Los riesgos de la vuelta a la normalidad monetaria | Mercados

La adopción de medidas de política monetaria a las que estamos asistiendo en los últimos años ha sido objeto de estudio y análisis desde diferentes ángulos. Y no solo por su constante repercusión mediática, sino también porque se ha puesto de manifiesto que, además de las políticas monetarias de corte clásico y ortodoxo que se venían adoptando, se han tomado otras de corte más agresivo y que podían acometerse para tratar de frenar una crisis galopante en todos los órdenes desde que se inició en 2007 y extendió con rapidez y dureza por todas las economías. La globalización ayudó a ello y al frente de la respuesta se colocaron los bancos centrales.

Cumplimos 10 años desde aquellas fechas y las dos autoridades financieras de referencia, la Reserva Federal de EE UU (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE) se plantean en estos días la posibilidad de adoptar medidas que devuelvan a la senda de la normalidad sus actuaciones. Sin embargo, ninguno de los dos, aunque con un denominador común, pero con ciertos matices diferenciadores, ha iniciado el movimiento.

Es sabido que la economía es muy sensible a cambios en los tipos de interés y a los volúmenes existentes de liquidez en el sistema y que por ello cualquier nueva política o cualquier cambio en las ya existentes debe hacerse con cautela, con la emisión de señales inconfundibles y llevando a cabo los preparativos suficientes para corregir sobre la marcha cualquier perturbación que pudiera producirse.

Las gigantescas inyecciones de liquidez y las compras masivas de bonos han alterado el normal funcionamiento del sector financiero internacional y una previsible vuelta a la normalidad tendrá importantes consecuencias, por lo que ambas autoridades financieras se muestran muy cautelosas. La repercusión sobre el euro y el dólar ha sido uno de los efectos y las compañías exportadoras europeas sufren el impacto en sus cuentas de resultados.

La valoración del comportamiento de la economía internacional es dispar entre países, entre sectores y según fechas. Por ello no existe un consenso generalizado que permita afirmar ni que la crisis se ha superado ni que el crecimiento esté consolidado. Este es otro factor a tener en cuenta y que está siendo sopesado por los bancos centrales. El BCE piensa que la economía del euro va a crecer por encima de la media histórica pero que aún falta tiempo para superar los efectos tan negativos de la crisis padecida y por ello piensa que debe continuar con su política de estímulos monetarios. La Fed está iniciando otro camino.

Hay que pensar, además, que los encargos de la Reserva Federal y del BCE no son idénticos. Este último ha de ocuparse de la estabilidad de precios, de que se mantengan en una cifra próxima al 2%, mientras que aquella se centra no solo en la inflación sino también en la creación de empleo.

La Fed va a comenzar a reducir su cartera de deuda. Estamos hablando de 4,5 billones de dólares y ello impactará sin duda en los mercados financieros. Estos son un pilar básico para el crecimiento y como se ha demostrado en muchas ocasiones, capaces de causar profundas crisis. Por ello parece que la Fed se ha decantado por ir reduciendo la cartera en unos 10.000 millones de dólares mensuales repartidos entre papel del Tesoro y bonos hipotecarios. Posteriormente, esa cantidad irá subiendo paulatinamente y no resulta muy aventurado en el momento actual pensar que el plan deberá durar algo más de tres años y suponer una reducción de balance de más de tres billones de dólares. Con ello se cumplirá el objetivo pretendido. Podría haber sido más ambicioso, pero al día de hoy las economías mundiales no están tan sólidas como para aventurarse a dejar el balance a la altura de finales de 2007. Ni mucho menos. Así que el saldo final de la crisis para los bancos centrales se traduce en duplicar, al menos, su balance tras estos años.

Con el panorama que se avecina, la economía norteamericana irá poco a poco manejándose sin estímulos y habrá que permanecer muy atentos a la evolución de las grandes variables como van a ser el PIB, la inflación, el empleo y los tipos de interés, entre otros. En este sentido, la rentabilidad de la deuda a 10 años se acercará al 2,8% en los próximos meses. Esta escalada sobre las cifras actuales tendrá su repercusión sobre los precios de los bonos y de la deuda viva en poder de los inversores que registrarán pérdidas. Y esto tiene una gran importancia por sus repercusiones.

Por lo que respecta al panorama europeo, el BCE se mantiene en la estrategia de continuar de momento con el nuevo programa de compras de deuda iniciado en marzo de 2015 y mediante el cual adquiere 60.000 millones mensuales. Su balance, que ha superado en agosto los 4,3 billones de euros, no para de crecer. Para frenar esta constante escalada se precisa un crecimiento sólido y un repunte inflacionista que hoy por hoy no se está produciendo. Por ello parece que será en los primeros meses de 2018 cuando se produzca previsiblemente un frenazo al programa de estímulos y un pequeño repunte de tipos de interés.

Parece por todo ello que la política monetaria ha conseguido en gran medida los objetivos que se pretendían, pero llegado el momento de finalizar la agresiva actuación de los bancos centrales se precisan reformas estructurales en todos los ámbitos que permitan incrementar la productividad, desarrollar mercados competitivos, un uso generalizado de las tecnologías que se traducirán en eficiencia, continuar en la línea del fortalecimiento del sistema financiero y de las medidas de regulación necesarias porque podemos estar de nuevo ante la repetición de hechos del pasado. Y es que una parte importante del crecimiento en algunas economías se está registrando de nuevo en el sector inmobiliario facilitado por el crédito barato. Y si a esto unimos estímulos fiscales excesivos se puede caer, como puede ser el caso de Estados Unidos, en un mayor déficit y en tipos de interés más altos, lo que comprometerá el crecimiento.

Cecilio Moral es catedrático de Finanzas y director del máster en Finanzas de Icade

Source link

Las rentabilidades futuras están en cuestión | Mercados

Aunque no sabemos si las rentabilidades esperadas en los próximos años de los principales activos financieros se situarán en un rango acorde a su desempeño histórico, son numerosos los datos y circunstancias que los ponen en seria cuestión.

La historia registrada de la inversión nos revela que si un ahorrador tiene un plazo disponible largo o muy largo (al menos 15 años) puede esperar una rentabilidad anualizada de entre el 7% y el 9% en renta variable global, y de entre un 3% y un 4% en bonos de calidad (públicos o privados). En los últimos se sacrifica rentabilidad esperada a cambio de menor variabilidad de las rentabilidades en el tiempo. Adicionalmente, los bonos de calidad suelen subir de valor en periodos de crisis ,cuando las Bolsas caen, por lo que una cartera equilibrada clásica que combina acciones y bonos disfrutará de una mayor estabilidad en las rentabilidades, del entono del 5% al 6% anualizado en el largo plazo. Estos números, además, tienen lógica pues están basados en los tipos de interés y las tasas de crecimiento del PIB e inflación de largo plazo, que a su vez están ligados a la rentabilidad de los cupones y los dividendos que pagan Estados y empresas.

En el caso de las acciones, además, existe una participación en el crecimiento de los beneficios (y dividendos) de las empresas que se produce en el tiempo gracias al crecimiento de la actividad económica. Ello queda reflejado en esa prima de rentabilidad que en el largo plazo ofrece la renta variable para quien tenga el plazo y esté dispuesto a aguantar su elevada volatilidad. No se debe olvidar que las Bolsas en las crisis cíclicas suelen perder del entorno del 40% al 50% de su valor de máximo a mínimo y tardar entre tres y cuatro años en volver a recuperar los máximos anteriores.

Todas estas rentabilidades son nominales, por lo que si incorporamos las tasas de inflación históricas de la era moderna, del 3% por término medio, obtenemos un rendimiento real en el tiempo del 2% anualizado para una cartera global equilibrada de acciones y bonos globales. Este rendimiento se verá reducido por el coste de invertir, cuanto más alto, peor para alcanzar ese objetivo.

No debemos pasar por alto que un 1%-2% por encima de la inflación por efecto del interés compuesto es un excelente resultado. Realmente, el cuidado del ahorro y la inversión se reduce a estos sencillos conceptos si uno tiene un plazo suficiente. Desgraciadamente, una industria plagada por los conflictos de interés y por los elevados costes explícitos y ocultos conduce a unos resultados reales netos que para el ahorrador/inversor medio suelen ser peores. Para constatarlo, solo hay que repasar los paupérrimos resultados medios de los fondos de inversión y pensiones en España en el largo plazo.

Expuestas estas normas básicas, es importante hacer hincapié en el tema de los plazos. Uno debe tener un plazo largo por delante, especialmente si concentra el ahorro en una sola clase de activo como la renta variable. De ahí la conveniencia para bastantes ahorradores de combinar acciones y bonos. Además, existen algunos momentos en la historia en los que se registran en los activos unas valoraciones extremas que invariablemente han conducido a rendimientos anualizados ampliamente inferiores a los comentados durante plazos de bastantes años. Precisamente, todos los síntomas son que nos podemos encontrar en uno de ellos.

Por el lado de la renta variable, el mercado bursátil que lidera el mundo y representa más del 50% de la Bolsa global, el norteamericano, cotiza a un PER real en el último trimestre de 25 veces: son necesarios 25 años de beneficios presentes reales para pagar la cotización del precio de las acciones en Bolsa. Este dato se compara con un histórico normalizado de 15 veces. No ha habido ocasión en que el PER haya rondado 25 que no haya sido seguido por elevadas minusvalías que han llevado años enjugar.

En el caso de la renta fija, la situación es más acusada e inaudita. Muchos bonos de Gobiernos y de bastantes empresas también ofrecen rendimientos negativos. Los populares depósitos a plazo en España apenas rentan nada a cambio de un riesgo emisor nada despreciable. Nunca en la historia unos bonos rentaban nada o negativo.

En este punto entramos en el terreno de esos inquietantes elementos añadidos. Estamos en una situación de aguas sin cartografiar en la que los bancos centrales realizan experimentos como tipos cero o negativos y compras de todo tipos de activos que se extienden durante años. Lo preocupante es la respuesta al porqué han llegado a este punto y los resultados hasta el momento. Así, según su propia argumentación, el mundo tiene un problema de crecimiento y exceso de deuda y estas políticas están destinadas a combatirlo. Desgraciadamente, su experiencia y conocimiento sobre la eficacia de las mismas está ausente de la ecuación, por lo que pueden producirse resultados no deseados.

Juan Manuel Vicente Casadevall. Eafi.

Source link

El histórico ciclo alcista de Wall Street empieza a dar vértigo a los inversores | Mercados

La Bolsa de Wall Street lleva ocho años de subidas ininterrumpidas, algo que solo había ocurrido una vez en la Historia. El índice S&P 500 ha subido un 300% desde los mínimos de 2009. Este larguísimo ciclo alcista ha hecho que 9 de las 10 mayores compañías del mundo sean norteamericanas (Apple, Facebook, Google, Microsoft…). Algo insólito.

La revalorización de las acciones estadounidenses se ve ahora acompañada de una baja volatilidad. El índice de referencia, el VIX, está en mínimo de los últimos 23 años. La calma en los mercados financieros, tachada de complacencia por muchos, empieza a dar vértigo a algunos inversores que creen que en los próximos meses llegará una corrección severa.

Una encuesta entre gestores de fondos de todo el mundo, realizada la semana pasada por Bloomberg, revela que la mayoría considera que la Bolsa de Estados Unidos dejará de subir el año que viene como muy tarde.

Algunos ya se están preparando. Antoni Fernández asesora Smart Social Sicav, un vehículo inversor con casi 50 millones de euros de patrimonio. Su análisis técnico es demoledor. “El 85% de las empresas que cotizan en el Nasdaq [el índice de compañías tecnológicas] tiene estructura de burbuja. Las burbujas se producen por distintos factores pero todas terminan igual, explotando”, explica en su último informe.

Su análisis no se queda el papel. Este inversor ha tomado posiciones cortas contra el Nasdaq. Además, cree que la corrección de Wall Street arrastará a las Bolsas europeas, por lo que también se ha puesto corto del DAX aleman y del EuroStoxx. En total el 93% de su cartera. Si estos índices se desploman, Fernández hará de oro a los accionistas de la sicav.

Señales de alarma

  • Acciones caras. Los indicadores utilizados por los gestores de fondos para analizar si una compañía está cotizando a un precio adecuado señalan que muchos mercados están caros. Especialmente en el caso de Estados Unidos.
  • Niveles de liquidez. Los gestores de fondos están destinando más dinero de lo normal a efectivo, una señal de que tienen dudas sobre el futuro del mercado. En el caso de Warren Buffett, el inversor más famoso del mundo, acumula 73.000 millones de euros en liquidez.

No solo los análisis técnicos hablan de un mercado sobrecalentado. La firma Morningstar tiene un indicador para establecer si las acciones están caras. Utiliza tres métricas ( el precio sobre el valor contable, el precio sobre ventas y el ratio precio-beneficio ajustado cíclicamente). “Por primera vez desde la crisis financiera del 2008 casi todos los mercados del mundo están caros desde una perspectiva histórica, especialmente en el caso de Estados Unidos”, comenta Fernando Luque, analista de Morningstar.

Aunque la mayor parte del mercado sigue confiando en que la solidez de la recuperación económica mundial sostiene las valoraciones de la Bolsa, muchos gestores de fondos españoles reconocen que cada vez les cuesta más encontrar oportunidades de inversión a precios atractivos. “Intentamos invertir lo máximo posible en Europa, pero Europa nos ha echado del mercado y no es fácil encontrar oportunidades interesantes”, explicaba recientemente Francisco García Paramés, el consejero delegado de Cobas AM, en unas jornadas.

“No son tiempos fáciles para invertir. Nos cuesta encontrar oportunidades a precios razonables”

“Con la baja volatilidad podría parecer que en el mercado no hay riesgos, pero es precisamente ahora cuando hay que ser precavido. No son tiempos fáciles para invertir”, apuntaba en este mismo encuentro Marc Garrigasait, gestor de la sicav Koala Capital.

Una de las causas que señalan todos los expertos para este prolongado ciclo alcista son las políticas monetarias llevadas a cabo por los grandes bancos centrales. Tanto la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) como el Banco Central Europeo (BCE) han destinado miles de millones para comprar activos financieros y lograr que bajaran los tipos de interés. La ínfima rentabilidad de los bonos habría provocado un excesivo flujo de dinero hacia la Bolsa, en busca de rendimientos.

Otra reciente encuesta realizada por Bank of America entre gestores de fondos revelaba que muchos de ellos están dejando una buena parte de sus carteras en efectivo ante el temor de que comience un ciclo bajista en las Bolsas.

Ángel Fresnillo, gestor de Mutuactivos, explica que la gestora de activos del grupo Mutua Madrileña, “está en el máximo nivel de liquidez de los últimos 10 años porque vemos el mercado muy complaciente”.

El inversor más famoso del mundo, Warren Buffett, también acumula un nivel récord de efectivo: más de 86.000 millones de dólares (73.000 millones de euros).

Para muchos gestores de fondos, el acontecimiento que puede precipitar la corrección de los mercados bursátiles es el precio de los bonos. Las políticas monetarias expansivas habrían inflado artificialmente el valor de la deuda emitida por Gobiernos y empresas y, con la retirada de estímulos de la Fed y el BCE, podría producirse una estampida entre los inversores de todo el mundo.

Igual que los mineros llevaban canarios para alertarlos de los escapes de gas, varios indicadores empiezan a mostrar signos del recalentamiento de un mercado exuberante: los disparatados precios de algunas compañías tecnológicas, el auge de las monedas virtuales y la gran cantidad de dinero que están levantando los fondos de capital riesgo.

Source link

El Banco de Japón puede resistirse al alza de los tipos de Occidente | Mercados

El Banco de Japón (BOJ) se reduce a una figura cada vez más solitaria. Mientras la Reserva Federal de EE UU sube tipos y el BCE habla de políticas más estrictas, el gobernador Haruhiko Kuroda aún sostiene el acelerador monetario.

El BOJ es cada vez menos ortodoxo. Primero vino un programa masivo de compra de bonos, o quantitative easing, valorado en 706.000 millones de dólares al año. Luego se aventuró con los tipos de interés negativos, para la consternación de bancos y aseguradoras. Finalmente, en septiembre del año pasado introdujo una política más radical de “control de curva de rendimiento” que mantiene el rendimiento de los bonos a 10 años cerca de cero, pero facilita a las instituciones financieras obtener un beneficio al permitir que aumenten los tipos a largo plazo. También permite al banco central mantener la política flexible más tiempo, mientras devora menos títulos. Pero el resto del mundo se dirige a otra lugar: la Fed sube los tipos de forma más regular y el BCE empieza a a tener un discurso más duro. En la última quincena, la diferencia entre el rendimiento de los bonos a 10 años del Gobierno de Japón y los de Alemania y EE UU se ha ampliado en 27 y 17 puntos, respectivamente. Así que, el BOJ subrayó el viernes su decisión de poner orden, ofreciendo la compra de cantidades ilimitadas de bonos. Es la tercera vez que lo hace, mostrando que limitará los rendimientos al 0,1%.

Pese a la discrepancia internacional, Kuroda y su equipo pueden seguir adelante. El marco del objetivo de rendimiento les da las herramientas para hacerlo. También tienen una gran ventaja, puesto que el BOJ ya posee la mitad de los bonos del Estado. Además, el banco central tiene una motivación clara. La inflación no está cerca de su objetivo del 2% y el crecimiento sigue siendo lento. El que otras economías estén más cerca de despegar no es razón para darse por vencido. Además, la separación de otros antiguos acólitos del QE debería debilitar el yen. Esto impulsará los beneficios empresariales, avivará los instintos y con suerte provocará los aumentos de sueldos esperados. Este banco puede continuar solo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción es responsabilidad de CincoDías.

Source link

Primera huelga en más de 50 años en el Banco de Inglaterra | Mercados

Los empleados de los departamentos de mantenimiento y seguridad del Banco de Inglaterra secundarán una huelga a finales de mes en demanda de mejoras salariales, el primer paro en la entidad en más de 50 años, informó hoy el sindicato Unite.

La huelga, de cuatro días, empezará el próximo día 31, después de que el 95% de los miembros de esos departamentos del sindicato votasen a favor tras recibir una propuesta de alza salarial por debajo del nivel de inflación, que se sitúa en el 2,9%.

Unite advirtió de que si el banco emisor inglés no resuelve la situación de estos empleados, consultará a otros miembros de otros departamentos de la entidad para escalar la disputa. “El personal del Banco de Inglaterra ha manifestado su enfado votando por la huelga”, dijo hoy una portavoz sindical.

“El Banco de Inglaterra afronta ahora su primera medida de fuerza en más de 50 años cuando el personal de servicios vitales tome medidas  por la negativa total del banco a aceptar que su fuerza laboral tiene problemas con el coste del nivel de vida”, añadió.

Source link