El Guggenheim celebra su vigésimo cumpleaños entre luz y sonido | Fortuna

Han pasado casi 20 años desde que el 19 de octubre de 1997 abriera sus puertas al público el museo Guggenheim de Bilbao. Desde entonces, más de 20 millones de visitantes han pasado por sus salas, deleitándose con las 130 obras de su colección permanente o alguna de las 97 exposiciones temporales que ha albergado.

La institución, que nació como parte de un plan para revitalizar Bilbao y el País Vasco, logró su objetivo y se ha convertido en el icono de esta ciudad. La pinacoteca fue un pilar transcendental para transformar una urbe completamente industrial en la capital cultural que es hoy en día. Los beneficios generados por la creación del Guggenheim van más allá del cambio en el paisaje de la ría y han ayudado a colocar a Bilbao en el circuito internacional del arte. De hecho, el 63% de sus visitantes son de origen extranjero: franceses, británicos y norteamericanos son los turistas que más pasean entre las paredes de titanio proyectadas por el arquitecto de origen canadiense Frank Gehry.

En su vigésimo aniversario, el museo ha querido rendir homenaje a su ciudad durante el mes de octubre, con el foco puesto en sus vecinos. El mes pasado, todos los vizcaínos recibieron en su casa una invitación para acceder gratuitamente a la pinacoteca durante el mes de octubre. Además, el pase incluía un billete de ida y vuelta en Bizkaibus, el servicio de autobús de transporte público de la provincia de Vizcaya, para que la distancia no fuera un problema a la hora de acercarse al museo.

Pero las celebraciones no se han quedado ahí. La noche del pasado 9 de octubre, el Guggenheim presentaba Chasmata, un espectáculo de arte y ciencia, que permitió al público viajar al espacio a través de imágenes inéditas del planeta Marte. El evento, de carácter gratuito, contó con la colaboración de BBK y la Agencia Espacial Europea (ESA). Asimismo, el astronauta español Pedro Duque ejerció de maestro de ceremonias y acabó de poner el toque espacial a la noche, compartiendo con todo el mundo un mensaje audiovisual del astronauta Paolo Nespoli desde la Estación Espacial Internacional. Chasmata es el término que la Unión Astronómica Internacional emplea para designar a las depresiones profundas, alargadas y escarpadas que se producen en la superficie rocosa de un planeta. Con este nombre, la organización del museo aludía a los pliegues, complejidades y rugosidades arquitectónicas del propio Guggenheim de Bilbao.

El espectáculo Reflections se proyecta sobre la superficie del Guggenheim.
El espectáculo Reflections se proyecta sobre la superficie del Guggenheim.

Los 120 saxofones repartidos por todas las alturas del atrio de la pinacoteca y las nuevas tecnologías fueron el hilo conductor de un evento que también se retransmitió por streaming, y que aún está disponible en la página web del museo. Acercar las celebraciones a todo el mundo ha sido uno de los objetivos de la organización, por eso, tanto Chasmata como Reflections, el otro plato fuerte de los festejos, se han emitido online. Este último consiste en una serie de proyecciones sobre la fachada del edificio, que se clausura este sábado.

Un espectáculo de 20 minutos de duración que combina música, luz e imágenes, patrocinado por el Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación Foral de Bizkaia e Iberdrola, con pases continuos durante cuatro noches. Se espera que, al tratarse de uno de los actos más importantes de estas celebraciones, convoque a más de 200.000 espectadores. Mediante diferentes técnicas de proyección, Reflections transforma la fachada del Guggenheim en un lienzo sobre el que se plasman animaciones creadas especialmente para celebrar las dos décadas de la conversión cultural en Bilbao. El espectáculo incluye guiños a algunas de las obras más emblemáticas que han pasado por el museo. El metal se transforma en una superficie reflectante y de formas esféricas, como en El gran árbol y el ojo de Anish Kapoor y el colorido Puppy, de Jeff Koons, esparce sus flores por las superficies del Museo.

Las cifras

  • 4.266.146.116 euros. Es la aportación al PIB que ha generado la pinacoteca desde su inauguración, según datos del museo.
  • 16.772. El número de Amigos del Museo Guggenheim Bilbao.
  • 729 millones de euros. La cantidad en la que está valorada la colección propia de la institución.
  • ‘China: 5.000 años’ (1998). La exposición más visitada en las dos décadas del museo.

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La historia oculta de una exposición de arte | Fortuna

En la década de 1920, las pinturas del barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza formaban la colección privada más importante del mundo después de la reina Isabel II de Inglaterra. Años después, en el año 1989, el barón Thyssen-Bornemisza y España firmaron un acuerdo para alojar en el Palacio de Villahermosa esta colección privada de pintura, dando paso al nacimiento a la actual pinacoteca, que esta semana cumple su 25 aniversario y que acaba de conseguir la categoría de Museo Nacional.

Pero el acuerdo fue mucho más allá, y buceó en varios asuntos que, aunque a simple vista no se perciben, condicionan la calidad de una exposición y de las obras expuestas: estos son los criterios específicos para el control del medio ambiente de la muestra, la medición de la temperatura, de la humedad, de la filtración de aire, de los niveles de iluminación, así como unos exigentes niveles de seguridad. Detrás de todo esto está la consultora de ingeniería y arquitectura ARUP, quien se ha encargada de desarrollar todos estos procesos.

“Con el acuerdo de préstamo de los cuadros vinieron después las condiciones que teníamos que cumplir para el diseño de los sistemas y condiciones ambientales del palacio”, explica el director de ARUP, Tudor Salusbury. La firma, que también ha realizado proyectos con la Ópera de Sidney o el Centro Botín de Santander, entre otros, ya había trabajado con la familia Thyssen en Villa Favorita (Lugano, Suiza). Un escenario no tiene que ver con otro, y las condiciones del museo madrileño poco tienen que ver con las diferencias ambientales suizas, ni con las condiciones del edificio ni con las de la propia ciudad. “Las obras se deben conservarse a una temperatura concreta siempre, normalmente a 24 grados en verano y a 20 grados en invierno, haciendo que el cambio entre estaciones sea lo más suave posible. En la conservación de cuadros es más importante que no haya modificaciones bruscas de temperatura”.

La humedad es uno de los puntos más problemáticos, ya que la recomendación internacional es que haya un 50%

Lo que dio más problemas, sin embargo, fue la humedad: a nivel internacional las recomendaciones oscilan entre mantener unas condiciones del 50% de humedad, algo que en países del norte de Europa es mucho más fácil que en el centro de España. “Aquí, estos son niveles de humedad difíciles de conseguir”, por lo que hubo que recurrir a las nuevas tecnologías y a sistemas de ambientación para mantener una situación estable dentro del museo. “Estos factores también se tienen en cuenta, incluso en el propio traslado de las obras de arte, que han de viajar en compartimentos individuales estancos”. Pero si algo tenía el palacete que alberga al Thyssen era un problema de luminosidad, otro de los factor clave a la hora de instalar una exposición de arte. De los 18.500 metros cuadrados de superficie construida del museo, algunos cuentan con luz natural y otros tienen que complementarse con iluminación artificial. “El grado de luminosidad tiene que estar en torno a los 200 lux, que es la medida internacional utilizada para analizar la intensidad lumínica”. Por tanto, tuvo que tener en consideración aquellos espacios que se valían por sí mismos con la luz natural y aquellos que necesitaban un complemento, no solo para una mejor experiencia por parte de los visitantes, sino también por la propia conservación de las obras.

Otro punto importante es el de la seguridad, más aún en edificios históricos como este, en los que no se cuentan con todas las garantías. “Tuvimos que analizar la posible vibración de las paredes y de los techos, y ver si toda la estructura estaba preparada para albergar un museo de esta talla, así como implantar de forma correcta las instalaciones mecánicas y eléctricas”, afirma Salusbury. Tampoco hay que olvidarse de incendios, inundaciones… “Para ello diseñamos una duplicidad de sistemas, y que así, en caso de fallo de cualquier tipo, hubiese una doble cobertura y no se dependiese de un solo sistema de seguridad”. Esta es la intrahistoria que hace que las obras de arte luzcan majestuosas.

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Soledad Lorenzo: “En el arte, la edad da prestigio” | Fortuna

Es una de las grandes damas del arte español. Soledad Lorenzo (Torrelavega, Santander, 1937) forma parte de una generación de galeristas, en su mayoría mujeres, que abrieron España al coleccionismo de arte contemporáneo. Recibe a Cinco Días en su casa del barrio de la Latina, de altos techos y repleta de obras de arte y de objetos de diseño, convertida ahora en el centro neurálgico de su vida, desde que cerró su galería a finales de 2012, tras 26 años de dedicación. Decidió que ya tenía edad suficiente, 75 años, para retirarse, y seguir disfrutando del arte desde otra perspectiva. Vive rodeada, aunque no se considera coleccionista, de piezas de Jaime Uslé, José María Sicilia, Victoria Civera o de Louise Bourgeois. De hecho, una escultura de la serie de arañas de la artista francesa da la bienvenida a todo aquel que visita su casa. “Fue un regalo que me hizo Bourgeois. Con los artistas con los que trabajas se establece una relación familiar”, explica Lorenzo.

Hace años llamó al director del Museo Reina Sofía de Madrid, a Manuel Borja-Villel, para anunciarle un gran deseo: donar las obras que obraban en su poder, 400 obras de 89 artistas, entre ellos Tàpies, Miquel Barceló, José María Sicilia, José Manuel Broto o Eduardo Chillida

Fue un acto de generosidad, ceder su colección.

Lo encuentro un acto de inteligencia, el arte me ha dado la vida. Es muy difícil encontrar algo que sientas que te sigue educando la mente. Creo que he tenido suerte, porque he estado rodeada de artistas y de cultura y eso es gratificante. De todas formas, yo nunca me he sentido coleccionista sino galerista. Me quedaba con alguna obra, cuando me lo podía permitir, que no se había vendido.

Fue una de las pioneras, siguiendo el ejemplo de Juana Mordó.

Los años ochenta se enmarcan en una época en la que la gente en España veía el arte contemporáneo como algo extraño, no se entendía, pero yo siempre recomendaba que primero se aprendiera a ver, a mirar una obra. Lo importante siempre era la actitud ante el arte. Primero se hacía una labor educativa y luego la venta. Para entrar en el arte hay que tener dinero y talento para entenderlo. Porque el que compra arte no lo hace para revenderlo. Es una falacia.

¿No hay especulación en el mundo del arte?

No. El arte es caprichoso, a veces los precios son desorbitados, pero es como si te compras una casa y pagas un fortunón. El mercado del arte desde el artista es correcto, nunca se llegan a pagar fortunas directamente al artista, aunque en el arte se venden objetos únicos.

¿Cómo se puede justificar entonces el fenómeno, por ejemplo, de Jeff Koons, que ha convertido el arte en una industria?

Es una artista interesante, pero por algo que no se sabe se convierte en fenómeno. Ha encontrado y ha expresado algo fácil de comprender por la sociedad, a la que le encanta. Hay cabida para todos.

¿Cuándo decide que va a dedicarse a esta profesión?

Mi padre era coleccionista, un alcalde republicano, al que le quitaron todo. Vivíamos rodeados de arte, a casa venían amigos pintores, escultores… todo esto lo he vivido en familia. Yo me sentía la tonta en este ambiente, entre un joven Tàpies. Mi padre me mandó a estudiar al Liceo francés, y ahora de mayor, cuando lo veo en su conjunto, siento que era afortunada.

¿Cómo se consigue tener prestigio en su sector?

Es la edad la que te da el prestigio del tiempo, pero yo nunca me he creído nada. Cuando fui a decirle al director del Reina Sofía que deseaba donar mis obras al museo, fui con mucha modestia. Me sorprendió que se pusiera tan contento.

Podía haber subastado sus obras.

Tengo lo suficiente para vivir bien. Soy inteligente, esta profesión me ha dado todo, he trabajado y he vendido mucho. Tengo esta casa de Madrid y otra en Sitges, y no quiero vivir mejor. Vivir a solas te da una libertad enorme, pero yo más que generosa me considero inteligente. Amo el arte por lo que significa en la inteligencia de una persona.

 ¿Le puso alguna condición al Museo?

Solo una. Solo una. Poder tener colgadas, hasta que me muera, algunas de las obras que estén libres y que no estén siendo utilizadas por el Museo.

¿Qué cree que ha aportado al mundo de la cultura?

Todo el mundo me respeta, y eso es halagador. Los galeristas lo que hacemos es presentar a los artistas que nos emocionan y trabajar para que ellos puedan vivir de su trabajo, y vivir nosotros también de ello. Yo cogí una etapa, la de los años ochenta que fueron gloriosos para el arte, que también es la expresión de lo que ocurre a nuestro alrededor. En España, en aquella época no había coleccionismo, pero surgió un fenómeno global, a raíz de que surge en EE UU.

Sin embargo, ahora hay un boom de coleccionistas.

La cultura es una necesidad del hombre y nunca se agota, cómo se va a plasmar es un misterio, porque será a título individual. La mirada de una persona es única. De los cinco sentidos, quedarme ciega me parece lo peor. No podría disfrutar de lo que más me gusta. Ahora hay muchos jóvenes que quieren iniciarse en el coleccionismo. Hay que educar sobre todo la mirada desde los colegios.

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Los museos se vuelcan con un nuevo visitante: el virtual | Fortuna

Adaptarse a los nuevos tiempos para no morir es una máxima que se aplica en todos los campos de la vida, y los museos no iban a ser menos. Poco a poco las pantallas y la realidad aumentada se hacen un hueco en las principales pinacotecas españolas.

Estas nuevas herramientas trascienden las paredes de los museos y llegan hasta el interior de los hogares. La mayor parte de estas instituciones cuenta con la posibilidad de hacer un recorrido virtual por sus pasillos, sin necesidad de moverse del sofá o con aplicaciones tecnológicas propias que sirven de guía por sus exposiciones. Sin embargo, algunos museos han dado un paso más allá. El director de tecnología del Museo Thyssen-Bornemisza, Javier Espadas, señala que, aunque es un tema que ha suscitado debate, “ya nadie duda que dar contenidos de calidad a través del móvil o de la página web acerca el museo a las personas”. Además, defiende esta posibilidad como una forma de “ofrecer recursos para la formación de gente que, por distancia o la razón que sea, nunca visitará el museo.”

Para Espadas, cada vez hay menos diferencia entre el visitante virtual y el físico, algo a lo que, sin duda, también han ayudado las nuevas herramientas que se pueden utilizar dentro del propio museo. Los recorridos virtuales también son una forma de hacer un histórico de la institución, ya que se mantienen incluso los de las exposiciones virtuales, continúa Espadas, y da un avance: “estamos trabajando para que el histórico de exposiciones se pueda ver a través de unas gafas para finales de año”. En este sentido, uno de los ejemplos más llamativos son las lentes de realidad virtual disponibles, desde mayo de este año, en el Arqueológico Nacional Su primer proyecto es la aplicación Vivir en…, una herramienta que permite a los visitantes de la institución tener la sensación de pasear por las calles y entrar en las casas de nuestros antepasados en diferentes épocas de la historia de España. Acompañados de una guía virtual, los usuarios recorren espacios como las cuevas del Paleolítico, las calles de un poblado celtíbero, el foro de una ciudad hispano-romana, un mercado de época califal o una vivienda del Siglo de Oro.

Otra de las innovaciones que las pinacotecas españolas están incorporando a sus infraestructuras es la realidad aumentada. El Museo de América cuenta con varios juegos que utilizan este tipo de tecnología: Realidad Aumentada de las Culturas en el Museo de América (RACMA) y Chimú RA, donde se ofrece más información sobre los objetos y culturas que se encuentran en sus exposiciones. Asimismo, están desarrollando un proyecto que permite a los visitantes vestirse como un guerrero tlingit, a través de la realidad aumentada. Desde la institución, ven estas aplicaciones como un incentivo para que la gente se acerque al museo a ver de primera mano lo que han visto a través de las plataformas digitales.

El director de tecnología del Thyssen insiste en que “es interesante tener herramientas tecnológicas que apoyen la visita, pero estos no deben ser el elemento central de la misma”. Por ello, la institución para la que trabaja pone el foco en el área de educación. “Contar las cosas de una manera diferente, el storytelling, y traer a gente que no vendría de otra forma al museo es uno de los principales intereses del mismo”, recalca Salvador Martín, que se encarga de las aplicaciones y la tecnología en el área de educación del museo.

Lo que no hay que perderse

  • Vivir en… – Museo Arqueológico Nacional. Los visitantes podrán tener la sensación de recorrer las calles de seis etapas de la historia de España, a través de unas gafas de realidad virtual.
  • Crononautas – Museo Thyssen-Bornemisza. Un juego de realidad aumentada que lleva al usuario a una aventura por el museo entremezclando elementos de historia, literatura, arte y geografía.
  • Unique visitors – Museo Nacional de Arte de Cataluña. Una app social que contiene más de cien itinerarios creados por los propios visitantes y ganadora del concurso Apps Cultura.
  • Nubla – Museo Thyssen-Bornemisza. Un videojuego en colaboración con Sony PlayStation y cocreada con jóvenes universitarios basada en las obras del museo. La segunda parte de la trilogía saldrá en diciembre.
  • Musguide. Una app a través de la que comprar guías interactivas para ver las mejores exposiciones desde cualquier parte del mundo.

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Fresh Laundry, las lavanderías autoservicio que quieren acabar con la colada en casa | Compañías

¿Aún sigue lavando la ropa en casa? ¿Se ha planteado bajar a la calle a hacerlo, algo muy habitual en países anglosajones, por ejemplo? Los responsables de la cadena de lavanderías autoservicio Fresh Laundry se han propuesto convencerle y, para hacérselo más fácil, esta compañía, tras consolidar su liderazgo en Cataluña, se encuentra en pleno periodo de expansión por toda España, con 41 establecimientos, de los cuales 3 son propios y 38 franquiciados.

El germen de este negocio se encuentra en 2006, cuando el empresario argentino Roberto Haboba abrió su primera lavandería en Mollet del Vallès, provincia de Barcelona. “El negocio fue a más y la demanda de este tipo de establecimientos también, razón por la que en 2012 decidí abrir Splash, una lavandería autoservicio de alto standing en la calle Diputación de Barcelona. Tras esta, creé la marca Fresh Laundry y bajo el concepto de franquicia emprendí este recorrido”, recuerda su fundador.

Y no le ha ido mal. La cadena prevé crecer un 60% en 2017, con la apertura de 25 nuevas lavanderías autoservicio. En este sentido, la empresa registra aumentos interanuales de dos dígitos desde su fundación hace cinco años. Así, en 2016 lograron una facturación anual de 1,4 millones euros, lo que supone un 75% más que en 2015, cuando la cifra fue de 800.000 euros.

Según la empresa, una familia puede ahorrar 675 euros anuales en la factura de electricidad lavando la ropa fuera de casa

Nacieron con el objetivo de ofrecer a los clientes un modelo de lavanderías autoservicio muy eficiente, rentable y productivo. Un negocio diferente, basado en la calidad, “que pudiera montarse en cualquier tipo de ciudad, próximo y fresco, preparado para dar el máximo confort al cliente y las mayores facilidades y, sobre todo, beneficios a los franquiciados”, explica.

Las franquicias

Fresh Laundry pronto decidió apostar por la franquicia para expandirse fuera de Cataluña. La promesa de la compañía es dotar a cada establecimiento “del mayor rendimiento posible con la mínima intervención del inversor”. Para ello, como suele ser habitual en estos modelos de negocio, guían al franquiciado durante todo el proceso para aportar valor al nuevo negocio y lograr la mejor rentabilidad posible.

El uso doméstico de la lavadora y secadora es mayoritario en España, pero, según cifras de las compañía, hasta 14,5 millones de hogares carecen de estos aparatos eléctricos por separado, lo que aprovecha el sector para facturar en España 75 millones de euros anuales y registrar una inversión de 50 millones en expansión de negocio y nuevos locales, la gran mayoría de ellos franquiciados.

Actualmente existen 724 establecimientos repartidos en 15 cadenas de lavanderías que generan hasta 2.600 puestos de trabajo. Además de establecimiento propios y franquiciados, Fresh Laundry cuentan con dos modelos diferentes, Fresh Urban y Fresh Box.

La primera son lavanderías pensadas para la ciudad, “actuales, cómodas y funcionales”, con diseños modernos con los que se trata de fidelizar a los clientes y captar la atención de futuros usuarios.

En cuanto a las Fresh Box, se trata de centros móviles de 24 m2, un modelo pensado para dar servicio en cualquier ubicación. En su reducido espacio cuentan con tres lavadoras de 8 kg, otras dos de 17 kg y tres secadoras de 17 kg. Este concepto “ya ha sido explorado en lugares tan dispares como el festival internacional de música Rototom Sunsplash, donde sus más de 250.000 asistentes pudieron contar con un servicio de lavandería gracias a Fresh Box”.

La compañía planea abrir en los próximos cinco años 120 lavanderías transportables –cada Fresh Box supone una inversión de 85.000 euros–, de las cuales 25 se inaugurarán en 2017.

Expansión

La implantación de la cadena fuera de Cataluña comenzó en Madrid y prosiguió en Castellón y Pamplona. La empresa basa este crecimiento en el aumento continuo de clientes y en los cambios de hábitos de la sociedad española en el lavado de la ropa. De hecho, Fresh Laundry cerró 2016 habiendo prestado servicio a un total de 240.000 usuarios a través de toda su red de lavanderías.

Su fundador no cree que haya un perfil tipo de cliente. “Cualquiera puede usar nuestras lavanderías: personas de ambos sexos, de todas las edades, familias monoparentales, con y sin hijos, vecinos de la zona donde esté ubicado el autoservicio, usuarios ocasionales, gente de paso, estudiantes extranjeros…”, refiere.

Incluso él mismo confiesa que, como no podía ser de otra manera, hace su colada en sus centros, ya que “el ahorro de agua, electricidad y tiempo es significativo”. “Esa es la clave del éxito de este negocio y creo firmemente en sus ventajas”, añade. Según estudios realizados por la misma empresa, sale mucho más barato no tener lavadora propia.

De acuerdo con un informe que publicaron en marzo, el uso de lavanderías autoservicio permite ahorrar 675 euros anuales en la factura de la luz. El ahorro total se eleva a los 1.000 euros anuales si se suma el gasto de agua y productos de limpieza necesarios para hacer la colada, lo que supone un ahorro de casi 20 euros por semana para una familia media.

¿Y cuánto cuesta lavar la ropa en uno de sus autoservicios? “Gracias a la capacidad de nuestro equipo de lavadoras, de 8 a 17 kilos, en 45 minutos se puede lavar el triple de ropa que en una lavadora convencional por menos de 20 euros”, detalla el empresario argentino.

En cuanto al futuro, el objetivo es incrementar el número de lavanderías autoservicio propias y, sobre todo, las franquiciadas, “pues cada vez hay más personas que quieren convertirse en franquiciados de Fresh Laundry. Además, con capital propio estoy invirtiendo en nuevos proyectos para seguir expandiendo la marca”.

La historia del lavado

A corto plazo están concentrados en seguir creciendo a nivel nacional en Cataluña, la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana, Navarra y Andalucía, pero hay previsto un plan de internacionalización de la marca que se pondrá en marcha entre 2018 y 2019.

Uno de los proyectos más ilusionantes ha sido la apertura de un museo dedicado al lavado en Vic. Lo explica Haboba: “En Vic abrimos una de nuestras lavanderías y dio la casualidad de que el local tenía un lavadero de piedra original en la parte de atrás. A partir de ahí nació la idea de contar a la gente la historia de la evolución del lavado, de analizar cómo se lavaba antes y cómo fue el proceso hasta la actualidad”. Dicho y hecho. El año pasado se inauguró el Centro de Interpretación del Lavado de Ropa (CIRR), el primer museo de España dedicado a esta materia.

El CIRR cuenta con una gran variedad de objetos que van desde una lavadora que data del año 1879 hasta escurridores y jabones artesanales de grasa animal, cuya existencia se remonta a la época mesopotámica.

“Hasta el siglo XVIII, incluso en los hogares ricos, se lavaba la ropa cada cuatro o seis semanas”, resalta el propietario. No fue hasta 1901, cuando Alva John Fisher inventó la primera lavadora completamente automática. “Pero llegar a ese momento supuso pasar antes por el lavado de la ropa en el río; después, los lavaderos públicos y los bombos que incluían los rodillos para escurrir. Con estos sistemas, el proceso de lavado y secado de la ropa se prolongaba durante gran parte del día”. Hoy, en menos de una hora tenemos la ropa como los chorros del oro.

Datos de interés

Roberto Haboba Gleizer
Roberto Haboba Gleizer, fundador y propietario de Fresh Laundry.

Tras años consolidando su liderazgo sectorial en Cataluña, su expansión nacional ya es un hecho, mientras que sus cifras de negocio no han dejado de crecer.

Resultados. En 2016 alcanzaron una facturación anual de 1,4 millones euros, lo que supuso un 75% más que en 2015, cuando la cifra fue de 800.000 euros. “En la segunda mitad de 2017, y en el año 2018, el crecimiento será todavía mayor”, asegura el propietario.

Clientes. Cerró 2016 habiendo prestado servicio a un total de 240.000 usuarios a través de toda su red de lavanderías.

Franquicia. A la hora de abrir una, la inversión es de un mínimo de 80.000 euros, y la facturación prevista para el primer año es de 40.000 euros, lo que supone un retorno de la inversión en un plazo de dos o tres años.

Transportables. Durante los próximos cinco años, la compañía planea abrir 120 lavanderías transportables. Cada Fresh Box supone una inversión de 85.000 euros.

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El alma de Bill Viola impregna el Guggenheim de Bilbao | Fortuna

Si algo requiere la obra de Bill Viola para disfrutarla, y comprender los mensajes que el artista pretende lanzar en sus montajes vídeoartísticos, es tiempo. Exactamente son 21 minutos y 28 segundos los que debe invertir el espectador que se siente frente a las obras de La ascensión de Tristán y Mujer fuego, ambas concebidas en 2005 por encargo del entonces director artístico de la Ópera de París, Gerard Mortier, para acompañar la obra de Wagner, Tristán e Isolda. Después editó la piezas, a las que añadió sonido para que tuvieran entidad propia.

Son dos de las 26 obras que conforman la exposición retrospectiva que el Museo Guggenhem de Bilbao dedica, hasta el próximo 9 de noviembre, a este artista neoyorquino de 66 años. Iberdrola, patrocinadora de la muestra, invita a conocerla gratuitamente en horario nocturno hasta el 2 de julio.

Se trata de un recorrido temático y cronológico por la trayectoria de uno de los artistas contemporáneos más relevantes y pionero en el desarrollo del videoarte. Hoy acudió a la presentación de la muestra acompañado por su colaboradora artística y esposa, Kira Perov, con la que comenzó a trabajar en la década de los años ochenta.

Ella fue la encargada de ponerle voz al artista, delicado de salud, que presenció emocionado la introducción de su muestra en primera fila. “La obra de Bill es un viaje del alma, explora el nacimiento, la muerte o la conciencia. Siempre ha estado interesado por el mundo interior de todo lo que le rodea. Su lienzo es la imagen en movimiento que se hace visible a través de la luz”, explicó Perov, que se definió a sí misma como la “mujer maravilla”, y calificó la tecnología, la principal herramienta de trabajo del artista, como un medio efímero. Porque si algo hace Viola, explicó la comisaria de la muestra, Lucía Agirre, es hacerse preguntas. “Lo importante es estar en este mundo y saber relacionarse”, asegura esta experta, que destaca además las aportaciones realizadas por el artista en el campo tecnológico. Por ejemplo, Viola investigó con la firma japonesa Sony la manera de poder unir dos cámaras para grabar en color y en blanco y negro. “Utilizando la técnica ha trasladado las inquietudes y las preguntas que se hace como ser humano”, detalló Agirre.

El videoartista comenzó a experimentar con este arte a principios de la década de 1970, a raíz de su participación en el programa de Estudios Experimentales de la Universidad de Siracusa (Nueva York). Allí comenzó a trabajar como asistente de figuras del media art, como los artistas Peter Campus y Nam June Paik en el Everson Museum of Art. De sus primeras experiencias con el vídeo pueden verse cintas monocanal como Cuatro canciones, de 1976, de 33 minutos en total, y El estanque reflejante, de 1977-79, donde aborda cuestiones relevantes como la noción del tiempo y su deconstrucción.

En los ochenta, cuando Kira Perov comienza a trabajar con él, se centra en reunir imágenes que se emplearán en piezas para ser transmitidas por televisión. Y es con la llegada del nuevo milenio cuando se vuelca en el uso de las pantallas planas de alta definición. Comienza a producir piezas de pequeño y mediano formato en una serie que tituló Las Pasiones, un estudio sobre las emociones a cámara lenta, como Rendición (2001), un díptico de vídeo en color en dos pantallas planas, de 18 minutos de duración.

La sala que acoge a Los soñadores (2013) es otra de las más impactantes, con siete pantallas verticales, que muestran a otras tantas personas sumergidas en el lecho de un río, con los ojos cerrados y en aparente paz. Calma y quietud también se refleja en El Encuentro (2012) y en El Saludo (1995) o en Vigilia nocturna (2005). Sin embargo, la pieza de mayor envergadura que Viola ha emprendido hasta la fecha es Avanzando cada día (2002), una pieza monumental creado por encargo del Deutsche Guggenheim Berlín, que consta de cinco grandes proyecciones de vídeo de alta definición, donde explora temas como la individualidad, la sociedad, la muerte y el renacer.

Como recomendación, lo que debe hacer el visitante es pararse, o sentarse frente a la pantalla, ver, contemplar, sentir, oír y deleitarse con las imágenes que tiene delante. Así de sencillo y así de complejo.

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Las diez viviendas más exclusivas de Los Jerónimos | Fortuna

La vegetación es importante dentro del sector de lujo. Es una de las bazas con las que juega el proyecto inmobiliario Montalbán 11, en el corazón del exclusivo barrio de Los Jerónimos, repleto de edificios y palacetes de los siglos XVIII y XIX, frente al Parque del Retiro, el gran pulmón verde de Madrid, el Museo de Artes Decorativas y a escasos metros del Museo del Prado, del Thyssen Bornemisza y del Reina Sofía.

Se trata de diez viviendas de lujo, concebidas como una obra de arte en sí mismas. De hecho, en su interior cuenta con la intervención cromática del artista franco-venezolano Carlos Cruz-Diez. Los montajes de color están presentes tanto en el interior del portal como en el ascensor, cambiando de tonalidad en cada planta, con el fin de concederle exclusividad cromática a cada vivienda. “Se trata de un proyecto pionero en cuanto a la integración del arte en la arquitectura”, señaló ayer Carlos Cruz-Delgado, hijo del artista y responsable del atelier Cruz-Diez, durante la presentación del proyecto, a cargo de la consultora inmobiliaria Knight Frank.

El edificio, con más de un siglo de antigüedad, actualmente en proceso de comercialización, fue adquirido a Ebro Food el año pasado por el grupo inmobiliario Italinmuebles. Las obras de remodelación finalizarán en el primer trimestre del 2019. Es un inmueble que si algo tiene es “location, location, location”, señaló José Faria, director de residencial lujo de Knight Frank. Porque si algo tiene la zona de Jerónimos es su ubicación privilegiada. Según un estudio elaborado por la citada consultora, es la zona con mayor incremento anual de precios de la capital, aumentando un 13% con respecto al año anterior. El metro cuadrado se cotiza entre los 10.000 y los 16.000 euros.

Una vivienda en Montalbán 11 se encuentra entre los 2.235.000 euros, la más económica con 190 metros cuadrados, a los 12,5 millones de la pieza más exclusiva, el ático de 650 metros cuadrados con terrazas de hasta 190 metros, desde las que se divisa uno de los horizontes más bellos de la ciudad. Cuenta con unas zonas comunes con spa, piscina, gimnasio, bodega, jardín interior y garaje robotizado, con plazas también para vehículos eléctricos. “A pesar de estos incrementos, los precios de este tipo de producto en Madrid siguen estando por debajo de otras ciudades globales, lo que hace que sea una ciudad atractiva para compradores internacionales”, explica Carlos Zamora, director de residencial de la consultora. De hecho, tres viviendas ya están reservadas, dos de ellas a clientes extranjeros.

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