Guindos reconquista el BCE | Mercados

En poco más de dos años se van a renovar cuatro de los seis preciados puestos del Comité ejecutivo del Banco Central Europeo, incluida su presidencia. Y España ya ha arrancado toda la maquinaria para hacerse con la primera vacante (mayo de 2018) y terminar así con el humillante desalojo sufrido en 2012.

Berlín maniobró entonces para quitar la plaza a un socio al borde del rescate como España y dársela a un luxemburgués con la triple A crediticia de su país como principal credencial. Por primera vez desde el inicio del euro, España se quedó fuera del poderoso sanedrín del BCE, una purga que soporta desde hace un lustro y que parece a punto de terminar como parte del reconocimiento a la recuperación de la economía española.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, encabeza la estrategia diplomática para reconquistar la silla del BCE. Y a medida que se acerca la recta final, el propio Guindos se afianza como uno de los principales candidatos a sentarse en Fráncfort junto al presidente, Mario Draghi, una vez que el actual vicepresidente, el portugués Vítor Constâncio, deje el puesto el 31 de mayo de 2018.

Guindos ha empezado por retirarse de la carrera hacia la presidencia del Eurogrupo, una plaza ocupada hasta diciembre de 2018 por Jeroen Dijsselbloem pero que podría quedar vacante si el ministro holandés no forma parte del próximo gobierno de su país. “Yo no soy candidato. Lo fui en 2015, pero ahora no”, descartaba Guindos su salto al Eurogrupo en una reciente entrevista con CincoDías. El ministro ha comunicado ya a sus colegas europeos del PP que renuncia definitivamente a sustituir a Dijsselbloem, según ha informado este lunes la CadenaSer.

El español aspiró hace dos años a ocupar el cargo del holandés, confiado en el respaldo de Wolfgang Schäuble, ministro alemán de Finanzas y gran hacedor del Eurogrupo. Pero Dijsselbloem se impuso y revalidó el cargo en una votación por unanimidad. Fuentes alemanas se desentendieron del fiasco y lo atribuyeron a los imprevisibles tejemanejes de un organismo tan opaco y desestructurado como el Eurogrupo.

Guindos se muestra ahora mucho más confiado en la consecución del puesto del BCE para un representante español. Fuentes del Gobierno español aseguran que el acuerdo está cerrado al más alto nivel con Berlín. Y que el compromiso se mantendrá pase lo que pase en las elecciones alemanas de septiembre de este año y sea quien sea el ministro alemán de Finanzas.

Pero los nombramientos europeos siempre están sometidos a complejos equilibrios (geográficos, políticos, de género…) y nunca pueden darse por confirmados hasta que se hacen oficiales. En el caso de España, el regreso al BCE podría suponer una factura política difícil de gestionar.

Berlín no disimula su intención de hacerse con la presidencia del BCE en 2019 cuando Draghi se retire. Y la candidatura alemana, que apunta hacia el actual presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ya corre en paralelo con la de Guindos o cualquier otro español hacia el comité ejecutivo.

En otras capitales se teme que la concesión de un puesto a un país del sur y recién salido de la crisis como España sea la contrapartida para hacer asimilable el nombramiento de un halcón alemán al frente de la política monetaria de la zona euro. Y la presencia de España puede provocar roces con Francia e Italia, dos países meridionales que, hasta ahora, han disfrutado de manera casi ininterrumpida de una plaza en el comité ejecutivo del BCE (Francia estuvo ausente año y medio pero por el retraso en el nombramiento de Jean-Claude Trichet como presidente a causa de un litigio).

La posición de la nueva Francia de Emmanuel Macron será decisiva para permitir o frustrar el reequilibrio geográfico dentro del BCE. Sobre todo, porque dos meses después del final del mandato de Draghi saldrá también del Comité Ejecutivo el francés Benoït Couré y París removerá tierra y aire para garantizarse que una de las seis preciadas sillas tiene bandera francesa. Roma podría ser la gran perdedora y no cabe descartar un contraataque italiano que complique las aspiraciones españolas.

Activo y pasivo del ministro

A favor de Luis de Guindos juega su experiencia como ministro en la zona euro (es el tercer miembro más antiguo del Eurogrupo), la gestión del rescate de la banca española (valorada como muy positiva por Bruselas) y la complicidad que ha establecido con su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble.

En contra del ministro español pesan las dudas sobre la estabilidad presupuestaria de España (el único país de la zona euro, junto con Francia, que sigue en procedimiento de déficit excesivo), el desprestigio de instituciones como el Banco de España o la CNMV y el descalabro descontrolado de un banco tan importante como el Popular.

La alineación con las tesis alemanas también puede convertirse en un pasivo a ojos de países como Francia o Italia, temerosos de que el BCE endurezca drásticamente su política monetaria tras la salida de Draghi en 2019.

Las maniobras ya han empezado para sabotear la posible carrera de Guindos, una candidatura que algunas fuentes europeas quieren descalificar por su marcado perfil político. El argumento se antoja endeble dado el currículum político de varios miembros del BCE, tanto actuales como pasado.

El propio Constâncio, al que sustituiría Guindos, fue diputado en Portugal (en 1987-88). Y desde el primer presidente del BCE (Wim Duisenberg), que fue ministro de Finanzas, al actual, que ha sido director general del Tesoro italiano y máximo responsable del organismo italiano de privatizaciones, numerosos miembros del Comité ejecutivo y del Consejo de Gobierno del BCE lucen una destacada trayectoria política.

Pero España ya comprobó en 2012 que las razones subjetivas para impedir un nombramiento pueden imponerse por muy infundadas que parezcan. Hace cinco años se rechazaron todas las candidaturas españolas, por muy cualificadas que estuvieran o aunque fueran mujeres para un comité compuesto entonces por seis varones. Esta vez, aparte de Guindos, se especula con la posible propuesta de Jaime Caruana (presidente del Banco Internacional de Pagos) o José Viñals (presidente del banco Standard Chartered), aunque la lista podría ampliarse si la candidatura del ministro no saliera adelante.

Giro de España

La candidatura española también puede suponer otros sacrificios. Para congraciarse con Berlín, el gobierno de Mariano Rajoy ha empezado a girar en algunas de sus posiciones europeas hacia tesis defendidas por el ejecutivo de Angela Merkel, como la posibilidad de retirar a la Comisión Europea la supervisión del Pacto de Estabilidad.

El regreso a Fráncfort también parece supeditado a que Madrid renuncie a su antiguo privilegio de contar de manera tácita con un puesto permanente en la dirección del BCE. España, junto a Alemania, Francia e Italia, disfrutó de ese estatus desde el nacimiento de la autoridad monetaria, en 1998, hasta la salida de José Manuel González Páramo en 2012.

Pero el nombramiento de un español en sustitución de un portugués en 2018 se ha ligado a una suerte de turno ibérico que, como mínimo, obligará a compartir la plaza con Lisboa. La silla permanente se ha convertido en un sueño inalcanzable que Berlín, de momento, no piensa conceder a Madrid.  

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