Gritar, la última moda para liberar estrés | Fortuna

Los hombres gritan para no oírse” es una de las frases célebres del escritor español Miguel de Unamuno. El grito ha acompañado siempre al ser humano. Es uno de sus instintos más primitivos, bien sea ante el dolor, para hacerlo más llevadero, o como defensa ante un peligro, al igual que hacen los animales cuando se encuentran en una situación de indefensión. Son reacciones que asocian la acción de gritar a situaciones negativas.

Sin embargo, ahora hay quienes le encuentran el lado positivo. Es el caso del inventor Pep Torres, quien ha creado Scream Cabin, una cabina para gritar en la oficina y que pretende ser un alivio en momentos de tensión laboral y personal. Consiste en un cubículo insonorizado con un botón rojo y unos auriculares para aislar el ruido. También el complejo hotelero Royal Hideway Sancti Petri, en Chiclana (Cádiz) ha ideado la actividad Shout Therapy, una escapada con el único objetivo de gritar frente al mar hasta descargar la tensión acumulada y quedarse liberado. Este plan va monotorizado por un fit setter, un profesional que ayudará a hacerlo sin dañarse las cuerdas vocales. Según argumentan desde el hotel, gritar ayuda a liberar las emociones reprimidas, libera endorfinas y genera sensación de bienestar y relajación. Pero gritar no sale gratis: el hotel cobra a partir de 180 euros por esta actividad.Gritar puede ayudar a descargar adrenalina pero será un efecto momentáneo

¿Ha nacido un nuevo nicho de mercado? La doctora del Centro de Psicología Área Humana, Cristina Mae Wood, experta en estrés laboral, no utiliza el grito en sus terapias ya que cree que no soluciona el problema. “Puede ayudar a descargar adrenalina, pero será un efecto momentáneo. Hay técnicas mucho más eficaces como mostrar empatía o correr”, apunta. “Al correr nuestro cuerpo libera endorfinas y producimos oxitocinas. Esta hormona la liberan las mujeres cuando dan el pecho u oyen al bebé llorar. Está considerada la hormona de la protección y bloquea la reacción de la ira por lo que no es una simple descarga de tensión”, añade.

Por otro lado, el gritar con toda la intensidad, como proponen algunas empresas, puede dañar las cuerdas vocales y ocasionar lesiones irreversibles. Por lo que ante una situación estresante, “lo mejor es pensar qué la produce y cómo enfrentarse a ella. Será la única manera de arrancar de raíz la sensación y no taparla” apunta Mae Wood.

Por otro lado, la psicóloga Carmen García Rivera, especializada en psicología clínica, indica que es fundamental distinguir entre dos tipos de gritos: los conscientes y los inconscientes. Los segundos son una respuesta adaptativa a una situación que no se puede controlar, como el miedo o los sustos. El primero, el consciente, altera la cadena de forma racional ante una situación que reconocemos y tenemos interiorizada por un aprendizaje previo, buscando causar un efecto anterior.

Como explica esta profesional, “no es lo mismo gritar como desahogo a gritar a alguien”. En este último caso, se está incitando a un estado de violencia mutuo. Es por ello que la mayoría de terapeutas recomiendan el ejercicio de gritar a solas. García Rivera explica que “toda la información que recibimos pasa por un área del cerebro llamada Wernicke, que descompone la información recibida y la administra. Cuando nos dan un mensaje en forma de grito, este no pasa por ese área, sino que va a la amígdala porque interpreta que es una situación de peligro”. La psicóloga explica que “cuando alguien te grita o te insulta se puede perder parte del contenido del mensaje porque tu cerebro piense que es una situación de alarma”. Por ello aconseja “utilizar el grito a nuestro beneficio. Elegir cómo, cuándo y por qué vamos a hacerlo. Es fundamental conocer nuestro cuerpo para saber cuándo puede venirle bien y utilizarlo”.

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