La náutica innova en conectividad y diseño | Compañías

Digitalizar el mar suena a utopía, pero es lo que se han propuesto en SmartSea Technologies, una startup de Barcelona. La compañía, que comparte espacio con otros proyectos de negocios en el centro de emprendimiento Pier 01, en el Palau de Mar, está innovando en un sector que apenas comienza a recuperarse de la crisis y que no ha conseguido tener una presencia internacional significativa, a pesar de la popularidad de la náutica deportiva en su mercado base, España.

SmartSea, resultado de la fusión de la aplicación para puertos deportivos Smart Port y la red social para navegantes BlooSea, empezó en 2012 con un listado móvil de los servicios que ofrecía cada terminal portuaria. Pero en 2016 sus fundadores convinieron en que necesitaban desarrollar un producto verdaderamente disruptivo que les ayudase a crecer y marcar la diferencia.

SmartSea trabaja para llevar al mar tecnologías como el big data y el internet de las cosas

“Habíamos empezando conectando a los navegantes con los puertos, pero nos dimos cuenta de que a lo mejor, lo que teníamos que hacer era conectar a los barcos, porque sin estos no hay navegantes ni puertos”, afirma Alejandro Martínez, director general de la empresa.

En el sector automoción se lleva muchos años hablando del big data, del internet de las cosas y del coche conectado como un primer paso hacia el vehículo autónomo. Martínez y su equipo decidieron que era el momento de trasladar todos esos conceptos a la industria náutica. En esos días Seat prestó un ejemplar de su modelo conectado a BeMobile, startup con la que comparten oficinas en Pier 01, a fin de que esta trabajara en el desarrollo de aplicaciones para el auto; cercanía que en SmartSea aprovecharon para detectar posibles innovaciones extrapolables a su sector.

Fue así como surgió SmartBoat, una plataforma que permite a los propietarios de embarcaciones disponer de información de todas las constantes del barco en tiempo real. El sistema consta de un hardware que se instala de manera muy sencilla en el yate –“son dos cables”, dice Martínez– y una aplicación móvil. El dispositivo recoge los datos y los transmite a un servidor para que luego puedan consultarse en la app.

Dado que un barco pasa la mayor parte del tiempo atado al muelle, ¿qué tipo de información puede interesarle consultar a todas horas a un marinero en tierra? “Hay una gran cantidad de parámetros que conviene monitorizar como, por ejemplo, que las bombas de achique, que sacan el agua que se acumula en la sentina, la parte más baja del casco, funcionan correctamente, porque de lo contrario, al día siguiente puedes encontrar el barco hundido en el pantalán”, explica Martínez. En caso de detectar una anomalía de este tipo, un golpe, un fallo en las baterías o la entrada de una pequeña vía de agua, el sistema envía una alerta al usuario.

La aplicación SmartBoat.
La aplicación SmartBoat.

La app es capaz también de entender el contexto en el que este se encuentra (si está a bordo o en tierra) para mostrarle una información u otra dependiendo de cada situación. Si se trata del primer caso, da la posiblidad de comprobar si el yate cumple cuatro condiciones básicas para salir a navegar:si hay aceite de motor, si los grifos de fondo están abiertos (fundamental para refrigerar el motor y evitar que se recaliente), el nivel de combustible y si se llevan chalecos salvavidas.

Hacer esta lista de comprobación es clave para la seguridad del pasaje porque “el 55% de los accidentes que asiste Salvamento Marítimo es de embarcaciones de recreo, lo cual es una barbaridad”, señala Martínez. En una fase más avanzada, SmartSea aspira a incorporar funciones de mantenimiento predictivo e incluso de barco autónomo.

Alejandro Martínez (segundo por la derecha) junto con el equipo de SmartSea, en el Port Vell de Barcelona.
Alejandro Martínez (segundo por la derecha) junto con el equipo de SmartSea, en el Port Vell de Barcelona.

“Para eso necesitamos generar un historial de millas marinas recorridas”, indica. El prototipo, que ha concluido la fase de pruebas, se presentará en el Salón Náutico que se inaugura hoy en Barcelona. El evento, en el que participarán 275 empresas y en el que se expondrán cerca de 700 barcos, ha continuado adelante a pesar de las crecientes tensiones políticas en Cataluña, el principal mercado de barcos nacional junto con Baleares.

La afición por la náutica en España empezó a crecer en los años sesenta, cuando aparecieron los primeros astilleros, escuelas de navegación y empresas de alquiler. El sector prosperó hasta 2008 cuando la crisis obligó a las familias a recortar el gasto en actividades de ocio. “La recesión hizo mucho daño, con caídas de ventas espectaculares”, dice Ramón Girbau, un experto en reparación y mantenimiento de barcos que empezó a fabricar sus propias embarcaciones en 2010.

Yate Astondoa 100 Century, de Astilleros Astondoa.
Yate Astondoa 100 Century, de Astilleros Astondoa.

A diferencia de otras industrias, como la automoción, la mayoría de fabricantes de yates y veleros en España son pequeñas empresas que no están internacionalizadas, lo que les ha impedido compensar la caída del mercado doméstico con un aumento de las exportaciones. “Quedamos pocos. Si no quebraron, muchos astilleros han tenido su actividad en letargo”, señala el fundador de Girbau Boats, que construye barcos de entre 8,5 y 9,16 metros de eslora en el cabo de Creus, en la Costa Brava.

Si bien las ventas todavía están lejos de los picos de 8.400 unidades alcanzadas en 2008, el mercado se recupera. Las matriculaciones de embarcaciones de recreo crecen al mes de septiembre un 9%, hasta las 4.732 unidades. La asignatura pendiente sigue siendo la internacionalización. En los siete primeros meses de este año, la balanza comercial de España en yates y embarcaciones acumula un déficit de 104 millones de euros, casi tantos como los 107 millones de todo 2016, según estadísticas oficiales.

“Nuestra balanza comercial está claramente condicionada por la pérdida de tejido productivo en este segmento”, comenta Jaime Cortecero, director de ventas de Astondoa, empresa familiar que tiene cuatro astilleros en Santa Pola, Alicante, donde construye yates de hasta 37 metros de eslora.

Las cifras

4.732 embarcaciones se matricularon entre enero y septiembre de este año, lo que supone un aumento del 9,23%, según ANEN, la Asociación Nacional de Empresas Náuticas.

1.475 del total de barcos matriculados se destinaron al alquiler, un segmento que crece en lo que va de año un 25%.

104 millones de euros es el déficit comercial del sector a julio, según el Ministerio de Comercio Exterior.

Junto con Sasga Yachts y Rodman, Astondoa es uno de los pocos constructores nacionales que está vendiendo al exterior. “En este momento, las exportaciones suponen más del 75% de nuestras ventas, destacando América y Europa como mercados más grandes”, indica Cortecero, quien precisa que Italia es el principal competidor de España en la gama de yates superiores a 16 metros de eslora.

Sasga Yachts fabrica en Menorca, mientras que Rodman, la empresa más grande del sector, tiene tres factorías en Galicia y dos en Portugal que exportan a más de 50 países de Europa, Sudamérica, África, Oriente Medio y Asia.

Estos tres astilleros “están haciendo un buen trabajo y sus barcos están reconocidos fuera”, destaca Javier Sáez, responsable de operaciones de Disvent Ingenieros, distribuidora de material electrónico y sistemas de comunicación para embarcaciones, con sede en Barcelona.
La situación es parecida en componentes. “No hay marcas nacionales de prestigio en electrónica ni electricidad. No obstante, entre nuestros productos contamos con paneles eléctricos modulares de la empresa de Badalona Pros by Ditel que nos planteamos exportar”, refiere Sáez.

En motores marinos, Solé Diesel, empresa con sede en Martorell, lleva exportando desde los años setenta. “De lo contrario, habríamos cerrado durante la crisis”, expresa Enric Solé, presidente de la compañía que fundó su abuelo en 1912 y que obtiene en el exterior el 65% de sus ingresos, que el año pasado ascendieron a 8 millones de euros. “Tenemos distribuidores en todas partes, excepto en Estados Unidos, donde hay muchas trabas normativas”, indica.

Según datos de la Fira, organizadora del Salón, el 15% de los expositores serán empresas extranjeras procedentes de 14 países, entre los que figuran las francesas Zodiac, Jeanneau y Beneteau (junto con su filial de catamaranes Lagoon), la británica Sunseeker y la japonesa Yamaha.

“Exportar es caro, pero es uno de mis objetivos a medio plazo”, dice Ramón Girbau, para quien la única forma que tiene un astillero pequeño como el suyo de internacionalizarse con éxito es ofrecer un producto diferente en diseño y acabados. “La estética es importante, pero también hay que darle valor a la utilidad: espacios abiertos, bañera en popa con sombra para proteger del sol, un buen solárium… Hay barcos muy bonitos, pero que no se pueden disfrutar”.

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Cómo Harley-Davidson saca partido al internet de las cosas | Fortuna

El internet de las cosas es la integración de las tecnologías de las operaciones con las de la información para obtener datos con los que tomar la mejor decisión empresarial. Así de sencillo lo explica el director general de Cisco en España, José Manuel Petisco, durante la presentación del libro Internet of Things de Maciej Kranz (editorial LID, 19,90 euros), del que ha escrito el prólogo.

El documento pretende ser una guía para que los directivos se atrevan a implementar esta tecnología en sus negocios. Una herramienta que, para Petisco, no es solo una moda, sino “una tendencia ya madura que se está implementando en muchos campos”. En España, hay 340 millones de objetos conectados, lo que supone que cada individuo tiene al menos siete. Un dato que ilustra cómo el internet de las cosas ya forma parte del día a día de la población. De hecho, el autor del libro, Maciej Kranz, lleva más de 15 años estudiándola, aunque no es hasta hace un par, cuando su presencia se ha hecho evidente.

Petisco recuerda que su primer contacto práctico con los ecosistemas conectados se produjo hace más de diez años, exactamente el 12 de diciembre de 2004. Ese día estaba viendo un partido en el Bernabéu, y cuando el encuentro estaba a punto de finalizar, les pidieron que desalojaran el estadio por un aviso de bomba. En ese momento, se le pasó por la cabeza el proyecto que habían desarrollado desde Cisco con el Real Madrid para controlar operaciones como esta, y rogó que funcionara. Y sí, el audio se escuchaba, los tornos se abrieron y en ocho minutos se evacuó a las 70.000 personas que se encontraban en el estadio blanco. “No lo llamé internet de las cosas porque aún no era tan innovador, pero era un proyecto realizado en 2002”, explica Petisco sobre los inicios de los objetos enlazados en red.

Se trata solo de una pequeña anécdota, pero hoy en día, el internet de las cosas ya está presente en todos los campos, especialmente en las grandes corporaciones. Tanto es así, que está transformando las mismas, y “no soy capaz de pensar en una industria que no la use actualmente”, relata Kranz. El experto recuerda que, aunque lo que más llama la atención son los electrodomésticos conectados, donde verdaderamente se aplica el internet de las cosas es en los negocios.

Por eso, el autor del libro hace hincapié en que apostar por dicha tecnología no es una opción, “no es algo bonito que queda bien tener, sino una necesidad que hay que implementar”. Con esta obra, trata de desmitificar la conectividad para los directivos y hacerla más cercana, incluyendo casos en los que su implementación ha sido exitosa.

En España, cada individuo tiene, de media, siete dispositivos conectados

Es el caso de Harley-Davidson. La producción de estas motos presentaba problemas de dinamismo y eficiencia, la mano de obra era cara y los datos inservibles. Tardaban aproximadamente año y medio en implementar las mejoras en estos vehículos. Frente a esto, la marca decidió habilitar una de sus fábricas íntegramente con tecnología del internet de las cosas, aunó todo en una sola red y consolidó los datos. De esta manera, el tiempo necesario para corregir los errores se redujo de 18 meses a dos semanas. Con una sola fábrica transformada, los beneficios de Harley-Davidson aumentaron casi un 4%.

En este sentido, el director general de Cisco recalca que el internet de las cosas supone una diferencia competitiva, mayor eficiencia en los procesos, capacidad de innovación y nuevos modelos de negocio. Por todo ello, esta tecnología también genera nuevas oportunidades. Algo que saben muy bien en Campofrío. Hace tres años, su fábrica principal, situada en Burgos, se incendió, lo que supuso una pérdida de 300 millones de euros y casi la quiebra de la compañía. Sin embargo, se marcaron un objetivo claro: volver a Burgos en menos de dos años. El director de información de Campofrío Food Group, Javier Álvarez, recuerda que pensaron “si siempre hacemos las mismas cosas, tendremos siempre los mismos resultados”. Así que decidieron apostar por la informática para cambiar la fábrica entera. Ahora, su fábrica de Burgos es un referente 4.0 para todas las industrias. “Algo que considerábamos un desastre acabó convirtiéndose en una oportunidad”, subraya orgulloso el directivo.

La conectividad puede estar presente y desencadenar un gran cambio hasta en los sectores más tradicionales. El director de sistemas de Philips Lighting para España y Portugal, José Ramón Córcoles, explica lo importante que es darse cuenta de que “la luz sirve para mucho más cosas que para alumbrar”. Con esta premisa en mente, han logrado llevar a cabo un proyecto de iluminación sostenible conectada, que ha transformado Torre Europa y la ha convertido en el edificio más inteligente de Madrid y en el tercero del mundo. De hecho, las luces han servido para alojar sensores, para obtener datos sobre la ocupación de las estancias, para medir la temperatura, y será la base para desarrollar nuevas tecnologías en el futuro.

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El internet de las cosas ya no es futuro en la industria | Compañías

El internet de las cosas es un concepto que, poco a poco, hemos ido incorporando a nuestro vocabulario del día a día para designar a un tótum revolútum cuyas fronteras y aplicaciones potenciales aún estar por delimitar. IoT es el acrónimo del inglés Internet of Things, traducido literalmente por nuestro internet de las cosas profusamente utilizado en los medios de comunicación para hablar de todo aquello que suena a digital y 4.0. Pero ¿qué es realmente el Internet of Things? ¿Para qué sirve? ¿Hasta qué punto se trata ya de una realidad o de promesas de futuro?

Empecemos por entender bien el concepto: llamamos Internet of Things al proceso de dotar de sensores a elementos de nuestro alrededor, que nos permite recoger datos que después podremos analizar a través de un algoritmo, obteniendo información valiosa y en algunos casos nos permitirá programar al objeto para que reaccione de una forma determinada.

Hablando de manera menos técnica: se trata de dotar de inteligencia a todo lo que nos rodea para poder controlar, automatizar y predecir su funcionamiento. Si ponemos sensores en un frigorífico, la máquina podrá conocer los hábitos de consumo de una familia y hacer la compra por sí sola pidiendo al supermercado los productos que vayan agotándose.

Sensorizando los parkings podemos decirle a todos los conductores de la ciudad la disponibilidad de aparcamiento por zonas y evitar atascos. Si aplicamos sensores a nuestro cuerpo, podremos monitorizar diversas variables (presión arterial, temperatura, azúcar en sangre, etc…) y tener un seguimiento constante de cualquier enfermedad, e incluso recibir medicación directamente cuando sea necesario. Si a esto le sumamos big data y un buen algoritmo, podemos incluso predecir con un alto grado de fiabilidad si vamos a sufrir de un ataque al corazón u otros problemas de salud evitables.

Estos son tan solo unos pocos ejemplos del futuro (en algunos países ya del presente) que nos promete el Internet of things. Sin embargo, la mayor velocidad de incorporación de estas soluciones se está dando a nivel industrial (sobre todo en la industria pesada, la manufactura y la logística), pues es donde esta tecnología está aportando una gran optimización de recursos.

Por ejemplo, las grandes industrias cementeras indias están sensorizando todas las piezas de su maquinaria de modo que, a través de algoritmos predictivos que computan los datos recogidos por los sensores, pueden saber exactamente cuándo estas piezas van a dejar de funcionar y será necesario cambiarlas.

Esto permite a la empresa tener piezas de recambio a tiempo cuando se produce una avería y ahorrar millones en una óptima planificación del mantenimiento. De otro modo, una pieza de sustitución puede tardar semanas, o incluso meses en llegar, lo cual fácilmente puede llevar a la empresa a la bancarrota. Por lo tanto, la implementación del IoT industrial y los algoritmos predictivos permiten un ahorro de costes muy considerable y muy tangible.

Por ello, las grandes empresas consideran que inyectar capital en este tipo de soluciones es una inversión con un excelente retorno que se nota tanto a corto como largo plazo. De ahí que el IoT Industrial está acelerando su incorporación al día a día de las fábricas, mientras que en otros ámbitos la implantación del IoT no experimenta un rápido avance.

La explicación de este fenómeno es la percepción del beneficio obtenido: al contrario de lo que sucede con el IoT industrial, la rentabilidad de este otro tipo de tecnologías IoT es mucho más difícil de calcular para el inversor o comprador, y por lo tanto, éste no sabe con certeza si le compensa el esfuerzo que supone invertir ese capital extra en este tipo de soluciones.

A lo largo de la historia ha ocurrido siempre lo mismo, y los descubrimientos que han producido réditos económicos manifiestos han evolucionado de forma acelerada frente a aquellos cuyos resultados a nivel financiero resultan más difíciles de calcular. De ahí que haya un discurso sobre smart cities y digitalización en el ámbito más público que se queda en grandes titulares llenos de promesas en los medios de comunicación, y una aplicación por ahora escasa en el mundo real, mientras que hay una verdadera trasformación de la industria gracias al IoT Industrial que, de forma mucho más discreta, está realmente revolucionando los sectores implicados. Pero es tan sólo cuestión de tiempo que el Internet of Things transforme nuestro mundo por completo. De forma más paulatina o más rápida, este tipo de soluciones se van a implantar y producir un gran impacto en el transporte, el comercio, la medicina, el trabajo, la vida social y la vida más privada de todos nosotros. Las tecnologías del IoT industrial, gracias a la clara rentabilidad que aportan a las empresas, sencillamente le llevan un poco de ventaja al resto.

Manuel Fuertes es experto en transferencia científica y presidente del Grupo Kiatt

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Telefonía: El reto de sacar ventaja a las redes ultrarrápidas | Compañías

La aplicación de la inteligencia artificial al big data está siendo una de las claves transformadoras del sector de las telecomunicaciones, donde las principales compañías trabajan para desarrollar nuevas capacidades.

Desde Telefónica defienden el ser una compañía impulsada por el potencial de los datos “y, en este sentido, somos pioneros en la digitalización integral, lo que nos ha permitido convertirnos en una empresa de plataformas inteligentes generadoras de una cantidad ingente de datos. Con la aplicación de capacidades cognitivas a esas plataformas queremos transformar el modo en que nuestros clientes se relacionan con la compañía”.

Efectivamente, en Telefónica están convencidos del enorme potencial del big data y de su capacidad para enriquecer y simplificar las cosas. “Los datos ayudan a las empresas a una mejor toma de decisiones porque permiten conocer mejor a los clientes y ofrecerles un mejor servicio y experiencia de usuario, anticipándose a sus necesidades. Los clientes, por su parte, disfrutarán de una mejor experiencia porque las relaciones serán más personalizadas a través de una interacción mucho más simple y fácil”, aseguran.

Al respecto, desde Vodafone advierten de que muchas empresas corren el riesgo de dejar de ser competitivas “e incluso desaparecer” si no transforman y digitalizan sus procesos y su relación con los clientes.

Las principales compañías de telecomunicaciones trabajan para desarrollar nuevas capacidades

No obstante, “la buena noticia es que ya se han desplegado las redes de banda ancha ultrarrápida sobre las que se desarrollan estos servicios y muchas empresas españolas están fuertemente comprometidas con la transformación digital”, apuntan en la operadora, convencidos de que “las tecnologías del internet de las cosas (IoT), big data y cloud están transformando los procesos empresariales, favoreciendo la automatización y, en el futuro, la inteligencia artificial. Vamos hacia un mundo cada vez más conectado e interrelacionado”.

Óscar Caballero de la Sen, jefe de analítica de datos de Orange España, cree, por su parte, que el big data es una pieza clave en la transformación que están afrontando las telecos, “un avance al que no podemos sustraernos, pero cuya adopción supone también afrontar distintos retos”.

Entre ellos menciona la disponibilidad y acceso al talento, el cambio cultural, “fomentando la proactividad y responsabilidad de los empleados y nuevas maneras de liberar todo su talento”.

También, nuevas formas de organización y coordinación del trabajo, con equipos multidisciplinares y dentro de entornos ágiles y cambiantes. “Poner todo esto en funcionamiento ya está suponiendo un cambio cultural que nos permitirá afrontar con éxito la adopción del big data como un activo al servicio de nuestros clientes”, resalta Caballero.

La cifra

20% de las empresas españolas utiliza la nube. Telecos, turismo y banca son los sectores más digitalizados, e industria, energía, farmacia y salud, los menos. Pese a ello, según un estudio de Roland Berger y Siemens, los directivos conocen las ventajas y su potencial.

Respecto a la inteligencia artificial y los servicios de telecomunicaciones, Meinrad Spenger, consejero delegado del grupo MásMóvil, espera “disponer muy pronto de una serie de funciones que se adelanten a las peticiones y necesidades de los propios usuarios y que, estudiando sus patrones de uso, sean capaces de ofrecerles propuestas de acuerdo a sus gustos o intereses”.
Además, recuerda que en el caso del IoT, “el teléfono móvil se ha convertido en un elemento fundamental para el lanzamiento de servicios como las fintech, los asociados a la seguridad del hogar, domótica, viajes, itinerarios de tráfico, etcétera”.

Las nuevas infraestructuras dotadas de inteligencia permiten ofrecer infinidad de nuevos servicios, dando un mayor recorrido a su uso y generando modelos de negocio indirectos; sin embargo, “estos servicios, en su mayoría, requieren de conectividad y velocidades o tiempos de respuesta cada vez más elevados, lo que conlleva una densificación de los equipos de comunicaciones”, advierte Óscar Pallarols, director de innovación y estrategia de Cellnex, quien ve absolutamente necesaria la presencia de un operador neutro de infraestructuras de telecomunicaciones, como su empresa, que aporte “las soluciones y que atienda las necesidades de todo tipo de servicios”.

Aplicaciones prácticas

¿Qué se puede lograr analizando los datos?

Tiempo. “Hoy, una empresa o fábrica puede realizar desde simulaciones y pruebas en un entorno completamente virtual, utilizando un gemelo digital, hasta recolectar, evaluar y utilizar grandes volúmenes de datos y gestionarlos online a través de una plataforma en la nube. Esta gestión inteligente de los datos (smart data) nos permite fabricar cualquier producto personalizado en masa”, destaca Rosa García, presidenta de Siemens España.

Turismo. Orange ha lanzado varios proyectos que usan información de telefonía móvil para medir la afluencia turística en las ciudades. Uno de estos proyectos trata de observar el comportamiento de los visitantes nacionales e internacionales para una gestión inteligente del turismo en Barcelona. En concreto, se ha realizado un estudio a nivel micro, centrado en la Sagrada Familia. Con toda esta información, una vez analizada, se han podido obtener los principales trayectos de los visitantes al monumento entre las calles aledañas y el tiempo de estancia.

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