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Roman Polanski, ayer, en Zrich.

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Gstaad, la aldea de las 8.000 vacas donde se esconden los megarricos | Viajes

Procesin de vacas a final de verano, cuando bajan de las montaas.

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Los Alpes suizos son para el verano | Fortuna

Una ubicación privilegiada a las faldas de los montes Rigi, Pilatus o Stanserhorn, en los Alpes centrales suizos y a orillas del lago de Los Cuatro Cantones, convierten a Lucerna en un destino singular. Solo por su bella arquitectura medieval merece la pena una visita, creerá entrar en las páginas de un largo cuento en el que casi todas las historias giran alrededor del puente de La Capilla (Kapellbrücke) 

Un antiguo puente de madera del siglo XIV es la imagen más representativa de Lucerna, antiguo poblado de pescadores al que debe su nombre. Una ciudad que pareciera detenida en el tiempo a una orilla del río Reuss si no fuera porque en la otra se descubren edificios de diseño y vanguardia, otra de sus señas de identidad. La tranquilidad domina cada rincón de sus calles en las que todo, como en el resto del país, parece estar perfectamente ordenado e impoluto.

El Kapellbrücke es el puente de madera cubierto más antiguo que se conserva en Europa aunque a punto estuvo de ser pasto de las llamas de un incendio, al parecer accidental, que se desató en 1993 y que acabó con una tercera parte del más del centenar de pinturas del siglo XVII que adornaban su interior.

Este puente, que antiguamente servía para resguardarse de la lluvia y de la nieve, es hoy atravesado con curiosidad por los turistas, que muy cerca descubrirán la antigua torre de planta octogonal y serán sorprendidos por las campanadas del bonito reloj de la torre homónima (52 m de altura).

Esta atalaya fue en tiempos una de las puertas de acceso a la ciudad amurallada, después cárcel y torre de vigilancia. El actual reloj fue incorporado en 1574 y desde tiempo inmemorial tiene la particularidad y el privilegio de sonar un minuto antes que el resto de relojes públicos de Lucerna.

Guía del viajero

Como llegar. Desde España a Lucerna puede tomar un avión hasta la cercana Zúrich. Swiss tiene vuelo directo a la capital financiera suiza desde Madrid y Barcelona –poco más de dos horas desde la capital y algo menos desde la Ciudad Condal–, a partir de 89 euros trayecto en turista y 141 en business. Precios y salidas en Swiss.com. En el aeropuerto podrá tomar un tren –una hora de trayecto– hacia Lucerna y desde allí otro hasta la localidad de Engelberg –otra hora de viaje–, punto base de nuestra ruta y excursiones. Lo mejor y más barato para moverse por Suiza es utilizar la amplia y buena red de transporte público y según el itinerario, adquirir el Swiss Travel Pass (un abono transporte por días) que da acceso ilimitado a trenes, autobuses y barcos. Un abono de cuatro días cuesta unos 200 euros. Información y descuentos en Swisstravelsystem.com.

Dormir y comer. No tendrá grandes problemas para alojarse. Según su presupuesto encontrará la misma hospitalidad en los hoteles de lujo, abundantes en las ciudades, como en los preciosos chalés y coquetos refugios de montaña de los destinos vacacionales alpinos. La relación calidad precio es buena. Y lo mismo pasa con los restaurantes. En las cartas encontrará tanto platos tradicionales suizos –su gastronomía está muy influenciada por la de sus países vecinos Francia, Alemania e Italia– como cocina internacional. No deje de probar las famosas fondue y raclette de queso, ni su afamada pastelería y chocolates. En el aeropuerto de Zúrich y antes de acceder a los mostradores de facturación encontrará un afamado supermercado donde comprar los mejores quesos y chocolate a buen precio.

 A tener en cuenta. Suiza no es un país barato y su proverbial puntualidad no es un tópico. Si la hora de salida de su transporte es las 10:45:32, no saldrá ni un segundo antes ni uno después. Así que para evitar sorpresas deje la tradicional improvisación latina para otro destino. Información de turismo en MySwitzerland.com.

En el trazado de sus calles del casco antiguo, estrechas y adoquinadas –muchas cerradas al tráfico– y edificios reconocerá el paso de la historia a través de distintos estilos arquitectónicos, gótico, barroco o renacentista, y también hazañas épicas. A una de ellas se rinde tributo con el monumento al león moribundo o el león triste, como también se le conoce popularmente. Esta imponente estatua excavada en la roca conmemora la hazaña del cuerpo de los legionarios suizos de Luis XVI, famosos por su bravura en el combate. Casi 800 fueron masacrados por los revolucionarios cuando defendían al Rey Sol y el resto de la familia real en el palacio de las Tullerías.

No puede abandonar Lucerna sin darse un paseo por la Schwanenplatz y, al menos, mirar los escaparates de las exclusivas boutiques de relojes o, si su economía se lo permite, comprarse un Rolex, dicen los suizos que aquí es el lugar del mundo donde más relojes de esa marca se venden. Si no puede darse un capricho tan caro, dese uno más dulce en la misma calle, en la confitería Bachman, famosa por sus chocolates, sus pasteles recién horneados y sus bocadillos.

Lucerna es también un sitio estratégico para hacer excursiones y descubrir la región alpina del centro de Suiza. El mítico monte Pilatus, visible desde la ciudad en los días claros, el Rigi o el glaciar Titlis son visitas casi obligadas, al igual que un paseo en barco por sus maravillosos lagos.

Puente suizo
Lucerna con el puente en primer plano.

Pura adrenalina

Apenas 35 km separan Lucerna de la pastoril Engelberg. Una pequeña y tranquila localidad en el centro de Suiza, de casitas de madera, asentada sobre un amplio valle a 1.000 m de altitud donde el aire huele diferente. Las flores, como una explosión de color, inundan balcones, ventanas y cualquier rincón en el que puedan crecer al sol del suave verano. Los incondicionales de la naturaleza amarán este pequeño paraíso.

En invierno, porque es una de las diez mejores estaciones de esquí del país, ideal para los amantes del freeride, una modalidad de esquí fuera de pista. En verano se convierte en el olimpo de senderistas, escaladores, ciclistas y jugadores de golf. El paisaje montañoso lo amerita. A un lado, el imponente Titlis y al otro, el Hahnen (2.600 m). El color verde se impone sobre el blanco de las cumbres. Aparte de disfrutar de las extraordinarias excursiones, poco hay que hacer o ver en Engelberg que conserva un monasterio benedictino medieval, aún habitado por monjes de esa orden.

Aventura. Subir la vía ferrata –ruta para escaladores sobre paredes o macizos rocosos, equipadas con peldaños, clavijas, rampas o cables para facilitar su ascenso– de Brunnistöckli (2.030 m). La ascensión comienza a 1.880 m y se suben 450 (unos 45 minutos) con un desnivel de 200. Necesitará mucho brazo y pierna, muchas ganas y nada de vértigo para atravesar además dos puentes colgantes hasta coronar la cima. Ni es fácil ni para principiantes. Si viaja con niños, no se pierda Brunni, un espacio recreativo con toboganes y circuitos de trineos en plena naturaleza.

Bollywood glaciar

A 3.020 m de altitud y con nieves perpetuas, subir a la cumbre del Titlis y pasear sobre el único glaciar de la región es una excursión obligada. Más que las impresionantes vistas, desfiladeros y bosques teñidos de blanco, le sorprenderá la multitud de turistas indios que pululan por la nieve tan frescos como si estuvieran en el trópico, invadiéndolo todo como posesos y sacándose fotos como si no hubiera un mañana. Le parecerá el único desajuste en la reglada Suiza. ¿La razón? El glaciar ha sido escenario de películas de Bollywood. Si huye del fenómeno fan evite el verano.

Imprescindible. Atravesar Cliff Walk, el puente colgante más alto de Europa sobre un cañón de 500 m. Un entramado de acero de un metro de ancho y otros 100 de longitud, suspendido sobre el vacío absoluto. Lo pasará mal si sufre de vértigo. Si supera el trago entrará al túnel de hielo que le conduce a las entrañas del glaciar. Una cueva a 20 m de hondo, 150 m de largo y una temperatura constante de -1,5º C. Parece increíble, pero en tan breve recorrido puede perderse entre sus espectaculares paredes de hielo azul flúor, un fenómeno natural por la absorción de la luz.

Como llegar. El teleférico Titlis Rotair, el primero giratorio del mundo, le transporta en cinco minutos hasta la cima desde la estación de Stand –se le hará más largo– en un espectáculo maravilloso bajo sus pies. La cabina gira lentamente 360º sobre su eje. En verano, el telesilla Ice Flyer conduce al Parque Glaciar –entrada gratuita–, donde podrá divertirse con la nieve, los trineos o practicar snowtube –deslizamiento sobre neumáticos–.

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