El Círculo de Empresarios alerta que ya se nota el pulso soberanista en la economía | Mi dinero

El presidente del Círculo de Empresarios, Javier Vega de Seoane, ha asegurado este lunes que “hay una ralentización tanto en el consumo como en las inversiones” en España y Cataluña como resultado de la situación que vive la comunidad. Pese a ello, Vega de Seoane ha defendido que la situación económica se mantiene en Cataluña “gracias a que tienen unos ciudadanos estupendos” porque “si fuera por sus dirigentes, Cataluña iría bastante mal”, ha matizado.

Durante la presentación de los documentos “Una España mejor para todos” y “Un pacto para un crecimiento integrador“, también ha recordado que según las cifras de creación de empresas, todo apunta a que se habría producido cierta deslocalización de compañías en Cataluña, de unas 2.700 en total; aunque al mismo tiempo ha reconocido que buena parte de esas deslocalizaciones habría tenido un origen fiscal y no tanto por el conflicto independentista.

En esta línea, se ha mostrado muy duro con la clase política catalana, que infunde una gran inseguridad jurídica al empresariado. Los dirigentes catalanes “no solamente incumplen la legalidad, sino que presumen de ello e incitan a la población a incumplir las leyes” y ante este comportamiento “no hay otra” que lo que está haciendo el Estado.

Al margen de la situación en Cataluña, sobre la que Vega de Seoane aseguró que será necesario negociar un nuevo sistema de financiación autonómica, el Círculo de Empresarios ha presentado este lunes dos documentos económicos que pretenden movilizar a la sociedad civil para conseguir pactos que sean capaces de volver a ilusionar a los españoles.

Esta organización empresarial asegura que España tiene todos los activos para poder dar un nuevo salto de modernización y prosperidad equiparable al que dio hace 40 años, en 1977. Sin embargo, en opinión de los expertos que han elaborado sendos estudios, “falta voluntad política para alcanzar los acuerdos necesarios”.

En este sentido, el Círculo ha criticado duramente la pérdida del impulso reformista que hizo que en 1977 se pudiese superar la difícil situación económica que tenía entonces España. “Después, vinieron los últimos años del siglo pasado, nos creímos los más ricos y los más listos y pensamos que no había que hacer nada más”, ha recordado Javier Vega de Seoane.

Gracias al análisis incluido en “Un pacto para un crecimiento integrador”, si España hubiera emprendido hace una década reformas en tres ámbitos -educativo, empresarial y de lucha contra la economía sumergida- actualmente tendría un superávit del 1,24 % del PIB, un paro de poco más del 11% de la población activa y una deuda del 90% del PIB.

La directora del departamento de Economía del Círculo, Alicia Coronil, ha explicado que de esta manera se resolverían los “graves problemas sociales” de España y se garantizaría la sostenibilidad del Estado del bienestar, al tiempo que se lograría un PIB per cápita de 27.373 euros, un 12% superior al actual.

En materia educativa, el estudio aborda la hipótesis de si España hubiera reforzado la orientación hacia la formación profesional hasta converger con la Unión Europea, hoy esto se habría traducido en más de un millón de jóvenes adicionales con formación de grado medio, lo que mejoraría sus opciones profesionales.

Además, con un tejido empresarial similar al de Francia, la tasa de creación de empresas crecería a un ritmo un 50% superior, según Coronil, lo que derivaría en 1,1 millones de empleos adicionales de calidad y la reducción de la tasa de paro al citado 11,6%. Todo ello haría que el volumen de personas en riesgo de exclusión social se redujera en más de 800.000 ciudadanos.

Otra de las reformas capitales que el Círculo ha criticado que no se haya puesto en marcha en los últimos 10 años es la lucha contra la economía sumergida. Según sus cálculos, supone en la actualidad el 17% del PIB en España, pero de haber logrado bajarla al 11,6%, como la media de la OCDE, ese descenso habría permitido aflorar 64.000 millones de euros adicionales al PIB.

El director del proyecto, Ingemar Naeve, ha considerado que “sin un apoyo amplio social y político es difícil mantener el rumbo un tiempo suficiente” para que el proyecto tenga “el efecto deseado”.

Por su parte, el catedrático Luis García Delgado ha citado entre los elementos básicos de este estudio la necesidad de definir un “crecimiento integrador” a base de pactos cívicos, lograr una democracia de calidad, aspirar a “coliderar” el proyecto europeo y afrontar el futuro con autoestima, porque “España tiene suficientes recursos” para ello.

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El Plan Bolonia, una asignatura difícil | Fortuna

El 29 de octubre de 2007 el sistema universitario español comenzó su particular revolución. Un real decreto implantaba entonces en nuestro país el denominado Plan Bolonia, con el propósito de mejorar la calidad de la educación y la movilidad de los estudiantes dentro del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Una década después, las universidades hacen un balance positivo, pero se quejan de los problemas que han tenido para implantar el nuevo modelo.

Bolonia pretendía introducir mayor autonomía en la configuración de las enseñanzas por parte de los centros, reclamaba una renovación de las metodologías, fomentaba la movilidad de los estudiantes, potenciaba los estudios de posgrado y regulaba un complejo sistema de evaluación de títulos orientado a acreditar la calidad. Aunque, por el momento, lo que sí ha generado es una notable transformación de los centros.

Como apunta Antonio Obregón, vicerrector de ordenación académica y profesorado de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, “se han renovado todos los títulos universitarios, se ha aplicado un nuevo y prolijo sistema oficial de aprobación y acreditación de títulos; se han incrementado los intercambios y las alianzas con universidades extranjeras, y han aumentado las prácticas curriculares, lo que también ha multiplicado los convenios de cooperación con empresas e instituciones”.

El nuevo sistema ha desarrollado titulaciones reconocidas en todos los países que pertenecen al espacio europeo

Además, el Plan Bolonia ha supuesto un cambio de estructuras y metodologías. “De una estructura de licenciatura y doctorado hemos pasado a otra más secuencial de grado, máster y doctorado. El grado es más generalista; el máster, más especializado, y el doctorado, dirigido a la investigación”, indica Isabel Vázquez, vicerrectora de estudios de grado y política lingüística de la Universidad de Valencia. Por otra parte, el foco del aprendizaje se ha trasladado del profesorado al estudiantado. “Un caso muy concreto y beneficioso ha sido la obligatoriedad de desarrollar en cada título, grado o máster un trabajo final y la introducción de las prácticas externas”, añade.

El nuevo sistema ha desarrollado titulaciones reconocidas en todos los países que pertenecen al espacio europeo. Pilar Herreros de Tejada, vicerrectora de estudios de la Universidad Complutense, explica que para garantizar su calidad “se ha implantado un procedimiento que debe aprobar una agencia evaluadora, encargada también de renovar la acreditación de los másteres”. Con vistas al futuro, añade que “sería muy importante llegar también a acuerdos nacionales sobre mapas de titulaciones y precios de matrícu­las y másteres”.

Un camino incierto

Los inicios de la implantación de Bolonia fueron inciertos, admiten los responsables de los centros educativos. Enrique Herrero, vicerrector de estudios de la Universidad de Alicante, cuenta que cuando empezó el proceso se depositaron muchas expectativas. “Se esperaba que la mejora de la docencia llevaría aparejada una reducción del número de estudiantes por profesor, la introducción de la evaluación continua y nuevas metodologías docentes”.

Pero esos cambios necesitaban una financiación extra que nunca llegó, “por lo que algunos no se han podido implantar o se han llevado a cabo de forma parcial”. Además, la puesta en marcha de los grados y másteres coincidió con la crisis económica y “muchas universidades vieron reducida su financiación”, afirma.

A pesar de esto, el balance general es positivo. En opinión de Sergio Calvo, vicerrector de apoyo a la docencia y la investigación de la Universidad Europea, “su implantación ha supuesto un aumento considerable de la calidad de la docencia y de la investigación, y ha permitido que la universidad española sea menos endogámica y que mire más hacia fuera”. “Ahora, cuando nos ponemos a diseñar un nuevo título, no solo analizamos las salidas profesionales inmediatas, sino que pensamos en salidas a medio plazo y en todo el territorio europeo”, añade.

Eso sí, alumnos y profesores no se han adaptado fácilmente. Juan Cayón, rector de la Universidad Nebrija, reconoce que a los docentes les ha supuesto “un esfuerzo notable de orientación al estudiante, a mejorar sus competencias y habilidades y no solo sus conocimientos”.

Campus de ESADE en Sant Cugat del Vallés, Barcelona, diseñado bajo los criterios del Plan Bolonia.
Campus de ESADE en Sant Cugat del Vallés, Barcelona, diseñado bajo los criterios del Plan Bolonia.

También a los alumnos les supone más exigencia: “Trabajo autónomo, individual operativo y reflexivo”. Enrique Herrero indica que han aumentado las actividades de evaluación para los profesores y se han multiplicado los trabajos y controles para los estudiantes. “Puedes tener a toda la plantilla docente una semana o más exclusivamente dedicada a la evaluación de los trabajos fin de grado”, afirma.

Los cambios metodológicos tampoco han sido sencillos. Antonio Obregón, de Comillas, advierte de que la formación integral y el carácter práctico de los estudios se han acentuado. “Ha habido cambios en el calendario académico para favorecer los intercambios con universidades extranjeras y mejorar el rendimiento; se han aumentado las actividades formativas y los casos prácticos…, y se utilizan más las nuevas tecnologías (canales de comunicación, pizarras digitales, dispositivos electrónicos, bases de datos)”.

Públicas versus privadas

La implantación del Espacio Europeo de Educación Superior ha supuesto las mismas exigencias tanto para las universidades privadas como para las públicas. Sin embargo, Juan Cayón, de Nebrija, asegura que en España las primeras estaban mejor preparadas para abordar los cambios, por el “ya mítico inmovilismo que caracteriza a algunas públicas y sus funcionarios docentes”. Pero también reconoce que “hay ejemplos notabilísimos de centros públicos que han entendido a la perfección el desafío y lo han resuelto con enorme solvencia”.

Rafael Crespo, vicerrector de estudios de posgrado de la Universidad de Valencia, recuerda que “la mayoría de las privadas han surgido ya dentro del nuevo esquema, por lo que no han necesitado adaptarse”. Mientras que las públicas, como la suya, “han tenido que afrontar un cambio radical sufriendo unos recortes importantes en sus presupuestos y plantillas”.

Los expertos coinciden en que Bolonia ha sido un acicate para renovar modelos, estructuras y formas de enseñar y aprender

En tanto, Antonio Obregón, de Comillas, prefiere no diferenciar entre unas y otras, sino que es partidario de destacar “las que han demostrado una gran capacidad de adaptación al cambio, que son las que, partiendo de estructuras sólidas, reconocida reputación y una clara identificación de su misión, han sabido aprovechar las posibilidades de innovación y progreso del nuevo sistema”.

Con mayor o menor intensidad, todos los expertos coinciden en que Bolonia ha sido un acicate para renovar modelos, estructuras y formas de enseñar y aprender. Y ha servido para que las universidades se abran más a la sociedad y al mercado laboral. Los resultados ahora no deben hacerse esperar.

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Comisión Europea: Así cambió mi vida estudiar un Erasmus | Fortuna

Todavía me cuesta poner en palabras todo aquello que viví” cuenta Inés Talavera, de 22 años, estudiante de Derecho y Administración de Empresas en la Universidad Carlos III de Madrid. Acaba de volver de su experiencia como alumna de Erasmus en Francfort (Alemania). Decidió cursar el cuatro curso de los casi seis de los que consta el grado en la universidad EBS University of Business and Law de la citada ciudad alemana. “Todo estudiante debería pasar un curso en el extranjero, ahora son vitales los idiomas y no hacerlo es quedarse atrás”, señala Talavera.

Para empezar, su vida se vio envuelta en un gran cambio cuando decidió dejar a un lado la zona de confort que tenía en Las Rozas (Madrid). No lo dudó. Deseaba empaparse de una cultura diferente en las calles de Oestrich-Winkel, el pueblo donde disfrutó de esta beca europea. Es más, cautivada por la experiencia, decidió prolongar su estancia hasta cumplir un curso entero. “Tengo mono, el futuro está fuera”, asegura esta joven, que ya sabe que volverá a salir. Le gustaría dedicarse a algo relacionado con el Derecho comunitario y no le importaría desempeñarlo en otro país.

Inés Talavera forma parte de un colectivo muy especial, de los nueve millones de estudiantes, de los cuales 900.000 son universitarios españoles, que han participado en el programa de becas Erasmus a lo largo de sus 30 años de vida. El éxito de esta iniciativa de la Comisión Europea lo avala el siguiente dato, según fuentes de la citada institución:290.000 desplazamientos de estudiantes para estudios y periodos de práctica. “Yo también fui alumna, esta experiencia con apenas 20 años marcó un antes y un después en mi vida. Fue como poner algo en movimiento” declara María Eugenia de la Rosa, responsable hoy de las redes sociales de Erasmus + en España.

El proyecto comenzó su andadura en 1987, año en el que tan solo 95 españoles dejaron sus casas para explorar lo que 11 países de Europa les iban a ofrecer. “Cambia el concepto Europa. En un momento en que se debate lo que es la ciudadanía europea, esta iniciativa la impulsa”, explica Dimitri Barua, portavoz de la representación de la CE en España.
A Elena Martín de 24 años, graduada en Comunicación Audiovisual en Barcelona, también le cambió la vida. Esta universitaria ha ido un poco más allá y ha dirigido, como trabajo de fin de grado, una película, Julia Ist, sobre su experiencia de intercambio en Berlín. La cinta ha sido utilizada por la Unión Europea para ilustrar la vivencia en primera persona de lo que significa esta experiencia.

A lo largo de estas tres décadas, el programa ha ido cambiando, al ritmo de la sociedad. Así por ejemplo, desde 2014 se lleva desarrollando una nueva versión del tradicional programa, Erasmus+, mucho más enfocada al mercado laboral, que en las ediciones anteriores. Ofrece oportunidades para estudiar en las universidades de 33 países, a la vez que realizar prácticas formativas, participar en voluntariados y trabajar en empresas. También se abren las puertas a estudiantes de Formación Profesional y a proyectos de educación adulta. El presupuesto de este programa maneja más de 2,1 billones de euros. La parte más grande del pastel se la llevaron los estudiantes universitarios, ya que un 62% de estas becas se destinaron a financiar sus estancias.

A pesar de que los números parezcan elevados, el dinero que cada estudiante Erasmus recibe raramente cubre sus gastos en el país de destino, lo que constituye la principal crítica al programa. “Con la beca no me llegaba ni para el alquiler” cuenta Isabel Blanco, estudiante de 22 años de Derecho y Administración de Empresas de la Universidad Carlos III (Madrid), que realizó su estancia en Alemania, en la universidad EBS.

El importe de las becas en España se reparte en función del país de destino y existen tres tipos dependiendo del nivel de vida. Los países de tipo A son aquellos en los que vivir resulta más caro para los estudiantes, incluyen destinos como Suecia o Reino Unido, y la beca son 400 euros mensuales. El siguiente nivel corresponde a países con un nivel de vida medio, como Alemania o Grecia, y les corresponde un importe de 350 euros al mes. Por último, aquellos que opten a viajar a Letonia o Polonia recibirán 300 euros. Las becas duran como máximo siete meses, por lo tanto, si el estudiante realiza la estancia durante el curso académico entero (nueve o 10 meses) parte de la inversión no la cubriría el Ministerio. “Si no fuera por la ayuda de mis padres no podría haberme ido” concluye Blanco. El futuro de estas becas es prometedor. Los datos que maneja la Comisión Europea fijan para el periodo 2014-2020 que se acojan a estas ayudas cuatro millones de personas. El presupuesto estimado es de 14,7 billones de euros.

En cuanto a las salidas profesionales, un Erasmus aporta un valor adicional: salir al extranjero hace que los jóvenes adquieran capacidades valoradas por el mercado laboral actual, como son los idiomas. De hecho, los estudiantes que se embarcan en estos programas tienen el doble de posibilidades de encontrar trabajo en el plazo de un año después de la graduación. Uno de cada tres estudiantes se queda en la empresa donde ejerció sus prácticas Erasmus, y son los menos, uno de cada 10, los que deciden emprender. Los estudiantes que anotan en su currículo una beca de este tipo cuentan con un paro menor, frente al 23% de los que deciden no irse, según datos de la Comisión Europea.

Lo cierto es que el 96% de los estudiantes considera que el Erasmus ha sido una experiencia positiva, y, por tanto, la Comisión está decidida a que, año tras año, aumente el número de personas que puedan embarcarse en este programa. Por varias razones:abre puertas, cumple sueños, y, sobre todo, cambia vidas.

Radiografía

Destinos preferidos de los españoles

El país elegido por la mayoría de los estudiantes españoles es Italia, que en 2013 (los únicos datos disponibles) recibió alrededor de 7.000 jóvenes de nuestro país. De cerca le siguen Alemania, Francia y Reino Unido, con más de 4.000 becados en este mismo año, y Polonia, que en los últimos cursos ha ido acogiendo a cada vez más españoles.

Las universidades españolas que más acogen

Los campus que más estudiantes Erasmus reciben de otros países son la Universidad de Granada, seguida de la Complutense (Madrid) y la Universitat de València. Por su parte, la Universitat Politècnica de València y la Universitat de Barcelona también son receptoras de numerosos estudiantes de Erasmus.

Enamorados

El 27% de los estudiantes de estas becas conoció a su pareja durante su estancia en el extranjero. El 33% mantiene una relación sentimental con una persona de distinta nacionalidad. El 93% de los estudiantes se ve a sí mismo viviendo en otro país en el futuro. Y el 40% se ha mudado al extranjero tras su graduación.

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