Los enfermeros reclaman quintuplicar las plazas ofertadas para residentes | Mi dinero

La suerte sonrió a Daniel Martín, enfermero interno residente de primer año, el pasado abril cuando logró una plaza en la especialidad de enfermería familiar y comunitaria en el centro de salud de Almozara, en Zaragoza. “Me quedé en el puesto 415 y pude elegir la especialidad que quería en mi ciudad”, cuenta Martín, quien, con 24 años, se presentaba por primera vez a los exámenes del EIR, que permiten a los enfermeros acceder a la formación especializada, similar al MIR de los médicos.

Martín logró una de las 994 plazas ofertadas por el Ministerio de Sanidad para el curso 2016/2017. Sin embargo, hubo 8.830 aspirantes que superaron las pruebas pero se quedaron con las manos vacías. Solo uno de cada diez aprobados obtuvo plaza, mientras que la mitad de los médicos lo lograron. “Son los juegos del hambre”, bromea otra residente.

El departamento que dirige Dolors Montserrat hizo pública la semana pasada la oferta de plazas para el curso 2017/2018, cuyos exámenes se realizarán en torno al último fin de semana de enero de 2018. El número de plazas ofertadas en régimen de residencia asciende a los 8.057 vacantes, de las cuales 1.053 serán para enfermeros, divididas en seis especialidades.

El sector agradece que Sanidad y las comunidades hayan incrementado en 59 el número de plazas respecto a la convocatoria anterior, aunque creen que debería ser mayor. El sindicato Satse llegó a calificar de “irrisoria” la oferta. “Ha habido un pequeño esfuerzo en todas las profesiones, pero para el colectivo de enfermería, que es el más numeroso, es insuficiente. Se necesitaría una oferta de 5.000 plazas para cubrir las necesidades”, señala José Luis Cobos, director del Observatorio Enfermero del Consejo General de Enfermería de España.

Los residentes recuerdan la dificultad de las pruebas. “Fueron diez meses de preparación, con el estudio y simulacros de examen en casa y presenciales”, cuenta Martín. “Es la misma prueba para todas las especialidades, un tipo test con respuesta única y donde los fallos penalizan”, explica Marta Feito, enfermera interna residente de segundo año, en la especialidad de salud mental en el hospital 12 de Octubre, de Madrid.

Cada uno de los elegidos cobra en torno a 800 euros al mes durante los dos años que dura la residencia en régimen de exclusividad. A ese sueldo base hay que añadir las retribuciones por las guardias. “Una vez obtienes la plaza estás asignado dos años a ese centro y tienes un tutor que te hace un itinerario formativo”, asegura Feito.

El sector exige además que se reconozcan las especialidades, algo que solo ocurre con la especialidad de enfermería obstétrico-ginecológica (matrona). “Los médicos necesitan tener la especialidad para ejercer. Un pediatra no puede trabajar sin haber pasado por el MIR de pediatría. Sin embargo, una enfermera que trabaje en pediatría no necesariamente tiene que haber hecho el EIR, ya que puede acceder solo con el grado”, cuenta Feito.

La falta de reconocimiento ha hecho que cada año se presenten menos candidatos a las pruebas. “Hay una cierta sensación de desilusión y decepción porque ven que han estado dos años en la residencia y luego no se crean plazas específicas”, apunta Cobos.

“No existen bolsas específicas de todas las especialidades para trabajar como especialista una vez terminado el EIR. Esto no solo es malo para los que nos especializamos para que después no nos sirva de nada, sino también porque es un dinero público que se está invirtiendo en nuestra formación que va a un saco roto”, lamenta Martín.

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Familiados, una ayuda para el dependiente y un respiro para la familia | Compañías

A Pili, de 82 años, siempre le ha gustado leer, pero hace 10 empezó a perder la vista y ya no ve nada de cerca y apenas unas sombras de lejos. En la penumbra, ha encontrado una voz amiga. Tres veces por semana recibe en su casa la visita de Ana, quien le lee en voz alta el periódico o un libro.

No es una lectura cualquiera, sino una meditada, en la cual cada una reflexiona sobre lo que le ha parecido o aportado la obra. “Hacemos ejercicios con palabras bisílabas, diptongos y frases absurdas”, señala su cuidadora, Ana Pérez Martínez, de 47 años.

Mientras pronuncian las palabras, ponen música o encienden el extractor de zumos para tener ruido de fondo, porque Pili también tiene problemas de audición. “Así recreamos una situación real, en la que no solo tendrá a la persona que le habla sino también un entorno”, explica.

La relación entre ambas empezó en enero como un servicio puntual que Pérez Martínez consiguió a través de Familiados, una plataforma que pone en contacto a personas dependientes con cuidadores profesionales o con experiencia acreditada. 

Ahora se ha convertido en un trabajo recurrente: todos los lunes, miércoles y viernes, Ana se traslada de Ansoáin, pueblo de Navarra, donde reside, a la vecina Olaz, donde vive Pili, y pasa con ella dos horas y media.

En ese tiempo, no solo le lee. Si hace un buen día la saca a pasear, ayuda a identificar sonidos y cambios en el paisaje, y a relacionarse con otras personas o, si se quedan en casa, practican gimnasia y ejercicios de relajación. “Es una experiencia muy bonita”, dice Pérez Martínez. “Lo que personas como Pili necesitan es mucho cariño y que te pongas en su lugar”, expresa.

En España hay 3,2 millones de personas que, ya sea porque sufren alguna discapacidad o los achaques propios de la vejez, no pueden valerse por sí mismas para llevar una vida normal. De ellas, solo el 12% recibe asistencia profesional. El 88% restante necesita de la ayuda de su familia, una tarea que según el grado de dependencia puede llegar a ser extenuante y absorbente.

Roberto López, director de una distribuidora de prensa en Pamplona, lo sabe. Su hermano y él se turnaban para acompañar a su padre. Una noche coincidió que no podía quedarse con él ninguno de los dos y advirtieron lo difícil que era encontrar alguien que los cubriese solo por unas horas.

En el hospital donde se trataba su padre les dieron una lista de nombres y teléfonos sin ninguna referencia. En internet había sitios que publicaban directorios parecidos, pero que tampoco inspiraban confianza.

A raíz de esa experiencia, López, que en ese momento (2015) cursaba un máster del IESE en Pamplona, decidió crear una plataforma web que ayudase a contactar cuidadores para realizar servicios puntuales, de modo que los familiares a cargo de personas dependientes puedan darse un respiro de tanto en tanto y llevar también una vida personal mucho más conciliada con el trabajo en casa.

Las cifras

Dependencia

3,2 millones de personas dependientes viven en España. De ellas, 1,5 lo son por discapacidad y 1,7 por problemas asociados a la vejez.

88% de esta población depende de la ayuda de sus familiares y no recurre a expertos.

En el desarrollo del proyecto se involucró Ernesto Bravo, con quien se conoció en el programa y ahora es su socio ejecutivo. Otros 10 compañeros de clase se apuntaron como inversores ángel.

El modelo de Familiados es el mismo que el de Booking o BlaBlaCar: cada cuidador tiene un perfil certificado por la empresa, en el que se muestran sus datos y la puntuación y comentarios que ha recibido de usuarios anteriores. Así, la persona interesada puede filtrar, comparar y escoger el que se encuentre más cerca o considere más apropiado.

La empresa ha recibido más de 2.000 solicitudes de cuidadores interesados en aparecer en la plataforma, pero solo ha admitido 180 que cumplen sus requisitos: acreditar una titulación relevante para el trabajo (auxiliar de enfermería, trabajador social…) o experiencia con referencias verificables.

Cada profesional es libre de establecer su tarifa horaria, siempre que no baje de 8 euros que es el mínimo necesario para cumplir con las obligaciones fiscales. Familiados les aplica una comisión fija por servicio de 1, 2 o 3 euros dependiendo de si el importe pasa de 10, 30 o 60 euros, respectivamente.

“Como estamos construyendo un canal nuevo, queremos que el cuidador sienta que no pierde nada por usar nuestra plataforma y que el dependiente sienta que su dinero se va íntegramente en pagar al cuidador”, explica Bravo.

La web, que está disponible únicamente en Madrid, Navarra y País Vasco (a las que próximamente se sumarán Málaga y Córdoba), canaliza entre 60 y 70 transacciones al mes.

La empresa aún no genera flujo de caja, pero su prioridad ahora mismo no es ganar dinero sino darse a conocer, crecer y crear el mercado. Además del aporte de sus socios, hasta ahora se ha financiado con préstamos bancarios y 50.000 euros a fondo perdido del programa comunitario Horizonte 2020. A finales de año tiene previsto recaudar 500.000 euros entre fondos de capital riesgo.

“Aguantaremos con músculo propio hasta finales de año, ya que necesitamos tiempo para generar las métricas de utilización mínimas que requieren este tipo de inversores”, puntualiza Bravo. De acuerdo con los planes de la empresa, a esta primera ronda de financiación le seguirá una segunda, por un importe similar, a finales de 2018.

Aunque su web se adapta al formato del ordenador o teléfono desde el cual se está consultando, el ejecutivo informa que destinarán el dinero que consigan recaudar en la primera ronda al desarrollo de una app, ya que actualmente el 70% de sus transacciones se realiza a través de dispositivos móviles.

Libertad Pérez, responsable de la selección de los cuidadores que integran la plataforma, destaca que, además de fomentar la autonomía de las personas dependientes y darle un respiro a sus familiares, Familiados resuelve una tercera problemática: “La mayoría de cuidadores trabaja en el sector sanitario con contratos de seis meses y jornadas a tiempo parcial. En ese sentido, la plataforma les ayuda a completar su salario, haciéndolos visibles a la gente que los necesita”.

De cara al usuario, aclara que Familiados está centrada en servicios puntuales o urgentes, de dos o tres horas. Si lo que se busca es un cuidador para un servicio de mayor duración, Pérez recomienda probar dos o tres días con alguien de la plataforma y, si su trabajo cumple las expectativas, ofrecerle a título personal un contrato a largo plazo, como ha sido el caso de Pili.

Ella es la única cliente habitual de Pérez Martínez. Todos los demás son trabajos ocasionales que consigue a través de la plataforma. Entre ellos, recuerda el de un anciano al que la enfermedad de Parkinson ha afectado el habla. De vez en cuando la contrata para que lo acompañe a realizar una afición: callejear por el casco antiguo de Pamplona, entrar en un bar y tomar un pincho o un tinto, “los días que lo necesite”.

 

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