Mundial 2018: Polonia, directa al Mundial; Alemania sella su pleno perfecto

Los jugadores polacos celebran su clasificacin directa para el Mundial 2018.

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Breslavia, la Venecia del este | Metropoli

VIsta de la Catedral de San Juan Bautista desde el embarcadero...
VIsta de la Catedral de San Juan Bautista desde el embarcadero Kardynalska.

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Bruselas da un ultimtum a Varsovia ante su deriva autoritaria | Internacional Home Tags

Bruselas da un ultimtum a Varsovia ante su deriva autoritaria

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El desplante de la primera dama polaca a Donald Trump | Baleares Home

Melania y Donald Trump, el presidente de Polonia Andzej Duda y la primera dama Agata Kornhauser.

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Trump y Merkel libran la gran batalla entre libre comercio y proteccionismo | Mercados

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de EE UU, Donald Trump, librarán este viernes y sábado en Hamburgo la primera gran batalla dentro del G-20 entre los defensores del libre comercio y los partidarios de recuperar ciertas barreras proteccionistas.

“Se equivoca tristemente quien crea que los problemas del planeta se pueden resolver con aislacionismo y proteccionismo”, señaló este jueves Merkel ante el Parlamento alemán.

La canciller alemana hizo un canto al multilateralismo y defendió la vigencia del G-20 “ahora más que nunca” y del Acuerdo de País sobre el cambio climático “que tras la retirada de EE UU, estamos más decididos que nunca a convertirlo en un éxito”.

Trump, en cambio, inició el miércoles su segunda gira europea (hasta el sábado) decidido a exigir medidas drásticas contra los países que cometan dumping exportador, sospecha que recae sobre Alemania y China. Y amenaza con desencadenar una guerra comercial si en la cumbre de Hamburgo no se logra poner coto a las exportaciones siderúrgicas de China.

Tras la primera gira europea (en mayo) Trump volvió a Washington y anunció la retirada del Acuerdo de París. Ahora podría introducir aranceles que penalizarían no solo a las exportaciones de acero chino sino también a las europeas. Bruselas ya ha advertido que, en ese caso, también adoptará medidas contra EE UU, lo que podría provocar una escalada de aranceles y trabas al comercio transatlántico.

Europa busca aliados internacionales para frenar a Trump y evitar una deriva proteccionista que, según algunos analistas, podría suponer el principio del fin del G-20. Y esa estrategia ha llevado este jueves a la UE a anunciar un principio de acuerdo con Japón sobre un acuerdo de libre comercio que esperan entre en vigor en 2019.

“El mundo no tiene necesidad de volver atrás 100 años”

 

“Algunos dicen que vuelven el aislacionismo y la desintegración, pero estamos demostrando que no es así, que el mundo no tiene necesidad de volver 100 años atrás”, celebró el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, tras una cumbre en Bruselas con el primer ministro japonés, Shinzo Abe. Bruselas confía en que este acuerdo y el suscrito con Canadá a principios de año sirva de munición a Merkel para la batalla de Hamburgo.

La canciller juega en casa, porque la cumbre anual de las principales economías del planeta se celebra bajo su presidencia y en su ciudad natal.

Pero el presidente estadounidense lanzó el jueves el primer golpe contra la retaguardia de Merkel, con una cumbre en Varsovia para alentar la revuelta de los países de Europa del Este contra una Unión Europea dominada por Berlín.

La presencia de Trump reconfortó al Gobierno polaco, amenazado por Bruselas con la suspensión de derecho de voto en la UE si continúa con su presunta deriva autoritaria. Y reforzó las quejas de Polonia y el resto de países de la zona contra la política energética de Merkel, basada en una creciente dependencia de Rusia.

“Si necesitan energía, no tienen más que llamarnos”

 

Si alguno de ustedes necesita energía, no tiene más que llamarnos”, ofreció Trump a los líderes de los 11 socios de la UE presentes en Varsovia para una reunión de la llamada Iniciativa de los Tres mares [Adriático, Báltico y Negro].

“EE UU nunca usará su energía para presionar a sus naciones y no podemos permitir que otros lo hagan”, prometió Trump a unos países que han sufrido más de un invierno el cierre de los gasoductos desde Moscú.

Esos socios han intentado frenar, sin éxito, el proyecto impulsado por Berlín y Moscú para doblar el gasoducto del Báltico (Nordstream 2) que suministrará energía directamente a Alemania, lo que interpretan como una vía para aislarles energéticamente. Trump les ha dejado claro en su visita que “EE UU no dejará que ningún país sea rehén de una manipulación del mercado energético”, según detalló la Casa Blanca.

A principios de este mes, Polonia ya recibió los primeros suministros de gas licuado procedentes de EE UU. Y Trump ha recordado en Varsovia que Croacia está construyendo una regasificadora flotante, que podría entrar en servicio en 2019, para incrementar la llegada de suministro estadounidense.

Frente a esa ofensiva, las defensas de Berlín y Bruselas parecen enclenques. Por un lado, la unidad del club europeo corre peligro si la oferta de Trump de seguridad y energía seduce, como parece probable, a los países del Este.

Y por otro lado, los lazos comerciales con Canadá y Japón, aunque importantes, no son contrapeso suficiente para la relación transatlántica. El comercio en bienes de la UE con Canadá es solo de 71.000 millones de euros, la décima parte que con EE UU. Y con Japón de 134.000 millones, la quinta parte.

Acuerdo con Tokio favorable a España


  • La UE y Japón alcanzaron ayer en Bruselas un principio de acuerdo sobre un futuro Tratado que en un plazo de 10 años desde su entrada en vigor liberalizará el 99% del comercio bilateral entre las dos partes.

  • Bruselas y Tokio han acelerado la negociación con el objetivo de presentar el acuerdo antes de la cumbre del G20 en Hamburgo y enviar así una señal a favor del libre comercio frente a la ofensiva proteccionista de Donald Trump.

  • Las prisas han obligado a reducir la ambición del acuerdo, que deja fuera la parte de inversión por la negativa de Japón a renunciar a los sistemas de arbitraje extrajudicial Bruselas no se atreve a incluirlos por temor a una reacción en contra de la opinión pública como en el TTIP (el acuerdo que se negociaba con EE UU). Japón ha aceptado, en cambio, un período transitorio de siete años para la liberalización total del mercado europeo de automóviles.

  • La Comisión Europea confía en que el acuerdo permita aumentar en 20.000 millones de euros el valor de las exportaciones europeas a Japón, que en bienes y servicios rondan los 80.000 millones al año.

  • El acuerdo supondrá un ahorro en aranceles de hasta 1.000 millones de euros al año, especialmente en sectores favorables a España como cerdo, vinos, o zapatos.

  • Bruselas espera que el Tratado se pueda firmar en 2018 y que entre en vigor en 2019.

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Donald Trump y Angela Merkel buscan limar sus diferencias antes de la cumbre del G-20 | Internacional Home Tags

Donald Trump y Angela Merkel buscan limar sus diferencias antes de la cumbre del G-20.

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Aloisio y los 50 nios esclavos de la familia de la esvstica | Cronica Home

Aloisio da Silva fue liberado en 1943 y muri hace dos aos.

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Trump vuelve a Europa en pie de guerra contra Merkel | Mercados

La canciller alemana, Angela Merkel, al borde de las lágrimas tras una agria discusión con el presidente de EE UU en una dramática reunión del G20. Parece una premonición sobre la cumbre de las principales economías del planeta que se celebra este viernes y sábado en Hamburgo, con presencia, por primera vez, de Donald Trump. Pero no.

Los ojos de Merkel se empañaron en 2011, en Niza, tras una bronca con Barack Obama a cuento de la incapacidad de Berlín para resolver la crisis griega. Fue el punto más bajo de la relación entre Obama y Merkel, luego recompuesta.

Aquella dolorosa escena (evocada por el periodista francés Arnaud Leparmentier en su libro sobre la crisis del euro) parece un dulce recuerdo en comparación con los ataques frontales de Trump contra Alemania, unas arremetidas que pueden amargarle a Merkel otra cumbre del G20.

Merkel ejercerá de presidenta y anfitriona en su ciudad natal. Pero la cita del 7 y 8 de julio no se presta a florituras diplomáticas porque llega marcada por un grave deterioro de las relaciones entre Berlín y Washington.

Alemania, que asumió la presidencia del G20 en diciembre de 2016, confiaba en que la cumbre de Hamburgo reafirmaría la apuesta por el libre comercio, la lucha contra el cambio climático o la regulación financiera.

La irrupción de Trump, sin embargo, ha trastocado la escena mundial hasta tal punto que algunos analistas, como Hugh Jorgensen, creen que Hamburgo podría marcar el principio del fin del G20, un foro impulsado a raíz de la crisis financiera de 2008.

El Gobierno alemán apura las horas para evitar el desastre. Este martes estaba prevista la última reunión preparatoria de los expertos de cada país (los llamados sherpas) para intentar acercar posiciones. Y el portavoz de Merkel reconocía el lunes que “sin entrar en demasiados detalles, puedo decir que todavía hay cuestiones muy difíciles pendientes”.

Berlín también sopesa la posibilidad de un encuentro previo a la cumbre del viernes entre Merkel y Trump para limar aristas y evitar que el G20 descarrile definitivamente. Pero el resultado de la bilateral, si llega a producirse, es tan imprevisible como el multimillonario presidente.

Por desgracia para Merkel, además de imprevisible, Trump se muestra contumaz. Desde su llegada a la Casa Blanca hace cinco meses, el presidente no ha parado de fustigar a Alemania. Y lo ha hecho con tal dureza que algunas fuentes llegan a describir como “acoso” la actitud de Washington hacia la canciller alemana.

Alemania se ha convertido en la víctima europea de una Administración estadounidense que cuestiona abiertamente el orden internacional de los últimos 60 años. Y los continuos ataques contra Berlín socavan a la potencia sobre la que gira la Unión Europea desde hace una década y ponen en peligro la estabilidad de todo el club.

La escalada de tensión ha ido a más desde el primer encuentro en la Casa Blanca el pasado mes de marzo, cuando Trump ni siquiera llegó a estrechar la mano de Merkel en público.

Dos meses después, durante su primera gira europea, Trump aprovechó el momento más solemne de la inauguración de la nueva sede de la OTAN en Bruselas para echar en cara a los aliados europeos su escaso gasto en defensa, un reproche fundamentalmente dirigido a Berlín. Y en la misma gira, arremetió contra Alemania a puerta cerrada. “Los alemanes son malos, muy malos. ¿Han visto los millones de coches que venden en EE UU? Es terrible. Tenemos que pararlo”, habría afirmado el presidente estadounidense según el relato de fuentes comunitarias recogido por la revista alemana Spiegel.

Pero más allá de las quejas por el superávit comercial y la falta de gasto en armamento, la inquina de Washington hacia Berlín se perfila como una estrategia para mover el tablero europeo bajo los pies de su pieza principal.

En su segunda visita a Europa, que se inicia esta noche, Trump dejará claras sus intenciones con una primera escala en Varsovia, donde la llegada del presidente de EE UU se interpreta como una señal de apoyo ante el creciente conflicto con Bruselas por la presunta deriva antidemocrática del gobierno polaco.

En Varsovia, además, Trump se reunirá con los líderes de los países de Europa central y del Este, muchos de ellos disgustados por el diktat alemán dentro de la UE y temerosos de que Berlín se desentienda de ellos para congraciarse con Moscú.

Las intenciones de Washington de colocar una cuña que agrave la división de la UE entre este y oeste quedaron claras en junio. El Senado de EE UU aprobó ese día un proyecto de ley sobre las sanciones a Rusia que amenaza con represalias a las compañías (casualmente europeas) que colaboren en la construcción del gasoducto Nordstream 2, el proyecto de 9.500 millones de euros con el que la rusa Gazprom espera multiplicar sus exportaciones de gas hacia Alemania. Se trata, casualmente, de un proyecto ansiado por Berlín y odiado por varios socios de la UE, con Polonia al frente.

Los ministros de Exteriores de Alemania y Austria respondieron a la votación del Senado con un comunicado iracundo, en el que acusan a EE UU de poner en peligro la unidad del bloque occidental en el castigo a Moscú por la invasión de Crimea 2014. Pero la indignación de Berlín se debe, sobre todo, a la interferencia de Washington en su conflicto energético con los socios del Este.

La estrategia de Trump ha logrado que Merkel pierda los nervios. Y el habitual aplomo de la canciller empieza a resquebrajarse como en aquella noche de Cannes en 2011.

En un gesto muy poco habitual, la canciller invitó la semana pasada a Berlín a los primeros ministros de los países europeos del G20 Francia, Italia y Reino Unido), al invitado permanente (España) y a los invitados a la cita de Hamburgo (Holanda y Noruega). Objetivo: pactar una posición común europea que no deje a Merkel sola en caso de que Trump dinamite la cumbre de Hamburgo.

Los europeos buscan también ayuda en otras partes del planeta y quieren sellar cuanto antes un acuerdo de libre comercio con Japón que, junto al de Canadá (firmado a principios de año), muestre que la globalización no se para.

Pero lejos de aceptar proclamas contra el proteccionismo, Trump llega a Alemania con la amenaza de desencadenar una guerra comercial en el sector siderúrgico. Washington estudia invocar una vieja norma de seguridad nacional, ligada a la guerra fría, para frenar la entrada en el país de importaciones de acero. La medida pretende blindar al sector siderúrgico estadounidense frente a China, que produce la mitad del acero mundial. Pero, curiosamente, la decisión golpearía violentamente a la industria alemana y europea.

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