¿Adicto al móvil? En lugar de desconectar, aprende a priorizar | Talento

Estamos hartos de escuchar que dependemos en exceso de la tecnología, que los niños pasan demasiado tiempo delante de las pantallas y que vivir en las redes sociales aumenta las posibilidades de sentir envidia, frustración y tristeza. El grueso de los estudios científicos hasta el momento defiende estas conclusiones y alerta de las consecuencias negativas que pueden derivarse de abusar de la tecnología. Pero la solución no tiene por qué ser desconectar, obligarse a no mirar el móvil y no consultar el correo fuera del trabajo. En su lugar, algunos expertos defienden la necesidad de aprender a priorizar y compaginar la realidad online y offline.

Regular el uso del móvil en lugar de dejar de utilizarlo cuando estás con otras personas podría reducir los niveles de ansiedad que genera no estar atendiendo a las notificaciones. “Mi consejo es que cada cual gestione su propia vida. Si dejar de mirar el buzón de entrada o no contestar a un mensaje en tu tiempo de descanso te va a provocar todavía mayor estrés, hazlo”, comenta Santi García, cofundador de Future For Work Institute, en un reportaje reciente publicado en EL PAÍS.

Esta nueva línea de pensamiento defiende la integración de la vida digital en la vida offline y sugiere que esforzarse en mantener los límites estrictos puede generar incluso más ansiedad. El estudio Out of sight, out of mind? How and when cognitive role transition episodes influence employee performance, publicado en la revista Human Relations, sugiere que quizás deberíamos adaptarnos a estos cambios en lugar de luchar contra lo que está pasando. Jeroen Sangers, consultor especializado en mejorar el rendimiento de personas, equipos y organizaciones, está de acuerdo y asegura que “en lugar de buscar la separación deberíamos encontrar el equilibrio y aprender a distribuir nuestra atención de forma dinámica según las necesidades de cada momento”.

Cada vez más personas defienden esta manera de plantearse la nueva realidad, en la que la tecnología aumenta su importancia sin parar. “Necesitamos cambiar la forma en que miramos las cosas”, escribe Tristan Greene en TNW. “Se está volviendo contraproducente sugerir que la solución es colocar límites arbitrarios en el uso que hacemos de las nuevas tecnologías”. Establecer prioridades en lugar de límites podría ser más beneficioso. “Estoy defendiendo la integración sin fisuras de Siri en mi vida, no dedicando un tiempo aparte para ella”.

Cuando internet comenzó a llegar a las casas la limitación entre el mundo online y offline estaba clara. Cuando querías visitar una web encendías el ordenador y cuando lo apagabas, internet desaparecía por completo hasta que decidieses volver a él. Ahora no siempre somos nosotros quienes decidimos cuándo estar conectados: las notificaciones nos bombardean y los límites entre lo digital y lo analógico se han difuminado hasta fundirse en una sola realidad.

Este es el motivo por el que luchar para desconectar se hace tan complicado. La única opción a día de hoy es deshacerte de smartphones y tabletas y cualquier dispositivo que pueda recibir notificaciones. Pero si tienes un teléfono inteligente, debes que asumir que no mirarlo no significa necesariamente estar desconectado. Cuando alguien te escribe y notas la vibración, tu cuerpo reacciona: el sonido de la notificación que has recibido ha estimulado tu cerebro y te ha hecho desconectar de tu conversación cara a cara por un segundo. Y esa inquietud por saber quién te ha escrito te persigue hasta que atiendes a la notificación. El dilema es: qué es mejor, ¿no mirar el móvil y pensar en quién te habrá escrito o leer el mensaje y deshacerte de la tensión?

Merece la pena plantearse esta cuestión porque ignorar a la persona que tienes delante a cambio de consultar tu móvil ya tiene hasta nombre: phubbing. Es una combinación de phone (teléfono) y snubbing (ignorar). Todos lo hemos hecho alguna vez y nos hemos sentido culpables porque la idea de que lo que hay que hacer es desconectar prevalece.

“Aceptar que la tecnología cada vez juega un papel más importante en nuestras relaciones sociales es clave, pero también puede ser peligroso”, explica la psicóloga Diana Navarro. No hay que perder de vista todos los casos en los que el uso de la tecnología se convierte en abuso y adicción. Si el tiempo que dedicas a tu móvil está afectando a tus relaciones personales o a tu trabajo y te impide funcionar en la vida con normalidad, es posible que se haya convertido en adicción y necesites ayuda profesional. “Precisamente la normalización del uso de la tecnología a todas horas hace difícil que las personas se den cuenta de cuándo es un problema”, explica Navarro.

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Cómo motivarse para trabajar cuando todo el mundo está de vacaciones | Talento

Durante la temporada de vacaciones todo se ralentiza. Los plazos para completar tareas se alargan y dependen de la fecha de vuelta de algunos compañeros. Hay menos reuniones o son menos productivas porque no están todos los responsables clave para tomar decisiones definitivas. Agosto se alarga como un domingo eterno y estar en el trabajo puede parecer frustrante cuando tienes que adaptarte a la escasa disponibilidad de clientes y jefes. En estos momentos es fácil sentirse desmotivado, no solo por las dificultades en el trabajo, sino por pensar que eres el único pringado trabajando

Para paliar esa sensación y aprovechar el tiempo lo máximo posible, los expertos recomiendan centrarse en tres tareas importantes para las que habitualmente no encontramos tiempo. Así lo explica la speaker Dorie Clark en Harvard Business Review, “obviamente, es más divertido si eres el que está de vacaciones. Pero incluso si no es así, todavía puedes aprovecharte de los beneficios de que otros disfruten de su tiempo libre”.

  • Aprovecha que recibes menos correos para concentrarte mejor

Las distracciones en el trabajo reducen la productividad: hay estudios que aseguran que cuando algo interrumpe tu momento de concentración tardas hasta 22 minutos en volver a estar plenamente centrado en la labor que abandonaste. Y recibir correos electrónicos urgentes tiene mucho que ver con esto porque te obliga a desconectar de lo que estabas haciendo y contestar.

Alternar tu atención entre estas tareas que haces casi sin pensar y aquellas en las que tienes que centrarte con una atención dirigida hace difícil separar los espacios y trabajar en las tareas significativas. Pero cuando todo el mundo está de vacaciones, el nivel de mensajes entrantes cae drásticamente. Tienes más libertad para programar bloques ininterrumpidos de tiempo para hacer frente a los proyectos importantes que has estado postergando y que podrían beneficiar significativamente tu carrera.

  • Quítate de encima las tareas menores

Si aun así esa idea no te convence, puedes complementarla con todo lo contrario y dedicar unos días para hacer tareas menores que te hayan estado impidiendo ser productivo durante el resto del año. Las tareas pendientes que nunca acabamos de cumplir se acumulan en la parte de atrás de tu cerebro y de vez en cuando aparecen recordándote que deberías prestarles atención. Esas tareas no son tan imprescindibles como tus objetivos principales, pero tienen que hacerse igualmente. “Si te sientes desmotivado, te darán una sensación de logro al final del día”, explica Clark. Son cosas como contestar emails antiguos o devolver llamadas, revisar proyectos, crear un sistema para organizarte…

  • Haz contactos. Los que están trabajando están tan solos como tú

Hacer networking es otra de las tareas que más descuidamos en el día a día, cuando el volumen de trabajo no nos deja pensar en otra cosa. Pero es cierto que crear relaciones laborales nuevas y dedicar tiempo a mantener las ya iniciadas es algo que puede marcar el desarrollo de tu carrera profesional. Según Steve Cadigan, vicepresidente de talento de Linkedin, “el 80% de la gente encuentra su segundo trabajo a través de alguien a quien conoció en su primer puesto”. Durante las vacaciones de verano, las personas que siguen trabajando pueden ser más receptivas y aceptar con más facilidad una invitación para reunirse.

“Es posible que te sientas desanimado si a cada correo que envías te devuelven una respuesta automática que te recuerda que eres el único que no está de vacaciones”, cuenta Clark. “Pero a cambio consigues tiempo ininterrumpido para concentrarte, para limpiar las telarañas que han obstaculizado tu productividad y para conectar con colegas y mejorar tus relaciones”.

A estos consejos se pueden añadir otras opciones que tienen que ver con la distribución del trabajo en la empresa y los horarios laborales. Diana Navarro, psicóloga laboral, habla de la opción del teletrabajo y los horarios flexibles, “que te hacen sentir menos esclavo de la oficina” y la posibilidad de tener viernes libres o jornada reducida para poder aprovechar los fines de semana. Ánimo, septiembre ya está aquí.

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Por qué en España se trabajan más horas que en el resto de Europa | Mi dinero

Borrón y cuenta nueva. Ante la soledad parlamentaria, el Gobierno rectifica su posición y se muestra dispuesto a que los funcionarios recuperen la jornada de 35 horas semanales. El Ejecutivo de Mariano Rajoy se ha comprometido con los sindicatos a incluir esta medida en los Presupuestos Generales del Estado de 2018, lo que supone una enmienda al decreto 20/2012 que estableció una jornada de 37,5 horas semanales como medida para fomentar la competitividad y garantizar la estabilidad presupuestaria.

Este cambio de rumbo llega tras haber decretado el Tribunal Constitucional la suspensión cautelar de la reducción de la jornada de los funcionarios andaluces impulsada por la Junta de Andalucía, al admitir a trámite el recurso presentado por el Gobierno. Los sindicatos andaluces de la función pública defendieron la vuelta a la jornada de 35 horas como una medida “de creación de empleo y que redundaría en la calidad de los servicios que se prestan a los ciudadanos”, asegura el sindicato CSIF.

El caso andaluz no es el único en el que se tumba una iniciativa para que los trabajadores públicos recuperen los horarios anteriores a la crisis. Los tribunales también frenaron antes iniciativas similares que beneficiban a los funcionarios de Castilla-La Mancha, Euskadi y del Ayuntamiento de Madrid.

El giro del Ejecutivo respecto a la anterior legislatura se debe a la presión de las Comunidades Autónomas, incluidos algunos de los feudos tradicionales del Partido Popular. La Junta de Castilla y León, que preside el conservador Juan Vicente Herrera, envió en enero una carta al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, donde pedía la recuperación de la jornada de 35 horas.
La jornada laboral española no puede superar las 40 horas semanales, según establece el artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores, aunque sí puede ser inferior. “La negociación colectiva está capacitada para determinar la duración de la jornada de trabajo, sin rebasar las 40 horas”, explica el informe Los convenios de empresa de nueva creación tras la reforma laboral de 2012, realizado por el Observatorio de la Negociación Colectiva de CCOO.

Pero lo cierto es que los españoles pasan mucho tiempo en la oficina en comparación con otros países europeos. Si a las ocho horas diarias se le suman los descansos, que algunas veces rondan las dos horas para comer, el trabajador español puede salir de la oficina alrededor de las siete de la tarde. La tendencia de los países de nuestro entorno que nos superan en productividad es muy distinta, ya que poco a poco han ido implementando jornadas laborales cada vez más cortas que permiten una mayor conciliación.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) asegura que a lo largo de 2015 los españoles trabajaron una media de 1.701 horas al año. Muy por encima de los empleados de Alemania, el país donde se pasan menos horas en la oficina, con un total de 1.368 horas, y Francia que acerca a las 1.500 horas. Por detrás de España se sitúan otros países europeos como Grecia (2.033 horas) o Polonia (1.963).

La Encuesta de población activa (EPA), que realiza el Instituo Nacional de Estadística (INE), también recoge datos sobre la jornada laboral. Los trabajadores han reducido su tiempo de trabajo en dos horas de media en comparación con las horas que realizaban antes de la crisis. La media de horas trabajadas ha pasado de las 39,2 en la encuesta de la EPA del primer trimestre de 2008 a 37,6 en el último sondeo, correspondiente al segundo trimestre de 2017.
A pesar de esta reducción, los sindicatos señalan que, a diferencia de otros países del entorno, donde durante la crisis se redujeron las jornadas de los trabajadores como medida para reducir los costes, en España las empresas optaron por los despidos. Rita Moreno, Secretaría de Acción Sindical de CCOO, explica en el informe El impacto de la reforma laboral de 2012 en la negociación colectiva que durante la crisis fue muy difícil negociar las reducciones de jornada pactadas en los convenios, algo fundamental para aliviar la necesidad de flexibilidad impuesta por la crisis y que era “bastante habitual en los años previos al inicio de la crisis”. Según el Ministerio de Empleo, la jornada media pactada para los 4.529 convenios colectivos es de 1.743,81 horas anuales.

Durante la crisis también se redujeron las horas extra que hacían los trabajadores. En el primer trimestre de 2008 un 7,3% de los asalariados realizaba horas extra, según la EPA. Sin embargo, en la actualidad únicamente un 4,7% de los empleados las realiza.

Las diferencias con el entorno también se aprecian en la encuesta Labour Force Survey, que elabora Eurostat. España registró una jornada semanal de 37,7 horas, superior a la media europea.

Francia constituye un ejemplo cercano de una jornada laboral más corta. En 1998, Martine Aubry, exministra socialista de Empleo, implementó la jornada de 35 horas semanales obligatoria para empresas públicas y privadas. Sin embargo, muchos consideran que no funcionó. “Es una ficción. Lo que se hizo fue computar las horas de trabajo anualmente, por lo que la mayoría de la gente sigue haciendo 39 horas pero tiene más vacaciones”, explica Mathieu de Taillac, corresponsal de Le Figaro en España. Este periodista recuerda que el expresidente francés Nicolás Sarkozy atacó esta regulación al facilitar las horas extra bajo el eslogan electoral Trabajar más para ganar más. “Se ha convertido en una cuestión política. Algunos lo ven como una reforma para dar más tiempo libre; otros, como una forma de combatir el desempleo; y los críticos consideran que es un ataque a las pequeñas empresas, que son quienes más sufren el coste”. A pesar de estos intentos de Sarkozt, los franceses trabajan 200 horas menos que los españoles, según la OCDE.

Dinamarca es uno de los países donde menos horas se trabaja. La jornada laboral no debe superar las 48 horas. A excepción de este límite, no existe una norma sobre las horas que tiene que durar la jornada. Sin embargo, la mayoría de los convenios colectivos establecen 37 horas a la semana.

La dificultad de conciliar la vida personal con la laboral cuando se tienen horarios como los españoles es evidente. Alfonso Merino, profesor de recursos humanos en Udima, considera que las desventajas de una jornada laboral larga van más allá. “España es de los países que tiene menos tiempo de descanso entre jornadas. Esto provoca cansancio y problemas de salud a medio plazo, como insomnio, ansiedad o problemas musculares. La conciliación se vuelve imposible y a la larga las familias se cogen más excedencias y reducciones de jornada, que normalmente minan la carrera profesional de las mujeres”, comenta.

La consecuencia es el descenso de la productividad, ya que el trabajador no está motivado y es consciente de que tiene muchas horas para realizar una sola tarea. Esto provoca presentismo, aquella conducta por la que el trabajador permanece en su puesto pero realiza actividades que no son productivas. Merino considera que una jornada más corta reduciría esta costumbre y mejoraría el carácter de los trabajadores.

Algo que comparte Fernando Botella, consejero delegado de la consultora de desarrollo de talento Think&Action: “En las empresas en las que está muy arraigada la cultura de hacer más horas para adquirir un mayor reconocimiento es muy complicado hacer transformaciones estratégicas y las transiciones digitales cuestan más”. También Merino considera que trabajar muchas horas no mejora la productividad. “Está demostrado que una jornada laboral extensa disminuye la productividad, cuanto más larga es la jornada menos productivos somos”, señala.

Trabajar menos de 30 horas a la semana, ¿utopía o realidad?

Una jornada laboral de 15 horas. Por radical que parezca, el historiador Rutger Bregman (Westerschouwen, País Bajos, 1988) incluyó esta propuesta en su libro Utopía para realistas, editado en España por Salamadra, en el que se defienden propuestas como la renta básica universal y la disminución del tiempo de trabajo a menos de la mitad de las horas que hacemos ahora. “Trabajar menos proporciona espacio mental para otras cosas que también son importantes como la familia, la implicación en la comunidad y la recreación”, señala Bregman en esta obra.
“Se entiende el trabajo como algo con lo que gano un dinero, pago impuestos y tengo una relación de jerarquía con otras personas. Yo defiendo que cambiemos la idea del trabajo a aquello que es de interés, útil e innovador. Hay empleos muy cualificados que no son útiles. Y peores que son imprescindibles”, comentó en una entrevista a CincoDías con motivo del lanzamiento del libro.

Pero Bregman no está solo en este movimiento a favor de la reducción de la jornada laboral. El think-tank británico New Economics Foundation lanzó hace unos años una campaña para realizar una transición gradual hacia la media jornada. En su informe 21 horas, una semana laboral más corta para prosperar en el s. XXI, editado por Icaria, la fundación destaca las ventajas de acortar la jornada laboral para vivir de forma más sostenible y plena. Además, defienden que reduciría el desempleo y permitiría una mayor conciliación.

Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo que se encargó de adaptar la obra al castellano, cree que una jornada laboral más corta es una medida de justicia social. “Esta medida distribuiría el trabajo remunerado de forma más homogénea entre las personas que no tienen empleo y las que acumulan demasiadas horas de trabajo diario”, explica. Asimismo, considera que se disminuiría la desigualdad de género en el mercado laboral. “Es la mejor forma de crear empleo sin crecimiento, es decir generar empleo sin nuevos impactos sobre el clima y el medioambiente. En lugar de perseguir siempre trabajar más para consumir más, y por tanto presionar aún más nuestros limitados recursos naturales, permitiría liberar tiempo para llevar vidas más sostenibles”, afirma.

Así lo han corroborado experimentos que se han realizado para comprobar los efectos de una reducción del tiempo de trabajo. Una residencia de ancianos en Gotemburgo (Suecia), que contaba con 68 enfermeros, redujo la jornada a seis horas diarias, con el mismo sueldo. El resultado fue positivo, ya que los trabajadores cogieron menos permisos por enfermedad y aumentaron la productividad. El ayuntamiento tuvo que contratar a 17 empleados adicionales para cubrir la reducción. A pesar de los beneficios, la reducción de jornada se terminó, tras dos años de prueba, debido a los costes.

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Por qué el FMI se equivoca en su diagnóstico sobre España | Mi dinero

Como cada año el FMI visita España y hace una especie de revisión médica de nuestra economía. El pasado año, al estar sin gobierno, el FMI retrasó su visita a diciembre. El principal cambio en sus conclusiones son sobre nuestro sistema bancario. Hace siete meses el análisis y las recomendaciones para nuestro sistema financiero ocupaban dos párrafos y eran muy suaves. Este año tras la quiebra y rescate del Banco Popular, vuelven las dudas y el FMI ha metido seis párrafos.

El Fondo vuelve a dar un baño de agua fría a la euforia injustificada y muy peligrosa del Gobierno, que recuerda de nuevo a los felices años de la burbuja, del España va bien de Aznar y Rato. El FMI reconoce el alto potencial de crecimiento de la economía española, algo que puso en duda durante la crisis. Y para justificar su error de diagnóstico lo atribuye a las reformas y la de devaluación competitiva y bajada de salarios que ellos mismos recomendaron.

La realidad es que los salarios industriales y de nuestras exportaciones no han bajado en media y el ajuste salarial se ha centrado en el sector servicios. Y las exportaciones crecían mucho más antes de la reforma laboral. La causa ha sido el estancamiento del comercio mundial, ya que en el segundo semestre de 2016 este se ha recuperado y las exportaciones españolas crecen más que las de nuestros socios europeos, confirmando de nuevo que el problema de España era de sobreendeudamiento, no de competitividad.

Lo que ha mejorado la competitividad de nuestras exportaciones y ayuda a explicar que ganemos cuota de mercado mundial es la decisión del BCE de comprar deuda. La política monetaria ha depreciado el euro haciendo más competitivos nuestros salarios en dólares y ha rebajado significativamente los costes de financiación de nuestras empresas. Esto junto al desplome del precio del petróleo explica la mitad del crecimiento del PIB y del empleo desde 2015.
Pero el FMI sigue describiendo a España como una economía altamente endeudada, tanto en deuda externa como en deuda pública próxima al 100% del PIB y destaca el estancamiento del crecimiento de la productividad. El nulo crecimiento de la productividad es una patología que ha padecido la economía española durante los 14 años de gobiernos del PP, ya que en los 21 años de gobiernos del PSOE la productividad por ocupado en España ha crecido el 1,5% promedio anual.

A la espera de conocer el informe más extenso, el análisis del estancamiento de la productividad del Fondo no detecta los problemas y por lo tanto es difícil acertar con la solución. Como enseñamos a nuestros alumnos en la facultad de economía, las dos variables que aumentan la productividad y los salarios de los trabajadores son el aumento del stock de capital y la innovación.

En 2017 la inversión pública del ministerio de Fomento se desploma un 35%, tras otro desplome del 35% en 2016. Entre enero y mayo de este año la ejecución de inversión pública de ese ministerio fue de 500 millones versus 1.800 millones que se ejecutaron en los primeros cinco meses de 2011, cifra similar a la de los cinco primeros meses de 2007. Por lo tanto, Rajoy ha recortado la inversión un 70% o lo que es lo mismo Zapatero invertía más del triple que Rajoy. En innovación el recorte de Rajoy ha sido del 50% o lo que es lo mismo Zapatero invertía el doble.
En el sector privado el problema de baja productividad durante la burbuja era que concentraban mucho empleo en la construcción de viviendas que tiene una productividad muy inferior a la media. Ahora el problema es más generalizado a otros sectores pero destaca la creación de empleo en la hostelería y el turismo. Nuestro modelo turístico es mayoritariamente extensivo basado en la cantidad y de bajo coste. Con un nivel de llegada de turistas similar a España Estados Unidos ingresa cuatro veces más dólares por turismo que nosotros.

Rajoy centra su estrategia en el objetivo de 20 millones de empleos y le dan igual la calidad y los salarios. El problema es que en la encuesta de costes laborales del primer trimestre de 2017 el salario por hora trabajada descontada la inflación en España cae un 6% anual y al Fondo se le ha olvidado ponerlo en el informe. Esto explica que el peso de los salarios en el PIB siga cayendo a pesar de tener una política monetaria ultra expansiva que, según los manuales de economía, debería estar aumentando la inflación y los salarios.

Hay otra forma de corregir el déficit público estructural, de hacer sostenible nuestro sistema de pensiones y revertir nuestro sobreendeudamiento. Aumentar la inversión en infraestructuras, como pide el BCE. Incrementar la inversión en educación como están haciendo varias comunidades autónomas que están a punto de recuperar los niveles de 2011. Recuperar la inversión en nuestras universidades y en nuestro sistema de ciencia e innovación de 2011.
Volver a crear un entorno de seguridad jurídica y un diseño de incentivos favorable para recuperar la inversión en energías renovables y que la lucha contra el cambio climático vuelva a ser el pilar de nuestra política industrial y tecnológica.

Con este modelo podrían subir los salarios y las pensiones y los españoles dejarían de pensar que cuando hablamos de economía estamos conspirando socialmente. Con el modelo del FMI y del PP cuando el BCE deje de comprar nuestra deuda pública el próximo año seremos vulnerables de nuevo a padecer crisis financieras.

José Carlos Díez es profesor de Economía de la Universidad de Alcalá

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La robotización generará más de dos millones de empleos en España hasta 2030 | Mi dinero

Hasta ahora, hablar de robotización o digitalización de la economía parece abocar irremediablemente a un mensaje apocalíptico en el que los titulares se centran en cuántos millones de empleos desaparecerán cuando la transformación culmine. Sin embargo, el Observatorio para el Análisis y Desarrollo Económico de Internet (ADEI), una iniciativa fruto de la colaboración entre Google, Analistas Financieros Internacionales (AFI) y el Instituto de Economía Internacional de la Universidad de Alicante, ha elaborado un estudio que pretende ser la visión optimista de los efectos que tendrá esta revolución tecnológica.

Con una adecuada combinación de las políticas públicas necesarias, así como con la implicación de las empresas privadas, la economía española podría conseguir de aquí a 2030 crear dos millones de empleos netos. Esto será posible por el nacimiento de nuevas profesiones y la adaptación de empleos ya existentes. Y otro factor crucial. Gracias a la robotización, el PIB per cápita podría elevarse desde los 24.000 euros actuales hasta los 33.000 en 2030, lo que supone un espectacular incremento del 37,5% en apenas 12 años.

El desglose que realiza el observatorio ADEI es el siguiente: En total, el aumento de la ocupación sería de 3,2 millones de empleos adaptados a la digitalización, a los que se sumarían otros 600.000 puestos que requieren un alto componente humano y por ello son poco susceptibles de ser desplazados por las máquinas. A esos ocupados habría que restarles 1,4 millones de empleos que se destruirán por tratarse de ocupaciones fácilmente reemplazables por robots. De cumplirse estos pronósticos, la tasa de desempleo estructural de 2030 disminuirá hasta el 7% de la población activa.

Nuevas políticas

Se trata de un enfoque mucho más positivo de todos cuantos se han realizado hasta la fecha porque pone todo el énfasis en las nuevas oportunidades que puede generar en el futuro la transformación digital.

Pero para conseguirlo, los expertos que han participado en la elaboración de este estudio insisten: hay mucho trabajo por hacer. A su juicio, se debe actuar sobre varios frentes de manera simultánea. En primer lugar, abogan por una reorientación del sistema formativo, por la creación de un potente sistema de orientación, intermediación e inclusión laboral, así como por la generación de un verdadero ecosistema innovador. Además, advierten que se ha de trabajar por promover la extensión de los beneficios de la digitalización al conjunto del tejido productivo y los consumidores, mediante la defensa de la competencia y adaptación de las regulaciones sectoriales a la realidad digital.

Con todas estas medidas es con lo que se podría conseguir que la renta o PIB per cápita se elevara desde los 24.000 euros actuales hasta los 33.000 euros en 2030. Todo ello gracias a un aumento medio anual de la productividad del trabajo del 1,3%.

¿Qué empleos son los que crecerán en el futuro? Según el Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (Cedefop), organismo dependiente de la Comisión Europea, las ocupaciones avanzadas son las que mayor potencial de crecimiento tendrán hasta 2025, además de las asociadas al sector de la hostelería y el comercio. La razón es sencilla, son las que presentan un mayor grado de complementariedad con la robotización.

El problema, según pone de manifiesto el informe, es que España parte con bastante desventaja respecto a las grandes potencias mundiales sobre el peso que tienen en el mercado laboral estas profesiones más avanzadas. “El conjunto de empleados que desempeña este tipo de ocupaciones representaba el 28,5% del total en 2016 y apenas llegaría a alcanzar el 30% en el horizonte previsto por Cedefop para 2025”. Y, sin embargo, la media de los países de referencia (EE UU, Reino Unido y Alemania) se situaría ya hoy en día en el 43% del total, casi 15 puntos porcentuales superior a la media española, y próxima al 45% del total en el año 2025.

Así, físicos, ingenieros, matemáticos, especialistas en finanzas, profesionales de las tecnologías de la información y comunicación (analistas y diseñadores de software, especialistas en bases de datos y redes informáticas, científicos de datos, entre otros) serán los profesionales que menos han de temer a la transformación digital, ya que sus tareas son más complementarias y difícilmente sustituibles por completo por las llamadas máquinas inteligentes.

Tampoco hay malas perspectivas para los trabajadores de los servicios de hostelería y restauración, cuidados personales, servicios de protección y seguridad, así como directores y gerentes. Son profesionales que desempeñan tareas “que requieren un alto componente de trabajo humano” y, por tanto, convivirán con la robotización. Las peores perspectivas se ciernen por tanto sobre los trabajos susceptibles de ser sustituidos por los robots, como son los contables, administrativos, trabajadores agrarios e industriales, operadores y montadores, así como ocupaciones elementales (personal de limpieza y peones).

Los retos pendientes

ADEI propone cómo sacar el máximo partido a la revolución.

Diagnóstico. Para saber cómo mejorar la capacitación de los trabajadores, el informe recomienda analizar quiénes están desempeñando hoy esas tareas más avanzadas. Las conclusiones son claras: predominan los menores de 45 años y varones, luego el reto es incorporar a los séniors y más mujeres.

Políticas educativas. Los expertos reclaman una transformación del sistema formativo, complementado con nuevos ciclos y cualificaciones. Para ello, piden fortalecer las habilidades STEM (Ciencias, Ingeniería, Ciencias de la Salud, Electrónica, Informática, Arquitectura y Construcción). Además, exigen potenciar la formación voluntaria y reforzar la continua durante toda la vida laboral.

Innovación y empleo. Otro de los ejes clave ha de ser la completa transformación de los servicios públicos de empleo, de forma que incentiven la recualificación de los colectivos más vulnerables. ADEI insta a impulsar los programas de innovación y estimular el emprendimiento. Las instituciones deben promocionar la competencia, eliminanado barreras regulatorias o normativas y vigilando las prácticas que obstruyen modelos de negocio innovadores.

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El miedo que experimentas al cambiar de trabajo y cómo combatirlo | Talento

El miedo al cambio es parte de la naturaleza humana, también cuando tiene que ver con tu carrera profesional. Las cosas que conocemos nos transmiten seguridad porque son previsibles y las tenemos bajo control. Pero cuando se avecina un cambio, llegan con él un montón de incertidumbres, situaciones nuevas y difíciles de predecir que nos asustan. Es necesario entender que este temor es un sentimiento normal cuando vas a cambiar de trabajo, tanto si es por voluntad propia como si no es algo que hayas elegido. Pero es importante que estés atento a él para que puedas reconocer cuándo se convierte en algo que te aleja de buscar o aceptar un trabajo que te llene en lugar de conformarte con el que tienes solo porque ya lo controlas.

Cada vez tendemos más hacia una vida profesional en la que un trabajo para toda la vida resulta imposible de encontrar, y muchos jóvenes ya ni siquiera se lo plantean. El Instituto McKinsey asegura que los millennials tendrán 11 trabajos a lo largo de toda su vida. Eso supone muchos cambios y miedos a los que enfrentarse. Le ponemos nombre y apellidos a las distintas inseguridades que puedes sentir para que sepas a qué te enfrentas y sea más fácil ganar la batalla.

Es quizá el temor más primitivo y el más obvio. Pero a día de hoy también resulta poco productivo: vivimos en una sociedad que cambia constantemente y cada vez se hace más necesario aprender a tolerar la incertidumbre. Ahora todo parece ir más rápido y en medio de esta cuarta revolución industrial el futuro de los trabajos es difícil de prever. “Cuando hacemos caso al refrán Más vale malo conocido que bueno por conocer estamos refiriéndonos a este miedo”, explica Diana Navarro, psicóloga laboral. “Pensar así hace que te estanques a cambio de seguir sintiéndote seguro. Los pensamientos catastrofistas te inmovilizan”.

Hay algunos profesionales que son muy conscientes de esta situación y se lanzan al vacío sin saber si hay red. Se trata de los emprendedores que, a la fuerza, tienen que superar el miedo a lo desconocido cada vez que toman decisiones arriesgadas.

Lo fácil —lo que no da miedo— es quedarse en un trabajo que dominas y no te exige demasiado o que te ofrece pequeños retos que controlas. El problema es que evitar los grandes retos es algo dañino para tu bienestar. Tus actividades diarias pierden emoción cuando las repites de forma rutinaria. “Superar desafíos aumenta la seguridad en ti mismo y te hace sentir más capaz de cara al futuro”, explica Navarro. “También te da seguridad pensar que, aunque no lo tienes todo controlado, vas saliendo airoso de los baches cada vez que te los encuentras”. Resolver problemas nuevos desarrolla la creatividad y la autoestima, según los expertos, y es una parte muy importante del desarrollo personal.

  • Miedo a no ser suficientemente bueno

Esta es quizá la razón más consciente por la que la gente se niega a cambiar de trabajo. “Está relacionado con la inseguridad y la falta de autoestima, aunque no es necesariamente síntoma de ningún trastorno”, explica Navarro. Cualquiera puede sentirse abrumado ante la idea de ocupar un puesto de más poder. Los sentimientos de no estar suficientemente preparado para el trabajo que te ofrecen son habitualmente manifestaciones de dudas sobre ti mismo. Pero hay muchas formas de superarlas.

Una de las técnicas se resume en Finge serlo hasta que lo consigasfake it until you make it—. Esta estrategia, propuesta por Amy Cuddy, investigadora especializada en lenguaje corporal, asume que nuestro comportamiento puede alterar los niveles cerebrales de testosterona y cortisol e incluso mejorar nuestras probabilidades de éxito cuando nos enfrentamos a una situación estresante. Compórtate como si pudieras hacerlo, y podrás hacerlo.

Tener miedo es, en parte, lo que nos mantiene vivos. Pero no está bien dejar que esos miedos te impidan avanzar y encontrar un camino que podría hacer que tu vida fuera mucho mejor personal y financieramente. Así lo explica Patricia DiVecchio, autora de Trabajo Evolutivo: Desarrollando su potencial en tiempos extraordinarios, y presidenta de International Purpose, que ha estado ayudando a personas a manejar sus temores y descubrir su potencial y propósito en el trabajo. “Habitualmente tenemos miedo del conflicto que los cambios que podrían crear dentro y fuera de nosotros mismos”, explica.

Y esto sucede incluso cuando los cambios nos pueden llevar a tener más éxito del que tenemos ahora. Conseguir lo que más queremos en la vida puede ser aterrador. “Hay una enorme responsabilidad en triunfar: implica tomar decisiones importantes, trabajar más y más duro, asumir que ciertas cosas se escaparán a nuestro control”.

¿Qué puedo hacer?

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