Wall Street no tiene miedo ni de Pyongyang | Mercados

Ni siquiera el temor a un posible Armagedón es rival para la codicia de Wall Street. Los inversores de EE UU ya han desoído las subidas de tipos de la Reserva Federal, el crecimiento del proteccionismo en el mundo y la disfunción de Washington. La advertencia directa del miércoles de Donald Trump a Pyongyang podría haber sido una nueva razón para precipitarse hacia el oro o las armas. Mr. Mercado, sin embargo, rara vez pronostica acontecimientos terribles.

Las tensiones geopolíticas no han podido sacar de la calma a los valores. El S&P 500 sigue estando un 10% por encima de comienzos de año. Casi no ha habido movimientos diarios del 1% o más. Tras la amenaza de Trump de desencadenar “fuego y furia” sobre Corea del Norte, el Índice de Volatilidad del Mercado de Opciones de la Bolsa de Chicago subió más de un 20%, pero perdió la mitad y se situó al cierre cerca de mínimos históricos.

Hubo pocas búsquedas de valores refugio, a pesar de que no haya una estrategia de inversión probada ni siquiera para una pequeña guerra nuclear. El oro subió algo más del 1,5% el miércoles. A poco más de 1.277 dólares por onza, sin embargo, se mantiene dentro de la estrecha banda de trading del año. Lo mismo puede decirse de los bonos del Tesoro de EEUU, otro refugio tradicional en tiempos difíciles.

Tal tranquilidad podría explicarse por Trump mismo. Intenta intimidar tan a menudo y de forma tan informal, ya sea a Kim Jong-un, el senador Mitch McConnell o el jefe de Amazon Jeff Bezos, que la gente cada vez lo ignora más. La América corporativa, además, está ayudando a mantener la calma. Las ganancias del segundo trimestre han sorprendido significativamente al alza.

Aún así, no se puede contar con los inversores para que prevean los problemas. El premio Nobel Paul Samuelson dijo una vez que el mercado había pronosticado nueve de las últimas cinco recesiones. Hace diez años, BNP Paribas cerró tres fondos de bonos en lo que resultó ser el primer temblor de la calamidad que se avecinaba. El índice de referencia de EE UU cayó un 3%, pero se recuperó rápidamente, y subió casi un 8% en dos meses. Eso no acabó bien. Por el bien de todos, ahora debería ser diferente. 

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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La UE se rebela contra el bloqueo a la inversión extranjera en China | Compañías

La voz de alarma la dio Bruselas antes de la última cumbre UE-China. La inversión extranjera en China cayó un 23% en 2016, lo que le relegó a la tercera posición del ranking mundial de las naciones más atractivas para invertir. Fue superada por EE UU y Reino Unido y Hong Kong y Holanda ya le pisan los talones, según Naciones Unidas. Las empresas europeas expresaron sus protestas por las barreras que persisten en el mercado chino para la entrada de capital extranjero. Y eso ha llevado al nuevo líder francés Emmanuel Macron a pedir en el último Consejo Europeo endurecer el control de las inversiones que vengan de fuera de la UE en sectores estratégicos, en respuesta a China. Una propuesta avalada por Berlín y Roma.

El problema de fondo, sin embargo, es mucho mayor. Rubén García-Quismondo, socio-director de Quabbala Abogados y Economistas, con sede en Hong Kong y uno de los consultores con mayor conocimiento del mercado asiático, apunta a que la caída de los flujos obedece a que China ya se ha convertido en un mercado maduro. “Ellos se abrieron hace 40 años porque necesitaban inversión extranjera para transformar su economía y hacerla crecer. Ahora ya son líderes industriales en el mundo y lo que necesitan es valor añadido”, remarca en una entrevista con CincoDías. En su opinión, el mercado chino se va cerrando porque las oportunidades cada vez son menores. “O eres capaz de probar que tienes algo que yo no tenga o no tengo ningún interés en ti. Pero es que además las barreras de entrada cada vez van a ser más altas, hay algunas naturales (cultura, idioma…) y otras que ellos crean, como la cesión de tecnología”.

García-Quismondo explica que esa es la clave que justifica el proteccionismo chino. “Un modelo chino muy habitual ha sido decirle a Siemens que para entrar tiene que hacer una joint venture con una empresa china de fabricación de trenes. Y le tienes que ceder la tecnología porque si no, no vas a entrar en el mercado. La empresa china desarrolla su producto y luego acaba compitiendo en el exterior con Siemens para posteriormente ganarle contratos”.

“Para entrar tienes que ceder la tecnología, porque de otra maneras no vas a tener acceso al mercado”

Las empresas europeas han aprendido la lección y no están dispuestas a seguir cediendo su tecnología y conocimiento para que el socio local le acabe robando el mercado que le prometía. Desde la Comisión Europea también han expresado sus reticencias ante el proceso de apertura de la economía china, ya que consideran que el acceso está vetado a una serie de sectores estratégicos en manos del Estado. “No hay bancos privados. Detrás de la siderurgia, las navieras o los seguros, siempre está el Estado. Nunca te encuentras con empresas privadas, excepto Alibaba”, subraya García-Quismondo. Algo que sí sucede en el caso de Europa, en el que las empresas chinas han cerrado grandes operaciones en sectores estratégicos. Han comprado la automovilística sueca Volvo, la germana de maquinaria Putzsmeister, la italiana Pirelli o la holandesa Phillips. El intento frustrado de compra de la firma alemana de semiconductores Aixtrom, frenado por riesgos en la seguridad a finales de 2016, ha llevado al Ejecutivo chino a pedir “un trato equitativo” para sus empresas en el acceso a la UE.

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