La revolucin tranquila de la Unin Europea | Internacional Home Tags

El presidente del Parlamento Europeo, Donald Tusk, en Bruselas.

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La UE da un mínimo respiro a May para evitar que sucumba al estancamiento del ‘brexit’ | Mercados

La primera ministra británica, Theresa May, ha implorado este jueves al Consejo Europeo un mínimo gesto que permita desatascar las negociaciones del brexit (salida del Reino Unido de la UE) y le dé argumentos para defenderse de las críticas que amenazan en Londres su posición.

A falta de las conclusiones definitivas, que se darán a conocer este viernes, May parece a punto de conseguir un breve respiro que le ayude a capear el temporal dentro de su Gobierno y de su partido.

Varias delegaciones, entre ellas la española, se mostraron durante la primera jornada del Consejo a favor de reconocer, como pide May, los avances registrados en la última semana.

El borrador de las conclusiones ya apunta que se han registrado “avances” y pide utilizarlos “como base” para consolidar “una posición convergente” en el mes de diciembre.

Fuentes diplomáticas advierten, sin embargo, que la posición a favor de aliviar la presión sobre May no es unánime. Y que algunas delegaciones, como la de Francia, desean mantener una posición muy dura al menos hasta diciembre, el nuevo plazo que ha marcado la UE para empezar a negociar el acuerdo sobre la futura relación comercial con Londres.

“May ha movido bastante su posición para facilitar el acuerdo”

 

May reclama antes de diciembre reconocimiento más tangible que le permita defender que la primera fase de negociación (factura, derechos de ciudadanos y frontera con Irlanda) está a punto de culminarse y se puede iniciar la segunda (acuerdo comercial), que es la que interesa a Londres.

Por suerte para May, la canciller alemana, Angela Merkel, cuya posición puede decantar el Consejo Europeo hacia un lado o hacia otro, llegó a la cumbre de Bruselas con un tono bastante favorable a Londres.

La canciller calificó como “esperanzadores” los avances logrados hasta ahora, lo que podría traducirse este viernes en unas palabras de reconocimiento a los esfuerzos de May, sobre todo, a raíz de su discurso en Florencia (22 de septiembre).

May prometió entonces saldar las cuentas del actual presupuesto de la UE (2014-2020), lo que supondría una aportación de unos 20.000 millones de euros tras la consumación del brexit en marzo de 2019. La líder británica también ofreció un período transitorio de dos años (hasta marzo de 2021) en el que estarían garantizados todos los derechos de ciudadanos y empresas europeas en Reino Unido.

May ha prodigado, además, en los últimos días las señales de socorro (el domingo telefoneó a Merkel y el lunes cenó con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker) y los gestos de buena voluntad.

Este jueves, May también publicó un largo comunicado plagado de parabienes hacia la valiosa contribución de los tres millones de europeos que residen o trabajan en Reino Unido y garantizándoles que sus derechos están garantizados y que Londres no los utilizará como arma de regateo para rebajar la factura del brexit. “El acuerdo [sobre los derechos] ya lo tenemos al alcance de la mano”, tranquiliza May en su misiva.

May ha movido bastante su posición para facilitar el acuerdo”, conceden fuentes diplomáticas, aunque piden mayor concreción en capítulos como el presupuestario. La UE insiste en que la factura de salida debe quedar clara antes de pasar a negociar la futura relación, que es la prioridad de Londres.

Pero una buena parte del Consejo Europeo considera peligroso contribuir a una posible caída de May. Su potencial relevo, el ministro de Exteriores, Boris Johnson, acrecentaría el riesgo de un brexit abrupto y sin acuerdo, que sembraría el caos económico a uno y otro lado del canal de La Mancha.

El propio Michel Barnier, negociador-jefe de la UE,  “nos ha pedido margen de maniobra para que la firmeza europea no se traduzca en un estancamiento definitivo de las negociaciones”, según fuentes diplomáticas. Barnier advirtió tras la quinta y, por ahora, última ronda de negociaciones, que el proceso se había estancado.

May también recibió la inesperada ayuda del presidente del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajani, que en una entrevista con la BBC cifró la factura de salida “en torno a los 50.000 o 60.000 millones de euros”, por encima los 20.000 millones ofrecidos por May pero muy por debajo de los 100.000 millones que se han llegado a citar.

Goldman Sachs, a un paso de Fráncfort


  • A golpe de tweet, el consejero delegado de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, dejó entrever que Fráncfort ha sido la ciudad escogida para albergar parte de su plantilla en Londres tras el brexit. “Me acabo de ir de Fráncfort. Excelentes reuniones, gran clima, lo he pasado muy bien. Buenas noticias, porque voy a pasar mucho más tiempo aquí. Brexit”, aseguró en la red social, a imagen y semejanza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

  • A falta de una confirmación oficial, el banco estadounidense sí que desveló a principios de mes que había alquilado espacio de oficinas en la ciudad alemana para cerca de 1.000 empleados. Su plantilla en Londres asciende a 6.000 personas.

  • Fráncfort se está convirtiendo en la gran beneficiada por la salida de Reino Unido de la Unión Europea y las mudanzas que planean los bancos de la City de Londres, obligados a considerar otras ciudades europeas para poder seguir operando.

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Bruselas ya no pone pegas a la extrema derecha | Mercados

Las elecciones generales del domingo en Austria abocan, con toda probabilidad, a una coalición de los conservadores de Sebastian Kurz (ÖVP, del Partido Popular Europeo) con FPÖ, un partido fundado por antiguos nazis y que bajo el liderazgo del fallecido Jörg Haider se convirtió a principios de este siglo en un precursor del populismo ultranacionalista que se abre paso en casi todo el continente.

El ascenso de esas fuerzas resulta tan imparable que Bruselas ya no hace ningún aspavientocuando rozan el poder o, como en el caso probable de Austria, se disponen a formar parte de un Gobierno de la UE. Este lunes, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se ha limitado a felicitar a Kurz y a “desearle que forme un gobierno estable”, según el portavoz de la CE. Ni un aviso sobre sus probables aliados.

Hace poco más de 15 años, la formación en Austria de una coalición entre los conservadores y la ultraderecha de Haider desencadenó una grave crisis política en la UE que condenó a Viena durante un tiempo al ostracismo diplomático.

La colaboración del entonces primer ministro austriaco, Wolfgang Schüssle (ÖVP, del Partido Popular Europeo), con el partido de Haider (FPÖ) se interpretó como una concesión a postulados incompatibles con una construcción europea basada en la democracia, la libertad, el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos.

La Francia de Jacques Chirac, que ya veía por el retrovisor cómo se le acercaba el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, lideró el castigo político a Schüssle, al que se intentó convertir en un paria político dentro de su propio partido europeo (el PPE). Bélgica, que fue uno de los países duros con Austria, ahora guarda silencio: en el gobierno belga depende del apoyo del partido ultranacionalista flamenco NVA. De modo que, el actual sucesor de Schüssle no corre ningún peligro aunque piensa repetir la alianza con la extrema derecha.

El joven Sebastian Kurz (ÖVP), que a sus 31 años parece llamado a convertirse en el primer ministro más joven de Europa, no oculta su intención de formar gobierno con el FPÖ tan pronto como este jueves se confirmen los resultados definitivos de las elecciones

La llegada del FPÖ al poder daría la puntilla a los llamados cordones sanitarios que los partidos tradicionales, a derecha e izquierda, pactaron hace años para no colaborar con formaciones cuyos valores estaban proscritos en la UE.

El dique se ha roto y formaciones de signo ultranacionalista, euroescéptico o abiertamente xenófobo forman o han formado parte de gobiernos en países como Bélgica, Finlandia, Polonia o Bulgaria. Un creciente listado al que podría sumarse Austria tras las elecciones del domingo, que han dado la victoria a los conservadores (con 31% de los votos), seguido casi con los mismos votos por FPÖ y la socialdemocracia (SPÖ).

Los partidos tradicionales también endurecen su mensaje a la vista del éxito electoral de los extremos

 

La resignación de Bruselas ante esas fuerzas contrarias al ideario europeo responde a distinto s motivos.

El primero, el innegable apoyo popular de unos partidos que copan un porcentaje elevado de votos en socios de la UE tan diversos como Holanda y Polonia, Finlandia e Italia, o Dinamarca y Hungría. “Las ideas populistas triunfan incluso en países de la zona euro que disfrutan una economía saludable, bajas tasas de paro y una calidad de vida elevada”, constata Inga Fechner, analista de ING, en su informe sobre las elecciones en Austria.

En segundo lugar, Bruselas ha observado con alivio que, una vez en el poder, la mayoría de esas formaciones matizan sus posiciones más duras sobre asuntos como la inmigración o la relación con la UE. Fue el caso de Auténticos Finlandeses, que llegaron a un gobierno de coalición con propuestas de ruptura de la zona euro y acabaron acomodados en un discurso mucho más conciliador.

El tercer motivo estriba en que las formaciones políticas tradicionales también han endurecido su tono en materias como la seguridad (la Francia de Macron apunta hacia un estado de emergencia cuasipermanente) o la gestión en la inmigración ilegal, capítulos tradicionalmente explotados por la extrema derecha.

La victoria a de Kurz en Austria se ha debido, en gran parte, a que su programa electoral era casi tan duro como el de FPÖ, lo que ha evitado una hemorragia de votos por el flanco derecho. Los estudios posteriores sobre el voto del domingo indican, de hecho, que los socialdemócratas han sufrido una fuga mayor de votos hacia la extrema derecha que los conservadores.

Populares y socialistas, además, cuentan en su seno europeo con¡ miembros que defienden postulados muy similares a los de los populistas, como es el caso de Viktor Orbán (PPE) en Hungría o Robert Fico (Socialista) en Eslovaquia. En esas condiciones, ninguno de los dos partidos puede echar nada en cara al FPÖ austriaco.

Bruselas, por tanto, parece dispuesta a aceptar que las fuerzas extremas forman ya parte inevitable del paisaje electoral. Este mismo viernes (20 de septiembre), las elecciones de en la República checa apuntan a otro éxito euroescéptico.

Los analistas, sin embargo, no observan con tanta tranquilidad el fenómeno. “A pesar de su fortaleza económica, Europa conserva una parte de riesgo político”, señala Stéphan Monier, jefe de inversiones en Lombard Odier. Y apunta, en concreto, “al alza de partidos de extrema derecha”, con la presencia de Alternativa para Alemania (13% en las elecciones del 24 de septiembre) como sombra más destacada.

Ha llegado la era del populismo aceptable

 

En los mercados inquieta, sobre todo, el impacto que el giro hacia posiciones extremas en países como Austria pueda tener en la renovación y fortalecimiento de la zona euro auspiciada por Emmanuel Macron. Para el presidente francés resulta imprescindible mantener el apoyo de Angela Merkel. La canciller alemana venció en las elecciones del 24 de septiembre, pero salió debilitada. Y este domingo, su partido (CDU) sufrió otro batacazo en las elecciones regionales de Baja Sajonia.

Macron y Merkel parecen convencidos de que la zona euro podría estallar si no se apuntala de manera adecuada para futuras crisis. Pero necesitan masa crítica entre el resto de socios y, elección tras elección, parecen en riesgo de perder aliados.

A favor de las reformas del eje franco-alemán juega, sin embargo, el hecho de que la eurofobia ha amainado incluso entre las fuerzas extremas. En Francia, el Frente Nacional empieza a recular en sus propuestas sobre salida del euro, a la vista de la impopularidad de esa idea. Y en Austria, el FPÖ no ha recurrido a la retórica antieuropea durante la reciente campaña.

“Las elecciones en Austria han mostrado que el populismo no está muerto y que la próxima fase es la de un populismo aceptable”, concluye la analista Inga Fechner.

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Juncker descarta mediar en Cataluña para no sembrar el caos en la UE | Mercados

Ni mediación ni independencia. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha descartado este viernes la intervención de Bruselas en el conflicto institucional entre la Generalitat de Cataluña y el gobierno de España. Y se ha manifestado claramente en contra del proceso de independencia por el riesgo de sentar un precedente que aboque a la fragmentación política y territorial del continente.

“Si perimitiéramos, aunque no sea de nuestra incumbencia, que Cataluña se independizara, otros también lo harían y eso no me agrada”, ha señalado Juncker durante una charla con estudiantes en Luxemburgo, el pequeño país del que fue primer ministro durante casi dos décadas. “No quiero que dentro de 15 años la Unión Europea esté formada por 98 Estados“, ha añadido Juncker. “Ya es relativamente difícil con 28 Estados, pero imagino que con 98 sería imposible”, remataba el presidente de la Comisión.

Juncker también ha cerrado el camino a las peticiones de mediación europea cursadas por el presidente del govern catalán, Carles Puigdemont. El gobierno alemán de Angela Merkel y el francés de Emmanuel Macron ya habían descartado esa vía. Y Bruselas se suma ahora, una vez más, a la petición de resolver el conflicto con arreglo al orden constitucional español y sin ningún tipo arbitraje internacional. “Si interviniéramos cuando una sola parte lo pide, podríamos sembrar el caos en la UE”, ha pronosticado Juncker.

La Comisión ha mediado en conflictos, pero cuando afectaban a Estados miembros, como en el caso reciente de España y Portugal (por el almacén de residuos nucleares en Almaraz) o entre Croacia y Eslovenia (por un problema fronterizo). Pero el conflicto catalán, según Bruselas, “es un asunto interno” en el que la CE no desea intervenir, salvo que lo solicitara expresamente España, posibilidad descartada por el gobierno de Mariano Rajoy.

Juncker ha reconocido su inquietud por el conflicto y ha señalado que “hace tiempo que le pedí al primer ministro español [Rajoy] que adoptará iniciativas para evitar que la situación en Cataluña se descontrolase“. A juicio del presidente de la CE, “se han tomado algunas iniciativas, pero otras siguen sin tocar”, aunque no ha concretado qué áreas debería abordar el ejecutivo español.

El presidente de la Comisión considera que el sentimiento nacionalista de una parte de la población catalana es sintomático de lo que puede ocurrir en muchos otros lugares de la UE, un club que cuenta con 75 regiones con poderes legislativos similares a los de Cataluña. “Me preocupa mucho que, a medida que vivir en comunidad se vuelve tan arduo y difícil, todo el mundo intentará algún día recordar su identidad de manera que esa identidad no pueda asociarse a otras“, ha explicado Juncker a los estudiantes luxemburgueses.

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EU intervention in Catalonia would cause chaos, Juncker says | World news

The president of the European commission has spoken of his regret at Spain’s failure to follow his advice and do more to head off the crisis in Catalonia, but claimed that any EU intervention on the issue now would only cause “a lot more chaos”.

Speaking to students in Luxembourg on Friday, Jean-Claude Juncker said he had told the Spanish prime minister, Mariano Rajoy, that his government needed to act to stop the Catalan situation spinning out of control, but that the advice had gone unheeded.

“For some time now I asked the Spanish prime minister to take initiatives so that Catalonia wouldn’t run amok,” he said. “A lot of things were not done.”

Juncker said that while he wished to see Europe remain united, his hands were tied when it came to Catalan independence.

“People have to undertake their responsibility,” he said. “I would like to explain why the commission doesn’t get involved in that. A lot of people say: ‘Juncker should get involved in that.’

“We do not do it because if we do … it will create a lot more chaos in the EU. We cannot do anything. We cannot get involved in that.”

Juncker said that while he often acted as a negotiator and facilitator between member states, the commission could not mediate if calls to do so came only from one side – in this case, the Catalan government.

Rajoy has rejected calls for mediation, pointing out that the recent Catalan independence referendum was held in defiance of the Spanish constitution and the country’s constitutional court.

“There is no possible mediation between democratic law and disobedience or illegality,” he said on Wednesday.

Despite his refusal to intervene, however, Juncker warned the international community that the political crisis in Spain could not be ignored.

“OK, nobody is shooting anyone in Catalonia – not yet at least. But we shouldn’t understate that matter, though,” he added.

The commission president also spoke more generally about the fragmentation of national identities within Europe, saying he feared that if Catalonia became independent, other regions would follow.

“I am very concerned because the life in communities seems to be so difficult,” he said. “Everybody tries to find their own in their own way and they think that their identity cannot live in parallel to other people’s identity.

Carles Puigdemont signs the Catalan declaration of independence before suspending it for dialogue with Spain



Carles Puigdemont signs the Catalan declaration of independence before suspending it for dialogue with Spain. Photograph: Oeste/Zuma Wire/Rex Shutterstock

“But if you allow – and it is not up to us of course – but if Catalonia is to become independent, other people will do the same. I don’t like that. I don’t like to have a euro in 15 years that will be 100 different states. It is difficult enough with 17 states. With many more states it will be impossible.”

Juncker’s comments came as the Catalan president, Carles Puigdemont, found himself under increasing pressure over his decision on Tuesday to sign a unilateral declaration of independence but propose that its effects be suspended for a few weeks to allow for dialogue.

Rajoy has told Puigdemont that he has until Monday to confirm whether or not independence has been declared, and until next Thursday to abandon his push for independence or face the suspension of the region’s autonomy and the imposition of direct rule from Madrid.

On Friday, Spain’s deputy prime minister, Soraya Sáenz de Santamaría, said the regional government’s behaviour was damaging the region’s economy and asked Puigdemont to put an end to instability by re-establishing “institutional normality” as soon as possible.

Sáenz de Santamaría told the Catalan president that the central government was prepared to discuss the issue in parliament if he stopped ignoring Spanish law. She also reminded him that Rajoy and the Spanish socialist party had already agreed to establish a commission to investigate possible changes to the way the country’s autonomous regions are governed.

“That would allow him [Puigdemont] to set out his thoughts, his proposals and his plans,” she said. “Nothing in our constitutional framework is immutable – anything can be discussed. But it has to be done by respecting the rules of the democratic game and the rights of our citizens.”

Meanwhile, Puigdemont’s junior coalition partners, the far-left separatist party CUP, urged him to ignore pressure from the Spanish government, abandon the suspension and move to a definitive proclamation of independence.

The call was backed by the Catalan National Assembly, the main pro-independence civil society group in the region. In a statement, it said that Rajoy’s refusal to talk meant it no longer made sense “to keep the suspension of the independence declaration”.

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As Catalonia crisis escalates, EU is nowhere to be seen | World news

Who will save the Spanish from themselves? As mutual rage grows, Catalonia seems to be heading off a cliff. Carles Puigdemont, the separatists’ leader, is vowing to declare an independent state within days. King Felipe had one shot at reuniting the country – and blew it with a one-sided, darkly scare-mongering speech.

Mariano Rajoy, Spain’s prime minister, is not backing down either. He is threatening direct rule from Madrid and a mass purge if a Catalonian unilateral declaration of independence goes ahead. That is a recipe for violence far exceeding last Sunday’s street clashes with police.

The obvious candidate to cool tempers and mediate a negotiated way out is the European Union, the de facto guarantor of Spanish democracy since Spain became a member in 1986. Puigdemont, hanging from a hook of his own making, has appealed for Brussels to intervene. “It cannot look the other way any longer,” he said this week.

Rajoy and his ruling conservatives would not like it but may accept an EU role when they contemplate the alternatives. Seen from outside, the imperative is to induce all sides to pull back, to defuse the crisis before it becomes irreparable. Solutions can be discussed later.

But the EU is nowhere to be seen. At this moment of acute peril for the European project, Jean-Claude Juncker, the notoriously garrulous commission president, has fallen silent. A spokesman’s brief statement on Monday sided with Rajoy and said, feebly, there was nothing Juncker could do.

Emmanuel Macron, France’s president, who a week earlier sketched out a “profound” vision of an integrated Europe responsive to all its citizens, is looking the other way. If this were Crimea, say, or friendless, penniless Greece, Angela Merkel would be in full mediation mode by now. But when it comes to Catalonia, Germany’s chancellor, whose CDU is allied with Spain’s ruling party, is otherwise engaged.

The argument advanced by Brussels and its apologists that Catalonia is an internal Spanish matter and the EU has no standing in the dispute is legally contentious. But in a sense, that does not matter. The EU’s attempt to wash its hands of the crisis is politically unsustainable. If Rajoy sends the Spanish army to crush independence and seize control of Catalonia’s leaders and institutions, the ensuing uproar will force European leaders to get involved.

While it cannot directly intervene without being asked, the EU clearly has legal obligations towards 7.5 million EU citizens in Catalonia (as it has repeatedly claimed to have towards EU citizens in a post-Brexit Britain). Its explicit statement of confidence in Rajoy was possibly ill-advised in this context, since the prime minister cannot sensibly be viewed an impartial or objective figure.

To pretend the EU has no skin in this dangerous game is plainly delusional. Amadeu Altafaj, Catalonia’s envoy to Brussels, says the commission’s credibility is already damaged. The reluctance of the centre-right-dominated European parliament to debate the issue (it finally discussed it on Wednesday) has made a nonsense of talk about a more democratically responsive EU.

The longer the EU refuses to help, the more political ammunition it will give its detractors, not least the hard-right, populist and xenophobic forces that came to the fore in recent elections in France and Germany. Spain’s attempt to stop Catalan secessionists by brute force also sends a problematic message to like-minded groups elsewhere in Europe that, until now, have stuck to peaceful campaigning.

Rajoy’s weekend police action is being investigated for human rights violations by the Catalan authorities, and possibly the UN too. Spanish national laws may have been broken. And Rajoy may also be in breach of Spain’s obligations under EU and international law.

Respect for the rights of national minorities is one of the EU’s core values, as expressed in article 2 of the EU’s founding treaty and article 21 of the EU charter of fundamental rights. Although the commission has no specific powers, member states do have general powers to ensure that the fundamental rights of groups such as the Catalans are protected in accordance with European and international law.

More broadly, the right of people to self-determination is a cardinal principle of modern international law, incorporated into the UN charter. It is not a new idea.

In 1918, Woodrow Wilson, the US president whose “14 points” speech set out principles for world peace, declared: “National aspirations must be respected; people may now be dominated and governed only by their own consent. ‘Self-determination’ is not a mere phrase; it is an imperative principle of action.”

Wilson led efforts to forge a European settlement after the first world war. It is a sobering thought that 100 years on, Europe may still be incapable of sorting out its problems by itself.

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El conflicto catalán también divide a la Unión Europea | Mercados

El conflicto de Cataluña ya había fracturado antes del 1 de octubre la convivencia dentro de la comunidad autónoma y en el conjunto de España. Tras la bronca jornada del domingo pasado, amenaza con dividir también a la Unión Europea, cada vez más forzada a tomar posición sobre un problema del que se había desentendido calificándolo como “asunto interno” de España.

El asunto interno ha cruzado ya las fronteras y resquebraja la aparente unidad de las capitales y de las instituciones comunitarias, que hasta ahora se limitaban a expresar su apoyo al orden constitucional vigente.

El agravamiento de la crisis obliga a concretar más la posición y con el detalle emergen las diferentes sensibilidades políticas que laten en cada capital y los intereses no siempre coincidentes de los Estados miembros.

Cataluña se ha convertido en arma arrojadiza entre centralistas y federalistas, entre partidarios de avanzar en la integración europea y quienes abogan por frenarla, y entre euroentusiastas y eurófobos.

La división cristalizará este miércoles en Estrasburgo, durante el debate convocado por el Parlamento Europeo con carácter de urgencia para abordar la situación en Cataluña. Pero las diferencias vienen de mucho antes, aunque empezaron a hacerse patentes tras las imágenes de la intervención policial para abortar el referéndum convocado por la Generalitat y suspendido por el Tribunal Constitucional.

El debate de Estrasburgo obliga a la Comisión Europea, presidida por Jean-Claude Juncker, a pronunciarse en el plenario sobre un tema que había esquivado con esmero para no interferir en asuntos españoles pero también para no sufrir una división interna.

Prueba de lo espinoso del asunto es que el organismo comunitario tuvo que deliberar el martes a puerta cerradas para consensuar una posición de cara al plenario, que será defendida por el vicepresidente de la Comisión, el socialista holandés Frans Timmermans.

Las negociaciones previas eran imprescindibles porque en el seno de la Comisión (28 comisarios, uno por país) conviven sensibilidades muy distintas en relación con las reivindicaciones nacionalistas, en general, y sobre el conflicto catalán, en particular.

Al igual que las principales capitales (Berlín, París o Roma), la mayoría de los comisarios se alinea con las tesis de Madrid, representadas en Bruselas por el comisario español Miguel Arias Cañete.

Pero la Comisión cuenta con miembros como el vicepresidente de Asuntos Económicos y ex primer ministro de Letonia, Valdis Dombrovskis, temido por la diplomacia española por sus simpatías hacia el nacionalismo catalán. Un nacionalismo que suele evocar la independencia de los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) como un precedente ejemplar para sus aspiraciones de secesión.

Las cargas policiales del domingo también han enfriado el apoyo hacia el gobierno español entre los comisarios de origen nórdico o de sesgo liberal. Ninguno de ellos parece cuestionar el derecho del Estado español a impedir una ilegalidad, pero se preguntan sobre la proporcionalidad de las medidas adoptadas.

“Está claro que el gobierno español tiene razón legalmente, pero la actuación desproporcionada puede restarle legitimidad”, tuiteaba el domingo el jefe de gabinete del Jyrki Katainen, vicepresidente finlandés de la Comisión Europea.

En la reunión del martes, los comisarios europeos acordaron mantenerse al margen del conflicto y rechazar las peticiones de mediación cursadas por el govern de Carles Puigdemont. Y se aferraron a una línea de consenso que, por ahora, complace a todas la Comisión. La posición pactada señala que “esperamos que las dos partes se sienten a hablar, que se relaje la situación y que encuentren una solución”, según resumió el vicepresidente Katainen al término de la reunión.

“España no acepta lecciones de democracia”, asegura el eurodiputado del Partido Popular Esteban González Pons

 

El equilibrio de la Comisión no calmará el debate del Parlamento, previsiblemente tan acalorado como casi todos los que provoca la crisis de Cataluña. Estrasburgo ya tuvo un aperitivo el martes con una intervención del eurodiputado británico, Nigel Farage (Ukip).

“Nunca hubiera pensado que veía a la policía de un Estado miembro hiriendo a 900 personas para intentar impedir que votaran”, señaló Farage, uno de los líderes que impulsó el brexit en Reino Unido.

“Señor Farage, mi país no acepta lecciones de democracia de alguien a quien no considero demócrata”, replicó el eurodiputado español, Esteban González Pons (PP). “Gracias al brexit se marchará de esta cámara la extrema derecha. Lo único bueno que tiene el brexit es que no tendremos que escuchar jamás al señor Farage”.

Las acusaciones y reproches de Farage y Pons ilustran la dimensión europea que ha alcanzado el conflicto catalán y la trascendencia de su resolución o enquistamiento para el resto del continente. El desgarro al sur de los Pirineos puede agravar otras heridas europeas. Y viceversa.

“Para los partidarios del brexit en Reino Unido, por ejemplo, es una bendición que surjan fisuras en cualquier socio de la UE y más, si es del tamaño de España”, señala una fuente comunitaria. Como consecuencia del conflicto, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ya se ha perdido una cumbre europea (en Tallin, el 29 de septiembre) y ha tenido que centrar gran parte de su agenda internacional en la defensa de la integridad de España en detrimento de otros intereses económicos o geoestratégicos.

Las visitas de Rajoy al Elíseo y a la Casa Blanca se destinaron principalmente a recabar el apoyo público de Emmanuel Macron y Donald Trump a la unidad de España.

El conflicto catalán no solo impone el ensimismamiento de España. También puede cruzarse en los esfuerzos del renovado eje franco-alemán para reforzar la zona euro con nuevos instrumentos presupuestarios y nuevas cesiones de soberanía.

Los países reacios a esa evolución ya empiezan a achacar en parte la crisis catalana a la incomodidad de algunas administraciones regionales con una Unión Europea que apenas les concede representatividad. Esas voces abogan por recuperar el apoyo popular mediante la devolución de competencias Bruselas hacia las capitales y de éstas hacia las regiones. Un movimiento centrífugo europeo que el Gobierno español asegura haber frenado en Cataluña.

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Bruselas gira hacia la petición de diálogo tras la violencia del 1-O | Mercados

La violenta jornada del 1 de octubre ha obligado a Bruselas a abandonar su aparente indiferencia hacia el conflicto en Cataluña y a mostrar una mayor beligerancia en las peticiones de diálogo a los gobiernos de Mariano Rajoy y Carles Puigdemont.

La Comisión Europea, presidida por Jean-Claude Juncker, ha hecho este lunes un llamamiento oficial a todos los actores involucrados en el conflicto “para que pasen muy rápidamente de la confrontación al diálogo“.

Juncker ha telefoneado a Rajoy este lunes por la tarde. Y, según el entorno del presidente de la Comisión, le ha reiterado su apoyo al orden constitucional español pero le ha invitado a plantear un diálogo con Barcelona.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también telefonéo a Moncloa para insistir en las llamadas al diálogo. “He hablado con Mariano Rajoy. Comparto sus argumentos constitucionalistas, pero le he instado a buscar fórmulas para evitar una escalada y el uso de la fuerza”, tuiteó Tusk nada más colgar el teléfono.

Puigdemont, sin embargo, ha supeditado este lunes el diálogo “a una mediación internacional, para que sea eficaz”. Una propuesta rechazada por Madrid y Bruselas, por lo que el enroque del govern podría abortar la negociación propuesta por la CE.

Juncker mantiene su “confianza” en el presidente del Gobierno español “para gestionar este difícil proceso”. Pero el presidente de la CE subraya, tras las escenas de cargas policiales que han llamado la atención de toda Europa, que “la violencia nunca puede ser un instrumento político”.

El organismo comunitario ha recordado que la consulta convocada por el Govern y suspendida por el Tribunal Constitucional “era ilegal”. Y, por tanto, Bruselas no reconoce ningún resultado.

Pero la CE, por primera vez, insta directamente a entablar una negociación entre Madrid y Barcelona par restablecer la convivencia. “Más allá de los aspectos puramente jurídicos de este asunto, la Comisión considera que son tiempos para la unidad y la estabilidad, no para la división y fragmentación”, señala el organismo comunitario en un comunicado oficial.

En una línea similar se ha expresado este lunes un representante del Gobierno alemán. “El separatismo no resuelve ningún problema”, señaló Michael Roth, secretario de Estados para asuntos europeos en el gobierno de Angela Merkel. Y abogó por una salida negociada al conflicto, pero para lograrlo “ambas partes deben decir que están dispuestas a hacerlo”.

París se ha alineado más claramente con las posiciones de Madrid. En conversación telefónica con Rajoy, el presidente francés, Emmanuel Macron, reiteró que el presidente del Gobierno es su único interlocutor. Un portavoz del ministerio francés de Exteriores apoyó expresamente la propuesta de Rajoy de “abrir una reflexión común con el conjunto de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento”.

La respuesta ha sido mucho más dura en países como Bélgica, donde se ha atribuido en g gran parte al Gobierno español la responsabilidad de la violencia del 1-O.

Las portadas de los principales medios de comunicación también coinciden en destacar dramáticas escenas de las cargas policiales y editorialistas y columnistas consideran, en general, que la respuesta del Gobierno central ha sido desproporcionada y contraproducente.

El Parlamento Europeo debatirá los acontecimientos del 1-O a propuesta de Populares, Socialsitas y Liberales

 

La jornada del domingo, en todo caso, ha supuesto la internacionalización de un conflicto sobre el que la mayoría de las capitales europeas habían pasado hasta ahora de puntillas.

La CE insistió el lunes en que se trata de “un asunto interno” de España. Pero la petición de diálogo marca un giro en relación con la posición previa al 1-O.

El viraje de Bruselas se iniciaba en el Parlamento Europeo. “Debe intervenir la política, no la policía”, señalaba el líder de los socialistas europeos, Gianni Pitella, el mismo domingo.

La semana pasada, los Verdes intentaron incluir ese punto en el orden del día, pero Populares y Socialistas, entre otros, lo rechazaron. La nueva propuesta llega avalada por populares, socialistas y liberales. Y aunque se dirige a abordar el problema desde el punto de vista de “la Constitución el Estado de Derecho”, tendrá la misma consecuencia política que la anterior: forzar a la Comisión Europea y al Consejo Europeo a pronunciarse ante el pleno sobre la actuación del Gobierno español y de la Generalitat de Catalunya durante el frustrado referéndum del pasado domingo.

Bruselas se niega a mediar


  • La CE ha urgido al diálogo entre Madrid y Barcelona pero ha rechazado participar en la mediación internacional reclamada por el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

  • El portavoz de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, aseguró el lunes que el organismo comunitario “no tiene ningún papel” en la posible negociación entre Madrid y Barcelona.

  • Fuentes europeas aseguran que el artículo 4 del Tratado de la UE impide a Bruselas intervenir. Ese artículo establece que la UE “respetará las funciones esenciales del Estado, especialmente las que tienen por objeto garantizar su integridad territorial, mantener el orden público y salvaguardar la seguridad nacional”.

  • Varios grupos del Parlamento Europeo, con los Verdes al frente, consideran, sin embargo, que Bruselas dispone de margen para mediar y recuperar el diálogo entre el gobierno de Rajoy y el de Puigdemont.

  • Los europarlamentarios de Podemos van más lejos y en lugar de mediación piden a Bruselas que expediente a España por la actuación de la policía durante la jornada del 1-O. Podemos pide, incluso, que Bruselas invoque el artículo 7 del Tratado de la UE para suspender el derecho de voto de España en el Consejo de la UE.

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Merkel se juega su legado político con la unidad de Europa | Mercados

Angela Merkel ya se ha ganado un lugar en la historia de Alemania y de Europa. Falta por saber si será para bien o para mal. Con su cuarta victoria consecutiva en unas elecciones generales (el pasado domingo) se coloca entre los cancilleres más populares de la postguerra, junto a Konrad Adenauer, que logró imponerse cinco veces, o Helmut Kohl, que lo hizo en cuatro ocasiones.

Pero esas figuras son recordadas por la reconciliación europea y la reunificación del continente, mientras que Merkel corre el riesgo de ser juzgada por los historiadores como una de las grandes responsables de la brecha política, económica y social que amenaza con resquebrajar la Unión Europea desde el inicio de la crisis en 2008.

Merkel tiene ahora cuatro años por delante (si agota el mandato) para intentar recomponer su legado europeo. Y parece dispuesta a aprovechar la presencia de Emmanuel Macron a la cabeza de Francia para retomar el proceso de convergencia política y económica del continente, paralizado desde hace más de una década.

Desde la llegada de Macron al Elíseo, la canciller ha mostrado su intención de pactar con París algunos de los cambios necesarios para apuntalar la zona euro, amenazada por la creciente brecha económica entre sus socios, y la Unión Europea, rasgada por la salida de Reino Unido.

La canciller, que hasta ahora gobernaba con los socialistas, aseguró el lunes que sus planes para Europa “no han cambiado” tras unas elecciones que la abocan a un gobierno tripartito (con liberales y verdes). “No, no creo que cambie [la situación en relación con Europa]”, señaló en su primera rueda de prensa tras la votación.

“Los grupos con los que puedo formar gobierno están interesados en alcanzar soluciones para Europa”, añadió la canciller

 

Macron presentará este mismo martes su plan para la zona euro, con la solemnidad, o pomposidad, que le caracteriza. El discurso tendrá lugar en el Anfiteatro de La Sorbonne, recinto centenario muy propicio para las grandes declaraciones. París no oculta que el objetivo de Macron es exponer sus demandas para que Merkel pueda tomarlas en cuenta durante la negociación con sus socios de gobierno.

Fuentes francesas ya han indicado que la meta final es convertir a la zona euro en una verdadera Unión monetaria, con los instrumentos necesarios (Fondo Monetario europeo, mecanismo de estabilización presupuestaria…) para evitar las devastadoras consecuencias de una crisis como la recién sufrida. Pero las mismas fuentes admiten que París ofrece flexibilidad sobre el calendario y el ritmo de las reformas, para ajustarlo a las necesidades políticas de Berlín.

Merkel parece condenada a entenderse con Macron si quiere frenar la peligrosa deriva política que ha tomado el continente. La canciller admitió el lunes su “responsabilidad personal” en la polarización de la política alemana, tras una votación que ha convertido al partido antieuropeo Alternativa para Alemania (AfD) en la tercera fuerza del Bundestag con más de cinco millones de votos y 94 escaños (de 709).

Pero la responsabilidad de Merkel va más allá de sus fronteras porque su liderazgo continental ha contribuido a la década perdida de Europa que ha dado alas a las fuerzas partidarias de disolver el club, unas formaciones con posibilidades de llegar al poder en Francia, Italia, Holanda, Finlandia o Austria y, tal vez a medio plazo, también en Alemania.

Merkel, alemana oriental que ingresó en la UE a los 35 años (con la unificación de Alemania), ha intentado reconvertir el club en una suma de Estados al margen del método comunitario vigente desde 1957, que otorgaba el papel de motor a la Comisión Europea. La nueva fórmula, bautizada por la canciller como método de la Unión en su discurso en el colegio europeo de Brujas en 2010, solo ha generado parálisis y desconfianza y ha logrado desacreditar a una Comisión que ejercía el papel de árbitro casi indiscutido.  

El fiasco en la gestión de las sucesivas crisis de los últimos años lleva el marchamo de Merkel mucho más que el de Bruselas. Y la acción o, más bien la omisión, de Berlín puede rastrearse en casi todas las sacudidas que ha sufrido el club.

La canciller y su ministro de Economía, Wolfgang Schäuble, frenaron una y otra vez la respuesta a una crisis financiera que devastaba gran parte de la zona euro pero de la que Alemania salía indemne cuando no beneficiada.

Los coqueteos políticos de Merkel con David Cameron alentaron la aventura del ya ex primer ministro británico que acabó en el referéndum de 2016 sobre la salida del Reino Unido. Los dos maniobraron también, sin éxito, para evitar que el actual presidente de la Comisión saliera elegido como fruto indirecto del resultado de las elecciones al Parlamento Europeo en 2014.

La apertura de Berlín hacia los refugiados sirios, aunque justificada desde el punto de vista humanitario, también se llevó a cabo de forma tan descontrolada que resquebrajó la zona Schengen (todavía hay controles fronterizos en varios países, incluida Alemania). El reparto exigido por Berlín desató el malestar de los países del Este, acusados de insolidaridad a pesar de que Polonia, por ejemplo, ha acogido a 1,3 millones de refugiados ucranianos, un número superior a los sirios acogidos por Alemania.

La zona euro también ha quedado hecha trizas tras ocho años de diktat de Merkel y Schäuble. Aunque se ha recuperado el crecimiento, la convergencia entre sus socios se ha frenado, según alerta una y otra vez la Comisión Europea. Cuatro socios (Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre) han sido rescatados, con intervención del Fondo Monetario Internacional por exigencia expresa de Berlín. Y el corralito monetario, fenómeno desconocido en la historia reciente de Europa, llegó a Chipre y, más tarde, a Grecia, donde todavía sigue en vigor.

La historia de la década que acaba es la de una especie de guerra civil“, resumía Macron el pasado 8 de septiembre en Atenas la situación vivida por la zona euro desde 2008. Una década que los historiadores identificarán siempre con el liderazgo de Merkel si no logra pasar a la acción durante su cuarto mandato.

¿Sobrevivirá el eje Merkel-Macron?

La mayoría de los analistas resaltan la dificultad que tendrá Merkel para formar su nuevo gobierno y para reconciliar las posturas de liberales (FDP) y verdes (Grüne) en relación con Europa. Pero discrepan sobre las consecuencias que la posible coalición gubernamental tendrá sobre la alianza que Merkel intenta forjar con Macron.

“El resultado puede ralentizar los esfuerzos por fortalecer la zona euro”, señalan los analisas de BlackRock Investment, que apuntan como obstáculo el previsible empeño del FDP en aplicar a rajatabla los objetivos de déficit público o la resistencia a aceptar ciertas reformas (como la designación de un “ministro” de finanzas de la zona euro).

Desde el banco Credit Suisse apuntan, por el contrario, que el resultado electoral del domingo supone un pequeño contratiempo para los planes esbozados por París y Berlín, pero no un cambio de rumbo. “Puede haber un período de incertidumbre hasta final de año hasta que el nuevo gobierno de Merkel exponga claramente su posición sobre Europa, pero no descartaríamos nuevos avances liderados por la canciller y Macron”, concluye el análisis de la entidad suiza.

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La CE someterá a control la inversión extranjera en sectores estratégicos | Compañías

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha anunciado este miércoles la instauración de un sistema de “escrutinio” de las inversiones internacionales en Europa que someterá a una especial vigilancia la entrada de capital de extranjero en infraestructuras esenciales o en empresas relacionadas con los sectores de defensa, energía y tecnología.

“No somos unos cándidos defensores del libre comercio, Europa va a defender sus intereses estratégicos”, ha señalado Juncker durante su discurso anual sobre el Estado de la Unión, pronunciado este miércoles ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo. Juncker ha señalado a puertos, aeropuertos, empresas de defensa, tecnología y energía, como las áreas en las que se someterá a un escrutinio especial la presencia de capital extracomunitario.

El nuevo marco nace impulsado por Alemania, Francia e Italia, que temen la transferencia de tecnología hacia empresas chinas o el dominio de empresas extracomunitarias en infraestructuras neurálgicas en transporte o energía. El presidente francés, Emmanuel Macron, dio de inmediato la bienvenida a la propuesta de Juncker a través de Twitter.

La iniciativa surgió tras el aumento de las inversiones chinas en la UE, que en 2016 alcanzaron los 35.000 millones de euros, un 77% más que en el ejercicio anterior. La presencia de capital chino en empresas con importante tecnología disparó las alarmas en Berlín y París, aunque Bruselas recuerda que la inversión china solo es el 2% de la inversión exterior en la UE.

España se resistió en la última cumbre europea a la introducción de un mecanismo duro de escrutinio como el reclamado por Macron. La CE ha optado por una vía intermedia pero envía una clara señal política hacia China y otros países emergentes sobre la vigilancia especial a la que serán sometidas sus inversiones.

El proyecto de Reglamento aprobado este miércoles por la Comisión establece por primera vez normas a nivel europeo sobre los mecanismos nacionales de revisión de inversiones extranjeras y confiere al organismo comunitario la posibilidad de revisar numerosas inversiones.

Casi la mitad de los socios europeos (incluidos Alemania, Francia, Italia y España) disponen de mecanismos de revisión de las inversiones internacionales. Pero la falta de coordinación, según Bruselas, hace poco efectivos y predecibles esos sistemas.

El nuevo Reglamento, cuya aprobación se augura complicada, exigirá la notificación a Bruselas de los mecanismos de escrutinio; regulará la transparencia y calendario del mecanismo; y permitirá a la CE o a otros Estados miembros pronunciarse sobre los riesgos que puede suponer una inversión en cualquier país de la UE.

La última palabra la tendrá siempre el país de destino de la inversión. Pero la presión política de Bruselas o de otras capitales podría obligar al país en cuestión a frenar la inversión o disuadir al inversor.

La norma, además, otorga a la CE la posibilidad de pronunciarse sobre las inversiones relacionadas con proyectos o programas de la UE siempre que detecte un riesgo de seguridad pública. El listado incluye desde el sistema de satélites Galileo a los programas de investigación de Horizon y a las redes de interés europeo en transporte, energía y telecomunicaciones.

En todos esos casos, la CE podrá requerir a un Estado información sobre las inversiones que considere sensibles. Y Bruselas dispondrá de un plazo de 25 días para emitir un dictamen que el Estado deberá acatar o justificar adecuadamente su resistencia a cumplirlo.

El sistema europeo nace también inspirado en el Comité sobre Inversión Extranjera de EE. UU., que permite al presidente de ese país vetar la inversión extranjera en ciertos sectores. Entre 2008 y 2012, ese Comité ha revisado 538 operaciones, de las que 70 se abortaron durante el proceso. China es el principal país de origen de las inversiones escrutadas.

El modelo estadounidense se endureció en 2007 tras el revuelo por la venta de varios puertos a Dubai Ports World. Y la actividad del Comité aumenta año tras año. Entre 2012 y 2014 se notificaron 358 operaciones, 68 de ellas correspondientes a capital procedente de China.

La UE tiene uno de los regímenes de inversión más abiertos del mundo

 

Varios países de la UE (Alemania, Francia, Italia, Portugal…) también han endurecido los controles en los últimos años, aunque fuentes comunitarias reconocen que la aplicación de los controles ha sido “moderada”.

“La UE tiene uno de los regímenes de inversión más abiertos del mundo”, señala la CE en una Comunicación aprobada el miércoles. El documento subraya que la inversión extranjera en la UE ascendía en 2015 a 5,7 billones de euros frente a 5,1 billones en EE UU.

La inversión extranjera anual en la UE alcanzó en 2015 los 470.000 millones de euros, cifra que supera el máximo de 2007 previo a la crisis, según el documento de la CE.

El organismo comunitario recuerda que el capital extranjero solo controla el 0,4% de las empresas europeas. Pero admite que se concentra en grandes compañías, que suponen el 11% de la facturación comunitaria y el 6% del empleo de todo el continente.

La preocupación en algunos países también ha aumentado por el cambio en la procedencia del capital extranjero. EE UU ha pasado de ser el origen del 51,3% de la inversión internacional en Europa en 1995 al 41,4% en 2015, según la Comunicación de la CE. En el mismo período el capital japonés ha pasado de representar el 7,7% de la inversión extracomunitaria a menos de la mitad. En cambio, Rusia y China han pasado de representar el 0,2% y 0,3% a convertirse en el quinto y sexto inversor en la UE, respectivamente, con el 2% y el 2,2%.

Superministro de Economía


  • Juncker también anunció durante su discurso del Estado de la Unión su intención de presentar en diciembre una propuesta para fusionar los cargos de comisario europeo de Economía (Pierre Moscovici, en la actualidad) y de presidente del Eurogrupo (Jeroen Dijsselbloem). La nueva figura ejercería como una suerte de “superministro” de Economía, aunque sin poderes reales para vetar los Presupuestos nacionales como desearía Berlín.

  • El presidente de la CE también propone reconvertir el actual Mecanismo Europeo de Estabilidad o fondo de rescate en un Fondo Monetario Europeo, que gestionaría los rescates de países en dificultades sin necesidad del FMI, organismo que se encuentra en proceso de salida de la troika.

  • El discurso sobre el Estado de la Unión de Juncker también intenta zanjar el debate sobre la Europa de dos velocidades, alentado por él mismo con su Libro blanco del pasado mes de febrero e impulsado con entusiasmo por Berlín, París, Roma y Madrid. Juncker, con su sarcasmo habitual, se desmarcó este miércoles de los escenarios que planteó hace seis meses y se decantó por uno nuevo, consistente en una Europa de una sola velocidad en la que todos los países avancen a ritmo similar dentro de la UE, la zona euro y Schengen. Un gesto de buena voluntad hacia los países de Europa Central y del Este, que temían quedarse atrás, pero que parece incompatible con la disgregación política, económica y social que sufre el club desde la crisis de 2008.

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