Hacia un presupuesto europeo del siglo XXI | Mercados

La ajada estructura de la Unión Europea necesita ser remozada y el modelo de financiación del club es uno de los pilares más deteriorados. El presupuesto de la UE es tan menguante como complejo y opaco. Y su modelo de ingresos y gastos, anclado en los años 70 del pasado siglo, encaja cada vez peor con la Europa del primer cuarto del siglo XXI.

“Es hora de renovar el presupuesto”, señaló estre miércoles la comisaria europea de Política Regional, Corina Cretu, durante la presentación en Bruselas de un documento de reflexión sobre las disfunciones del actual sistema de financiación y las posibles reformas a acometer.

La espoleta del ‘brexit’

Los contribuyentes europeos esperan un presupuesto transparente que sea fácil de entender y obtenga el mayor rendimiento posible de cada euro gastado”, señala el documento de 40 páginas de la CE. Y apunta al brexit como el pistoletazo de salida para una reforma prometida desde hace años y siempre postergada.

“La salida del Reino Unido y la eliminación de los cheques asociados a su pertenencia eliminaría ya algunos de los obstáculos para la reforma de las fuentes de financiación del presupuesto de la UE”, señala la Comisión Europea en su informe.

Agujero presupuestario

La salida de Reino Unido (prevista en 2019) supondrá la pérdida de un socio contribuyente neto (los que aportan más de lo que reciben) para el próximo marco presupuestario de la UE (a partir de 2021).

El agujero del brexit, cifrado en unos 10.000 millones de euros al año (aportación neta de Londres), repercutirá en las cuentas de un club que amplía atribuciones (en seguridad, migración o defensa) al tiempo que reduce sus ingresos. El presupuesto de la UE ha pasado de ser el equivalente al 1,18% del PIB de la UE en 1999 al 0,98% entre 2014 y 2020.

“El dinero tendrá que venir de alguna parte si Europa debe afrontar nuevos desafíos”, advertía el comisario europeo de Presupuestos, Günther Oettinger, durante la presentación este miércoles del documento de reflexión.

“Tendremos que elegir, o bien gastar menos o encontrar nuevos ingresos”, añadía Oettinger.

 

Acabar con las balanzas

La UE no tiene capacidad de endeudamiento y se nutre de tres fuentes de financiación: el 80% de los aranceles recaudados en las fronteras exteriores del club; una parte de la recaudación nacional del IVA y una aportación de cada socio en función de su renta nacional bruta, que es la parte más importante.

Bruselas quiere modificar ese sistema porque alimenta la percepción, falsa según la CE, de que se puede calcular el beneficio de la pertenencia al club en función del saldo contable de cada socio. Esa imagen, asegura la Comisión, ignora el valor añadido que se obtiene al comunitarizar ciertos gastos.

El cálculo de los saldos se introdujo para repartir la carga del cheque británico, según recuerda el reciente informe del Grupo de Alto Nivel sobre recursos propios de la UE, presidido por Mario Monti. El brexit permitiría la desaparición de las balanzas.

Nuevos impuestos

La eliminación de las balanzas presupuestarias se lograría con una nueva fuente de financiación cuyos recursos no salgan directamente te las arcas públicas nacionales. Bruselas considera que lo ideal sería que la UE contase con una fuente propia ligada a alguna política común con un valor añadido tangible. La reflexión de la CE pasa de puntillas sobre el espinoso asunto y se remite a las propuestas estudiadas por Monti y su grupo, que se decantó por una combinación de recursos ligados a varios impuestos, desde el IVA y el de sociedades a otros de nuevo cuño como una tasa Tobin y un gravamen por emisiones de CO2.

Bruselas reconoce que la existencia de un “verdadero” presupuesto europeo obligaría a demostrar la eficacia y utilidad del gasto.

¿Valor añadido?

La posición de la CE sobre el valor añadido del presupuesto no es compartida por todos los socios de la UE ni corroborada de manera unánime por los economistas. Hace solo seis meses, el Grupo de Monti concluía que el presupuesto de la UE “todavía se centra de manera insuficiente en tareas que generarían el máximo de valora añadido a nivel europeo”. El exhaustivo informe Monti (más de 100 páginas) se hace eco también de las dudas sobre la “utilidad europea” del gasto europeo en infraestructuras o en el sector turístico con un impacto exclusivamente nacional o, incluso, local.

Menos fondos

La CE también admite que las prioridades del presupuesto deberán revisarse. “Ningún programa ni instrumento debería estar exento de un test sobre su valor añadido europeo”, señala la reflexión publicada el miércoles. El documento aboga reformar la política agrícola y de la de cohesión (que absorben el 80% del presupuesto). En agricultura, según la CE, podría introducirse la cofinanciación nacional en pagos directos a los agricultores. Y en cohesión, además de aumentar la cofinanciación nacional, la CE se pregunta si tiene sentido destinar fondos estructurales “a los países y regiones más desarrollados”, lo que apunta a una concentración de ese gasto en los países del Este.

Suprimir partidas

El documento también defiende la necesidad de racionalizar los canales de gasto del presupuesto “fusionando o cancelando” las partidas que no son indispensables o que son redundantes.

La CE reconoce que sus programas de financiación a veces se solapan (en las ofertas a las pymes, por ejemplo) e incluso unos desplazan a otros sin incrementar la eficacia ni el impacto. La introducción en 2015 del llamado plan Juncker de inversión, por ejemplo, “ha reducido el despliegue del Instrumento de deuda del programa Conectar Europa [aprobado en 2013]” y de los fondos de la política de cohesión”, lamenta la propia Comisión.

Eurócratas mejor pagados

Bruselas también clama por un cuerpo de funcionarios más numeroso y mejor pagado. La CE ha reducido efectivos desde 2013 pero advierte que “nuevos recortes de plantilla pondrían en peligro el funcionamiento de la UE”. El documento añade que los jóvenes de los países más ricos cada vez tienen menos interés en hacerse eurócratas. El texto de la CE atribuye esa indiferencia, en parte, a “la rebaja de salarios, el aumento de las horas laborales y el retraso de la jubilación” que han sufrido los eurofuncionarios, cuyos sueldos base oscilan entre los 2.300 y los 16.000 euros mensuales más complementos.

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