francés de economía, Bruno Le Maire, dijo que el Gobierno nacionalizaría temporalmente el astillero de STX France para impedir que la firma Fincantieri la controlara. Ese mismo día Vivendi lanzaba en paracaídas a uno de sus ejecutivos, Amos Genish, al consejo de Telecom Italia. Roma está investigando si el nombramiento violó las leyes que garantizan el control estatal de los activos estratégicos.

Es probablemente más un ojo por ojo que otra cosa. Italia está cada vez más incómoda ante la expansión de las empresas francesas y la renuencia percibida en París a permitir reciprocidad. Vivendi ha sido particularmente agresiva, adquiriendo un 24% de Telecom Italia y un 29% de Mediaset, lo cual ha provocado una investigación antimonopolio.

Bajo la norma de la “acción de oro” italiana, las compañías de sectores estratégicos como las comunicaciones están obligadas a notificar al Gobierno cualquier cambio de la propiedad o del control. Es probable que Roma llegue tarde: Vivendi adquirió su participación y se abrió camino en el consejo de Telecom Italia hace casi dos años. Y su inversión no es lo suficientemente grande como para controlar la compañía.

Pero los inversores de Telecom Italia deberían estar nerviosos. Roma podría intentar vetar el nombramiento de Genish, o imponer una multa. O peor aún, Vivendi podría terminar teniendo que deshacerse de la red de telefonía fija de Telecom Italia.

Italia puede considerar un objetivo digno el control de las telecomunicaciones de la nación. Pero su movimiento sigue pareciendo excesivo: no hay pruebas de que Vivendi haya dañado el interés público, por ejemplo, al invertir en la red. Italia puede quejarse legítimamente de la intervención francesa en el caso del astillero. Pero con este ojo por ojo, podría fragmentar aún más el mercado único europeo de capitales.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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Telefónica recibe la recompensa de su inversión en fibra | Compañías

Invertir en las grandes telecos europeas puede ser aburrido. Su gran tamaño hace que sea complicado para los antiguos monopolios estatales como Telefonica, Orange, BT y Telecom Italia crecer igual de rápido en sus mercados nacionales como el presuntuoso operador francés Iliad. Esto pone el foco en los dividendos y en cualquier cosa que les afecte, cómo la inversión que les exigen los reguladores.

Un buen ejemplo de ello es BT, cuyos títulos han caído cerca del 14% en lo que va de año. Por supuesto, los malos resultados de enero tienen parte de culpa, pero también las dudas acerca de cuánto deberá invertir en unos años: los analistas estiman un gasto de capital (capex) para 2020 de entre 3.300 y 5.000 millones de libras. Si se suma la reciente decisición del regulador Ofcom de reducir el importe máximo que BT puede cobrar a los clientes mayoristas por ciertas velocidades de descarga, no es de extrañar que la compañía cotice a 11 veces las ganancias esperadas para el próximo año (la cifra más baja de los grandes operadores europeos). Las preocupaciones también pesan sobre Telecom Italia, que está metida en una discusión con los reguladores sobre el despliegue de la banda ancha en las zonas rurales.

Pero no todos los operadores cargan con estos problemas. Orange tiene más clara la cantidad de inversión que tendrá que realizar, pues está trabajando en un plan de fibra óptica establecido por el anterior Gobierno. Y Telefónica está recibiendo las recompensas de sus tempranas inversiones en redes de fibra.

La compañía española dirigida por José María Álvarez-Pallete López ha cubierto ya el 60% del país con fibra y ahora espera que el gasto de capital (capex) respecto a las ventas caiga al 16% en 2017, frente al 17% del año pasado. Esto da a los inversores mayor certeza de que los flujos de efectivo cubrirán los pagos de dividendo en el futuro y también ayuda a explicar por qué la compañía tiene una valoración superior que la de sus compañeros italianos o británicos. No es de extrañar que los reguladores estén entre los primeros números de las listas de llamadas de los ejecutivos de las telecos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción es responsabilidad de CincoDías.

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El Gobierno italiano contra Telecom Italia | Compañías

La cruzada de Italia para cubrir el país con banda ancha se está convirtiendo en una farsa. Varios ministros amenazan con castigar a Telecom Italia por suministrar acceso de alta velocidad a internet a zonas escasamente pobladas, compitiendo con una empresa vinculada al Estado. Telecom Italia acusa al Gobierno de dirigismo. Sea cual sea el motivo, Italia comete una imprudencia atacando a empresas dispuestas a ofrecer inversión privada.

Uno de los movimientos más innovadores del ex primer ministro Matteo Renzi fue reclutar a la distribuidora estatal de electricidad Enel para ayudar a solucionar la mala conectividad de Italia. Ese asustó a Telecom Italia, controlada por el grupo francés Vivendi, que decidió hacer una fuerte inversión. El Gobierno también ofreció ayudas a los operadores que conectaran áreas que de otra manera dejarían de lado. La primera licitación la ganó la compañía de banda ancha propiedad de Enel y del banco estatal Cassa Depositi e Prestiti.

Telecom Italia criticó el proceso de licitación ante la Comisión Europea. Pero su venganza es insólita. En lugar de competir por la segunda licitación, la compañía ha amenazado con poner en marcha su propia red en parte de las mismas zonas. El Gobierno, en lugar de alegrarse de que las empresas estén tan decididas a ofrecer banda ancha a los agricultores pobres, sostiene que Telecom Italia está desestabilizando su sistema de ayudas. Un ministro incluso ha hablado de imponer sanciones por daños y perjuicios.

Es difícil saber si el Gobierno se habría puesto tan furioso si Telecom Italia no estuviera en manos francesas ni compitiera con un grupo vinculado al Gobierno. En realidad, sin embargo, es difícil ver una base legal para detener a la compañía controlada por Vivendi.

El entusiasmo de Telecom Italia plantea al país un posible problema: el hecho de que esté encantada de lanzar la banda ancha en áreas poco desarrolladas plantea la cuestión de si esos lugares necesitan subsidios después de todo. De cualquier manera, el Gobierno se ha puesto en la extraña posición de atacar lo que Italia necesita: inversión privada. Seguir adelante con esa amenaza sería un autogol.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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