Bancos y ‘fintech’ pelean por cómo acceder a los datos del cliente | Mi dinero

La banca vive estos días una cuenta atrás hacia el inicio de la que promete ser la mayor revolución de su historia reciente. La entrada en vigor de la segunda directiva europea de pagos (la PSD2) a comienzos del próximo mes de enero devolverá a los particulares el control de sus datos financieros, obligando a los bancos tradicionales que les dan servicio a compartir su información con las nuevas firmas financieras tecnológicas, las fintech, que el cliente elija. Unos y otros se preparan actualmente para sumarse a un salto tecnológico y cultural cuyos últimos detalles regulatorios siguen siendo objeto de un apasionado debate.

“PSD2 es el mayor cambio para la banca comercial de toda su historia”, asevera Arturo González, responsable de Infraestructura Financiera de la Asociación Española de Fintech e Insurtech (AEFI), y una de las voces que interviene en la negociación europea por parte del nuevo sector emergente. “La directiva lo que dice es que las credenciales y toda la información que una entidad tiene de un usuario es suya, y que el usuario tiene derecho a cederla a un tercero”, apunta.

Es decir, que si un particular decide utilizar una aplicación para hacer transferencias, o con la que recibir consejos sobre sus hábitos de ahorro, podrá autorizar el acceso a sus datos bancarios y su entidad de referencia no podrá negarse a facilitar la información.

“El objetivo último de la directiva es generar mayor competencia y mayor transparencia en los servicios financieros en beneficio del usuario final”, resume González, que también es consejero delegado de la fintech Eurobits, que recopila datos bancarios para aplicaciones financieras.

“Sin duda, esta directiva va a cambiar el status quo del mercado financiero en España”, avanza Alberto Cerrada, director de procesos financieros en Worldline Iberia, consultora que asesora a la banca en este proceso de transformación. “Va a obligar a las entidades a tomar posición y a desarrollar estrategias”, expone, porque “los bancos van a tener que abrir sus plataformas, compartir su información con los nuevos actores” y hacerlo “sin cobrar”. “PSD2 implica para la banca lo que ocurrió hace unos años en el mercado de las telecomunicaciones, una liberaliación del merado que propició la aparición de nuevos actores”, ilustra.

“El ánimo de la directiva es avanzar en la protección del consumidor, ahondar en la transparencia de los servicios relacionados con instrumentos de pago y regular de forma efectiva la entrada de estos nuevos jugadores, que hasta ahora no estaban regulados de una manera detallada”, explica Roser Martí Basomba , responsable de proyectos de tarjetas de Banco Sabadell.

Semejante transformación se llevará a cabo en dos fases. Una primera, que arranca el 13 de enero de 2018, en la que se obligará a todas las firmas de iniciación de pagos y a las que ofrecen servicios de información sobre cuentas a solicitar autorización para poder operar. Las que obtengan el permiso se verán libres de ataduras para acceder a los datos bancarios de sus clientes, pues las entidades financieras tradicionales que les pongan trabas serán investigadas y podrán ser sancionadas.

La siguiente etapa depende de la regulación que se está negociando todavía pero se espera que se apruebe en otoño de 2018 para entrar en vigor en abril de 2019. A partir ahí, la banca deberá contar con una suerte de interfaz específica (el conocido como sistema de APIs) a través del que las fintech podrán acceder a sus datos.

Este modelo de acceso está siendo actualmente el más enconado asunto de debate entre los representantes de la industria financiera tradicional y las firmas emergentes. Incluso la Autoridad Bancaria Europea (EBA) tomó cartas en el asunto en los últimos meses cuando se opuso a que si el canal que ofrece el banco no es suficientemente bueno, la fintech pueda elegir seguir accediendo como ahora, a través de su canal de banca electrónica (por screen-scraping).

La postura encendió los ánimos de los nuevos competidores digitales del sector bancario. “Una entidad financiera va a tener que desarrollar, publicar, mantener y medir un API para un tercero, gratis, y ese tercero puede competir con sus servicios. El incentivo para hacerlo bien es muy reducido”, asume el representante de la asociación de fintech española. “Cuestionamos abiertamente la parcialidad de la EBA”, denuncia, celebrando que la Comisión Europea esté más en la tesis de que si el ascensor no funciona, la fintech podrá seguir accediendo al banco por la escalera.

 Retos para todos

“Cada actor involucrado dentro de PSD2 tiene sus retos. El de los bancos es abrir sus plataformas a terceros. Y, otro muy importante, garantizar la seguridad”, detalla el consultor de Worldline, añadiendo que el principal reto de “las fintech es idear, inventar servicios de valor en base a la información a la que van a poder acceder” que les haga más competitivos que a los propios bancos.

“Es un reto, pero también es una oportunidad”, aseguran en Banco Sabadell. “Desde el banco se ve desde este punto de vista. Es un reto porque pueden surgir incertidumbres de desintermediación con el cliente, pero también como una oportunidad de explorar las nuevas posibilidades de negocio que hay. Y creo que todo el sector lo hará”, vaticina la representante de la entidad.

“Lo que hace PSD2 es dividir un banco en dos trozos, la trastienda y el frontal de la tienda, o la fábrica y la red de distribución de productos, de forma que la red de distribución del banco compita con terceros por los productos con el objetivo de que haya más competencia y más transparencia con las mismas reglas para todos”, aduce González. “A lo que lleva es a que los bancos sean fábricas de producto que compiten con otras fábricas de producto”, resume el representante de AEFI.

“Los bancos entran en competencia con las fintech” y, a partir de ahí, detalla el experto de Worldline, puede ser que a la entidad le resulte interesante llegar a acuerdos con terceros, “aumentando sus canales de distribución”, que opten por poner su plataforma a disposición de terceros que quieran ofrecer sus servicios en ella o que se especialicen en ofrecer nuevos servicios a partir de los datos de la clientela.

“El banco quiere mantener su relación con el cliente y mejorar esos servicios que le ofrecen ahora. Estamos estudiando posibilidades para ver cómo se enfocan esos servicios y productos que puedan ser interesantes para el cliente”, avanzan desde Banco Sabadell, que se encuentra en una situación similar a la del resto de entidades del sector.

Así, los bancos tradicionales se preparan tecnológicamente, para impulsar plataformas digitales que aúnen sus servicios con los de los nuevos competidores, y estratégicamente para no perder combo frente a la clientela en el nuevo pulso. Las fintech, por su parte, afrontan el reto de cumplir con una nueva regulación, lo que comporta novedosas exigencias específicas, pero también les da la oportunidad de ofrecer más garantías y confianza a los potenciales usuarios. Después de todo, según la EBA, un tercio de las nuevas compañías financieras digitales no están sujetas todavía a ninguna regulación. La directiva de pagos rige a un 20%_de las nuevas firmas.

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Bruselas entierra la idea de un ‘banco malo’ europeo para zanjar la crisis | Compañías

La propuesta de crear un banco malo paneuropeo de un cuarto de billón de euros, lanzada a principios de año por la Autoridad Bancaria Europea, se ha estrellado contra la resistencia de Berlín y del Banco Central Europeo (BCE) y será abandonada definitivamente el próximo martes.

El 11 de julio, los ministros de Economía y Finanzas de la UE (Ecofin) tienen previsto aprobar en Bruselas un plan de mínimos contra el tremendo lastre de activos tóxicos dejado por la crisis, cifrado en más de un billón de euros. Pero el plan del Ecofin ni siquiera contempla la iniciativa del banco malo continental. 

El Ecofin, según el borrador de conclusiones, reconocerá que el problema de la morosidad bancaria constituye un riesgo transfronterizo para toda la zona euro aunque el grueso de los activos se encuentre en un reducido número de países, en Italia en particular. Pero los ministros descartan una solución paneuroepa y optan por reformas en materia de supervisión para redoblar la presión sobre las entidades más dañadas para obligarlas a limpiar sus balances.

La Comisión Europea ya ha advertido que, si no se adoptan medidas, podría tardarse otra década en limpiar los activos tóxicos acumulados desde el comienzo de la crisis en 2007. En total, veinte años con una banca lastrada y sin capacidad de operar con toda su fuerza en la financiación de la economía, con una decena de países con una morosidad por encima del 10%.

“El BCE le ha dado la puntilla”

 

El plan de la EBA sugería zanjar el problema con la creación de una Compañía de Gestión de Activos (AMC, en sus siglas en inglés) a la que se podría transferir entre 200.000 millones y 250.000 milones en activos tóxicos. La transferencia implicaría una pérdida inicial para los accionistas de las entidades. Pero la AMC titulizaría y vendería los créditos con la garantía del sector público, que cubriría las posibles pérdidas adicionales.

El presidente de la EBA, el italiano Andrea Enria, se cuidó mucho de dejar claro que la propuesta no incluía ninguna mutualización, porque cada Estado debería asumir las pérdidas derivadas de sus entidades financieras. Pero la iniciativa se interpretó rápidamente como “una solución europea para un problema italiano“. Y el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, expresó de inmediato su resistencia, aunque, según fuentes financieras, “el BCE ha sido el encargado de dar la puntilla al plan”.

Ejemplo español

El debate de los ministros tendrá lugar en base al informe definitivo de un grupo de expertos nacionales liderado por el francés Corso Bavagnoli. A falta de un banco malo europeo, el grupo propone que la Comisión Europea establezca un marco común para el diseño de bancos malos nacionales similares al creado en España (SAREB) o Irlanda (NAMA).

Pero, tal vez, la propuesta de mayor alcance sea la de facultar a los supervisores (el MUS en el caso de la zona euro) a prevenir la formación de carteras tóxicas y a imponer ajustes a las entidades cuando ya se han acumulado. El grupo Bavagnoli pone como ejemplo la potestad del Banco de España, que tiene potestad para imponer ajustes contables a las entidades cuando lo considere necesario.

Los expertos reconocen que trasladar la experiencia española a los supervisores europeos implicaría “un cambio radical”, que permitiría al MUS exigir más provisiones a las entidades más lastradas por la morosidad.

Mercado secundario

El grupo de expertos también recomienda el desarrollo de un mercado europeo de activos tóxicos, similar al de EE UU. La propuesta, que saldrá adelante en la reunión del martes, requerirá mejorar la transparencia de los bancos sobre sus préstamos dudosos y estandarizar la información que facilitan al mercado.

En la actualidad, los inversores europeos apenas entran en el mercado de activos deteriorado porque disponen de poca información sobre su situación real o no se fían del todo de la información facilitada por las entidades. Como consecuencia, las ofertas son escasas y muy bajas en relación con el precio real del activo, lo que retrasa la descarga de los balances.

 

 

Diseño europeo para los bancos malos nacionales


  • El informe del Ecofin del próximo martes (11 de julio) incluye la propuesta de crear un marco europeo al que deberían sujetarse los bancos malos creados en cada país.

  • El plan, según la propuesta del grupo de expertos liderado por Corso Bavagnolo, debería ser elaborado por la Comisión Europea y establecer principios comunes para el futuro.

  • Entre los elemenos a armonizar figura el perímetro del banco malo, es decir, qué tipos de activo podrán transferirse a la entidad.

  • El marco también debería regular qué bancos pueden participar, el tamaño de los activos a transferir y las normas sobre su valoración.

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Los bancos extranjeros ya se saben las preguntas de la Fed | Mercados

Los grandes banqueros extranjeros que buscan hacer una fortuna en América acaban de recibir una chuleta para calmar a los reguladores bancarios estadounidenses. Los principales bancos del país han aprobado el test anual de la Reserva Federal, incluyendo la parte cualitativa, que los había hecho tropezar anteriormente. Los internacionales, como Barclays y Deutsche Bank, que se examinan el año que viene, tienen ya una guía para seguir.

Por primera vez desde que se iniciaron los exámenes tras la crisis de 2008, la Fed no se ha opuesto al pago de dividendos o a los planes de recompra de acciones de ninguno de los 34 bancos que se mostraron a los reguladores. 21 instituciones estuvieron exentas del análisis cualitativo, donde los supervisores evalúan el riesgo operativo. Los 13 bancos que formaron parte de esta ronda también la superaron, aunque Capital One tiene que volver a presentar su plan de capital.

Mientras los bancos estadounidenses han podido cogerle el truco a los tests, los extranjeros enfrentarán los exámenes el próximo año. Barclays, Credit Suisse, Deutsche Bank, RBC y UBS estaban entre los mayores bancos internacionales que tenían que crear holdings bajo las reglas de la Fed. Pasaron un test de prueba este año y formarán parte oficial del proceso en 2018. Una división estadounidense más pequeña de Deutsche Bank ha suspendido el examen dos veces, pero estuvo exenta de la última ronda cualitativa.

Los bancos extranjeros pueden aprender de los errores de sus rivales estadounidenses. En 2014, Citigroup suspendió por segunda vez. La Fed concluyó que el prestamista manejaba de forma inadecuada sus complejas operaciones globales. Otras firmas, como Bank of America, JPMorgan, Goldman Sachs y Morgan Stanley, tuvieron que volver a remitir por errores menos importantes.

Los bancos extranjeros tienen menor presencia en EE UU pero están lidiando con nuevas estructuras y procedimientos de gobernanza bajo los holdings. Tendrán que mostrar que tienen controladas sus nuevas operaciones. Estas entidades tienen una hoja de ruta que seguir, siempre que los reguladores les sometan al mismo examen que han superado sus compañeros americanos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción es responsabilidad de Cinco Días.

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