El Guggenheim celebra su vigésimo cumpleaños entre luz y sonido | Fortuna

Han pasado casi 20 años desde que el 19 de octubre de 1997 abriera sus puertas al público el museo Guggenheim de Bilbao. Desde entonces, más de 20 millones de visitantes han pasado por sus salas, deleitándose con las 130 obras de su colección permanente o alguna de las 97 exposiciones temporales que ha albergado.

La institución, que nació como parte de un plan para revitalizar Bilbao y el País Vasco, logró su objetivo y se ha convertido en el icono de esta ciudad. La pinacoteca fue un pilar transcendental para transformar una urbe completamente industrial en la capital cultural que es hoy en día. Los beneficios generados por la creación del Guggenheim van más allá del cambio en el paisaje de la ría y han ayudado a colocar a Bilbao en el circuito internacional del arte. De hecho, el 63% de sus visitantes son de origen extranjero: franceses, británicos y norteamericanos son los turistas que más pasean entre las paredes de titanio proyectadas por el arquitecto de origen canadiense Frank Gehry.

En su vigésimo aniversario, el museo ha querido rendir homenaje a su ciudad durante el mes de octubre, con el foco puesto en sus vecinos. El mes pasado, todos los vizcaínos recibieron en su casa una invitación para acceder gratuitamente a la pinacoteca durante el mes de octubre. Además, el pase incluía un billete de ida y vuelta en Bizkaibus, el servicio de autobús de transporte público de la provincia de Vizcaya, para que la distancia no fuera un problema a la hora de acercarse al museo.

Pero las celebraciones no se han quedado ahí. La noche del pasado 9 de octubre, el Guggenheim presentaba Chasmata, un espectáculo de arte y ciencia, que permitió al público viajar al espacio a través de imágenes inéditas del planeta Marte. El evento, de carácter gratuito, contó con la colaboración de BBK y la Agencia Espacial Europea (ESA). Asimismo, el astronauta español Pedro Duque ejerció de maestro de ceremonias y acabó de poner el toque espacial a la noche, compartiendo con todo el mundo un mensaje audiovisual del astronauta Paolo Nespoli desde la Estación Espacial Internacional. Chasmata es el término que la Unión Astronómica Internacional emplea para designar a las depresiones profundas, alargadas y escarpadas que se producen en la superficie rocosa de un planeta. Con este nombre, la organización del museo aludía a los pliegues, complejidades y rugosidades arquitectónicas del propio Guggenheim de Bilbao.

El espectáculo Reflections se proyecta sobre la superficie del Guggenheim.
El espectáculo Reflections se proyecta sobre la superficie del Guggenheim.

Los 120 saxofones repartidos por todas las alturas del atrio de la pinacoteca y las nuevas tecnologías fueron el hilo conductor de un evento que también se retransmitió por streaming, y que aún está disponible en la página web del museo. Acercar las celebraciones a todo el mundo ha sido uno de los objetivos de la organización, por eso, tanto Chasmata como Reflections, el otro plato fuerte de los festejos, se han emitido online. Este último consiste en una serie de proyecciones sobre la fachada del edificio, que se clausura este sábado.

Un espectáculo de 20 minutos de duración que combina música, luz e imágenes, patrocinado por el Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación Foral de Bizkaia e Iberdrola, con pases continuos durante cuatro noches. Se espera que, al tratarse de uno de los actos más importantes de estas celebraciones, convoque a más de 200.000 espectadores. Mediante diferentes técnicas de proyección, Reflections transforma la fachada del Guggenheim en un lienzo sobre el que se plasman animaciones creadas especialmente para celebrar las dos décadas de la conversión cultural en Bilbao. El espectáculo incluye guiños a algunas de las obras más emblemáticas que han pasado por el museo. El metal se transforma en una superficie reflectante y de formas esféricas, como en El gran árbol y el ojo de Anish Kapoor y el colorido Puppy, de Jeff Koons, esparce sus flores por las superficies del Museo.

Las cifras

  • 4.266.146.116 euros. Es la aportación al PIB que ha generado la pinacoteca desde su inauguración, según datos del museo.
  • 16.772. El número de Amigos del Museo Guggenheim Bilbao.
  • 729 millones de euros. La cantidad en la que está valorada la colección propia de la institución.
  • ‘China: 5.000 años’ (1998). La exposición más visitada en las dos décadas del museo.

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El alma de Bill Viola impregna el Guggenheim de Bilbao | Fortuna

Si algo requiere la obra de Bill Viola para disfrutarla, y comprender los mensajes que el artista pretende lanzar en sus montajes vídeoartísticos, es tiempo. Exactamente son 21 minutos y 28 segundos los que debe invertir el espectador que se siente frente a las obras de La ascensión de Tristán y Mujer fuego, ambas concebidas en 2005 por encargo del entonces director artístico de la Ópera de París, Gerard Mortier, para acompañar la obra de Wagner, Tristán e Isolda. Después editó la piezas, a las que añadió sonido para que tuvieran entidad propia.

Son dos de las 26 obras que conforman la exposición retrospectiva que el Museo Guggenhem de Bilbao dedica, hasta el próximo 9 de noviembre, a este artista neoyorquino de 66 años. Iberdrola, patrocinadora de la muestra, invita a conocerla gratuitamente en horario nocturno hasta el 2 de julio.

Se trata de un recorrido temático y cronológico por la trayectoria de uno de los artistas contemporáneos más relevantes y pionero en el desarrollo del videoarte. Hoy acudió a la presentación de la muestra acompañado por su colaboradora artística y esposa, Kira Perov, con la que comenzó a trabajar en la década de los años ochenta.

Ella fue la encargada de ponerle voz al artista, delicado de salud, que presenció emocionado la introducción de su muestra en primera fila. “La obra de Bill es un viaje del alma, explora el nacimiento, la muerte o la conciencia. Siempre ha estado interesado por el mundo interior de todo lo que le rodea. Su lienzo es la imagen en movimiento que se hace visible a través de la luz”, explicó Perov, que se definió a sí misma como la “mujer maravilla”, y calificó la tecnología, la principal herramienta de trabajo del artista, como un medio efímero. Porque si algo hace Viola, explicó la comisaria de la muestra, Lucía Agirre, es hacerse preguntas. “Lo importante es estar en este mundo y saber relacionarse”, asegura esta experta, que destaca además las aportaciones realizadas por el artista en el campo tecnológico. Por ejemplo, Viola investigó con la firma japonesa Sony la manera de poder unir dos cámaras para grabar en color y en blanco y negro. “Utilizando la técnica ha trasladado las inquietudes y las preguntas que se hace como ser humano”, detalló Agirre.

El videoartista comenzó a experimentar con este arte a principios de la década de 1970, a raíz de su participación en el programa de Estudios Experimentales de la Universidad de Siracusa (Nueva York). Allí comenzó a trabajar como asistente de figuras del media art, como los artistas Peter Campus y Nam June Paik en el Everson Museum of Art. De sus primeras experiencias con el vídeo pueden verse cintas monocanal como Cuatro canciones, de 1976, de 33 minutos en total, y El estanque reflejante, de 1977-79, donde aborda cuestiones relevantes como la noción del tiempo y su deconstrucción.

En los ochenta, cuando Kira Perov comienza a trabajar con él, se centra en reunir imágenes que se emplearán en piezas para ser transmitidas por televisión. Y es con la llegada del nuevo milenio cuando se vuelca en el uso de las pantallas planas de alta definición. Comienza a producir piezas de pequeño y mediano formato en una serie que tituló Las Pasiones, un estudio sobre las emociones a cámara lenta, como Rendición (2001), un díptico de vídeo en color en dos pantallas planas, de 18 minutos de duración.

La sala que acoge a Los soñadores (2013) es otra de las más impactantes, con siete pantallas verticales, que muestran a otras tantas personas sumergidas en el lecho de un río, con los ojos cerrados y en aparente paz. Calma y quietud también se refleja en El Encuentro (2012) y en El Saludo (1995) o en Vigilia nocturna (2005). Sin embargo, la pieza de mayor envergadura que Viola ha emprendido hasta la fecha es Avanzando cada día (2002), una pieza monumental creado por encargo del Deutsche Guggenheim Berlín, que consta de cinco grandes proyecciones de vídeo de alta definición, donde explora temas como la individualidad, la sociedad, la muerte y el renacer.

Como recomendación, lo que debe hacer el visitante es pararse, o sentarse frente a la pantalla, ver, contemplar, sentir, oír y deleitarse con las imágenes que tiene delante. Así de sencillo y así de complejo.

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