Nicolas Loufrani: “Los ‘smileys’ revolucionaron la comunicación” | Fortuna

Todo el mundo ha acompañado alguna vez un mensaje o un email con una cara son­riente. El culpable es Nico­las Loufrani (Neuilly-sur-Seine, 1971), que vio en los iconos el nacimiento de una nueva forma de comunicación. Su padre, Franklin Loufrani, creó en 1971 el smiley, la clásica cara amarilla sonriente, y Nicolas decidió desarrollarla dando lugar a un nuevo lenguaje. Hoy en día, Nicolas Loufrani está al mando de una empresa que mueve 265 millones de dólares (232 millones de euros) al año, The Smiley Company Brand. La compañía cuenta con 35 empleados y su principal área de negocio es la comercialización de productos con los iconos.

¿Cómo nació el primer smiley?

Lo lanzó mi padre el 1 de enero de 1972, aunque ya lo había registrado dos meses antes para promover la felicidad y las buenas noticias en France Soir, un periódico francés que ya no existe, pero que fue de los más importantes de Francia. La idea era que la gente identificara fácilmente las noticias más posi­tivas para empezar el día de forma más optimista. Después, se empezó a usar también en otros periódicos y a gestionarse licencias para hacer productos de Smiley, que es como ha sido más conocido en los últimos años.

¿Y los smileys digitales?

Al principio solo había un smiley, el clásico, pero cuando yo entré en el negocio, utilicé la tecnología digital de la época para hacerlo en 3D. Esto permitió que tuvieran más movilidad, podía cambiar las emociones, añadirles accesorios para que fueran de diferentes nacionalidades, crear iconos de deportes… Así lanzamos el primer diccionario de smileys. Mi eslogan era “el nacimiento de un lenguaje universal”, la idea era crear un idioma global que sustituyera al texto.

¿Cree que de verdad podrían llegar a sustituir al lenguaje?

Hablo de un lenguaje escrito, holográ­fico para ser más exacto. El alfabeto son sonidos correspondiendo a letras, los sistemas holográficos son imágenes sustituyendo palabras, y ya hay lenguajes así, como por ejemplo, el kanji japonés. El nuestro es algo que todo el mundo puede entender, aunque hoy en día los smileys son más como una jerga, se mezclan con el lenguaje, pero no lo susti­tuyen totalmente, aunque en el futuro no lo sé, nunca se sabe cómo van a evolucionar las cosas.

¿Qué debe tener algo para ser igual de universal que los smileys?

Cualquier diseño que pueda ser entendido por diferentes personas es universal por naturaleza. Las pinturas de Van Gogh, Picasso o Velázquez son universales porque pueden ser sentidas y comprendidas por mucha gente. Pero para que su uso sea universal, se necesita que las grandes compañías lo utilicen. Este es el caso de los nuevos emojis. Estos se han extendido gracias a Unicode, que es un estándar que utiliza todo lo digital, lo que hace que se use por mi­llones de personas y, por tanto, sea universal. Para esto se necesita a las grandes compañías.

Cualquier diseño que pueda ser entendido por diferentes personas es universalpor naturaleza

¿En qué se diferencian con los emojis?

Los emojis los lanzó Apple en 2007, al principio solo en Japón y ya luego en el resto del mundo. Yo creo que se inspiraron en nosotros, porque también eran iconos amarillos expresando emociones y contaban con varias categorías diferentes. Después, Unicode comenzó a usar algunos iconos de emoji en su sistema, tipografía y codificación. Así es como creció el fenómeno emoji como una nueva forma de escritura.

 ¿Tiene algún rencor contra los emojis?

Para nada, creo que son fantásticos, yo solo nunca lo hubiera podido hacer. Mi idea era crear un lenguaje universal, pero yo no tenía la fuerza como compañía para que eso pasara, así que me alegro de que haya pasado a través de otros. Es como si vas a Picasso a preguntarle si está molesto con que otros artistas hayan hecho pinturas cubistas. Es genial haber empezado algo que haya inspirado a otros. Para mí, el emoji supone una ventaja en el sentido de que han cumplido mi visión y han evitado canibalizar nuestra marca. Han desarrollado nuevos iconos genéricos inspirados en los nuestros, pero lo suficientemente diferentes como para no tener ningún valor comercial inherente. Y ahora nuestro negocio es vender productos.

Será complicado gestionar un producto que se ha hecho tan grande. ¿Hay muchas imitaciones en el mercado?

Hay alguna, pero no es un problema principal, lo importante es mantenerse siempre relevantes ante unos consumidores cambiantes y convencerles de comprar. Prefiero centrarme en las cosas positivas, las imitaciones son algo negativo y no me gusta hacerle caso a ese tipo de asuntos.

El smiley es un icono sencillo. ¿Cómo no se le había ocurrido a nadie antes?

Mi padre lo registró como una marca, hay muchos logos que también son muy sencillos y se han convertido en una marca. Lo difícil no es registrarla, sino hacer que sea famosa. Se necesita mucho trabajo y creatividad, eso es lo que mejor se le dio a mi padre: tener la idea de repartir felicidad y buenas noticias. Era algo muy atractivo para comercializar productos y para el marketing de grandes compañías. Fue su astucia lo que hizo crecer la compañía, y luego, cuando yo llegué, hacerla relevante para una nueva generación de consumidores.

¿Qué consejo le daría a alguien que empieza una marca ahora?

Pertenecer fiel a uno mismo. Cuando empecé los smileys, mi padre estaba en contra, para él solo existía el smiley original. Pero yo quería hacer algo diferente y tuve que convencer a la gente de usar los nuevos. Por eso es importante creer en uno mismo; si tu visión es buena, todo llegará. También les animaría a crear teniendo en cuenta a los socios y a los clientes, hay que adaptarse. Muchas marcas que eran grandes están muriendo porque no han sabido evolucionar.

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