Bruselas ya no pone pegas a la extrema derecha | Mercados

Las elecciones generales del domingo en Austria abocan, con toda probabilidad, a una coalición de los conservadores de Sebastian Kurz (ÖVP, del Partido Popular Europeo) con FPÖ, un partido fundado por antiguos nazis y que bajo el liderazgo del fallecido Jörg Haider se convirtió a principios de este siglo en un precursor del populismo ultranacionalista que se abre paso en casi todo el continente.

El ascenso de esas fuerzas resulta tan imparable que Bruselas ya no hace ningún aspavientocuando rozan el poder o, como en el caso probable de Austria, se disponen a formar parte de un Gobierno de la UE. Este lunes, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se ha limitado a felicitar a Kurz y a “desearle que forme un gobierno estable”, según el portavoz de la CE. Ni un aviso sobre sus probables aliados.

Hace poco más de 15 años, la formación en Austria de una coalición entre los conservadores y la ultraderecha de Haider desencadenó una grave crisis política en la UE que condenó a Viena durante un tiempo al ostracismo diplomático.

La colaboración del entonces primer ministro austriaco, Wolfgang Schüssle (ÖVP, del Partido Popular Europeo), con el partido de Haider (FPÖ) se interpretó como una concesión a postulados incompatibles con una construcción europea basada en la democracia, la libertad, el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos.

La Francia de Jacques Chirac, que ya veía por el retrovisor cómo se le acercaba el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, lideró el castigo político a Schüssle, al que se intentó convertir en un paria político dentro de su propio partido europeo (el PPE). Bélgica, que fue uno de los países duros con Austria, ahora guarda silencio: en el gobierno belga depende del apoyo del partido ultranacionalista flamenco NVA. De modo que, el actual sucesor de Schüssle no corre ningún peligro aunque piensa repetir la alianza con la extrema derecha.

El joven Sebastian Kurz (ÖVP), que a sus 31 años parece llamado a convertirse en el primer ministro más joven de Europa, no oculta su intención de formar gobierno con el FPÖ tan pronto como este jueves se confirmen los resultados definitivos de las elecciones

La llegada del FPÖ al poder daría la puntilla a los llamados cordones sanitarios que los partidos tradicionales, a derecha e izquierda, pactaron hace años para no colaborar con formaciones cuyos valores estaban proscritos en la UE.

El dique se ha roto y formaciones de signo ultranacionalista, euroescéptico o abiertamente xenófobo forman o han formado parte de gobiernos en países como Bélgica, Finlandia, Polonia o Bulgaria. Un creciente listado al que podría sumarse Austria tras las elecciones del domingo, que han dado la victoria a los conservadores (con 31% de los votos), seguido casi con los mismos votos por FPÖ y la socialdemocracia (SPÖ).

Los partidos tradicionales también endurecen su mensaje a la vista del éxito electoral de los extremos

 

La resignación de Bruselas ante esas fuerzas contrarias al ideario europeo responde a distinto s motivos.

El primero, el innegable apoyo popular de unos partidos que copan un porcentaje elevado de votos en socios de la UE tan diversos como Holanda y Polonia, Finlandia e Italia, o Dinamarca y Hungría. “Las ideas populistas triunfan incluso en países de la zona euro que disfrutan una economía saludable, bajas tasas de paro y una calidad de vida elevada”, constata Inga Fechner, analista de ING, en su informe sobre las elecciones en Austria.

En segundo lugar, Bruselas ha observado con alivio que, una vez en el poder, la mayoría de esas formaciones matizan sus posiciones más duras sobre asuntos como la inmigración o la relación con la UE. Fue el caso de Auténticos Finlandeses, que llegaron a un gobierno de coalición con propuestas de ruptura de la zona euro y acabaron acomodados en un discurso mucho más conciliador.

El tercer motivo estriba en que las formaciones políticas tradicionales también han endurecido su tono en materias como la seguridad (la Francia de Macron apunta hacia un estado de emergencia cuasipermanente) o la gestión en la inmigración ilegal, capítulos tradicionalmente explotados por la extrema derecha.

La victoria a de Kurz en Austria se ha debido, en gran parte, a que su programa electoral era casi tan duro como el de FPÖ, lo que ha evitado una hemorragia de votos por el flanco derecho. Los estudios posteriores sobre el voto del domingo indican, de hecho, que los socialdemócratas han sufrido una fuga mayor de votos hacia la extrema derecha que los conservadores.

Populares y socialistas, además, cuentan en su seno europeo con¡ miembros que defienden postulados muy similares a los de los populistas, como es el caso de Viktor Orbán (PPE) en Hungría o Robert Fico (Socialista) en Eslovaquia. En esas condiciones, ninguno de los dos partidos puede echar nada en cara al FPÖ austriaco.

Bruselas, por tanto, parece dispuesta a aceptar que las fuerzas extremas forman ya parte inevitable del paisaje electoral. Este mismo viernes (20 de septiembre), las elecciones de en la República checa apuntan a otro éxito euroescéptico.

Los analistas, sin embargo, no observan con tanta tranquilidad el fenómeno. “A pesar de su fortaleza económica, Europa conserva una parte de riesgo político”, señala Stéphan Monier, jefe de inversiones en Lombard Odier. Y apunta, en concreto, “al alza de partidos de extrema derecha”, con la presencia de Alternativa para Alemania (13% en las elecciones del 24 de septiembre) como sombra más destacada.

Ha llegado la era del populismo aceptable

 

En los mercados inquieta, sobre todo, el impacto que el giro hacia posiciones extremas en países como Austria pueda tener en la renovación y fortalecimiento de la zona euro auspiciada por Emmanuel Macron. Para el presidente francés resulta imprescindible mantener el apoyo de Angela Merkel. La canciller alemana venció en las elecciones del 24 de septiembre, pero salió debilitada. Y este domingo, su partido (CDU) sufrió otro batacazo en las elecciones regionales de Baja Sajonia.

Macron y Merkel parecen convencidos de que la zona euro podría estallar si no se apuntala de manera adecuada para futuras crisis. Pero necesitan masa crítica entre el resto de socios y, elección tras elección, parecen en riesgo de perder aliados.

A favor de las reformas del eje franco-alemán juega, sin embargo, el hecho de que la eurofobia ha amainado incluso entre las fuerzas extremas. En Francia, el Frente Nacional empieza a recular en sus propuestas sobre salida del euro, a la vista de la impopularidad de esa idea. Y en Austria, el FPÖ no ha recurrido a la retórica antieuropea durante la reciente campaña.

“Las elecciones en Austria han mostrado que el populismo no está muerto y que la próxima fase es la de un populismo aceptable”, concluye la analista Inga Fechner.

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Macron: “Los extranjeros que delincan sern expulsados de Francia” | Internacional Home Tags

El presidente francs, Emmanuel Macron, en el palacio del Elseo, en Pars.

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El conflicto catalán también divide a la Unión Europea | Mercados

El conflicto de Cataluña ya había fracturado antes del 1 de octubre la convivencia dentro de la comunidad autónoma y en el conjunto de España. Tras la bronca jornada del domingo pasado, amenaza con dividir también a la Unión Europea, cada vez más forzada a tomar posición sobre un problema del que se había desentendido calificándolo como “asunto interno” de España.

El asunto interno ha cruzado ya las fronteras y resquebraja la aparente unidad de las capitales y de las instituciones comunitarias, que hasta ahora se limitaban a expresar su apoyo al orden constitucional vigente.

El agravamiento de la crisis obliga a concretar más la posición y con el detalle emergen las diferentes sensibilidades políticas que laten en cada capital y los intereses no siempre coincidentes de los Estados miembros.

Cataluña se ha convertido en arma arrojadiza entre centralistas y federalistas, entre partidarios de avanzar en la integración europea y quienes abogan por frenarla, y entre euroentusiastas y eurófobos.

La división cristalizará este miércoles en Estrasburgo, durante el debate convocado por el Parlamento Europeo con carácter de urgencia para abordar la situación en Cataluña. Pero las diferencias vienen de mucho antes, aunque empezaron a hacerse patentes tras las imágenes de la intervención policial para abortar el referéndum convocado por la Generalitat y suspendido por el Tribunal Constitucional.

El debate de Estrasburgo obliga a la Comisión Europea, presidida por Jean-Claude Juncker, a pronunciarse en el plenario sobre un tema que había esquivado con esmero para no interferir en asuntos españoles pero también para no sufrir una división interna.

Prueba de lo espinoso del asunto es que el organismo comunitario tuvo que deliberar el martes a puerta cerradas para consensuar una posición de cara al plenario, que será defendida por el vicepresidente de la Comisión, el socialista holandés Frans Timmermans.

Las negociaciones previas eran imprescindibles porque en el seno de la Comisión (28 comisarios, uno por país) conviven sensibilidades muy distintas en relación con las reivindicaciones nacionalistas, en general, y sobre el conflicto catalán, en particular.

Al igual que las principales capitales (Berlín, París o Roma), la mayoría de los comisarios se alinea con las tesis de Madrid, representadas en Bruselas por el comisario español Miguel Arias Cañete.

Pero la Comisión cuenta con miembros como el vicepresidente de Asuntos Económicos y ex primer ministro de Letonia, Valdis Dombrovskis, temido por la diplomacia española por sus simpatías hacia el nacionalismo catalán. Un nacionalismo que suele evocar la independencia de los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) como un precedente ejemplar para sus aspiraciones de secesión.

Las cargas policiales del domingo también han enfriado el apoyo hacia el gobierno español entre los comisarios de origen nórdico o de sesgo liberal. Ninguno de ellos parece cuestionar el derecho del Estado español a impedir una ilegalidad, pero se preguntan sobre la proporcionalidad de las medidas adoptadas.

“Está claro que el gobierno español tiene razón legalmente, pero la actuación desproporcionada puede restarle legitimidad”, tuiteaba el domingo el jefe de gabinete del Jyrki Katainen, vicepresidente finlandés de la Comisión Europea.

En la reunión del martes, los comisarios europeos acordaron mantenerse al margen del conflicto y rechazar las peticiones de mediación cursadas por el govern de Carles Puigdemont. Y se aferraron a una línea de consenso que, por ahora, complace a todas la Comisión. La posición pactada señala que “esperamos que las dos partes se sienten a hablar, que se relaje la situación y que encuentren una solución”, según resumió el vicepresidente Katainen al término de la reunión.

“España no acepta lecciones de democracia”, asegura el eurodiputado del Partido Popular Esteban González Pons

 

El equilibrio de la Comisión no calmará el debate del Parlamento, previsiblemente tan acalorado como casi todos los que provoca la crisis de Cataluña. Estrasburgo ya tuvo un aperitivo el martes con una intervención del eurodiputado británico, Nigel Farage (Ukip).

“Nunca hubiera pensado que veía a la policía de un Estado miembro hiriendo a 900 personas para intentar impedir que votaran”, señaló Farage, uno de los líderes que impulsó el brexit en Reino Unido.

“Señor Farage, mi país no acepta lecciones de democracia de alguien a quien no considero demócrata”, replicó el eurodiputado español, Esteban González Pons (PP). “Gracias al brexit se marchará de esta cámara la extrema derecha. Lo único bueno que tiene el brexit es que no tendremos que escuchar jamás al señor Farage”.

Las acusaciones y reproches de Farage y Pons ilustran la dimensión europea que ha alcanzado el conflicto catalán y la trascendencia de su resolución o enquistamiento para el resto del continente. El desgarro al sur de los Pirineos puede agravar otras heridas europeas. Y viceversa.

“Para los partidarios del brexit en Reino Unido, por ejemplo, es una bendición que surjan fisuras en cualquier socio de la UE y más, si es del tamaño de España”, señala una fuente comunitaria. Como consecuencia del conflicto, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ya se ha perdido una cumbre europea (en Tallin, el 29 de septiembre) y ha tenido que centrar gran parte de su agenda internacional en la defensa de la integridad de España en detrimento de otros intereses económicos o geoestratégicos.

Las visitas de Rajoy al Elíseo y a la Casa Blanca se destinaron principalmente a recabar el apoyo público de Emmanuel Macron y Donald Trump a la unidad de España.

El conflicto catalán no solo impone el ensimismamiento de España. También puede cruzarse en los esfuerzos del renovado eje franco-alemán para reforzar la zona euro con nuevos instrumentos presupuestarios y nuevas cesiones de soberanía.

Los países reacios a esa evolución ya empiezan a achacar en parte la crisis catalana a la incomodidad de algunas administraciones regionales con una Unión Europea que apenas les concede representatividad. Esas voces abogan por recuperar el apoyo popular mediante la devolución de competencias Bruselas hacia las capitales y de éstas hacia las regiones. Un movimiento centrífugo europeo que el Gobierno español asegura haber frenado en Cataluña.

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Referndum Catalua 1-O: Francia, Alemania, Italia y Holanda apoyan a Rajoy en su defensa de “la unidad constitucional de Espaa”

Paolo Gentiloni y Emmanuel Macron, el pasado 27 de septiembre en una...
Paolo Gentiloni y Emmanuel Macron, el pasado 27 de septiembre en una reunin en Lyon.

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La UE teme el contagio del 1-O en un club con 75 regiones muy poderosas | Mercados

La violenta jornada del 1-O en Cataluña ha llamado la atención en toda Europa y ha disparado las alarmas en varias capitales por la deriva de un conflicto cuyas repercusiones políticas rebasan las fronteras europeas.

La posición oficial de Bruselas sigue siendo de apoyo al Gobierno de Mariano Rajoy y al orden constitucional vigente en España. Pero durante la jornada del domingo han arreciado las voces partidarias de buscar una solución dialogada a una disputa institucional y territorial con peligrosas reverberaciones en toda la Unión Europea.

El club comunitario alberga hasta 75 regiones con poderes legislativos similares a los de Cataluña. Siete países de la UE, además de España, cuentan con algún tipo de estructura federal. Y en varias regiones europeas laten movimientos secesionistas de mayor o menor intensidad, desde Córcega en Francia al Tirol en Austria, desde Flandes en Bélgica a Padania en Italia o Escocia en Reino Unido.

En algunos de esos países se teme un efecto contagio del 1-O y a lo largo del domingo han empezado a pedir al gobierno de Mariano Rajoy y al de Carles Puigdemont que se sienten en la mesa de negociación.

El primer ministro belga, el liberal Charles Michel, ha sido el primer dirigente europeo en intervenir en un asunto que hasta ahora se calificaba como interno de España. “La violencia nunca puede ser la respuesta. Condenamos todo tipo de violencia y reafirmamos nuestra petición de una solución dialogada”, ha tuiteado Michel, que gobierna en coalición con los independentistas ultraconservadores de Flandes (N-VA).

En la misma línea se ha expresado el gobierno de Eslovenia y la oposición socialista en Reino Unido o Alemania. “La escalada en España es motivo de preocupación. Madrid y Barcelona deben reducir inmediatamente la tensión y buscar el diálogo”, ha señalado Martin Schulz, líder de los socialistas alemanes, derrotado en las elecciones del pasado domingo por Angela Merkel. El laborista británico, Jeremy Corbyn, ha sido más duro y ha cargado la responsabilidad en Madrid. “La violencia policial contra los ciudadanos de Cataluña es un schock. El Gobierno español debe pararla de inmediato”, pedía Corbyn.

En Francia ha sido un aliado del presidente francés, Emmanuel Macron, el encargado de pedir calma. “No hay que buscar quien tiene la culpa o la razón. Hay que buscar una solución, hay que negociar”, tuiteaba François de Rugy, presidente de la Asamblea francesa y miembro del grupo del presidente La République en marche. 

Las instituciones europeas han guardado silencio, pero algunos grupos políticos, como Los Verdes, han reiterado su demanda para que la Comisión Europea medie entre el Gobierno central y la Generalitat de Cataluña. Bruselas se resiste a esa petición pero también empieza a reclamar diálogo.

¿Contra quién debe actuar Bruselas?

El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker.
El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. REUTERS
  •  La CE, presidida por Jean-Claude Juncker, ha optado por un perfil bajo en relación con el 1-O que no satisface a casi nadie. Bruselas ha sido acusada de complicidad con Madrid, por aceptar la represión judicial y policial del referéndum, y de complicidad con los independentistas, por no posicionarse tajantemente en contra del referéndum.
  • Los grupos independentistas consideran que la mediación de Bruselas podría jugar a su favor en una potencial negociación con Madrid. Pero fuentes europeas advierten que “en cierto modo, la intervención de UE no sería neutral del todo, porque España es miembro de la UE y sería juez y parte”.
  • Las mismas fuentes recuerdan que, hasta ahora, solo el Parlament ha infringido las normas sobre Estado de derecho que exige el Tratado de la UE. “Si Cataluña hubiera sido un Estado, y no una región, se le podría haber aplicado el artículo 7 del Tratado [suspensión de voto en el Consejo Europeo] por lo ocurrido durante la sesión del Parlament que aprobó las leyes de desconexión”.
  • Sin embargo, las cargas policiales del domingo, para evitar la apertura de los colegios electorales puede alentar las acusaciones ante Bruselas de un supuesto abuso del Estado. “Está claro que el gobierno español tiene razón legalmente, pero la actuación desproporcionada puede restarle legitimidad”, tuiteaba el domingo el jefe de gabinete de Jirky Katainen, vicepresidente de la CE.

“A partir del lunes [2 de octubre], hay que hablar”, señaló el presidente del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajani, 48 horas antes del referéndum convocado por el govern de Puigdemont y suspendido por el Tribunal Constitucional español.

Europa desea un regreso a la normalidad institucional lo más rápido posible para desactivar un conflicto potencialmente explosivo para todo el continente. “En Europa hay decenas de regiones con poderes legislativos y, en cierto modo, se sienten por encima de las demás y reclaman otro tipo de relación con la UE”, señalan fuentes comunitarias.

Esas fuentes recuerdan que el referéndum sobre la independencia de Escocia, aceptado por el gobierno británico de David Cameron, ha sido la chispa más reciente de los movimientos nacionalistas que conviven dentro de la Unión Europea. “Cameron sentó un precedente que ahora se invoca en numerosas regiones de Europa, incluida Cataluña”, añaden las fuentes consultadas.

La UE, a partir del Tratado de Maastricht (1992), ha intentado abrir canales de participación para los gobiernos de esas administraciones regionales. Pero fuentes europeas reconocen que “su capacidad de influencia es limitada porque la UE sigue siendo una Unión de Estados y el interlocutor principal es el gobierno central”.

Algunas fuentes incluso consideran que sería contraproducente involucrar a las regiones en la organización de la UE porque agravaría la parálisis que en ocasiones padece por la falta de acuerdo de los 28 países.

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España pierde pie en Bruselas por culpa del conflicto en Cataluña | Mercados

El conflicto de Cataluña ha descoyuntado la posición de España en Bruselas en un momento de grandes cambios y de reparto de poder. El renovado eje franco-alemán prepara una profunda reorganización de la Unión Europea y de la Zona euro en la que Berlín y París esperaban contar con el gobierno de Mariano Rajoy como aliado.

Pero el presidente del gobierno español ni siquiera ha podido acudir a la cumbre europea de este jueves y viernes en Tallin. En la capital de Estonia ha tenido lugar la primera cita del presidente francés, Emmanuel Macron, con Angela Merkel tras la victoria de la canciller alemana en las elecciones generales del pasado domingo. Un pistoletazo de salida a las reformas de Europa al que no ha asistido Rajoy.

El presidente del Gobierno decidió quedarse en Madrid ante el desafío institucional planteado por el Govern de Carles Puigdemont en una región que representa casi la quinta parte del Producto Interior Bruto de España.

Los líderes europeos han debatido en Tallin sobre la reforma del club, en base sobre todo a las propuestas de Macron, y sobre el brexit, en el que ha descartado, de momento, pasar a la segunda fase de negociación (futuro acuerdo comercial) como reclama Londres.

La silla vacía de Rajoy en una jornada tan centrada en el futuro de Europa simboliza la peligrosa ausencia de España un momento clave para la historia del club. El conflicto catalán también pone en peligro la estrategia del gobierno español para recuperar protagonismo en Bruselas después del declive de su influencia durante la crisis del euro.

Rajoy había apostado por su alineamiento con Merkel como estrategia para situarse en el núcleo duro de la futura reorganización. Y Macron se ha mostrado favorable a incorporar a España a un grupo de cabeza en el que hasta ahora solo figuraban Alemania, Francia e Italia. Pero la grave crisis institucional que vive el país puede alejar a Rajoy de una refundación que se acelera por momentos.

“Creo que todos estamos convencidos de que Europa tiene que avanzar más deprisa”, ha señalado Macron este viernes en la capital de Estonia. Y la canciller alemana dejó claro, en relación con las propuestas de Macron, que “hay elevado nivel de acuerdo entre Alemania y Francia. Todavía debemos discutir los detalles, pero tengo la firme convicción de que Europa no puede quedarse parada“.

Macron ha anunciado su intención de formar un grupo de países refundadores de la UE “en las próximas semanas”. Una vanguardia en la que España parecía llamada a figurar hasta que el procés trastocó la estrategia europea del Gobierno.

Las primeras bazas en juego, que se podrían perder, se refieren a la sede de la Agencia Europea de Medicamentos (por la que compite Barcelona contra otras 18 ciudades europeas) y la vicepresidencia del Banco Central Europeo (que quedará libre en mayo de 2018).

Fuentes europeas señalan que Barcelona cumple prácticamente todos los criterios objetivos para albergar la codiciada Agencia (conexión aérea, colegios internacionales, industria farmacéutica…), y así lo reflejará el informe sobre las candidaturas que la Comisión Europea podría publicar la próxima semana.

La CE asegura que el informe no entrará a valorar en detalle la situación política en Cataluña porque no es uno de los criterios a tomar en cuenta. Pero fuentes cercanas al proceso de selección, que corre a cargo del Consejo de la UE, señalan que “los países que aspiran a albergar la Agencia están explotando la tensión que vive España para atacar la candidatura de Barcelona”. Ataques que restan enteros a la posibilidad de éxito de la capital catalana, según esas fuentes.

La tensión interna también complica las aspiraciones del Gobierno a que un español ocupe la vicepresidencia del BCE cuando salga el portugués Vítor Constâncio. Fuentes financieras advierten que el cargo se le puede escapar a España, que lleva fuera del Comité Ejecutivo del BCE desde 2012. El Gobierno esgrimía la recuperación económica como argumento para hacerse con un puesto que ya daba casi por conseguido. Pero la inestabilidad política y el riesgo de elecciones anticipadas amenaza con dejar a España otra vez a las puertas del BCE.

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La sinceridad de Macron puede acabar volviéndosele en contra | Mercados

La ambición de Emmanuel Macron va mucho más allá de su propia carrera política. La visión global para la UE que expuso el martes el presidente francés abarcó defensa, fiscalidad o política social. El ex banquero de inversión merece crédito por ser optimista sobre el potencial de la UE. Pero su sinceridad puede hacer que esos sueños sean más difíciles de realizar.

Su bien armada propuesta de dotar a la zona euro de su propio presupuesto y ministro de Economía fue la parte menos sorprendente del discurso. Pidió un precio mínimo para el carbón suficientemente alto como para impulsar las energías limpias y que se impusiera un impuesto sobre el mineral en las fronteras de Europa para garantizar una competencia leal. También quiere una banda común para el impuesto de sociedades que no se pueda incumplir sin perder los fondos de desarrollo regional. Incluso la política agrícola común, que beneficia a los agricultores franceses, debe debatirse, dijo.

El momento del discurso puede parecer extraño. Después de las elecciones alemanas del domingo, la canciller Angela Merkel está negociando una coalición con el Partido Democrático Libre (FDP), que se opone a las transferencias fiscales entre países de la zona euro. El contraargumento es que las ideas de Macron tendrán más influencia antes de que se forme gobierno en Alemania.

Una sinceridad similar acerca de su ambición de reformar la economía francesa no detuvo a Macron ante rivales mucho más experimentados para la presidencia. Y ser franco sobre el bloque es una respuesta refrescante a la acusación de que la integración europea ha sido mucho más sigilosa de lo que muchos ciudadanos de la UE querrían.

Pero Macron también ha dado a sus detractores blancos para atacar. Cada una de sus propuestas agradará a algunos países, pero se enfrentará a otros. Los países con bajos impuestos corporativos serán reacios a comprometerse con las bandas más altas, mientras que los contaminadores harán frente a los impuestos sobre el carbono. El FDP alemán se apresuró a rechazar la idea de un presupuesto conjunto. La honestidad puede ser la mejor política, pero a veces puede hacer la vida en política difícil.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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Emmanuel Macron: “El nacionalismo ha alumbrado la hoguera donde Europa puede perecer” | Internacional Home Tags

El presidente francs, Emmanuel Macron, pronuncia un discurso en la Universidad parisina de La Sorbona.

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Merkel se juega su legado político con la unidad de Europa | Mercados

Angela Merkel ya se ha ganado un lugar en la historia de Alemania y de Europa. Falta por saber si será para bien o para mal. Con su cuarta victoria consecutiva en unas elecciones generales (el pasado domingo) se coloca entre los cancilleres más populares de la postguerra, junto a Konrad Adenauer, que logró imponerse cinco veces, o Helmut Kohl, que lo hizo en cuatro ocasiones.

Pero esas figuras son recordadas por la reconciliación europea y la reunificación del continente, mientras que Merkel corre el riesgo de ser juzgada por los historiadores como una de las grandes responsables de la brecha política, económica y social que amenaza con resquebrajar la Unión Europea desde el inicio de la crisis en 2008.

Merkel tiene ahora cuatro años por delante (si agota el mandato) para intentar recomponer su legado europeo. Y parece dispuesta a aprovechar la presencia de Emmanuel Macron a la cabeza de Francia para retomar el proceso de convergencia política y económica del continente, paralizado desde hace más de una década.

Desde la llegada de Macron al Elíseo, la canciller ha mostrado su intención de pactar con París algunos de los cambios necesarios para apuntalar la zona euro, amenazada por la creciente brecha económica entre sus socios, y la Unión Europea, rasgada por la salida de Reino Unido.

La canciller, que hasta ahora gobernaba con los socialistas, aseguró el lunes que sus planes para Europa “no han cambiado” tras unas elecciones que la abocan a un gobierno tripartito (con liberales y verdes). “No, no creo que cambie [la situación en relación con Europa]”, señaló en su primera rueda de prensa tras la votación.

“Los grupos con los que puedo formar gobierno están interesados en alcanzar soluciones para Europa”, añadió la canciller

 

Macron presentará este mismo martes su plan para la zona euro, con la solemnidad, o pomposidad, que le caracteriza. El discurso tendrá lugar en el Anfiteatro de La Sorbonne, recinto centenario muy propicio para las grandes declaraciones. París no oculta que el objetivo de Macron es exponer sus demandas para que Merkel pueda tomarlas en cuenta durante la negociación con sus socios de gobierno.

Fuentes francesas ya han indicado que la meta final es convertir a la zona euro en una verdadera Unión monetaria, con los instrumentos necesarios (Fondo Monetario europeo, mecanismo de estabilización presupuestaria…) para evitar las devastadoras consecuencias de una crisis como la recién sufrida. Pero las mismas fuentes admiten que París ofrece flexibilidad sobre el calendario y el ritmo de las reformas, para ajustarlo a las necesidades políticas de Berlín.

Merkel parece condenada a entenderse con Macron si quiere frenar la peligrosa deriva política que ha tomado el continente. La canciller admitió el lunes su “responsabilidad personal” en la polarización de la política alemana, tras una votación que ha convertido al partido antieuropeo Alternativa para Alemania (AfD) en la tercera fuerza del Bundestag con más de cinco millones de votos y 94 escaños (de 709).

Pero la responsabilidad de Merkel va más allá de sus fronteras porque su liderazgo continental ha contribuido a la década perdida de Europa que ha dado alas a las fuerzas partidarias de disolver el club, unas formaciones con posibilidades de llegar al poder en Francia, Italia, Holanda, Finlandia o Austria y, tal vez a medio plazo, también en Alemania.

Merkel, alemana oriental que ingresó en la UE a los 35 años (con la unificación de Alemania), ha intentado reconvertir el club en una suma de Estados al margen del método comunitario vigente desde 1957, que otorgaba el papel de motor a la Comisión Europea. La nueva fórmula, bautizada por la canciller como método de la Unión en su discurso en el colegio europeo de Brujas en 2010, solo ha generado parálisis y desconfianza y ha logrado desacreditar a una Comisión que ejercía el papel de árbitro casi indiscutido.  

El fiasco en la gestión de las sucesivas crisis de los últimos años lleva el marchamo de Merkel mucho más que el de Bruselas. Y la acción o, más bien la omisión, de Berlín puede rastrearse en casi todas las sacudidas que ha sufrido el club.

La canciller y su ministro de Economía, Wolfgang Schäuble, frenaron una y otra vez la respuesta a una crisis financiera que devastaba gran parte de la zona euro pero de la que Alemania salía indemne cuando no beneficiada.

Los coqueteos políticos de Merkel con David Cameron alentaron la aventura del ya ex primer ministro británico que acabó en el referéndum de 2016 sobre la salida del Reino Unido. Los dos maniobraron también, sin éxito, para evitar que el actual presidente de la Comisión saliera elegido como fruto indirecto del resultado de las elecciones al Parlamento Europeo en 2014.

La apertura de Berlín hacia los refugiados sirios, aunque justificada desde el punto de vista humanitario, también se llevó a cabo de forma tan descontrolada que resquebrajó la zona Schengen (todavía hay controles fronterizos en varios países, incluida Alemania). El reparto exigido por Berlín desató el malestar de los países del Este, acusados de insolidaridad a pesar de que Polonia, por ejemplo, ha acogido a 1,3 millones de refugiados ucranianos, un número superior a los sirios acogidos por Alemania.

La zona euro también ha quedado hecha trizas tras ocho años de diktat de Merkel y Schäuble. Aunque se ha recuperado el crecimiento, la convergencia entre sus socios se ha frenado, según alerta una y otra vez la Comisión Europea. Cuatro socios (Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre) han sido rescatados, con intervención del Fondo Monetario Internacional por exigencia expresa de Berlín. Y el corralito monetario, fenómeno desconocido en la historia reciente de Europa, llegó a Chipre y, más tarde, a Grecia, donde todavía sigue en vigor.

La historia de la década que acaba es la de una especie de guerra civil“, resumía Macron el pasado 8 de septiembre en Atenas la situación vivida por la zona euro desde 2008. Una década que los historiadores identificarán siempre con el liderazgo de Merkel si no logra pasar a la acción durante su cuarto mandato.

¿Sobrevivirá el eje Merkel-Macron?

La mayoría de los analistas resaltan la dificultad que tendrá Merkel para formar su nuevo gobierno y para reconciliar las posturas de liberales (FDP) y verdes (Grüne) en relación con Europa. Pero discrepan sobre las consecuencias que la posible coalición gubernamental tendrá sobre la alianza que Merkel intenta forjar con Macron.

“El resultado puede ralentizar los esfuerzos por fortalecer la zona euro”, señalan los analisas de BlackRock Investment, que apuntan como obstáculo el previsible empeño del FDP en aplicar a rajatabla los objetivos de déficit público o la resistencia a aceptar ciertas reformas (como la designación de un “ministro” de finanzas de la zona euro).

Desde el banco Credit Suisse apuntan, por el contrario, que el resultado electoral del domingo supone un pequeño contratiempo para los planes esbozados por París y Berlín, pero no un cambio de rumbo. “Puede haber un período de incertidumbre hasta final de año hasta que el nuevo gobierno de Merkel exponga claramente su posición sobre Europa, pero no descartaríamos nuevos avances liderados por la canciller y Macron”, concluye el análisis de la entidad suiza.

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La UE puede ser la gran vencedora de las elecciones en Alemania | Mercados

Europa ha sido la gran ausente de la campaña electoral en Alemania, pero se perfila, junto a Angela Merkel, como la gran vencedora en los comicios de este domingo. La canciller alemana, que ocupa el cargo desde 2005, depositará su papeleta a sabiendas de que, con toda probabilidad, la jornada abrirá el camino hacia su cuarto mandato. Salvo error mayúsculo de los sondeos, casi nada cambiará en Alemania. Pero todo o casi todo puede cambiar en la Unión Europea y en la zona euro tras el 24 de septiembre.

La era de Merkel IV, si se confirma su victoria en las urnas, parece llamada a romper con el inmovilismo que ha marcado la posición de Alemania en Europa durante sus tres anteriores mandatos, en particular, desde el estallido de la crisis del euro en 2010.

La canciller de plomo no ha dudado en enviar a la opinión pública alemana señales tan discretas como claras sobre la inminencia de los cambios en Europa. Un riesgo que no hubiera asumido si no estuviera dispuesta a apostar por retomar la agenda de integración europea.

Desde sus ruedas de prensa conjuntas con el presidente francés, Emmanuel Macron, hasta su disposición a negociar una reforma de los Tratados, Merkel ha dejado claro que el sempiterno nein alemán se ha terminado y llega el sí, pero.

Alemania solo mantiene dos tabúes, la mutualización de la deuda y la creación de un impuesto europeo. Pero se muestra dispuesta a regatear con Macron todas las medidas necesarias para apuntalar el euro y para evitar que la salida del Reino Unido de la UE se convierta en el principio del fin del club comunitario.

Las corrientes euroescépticas, que han cruzado el Canal de la Mancha y arraigan en lugares tan poco habituales como Italia, Austria, Holanda o la propia Alemania, han convencido a París primero y luego a Berlín de que la salvación del club estriba en recuperar sus objetivos de solidaridad y convergencia económica y en poner fin al repliegue nacionalista y al sálvese quien pueda que ha imperado durante las sucesivas crisis, desde la financiera a la de los refugiados, pasando por la energética o la de deuda .

Antídoto contra el euroescepticismo

Las elecciones del domingo podrían suponer el estreno en el Bundestag (Parlamento alemán) del partido eurófobo Alternativa para Alemania (AfD) liderado por Alexander Gauland y Alice Weild. Los sondeos dan una intención de voto del 11% a una formación con tintes racistas y xenófobos que en solo cuatro años ya ha logrado entrar en 13 de los 16 parlamentos regionales.

El temido ascenso de la extrema derecha había provocado en Berlín, como en otras capitales, un repliegue nacionalista en la posición sobre Europa. Pero la aplastante victoria de Macron sobre la eurofobia de Marine Le Pen ha mostrado que la ofensiva europeísta puede dar mejores resultados que la parálisis mantenida durante los últimos años. “Los populistas son el resultado del fracaso de los no populistas”, diagnostica un alto cargo de la Comisión Europea presidida por Jean-Claude Juncker.

Merkel parece dispuesta a emular a Macron y apostar por la integración europea como antídoto al euroescepticismo de AfD.

Aliados marcan el ritmo

El giro europeísta de Merkel IV dependerá del margen de su probable victoria (los sondeos le dan entre el 35% y 40%) y de los aliados con los que deba contar para formar gobierno. Los socialistas (SPD) de Martin Schulz y los Verdes de Cem Özdemir y Katrin Göring-Eckardt apoyan abiertamente la integración europea. Pero la canciller puede encontrarse con el euroescepticismo en su propio ejecutivo si los liberarles de (FDP) de Christian Lindner logran su objetivo de volver al Bundestag (los sondeos les dan un 10%).

FDP es el socio preferido de la CDU/CSU para formar gobierno si entre ambas formaciones suman mayoría absoluta. Pero el partido de Lindner mantiene una agenda muy dura sobre Europa, y defiende la desaparición el fondo de rescate de la zona euro (MEDE) o la salida de Grecia de esta si se reestructura su deuda.

Pero ni siquiera la presencia de los liberales se antoja suficiente como para frenar la inminente reforma de la zona euro. Y Bruselas ya prepara el proceso con el consentimiento tácito de Berlín y París.

Nueve meses de eurocambios

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ya anunció este jueves (21 de junio) la convocatoria de una cumbre de la zona euro en diciembre para abordar los primeros cambios. Sobre la mesa, la transformación del MEDE en un Fondo Monetario Europeo y la posibilidad de introducir algún mecanismo presupuestario estabilizador que evite una repetición de la tremenda brecha económica entre los socios provocada por la reciente crisis.

Macron presentará el próximo martes sus propuestas, con el objetivo de que sean tomadas en cuenta durante la formación de gobierno en Alemania.

Y Tusk calcula que los primeros acuerdos concretos “deben aprobarse en el Consejo Europeo de junio de 2018 como muy tarde”. Solo nueve meses después del 24S alemán.

La gran beneficiada de la crisis

Alemania entrará en la negociación de la reforma de la zona euro con mucho que compartir, porque ha sido una de las grandes beneficiarias de la crisis del euro. Entre 2010 y 2015 su producto interior bruto ha crecido un 16,6%, casi cuatro puntos por encima de la media de la UE. Su tasa de paro se ha reducido casi a la mitad y se encuentra en el nivel más bajo de los últimos 26 años.

Algunas de sus grandes entidades financieras sobrevivieron a la crisis gracias al rescate invisible del Banco Central Europeo. “El mayor porcentaje de la ayuda de liquidez de emergencia durante la crisis lo recibió un banco alemán, con un flujo entorno a los 100.000 millones de euros”, reveló recientemente José Manuel González-Páramo, miembro del comité ejecutivo del BCE hasta 2012.

El Tesoro alemán también se ha beneficiado en gran medida de la rebaja de los tipos de interés del BCE, hasta el punto de que, según Deutsche Bank, “sin esa rebaja Alemania registraría un déficit público del 1%”, en lugar del superávit del que presume el ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble. Los analistas de Deutsche Bank calculan que Alemania se ahorró entre 2008 y 2016 casi 260.000 millones de euros en intereses, cifra equivalente al 8,2% del PIB del país.

Alemania también se ha beneficiado de la benevolencia o impotencia de la Comisión Europea, que le ha permitido superar con creces el umbral permitido de superávit de la balanza comercial o salir casi indemne del fraude del diésel en el que más de 11 millones de consumidores europeos han sido víctimas del trucaje de motores de Volkswagen.

París reclama ahora a Berlín medidas que permitan reequilibrar la zona euro y ofrece a cambio disciplina fiscal y flexibilidad laboral.

Regalo de Macron

A 48 horas de la probable victoria de Merkel, el presidente francés firmó el viernes la reforma por decreto del mercado laboral, con la que pretende reducir drásticamente el poder de los sindicatos y limitar los costes de despido. El gesto, escenificado con una rúbrica ante las cámaras al más puro estilo estadounidense, se interpreta como una señal de buena voluntad hacia Berlín.

May pide clemencia

Casi a la misma hora que Macron firmaba su reforma, la primera ministra británica, Theresa May, cambiaba el tono de la negociación del brexit para pedir clemencia. May se fue hasta la piazza de Santa Maria Novella en Florencia para pronunciar un discurso muy agradable a oídos europeos pero que puede soliviantar a los miembros más euroescépticos de su partido, con Boris Johnson a la cabeza. May prometió saldar sus cuentas con el club (aunque sin concretar ninguna cifra) y respetar los derechos de los tres millones de europeos residentes en Reino Unido. También retiró la amenaza de recurrir al dumping laboral o fiscal para competir con la UE y la de utilizar la lucha contra el terrorismo como arma de negociación. A cambio pide clemencia: un período de transición de otros dos años para completar la salida de la UE (hasta 2021) y un acuerdo comercial mucho más favorable que el firmado por la UE con países terceros como Canadá. Un trato de favor que espera obtener del nuevo gobierno de Berlín, aunque tendrá más difícil ganarse el visto bueno de París.

A por la silla de Draghi

La reforma de la zona euro y la negociación del brexit serán de las dos grandes tareas europeas del nuevo gobierno alemán. Pero Berlín se ha marcado un tercer objetivo, consistente en hacerse con la presidencia del BCE cuando Mario Draghi deje el cargo en noviembre de 2019. Fuentes europeas consideran “muy probable, incluso, deseable” que el cuarto presidente del BCE proceda de Alemania, un país donde la actuación del emisor ha provocado inquietud en parte de la opinión pública (AfD nació en respuesta al rescate de Grecia y a la compra de deuda del BCE) y del Tribunal Constitucional alemán. Pero algunos analistas, como los de UBS, creen que Berlín podría renunciar a la presidencia del banco si los encajes de gobierno obligan a Merkel a buscar un puesto europeo para su ministro Wolfgang Schäuble.

Las claves del futuro de la UE

Un Fondo Monetario europeo para sacar al FMI de la troika

La reforma de la zona euro que se espera con más rapidez es la transformación el Mecanismo europeo de Estabilidad (MEDE) en un Fondo Monetario Europeo, encargado de los rescates de los socios en dificultades. Berlín quiere, además, que ese organismo asuma la vigilancia de los presupuestos nacionales (ahora a cargo de la Comisión Europea). Y París, que asuma el papel de la troika y saque al Fondo Monetario Internacional de la zona euro.

‘Ministro’ europeo de Finanzas

La reforma también apunta a la fusión de los puestos e comisario europeo de Economía (Pierre Moscovici) y de presidente del Eurogrupo (Jeroen Dijsselbloem). El nuevo cargo sería una suerte de ministro europeo de Finanzas, aunque está por ver los poderes reales de los que dispondrá. Berlín quiere otorgarle derecho de veto sobre los presupuestos nacionales, una potestad que París no desea. El compromiso podrá ser una figura similar a la de Alto Representante de Política Exterior de la UE (Federica Mogherini), con capacidad de coordinación pero todavía supeditada a las capitales.

Presupuesto de la zona euro

La zona euro podría dotarse de un mecanismo presupuestario con capacidad de actuar de amortiguador en los países que sean golpeados por una crisis. El presidente francés, Emmanuel Macron, desea un instrumento poderoso, de cientos de miles de millones de euros. Alemania prefiere una caja mucho más modesta. El objetivo del fondo también será motivo de negociación. La canciller alemana, Angela Merkel, ha sugerido que se utilice para compensar la caída de la inversión productiva (educación, I+D, etc.) en los países golpeados por la crisis. Bruselas también ha planteado la posibilidad de un fondo europeo de desempleo que cubra parte de los subsidios en momentos de gran repunte del paro.

Garantía europea de depósitos

La creación de un fondo europeo de garantía de depósitos para completar la unión bancaria se anuncia como la reforma más polémica y, previsiblemente, más lenta en entrar en vigor. Berlín exige a cambio medidas como la imposición de límites a la compra de deuda pública por parte de los bancos. Y, en última instancia, un sistema de reestructuración de deuda pública que evite los rescates.

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