Liberbank: El corralito financiero del que huye la banca europea | Compañías

Semana decisiva para Liberbank. Mañana martes, 12 de septiembre, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) comunicará al mercado, y más en concreto a la entidad financiera liderada por Manuel Menéndez, su decisión de levantar o seguir con la prohibición de nuevas ventas en corto. Varias fuentes financieras aseguran que la Comisión esperaba el nuevo plan de saneamiento de Liberbank para levantar este veto del que no disfrutó Popular, pese a que en el caso de esta última firma las posiciones bajistas llegaron a sumar más del 12%, frente al 1,39% en el banco liderado por la antigua Cajastur.

Liberbank comunicó al mercado el pasado miércoles su plan compuesto por una ampliación de capital de 500 millones de euros, el 55% de su capitalización, y un fuerte proyecto de desinversiones inmobiliarias, que empezará inmediatamente con la venta de 800 millones de euros al cierre de año.

Por ello, estas mismas fuentes aseguran que la CNMV levantará ya la prohibición para operar en corto en Liberbank. El problema es que algunos expertos consideran que el diseño de la ampliación de capital, con la venta de los derechos de suscripción preferentes e incluso de acciones, por parte de las fundaciones bancarias de Liberbank, principales accionistas del banco, pueden atraer nuevamente a los cortos, que aprovecharían esta operación blanca para comprar este papel de las fundaciones.

Estos fondos de inversión especulativos, de momento, han hecho negocio apostando por la caída del precio de los títulos de Liberbank. Los cortos que apuntaron a la entidad han recogido beneficios, ya que sus títulos se han desplomado alrededor del 40% desde que comenzaron a atacar a la firma a finales de mayo.

Pese al plan de saneamiento que ha aprobado, y que cuenta con el apoyo de los analistas, el mercado sigue apostando por una futura fusión de Liberbank, lo mismo que de Unicaja. A Abanca la consideran protagonista de una fusión –curioso si nos remontamos a 2013, año en el que se subastó Novacaixagalicia–, y en menor medida a Ibercaja. KutxaBank es un caso diferente, la protección del Gobierno del País Vasco sobre su firma totalmente de origen vasco parece que la protegen de cualquier operación corporativa, aunque de ser algo, sería compradora, según señala una destacada fuente financiera.

Las especulaciones apuntaban en los últimos días más a una fusión de Liberbank con CaixaBank, que a una ampliación de capital. De hecho, fuentes financieras mantienen que durante los tres meses ha durado el veto de la CNMV ambas entidades han mantenido conversaciones. En la recámara también estaba la gallega Abanca. CaixaBank, Liberbank y Abanca no reconocen estas conversaciones, y se limitan a decir que no ha habido o hay nada de eso.

Manuel Menéndez, consejero delegado de Liberbank y su primer ejecutivo (el presidente no tiene esta función), es el único responsable de las antiguas cajas de ahorros que mantiene su cargo desde antes de que estallara la crisis financiera. Bueno, el presidente de BMN, Carlos Egea puede considerarse el más veterano ahora en este sector, pero en apenas unas semanas este directivo dejará su cargo para sentarse en el consejo de administración de Bankia tras la prevista aprobación de la fusión de ambas instituciones, lo que sucederá el próximo jueves, 14 de septiembre.

En el lado de los bancos tradicionales el más veterano, es Francisco González, presidente de BBVA, quien lleva en el cargo desde 1996, año en el que el Gobierno de José María Aznar le nombró presidente de Argentaria.

El presidente ejecutivo de Banco Sabadell, Josep Oliu, también es uno de los extraños banqueros que han sobrevivido a la crisis financiera, ya que lleva en su puesto desde 1999. Sabadell fue uno de los bancos que ha salido fortalecido con la crisis, ya que ha pasado de ser un pequeño banco catalán en una de las principales instituciones españolas, tras varias compras entre las que destaca CAM, y ha dado el salto internacional con un banco en Reino Unido. Todo en plena crisis.

Pero mientras que la CNMV dilucida el papel de los cortos en Liberbank, la Comisión Europea (CE) y el Banco Central Europeo (BCE), junto a la Junta Única de Resolución (JUR), tiene sobre la mesa otro debate que afecta a todo el sector financiero europeo y a sus clientes.

La crisis y posterior resolución de venta de Popular ha abierto varios frentes en la regulación financiera del Viejo Continente. Y eso pese a que la normativa sobre las intervenciones de la banca es muy reciente. De hecho, se ha estrenado con el propio Popular.

El principal escollo es el de la actual regulación para que un banco pueda obtener liquidez del BCE en momentos de sequía o debilidad. Es decir de urgencia. La caída de Popular se produjo precisamente por falta de liquidez, pese a que reclamó fondos de urgencia para poder hacer frente a los pagos diarios. Pero la ayuda del BCE fue demasiado escasa.

Es cierto que Popular podía haber caído más tarde por solvencia, pero fue la falta de liquidez lo que le hundió. La fuga masiva de depósitos en el banco en los últimos meses (20.000 millones desde enero a junio) ante los constantes rumores sobre su salud terminó de desequilibrar los planes de sus responsables.

Esta mala experiencia ha provocado que se aabrá en Europa un intenso debate para redactar una directiva que controle las salidas de los depósitos de una entidad financiera para evitar su caída por este motivo. Sería lo que se llama corrientemente un corralito financiero, o lo que es lo mismo, restringir durante un cierto tiempo la salida de efectivo, algo que ya se ha experimentado en Europa en la crisis de Malta, Chipre y de Grecia.

Las autoridades supervisoras europeas son partidarias de limitar la salida de depósitos de un banco en crisis o por motivos puntuales. El proyecto de directiva se encuentra ahora en discusión, aunque no sería hasta 2019 cuando pudiese ver la luz. La banca, como es lógico, es totalmente contraria a esta medida. Y así lo ha manifestado en todas las reuniones que ha mantenido o en los papeles que ha remitido a los supervisores, eurodiputados o políticos de turno. Considera que si se impone esta regla los clientes serán reticentes a meter sus ahorros en el banco, y sobre todo en los que haya alguna sospecha, aunque sea infundada de una pequeña crisis. Además, parece que las entidades financieras deberán comunicar sus planes de contingencia en este sentido. Habrá que esperar.

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