Referéndum 1-O: El mercado quiere la vía vasca para Cataluña | Mercados

En Polonia o Hungría se está reduciendo y eliminando poco a poco la democracia, pero con el enorme apoyo de una mayoría. La palabra democracia suena muy bien, pero lo decisivo es el Estado de derecho, la separación de poderes. Hitler llegó al poder democráticamente, apoyado por una gran mayoría, pero el que alguien sea elegido por mayoría no es lo bueno; lo bueno es que exista la separación de poderes”. El filosofo Rudiger Safransky reflexionaba así en febrero (en una entrevista con Berna González Harbour para El País) sobre el “populismo que se define como una especie de democracia de base, de Twitter”.

No puede haber democracia sin Estado de derecho. Sin imperio de la ley, sin reglas claras, sin acatamiento de lo que resuelvan los tribunales. Lo sabe bien la UE, que empieza a tomar medidas contra Polonia (que pretendía controlar a los jueces desde el Gobierno) y contra Hungría (que desobedece sentencias de la justicia europea sobre refugiados escudándose en un referéndum). Sentenció esta semana el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker, que el Estado de derecho “no es una opción, es una obligación”. Un mensaje a Polonia, a Hungría… y a esta Cataluña desobediente a todas las legalidades, metida en una vía revolucionaria que tiene arraigo histórico en aquella tierra pero no traerá nada bueno.

En la pretendida república catalana solo cuenta la mayoría parlamentaria, ni siquiera reforzada. La mitad más uno de los votos sirve para cualquier cosa. Para derogar la Constitución y el Estatut. Para anunciar que se van a incautar todos los bienes del Estado allí. Para poner, a la húngara, a los tribunales al servicio del poder político. Para establecer por ley que, aunque en el seudorreferéndum del 1 de octubre votara solo una pequeña parte del censo, y no se cumpla ninguna garantía, sería vinculante y se proclamaría la independencia exprés.

Lo llaman la “revolución de las sonrisas”, y la adornan con discursos amables, a veces naíf. Pero se quiere demoler las bases de la convivencia. Invocar la democracia para eso es un insulto a la bella idea de los griegos antiguos y a los principios de la Ilustración.

Lo más irritante del procés es que se haga en nombre de los derechos humanos. Puigdemont homenajeó a Rosa Parks en la víspera de la Diada, como si los catalanes fueran los negros obligados a ceder su asiento en el autobús a los blancos, como en la Alabama de 1955. La resistencia de aquella mujer a las injustas leyes de segregación racial en el transporte triunfó en el Tribunal Supremo y dio lugar al movimiento por los derechos civiles que cambió la historia de EE UU. Otras veces el independentismo ha citado a Mahatma Gandhi y a Nelson Mandela como sus ejemplos. Mal elegidos: Gandhi no celebró la descolonización de India porque le amargó la (sangrienta)partición de Pakistán. Nelson Mandela fue todo un estadista. Salió de prisión sin rencor y cuidó la concordia, llevando de la mano a las élites blancas en el proceso político de la Sudáfrica salida del apartheid. Son justo la concordia y los derechos de las minorías lo que se pone en peligro ahora en Cataluña. Ya se ven las fracturas en los municipios y en las instituciones, en algunos partidos, nos tememos (ojo) que en los Mossos.

Rosa Parks
Rosa Parks monta en autobús en Alabama en 1956, cuando la justicia derogó la segregación racial en el transporte público.

Puigdemont apela a Rosa Parks, como si los catalanes fueran negros obligados a ceder el asiento a los blancos en el autobús

¿Por qué esa fijación del independentismo con los héroes de la lucha por los derechos humanos? Pues porque la autodeterminación es, dice el preámbulo de su ley de referéndum, “el primero de los derechos humanos”. Por ahí no paso. Perdonen, pero el artículo 1 de la Declaración de los Derechos Humanos (Naciones Unidas, 1948) es este: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Donde figura la autodeterminación (y es para sacudirse situaciones coloniales o de ocupación, no aplicables aquí) es en la Carta de las Naciones Unidas, que no trata de derechos humanos sino de relaciones entre Estados. Entre los objetivos de la Carta (artículo 1, segundo párrafo): “Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otros medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”. Que en el siguiente artículo se aluda a la “integridad territorial” de los Estados suele ser obviado por los nacionalismos. Es más rotundo el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966: “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación”, empieza. El punto 3 se dirige a los Estados “que tienen la responsabilidad de administrar territorios no autónomos y territorios en fideicomiso”. Y el artículo 2 aclara que los países protegerán este derecho “con arreglo a sus procedimientos constitucionales”.

Las personas tienen derechos antes que las naciones (uno de esos mitos compartidos que facilitan la cooperación entre grupos de desconocidos, como bien las define Harari). Los derechos humanos nacieron para defender al individuo del poder, no para tomar el poder.

La primera Declaración de Derechos del Hombre se puso por escrito en Virginia, en 1776, en plena guerra de independencia contra la metrópoli británica. Desde el principio se decía (artículo V): “Que los poderes legislativo y ejecutivo del Estado deben estar separados y distinguirse del judicial”. Los revolucionarios franceses hicieron lo mismo en su Declaración de Derechos Humanos de 1789. Artículo XVI: “Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución”.

Las declaraciones de derechos humanos no consagran la autodeterminación, sino la separación de poderes

Lo primero, ahora, es restablecer el Estado de derecho en Cataluña. Que nadie entienda esta defensa de la legalidad como un elogio del inmovilismo. Las leyes se reforman gradualmente o de forma más ambiciosa cuando hay una mayoría consistente para ello. Por desgracia no existen hoy consensos amplios, pero nunca los habrá si no empezamos a explorarlos. Si España hubiera abordado hace unos años la reforma de su modelo territorial, incluida la financiación, quizás no habríamos llegado hasta aquí. Cabe suponer que si Mariano Rajoy pudiera rebobinar su trayectoria, se ahorraría ese recurso contra el Estatut que desató los demonios. No sé si admitiría que también fue un error dar portazo sin más al pacto fiscal con que se plantó Artur Mas en La Moncloa. Ahora, sin embargo, el Gobierno se muestra comedido ante el desafío: recurre a la justicia, claro, pero ni pide detenciones (no quiere regalarles esa foto) ni persigue por sedición (15 años) o rebelión (30 años). Nada del artículo 155. Por ahora.

Cuando pase el 1-O, algo tiene que moverse. Así lo están entendiendo los empresarios, los bancos, las agencias de calificación, aquellos que mueven los mercados. Su apuesta es clara: no va a haber independencia a corto ni medio plazo. La probabilidad de una secesión inmediata es “extremadamente baja” según Barclays, “altamente improbable” para DBRS. “El escenario central es que Cataluña continuará formando parte de España”, dice Standard &Poor’s. Para Fitch, la situación “no va a resultar en una disrupción significativa” económica ni política.

El mercado lo ve así. Ante una ruptura del Estado, la prima de riesgo estaría por las nubes (no pasa de 120) y los capitales huirían. Ni siquiera está en revisión a la baja la nota de España, pero sí la de Cataluña (ya bono basura), porque la confrontación puede resultar en “una reducción o retirada del apoyo del Estado” (Fitch), como está produciéndose ya ante la negativa de la Generalitat a rendir cuentas a Hacienda pese a la evidente necesidad de su auxilio.

A ojos de los que mueven el dinero, la salida a este enredo no está en la autodeterminación, sino en un acuerdo fiscal. Y los informes internacionales resultan más optimistas que los análisis que se escuchan en España. Fitch prevé “un movimiento hacia más transferencias con gran autonomía fiscal” para Cataluña. Más explícito: “Una solución duradera debería satisfacer algunas de las principales demandas catalanas, en particular las relacionadas con más recursos fiscales”, pero siempre “respetando las restricciones de la Constitución española”.

Un escenario prometedor:la presión por la independencia “puede relajarse más adelante”, dice DBRS, según mejore la economía, se negocie una nueva financiación y suba la inversión estatal en la comunidad. La firma percibe “una actitud más abierta a reconocer las diferencias regionales en el Gobierno nacional”.

Las agencias de calificación esperan un movimiento hacia una mayor autonomía fiscal de Cataluña

Sí, debe amainar la tensión. Una vez ablandadas las intransigencias a uno y otro lado, la crisis podría encauzarse por la vía vasca, que no es extrapolable tal cual pero puede servir de referencia. El País Vasco (como Navarra) obtuvo en la Constitución de 1978 el reconocimiento de “derechos históricos”, incluido el de recaudar los principales impuestos en sus tres territorios. Luego hace cuentas con el Estado de forma bilateral (y se calcula el llamado cupo). Esto no sirvió entonces para que los vascos apoyaran la Constitución, ni para evitar décadas de terrorismo, pero a la larga ha dado gran estabilidad.

Hay fuertes resistencias políticas a eso que llaman “federalismo asimétrico”, pero el modelo de 1978 ya era muy desigual. El País Vasco puede permitirse más gasto educativo o sanitario por habitante porque vive con más desahogo (quizás también porque gestionen mejor).

Muchos expertos creen que España puede soportar un trato fiscal especial, o privilegiado, para el País Vasco y Navarra porque no suman tanta población (16%) y PIB (19%) como Cataluña. Que sin Cataluña el sistema fiscal general estaría muy desequilibrado. Pero el problema no estaría en realidad en que las Haciendas locales recauden sus impuestos, sino en la forma en que se calcula su aportación al Estado. De Cataluña, dada su riqueza, cabe esperar un compromiso mayor con la solidaridad con el resto de comunidades. Por cierto, en el nacionalismo vasco no hace demasiada ilusión que se exporte su modelo, no sea que implique una revisión del que tienen ellos.

Un pacto fiscal con Cataluña no podría ser igual a los conciertos vasco y navarro. Pero es que ni siquiera se ha estudiado una fórmula que pudiera responder a sus peculiaridades. En contra de un acuerdo así pesa la dinámica del café para todos que vive España desde la transición. Como si el Estado autonómico no se hubiera diseñado en 1978 principalmente para resolver el encaje de los territorios con identidad más diferenciada. Algún día tendrá que vencerse ese temor. No todos los territorios ansían el mismo autogobierno. No hacen falta 17 marcos igual de distintos.

Avanzar en este sentido obliga a sacudirse el cortoplacismo que domina la política. Todos hicieron cálculos electoralistas. La entonces Convergència se sumó al independentismo, en un giro de 180 grados, cuando vio las calles llenas de esteladas. En el PP, una actitud impasible trataba de aparentar firmeza;se temía que cualquier concesión fuera vista por los suyos como debilidad. Con ese espíritu nunca habría sido posible la transición.

Puede parecer ingenuo esperar que un nuevo marco fiscal resuelva el ansia por la independencia. Desde luego, no bastaría. A los catalanes les han prometido una república, y cualquier otra cosa decepcionará a los más entusiastas. Pero quizás un acuerdo fiscal junto a otras reformas, que incluyan competencias mejor precisadas y cambios en la Constitución, irían moviendo el péndulo al atraer a los moderados del nacionalismo a posiciones más realistas. Si el suflé independentista subió tanto en poco tiempo (porque se atizaron las brasas irresponsablemente desde sus instituciones, y por la inacción desde el Estado), también podrá irse desinflando más lentamente.

En este terreno hay otras lecciones que aprender de Euskadi. Cuando Juan José Ibarretxe impulsó el plan que llevaba su nombre (no del todo independentista, sino de “libre asociación”), al menos respetó los procedimientos y los plazos. Esa frustrada reforma del Estatuto se debatió a fondo en Vitoria, se aprobó por los pelos (necesitó los votos de media Batasuna, la otra media en contra) y se llevó al Congreso, donde el propio Ibarretxe la defendió con solemnidad, en febrero de 2005. El Congreso dijo no.

Tres años después Ibarretxe intentó desbloquear el asunto mediante una ley de consultas (no vinculantes) que el Constitucional anuló. Hubo protestas, pero nunca se llamó a las urnas a las bravas. Tampoco existía la excitación festiva que en las calles de Cataluña provoca el procés, porque en Euskadi aún se sentía miedo al terror y la kale borroka.

El fiasco se pagó después: las elecciones autonómicas de 2009 dieron la presidencia al socialista Patxi López y el PNV se libró de su visionario lehendakari. Desde entonces manda en el partido gente pragmática: primero Josu Jon Imaz y ahora Iñigo Urkullu (quien no para de desmarcarse de la vía catalana). Como la prioridad en el País Vasco es consolidar la pacificación (y la prosperidad), el nacionalismo moderado se cuida mucho de aventuras irresponsables. Logran mucho más pactando en Madrid (como con los Presupuestos) que sacando multitudes a la calle. Otra constatación: el clima político mejora cuando se forman pactos transversales (gobiernan PNV y PSE) en vez de trincheras demarcadas por el sentimiento nacional.

No vale más tener la mayoría que respetar las reglas. La democracia no es “queremos votar”. Tenemos derecho al Estado de derecho. Rosa Parks merecía que pusieran su imagen en los billetes de 20 dólares, como estudió el Tesoro (al final eligió a otra afroamericana, Harriet Tubman). El secesionismo catalán podría referirse, mejor, a Safransky. O, más fácil, fijarse en cómo sus hermanos del PNV salieron del lío en que les metió Ibarretxe.

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¿Cuándo puede (y cuándo no) la empresa espiar mis correos? | Fortuna

En enero del pasado año, el caso del ingeniero rumano Bogdan Barbulescu, despedido en 2007 por enviar desde el correo de la empresa mensajes de carácter personal y privado a amigos y familiares, llegó al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo (TEDH). Entonces, la Gran Cámara falló en favor de la compañía, aludiendo que la vigilancia de las comunicaciones por parte del empleador había sido razonable en un procedimiento disciplinar. Hoy, sin embargo, el citado caso volvió a dar que hablar, cuando el mismo tribunal tomó la determinación de enmendar la decisión y dar la razón al trabajador.

¿Puede una empresa acceder a los correos de sus trabajadores?

Sí, la empresa puede vigilar los correos internos de sus profesionales, así como las redes sociales utilizadas desde los dispositivos facilitados por el empleador. Pero no de cualquier forma. Hay una lista de matices que, si se descuidan, pueden terminar quitando la razón a la compañía, como ha terminado ocurriendo en el caso de Barbulescu. El primer aspecto a tener en cuenta, explica el jefe del área de laboral del despacho Pérez-Llorca, Daniel Cifuentes, es que el trabajador debe ser consciente mediante un aviso previo de la empresa de que sus equipos pueden ser monitorizados, algo que el TEDH estima que no sucedió en el caso del ingeniero rumano, pese al despido previo de otra compañera por motivos similares. Pero no todo vale. “Ese control debe ser proporcional, necesario y lo menos invasivo posible, evaluando el choque entre el derecho del interés empresarial y la privacidad del trabajador”, apunta.

¿Dónde establece la empresa esa capacidad?

En los llamados protocolos telemáticos, o en el propio convenio colectivo de la compañía. Con ellos, se arroga el derecho de investigar el uso que sus trabajadores hacen de las herramientas informáticas que les facilita. Pero no es una barra libre. Como explica Ignacio Jabato, socio de laboral de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, sentencias anteriores del Tribunal Supremo y del Constitucional en España dan como suficiente la existencia de ese protocolo para poder investigar, siempre que se justifique la proporcionalidad, la idoneidad y la necesidad de la medida. “La novedad de la sentencia del TEDH está en el aviso previo al trabajador de cómo y en qué periodo se va a investigar. Las empresas deberían revisar y validar si sus protocolos cumplen con esto”, afirma Jabato.

¿Cómo puede la empresa ver que no se usa el correo para fines laborales?

Daniel Cifuentes analiza algunas particularidades de la sentencia. “Deja claro que para que exista esta monitorización, la empresa debe tener sospechas fundadas de que el empleado está faltando a los acuerdos contractuales, pero sin invadir su intimidad”. Este experto lo ilustra con determinados supuestos, como un posible envío masivo de correos, alejado de lo que la compañía entiende como normal, una cantidad de archivos enviada que no concuerda con la media o el intercambio de mensajes con cuentas de dominios web con los que la empresa no trabaja.

¿Y qué ocurre con el contenido de las mensajes?

El TEDH le da la razón a Barbulescu, entre otras cosas, por desconocer que la empresa podía llegar a investigar hasta lo que decía en sus mensajes. “Esto supone una vulneración de la privacidad. Deben respetarse los principios de idoneidad y proporcionalidad”, recuerda el socio de Sagardoy Abogados, Alberto Sancho. 

Sin embargo, el protocolo telemático de una compañía puede dejar claro que no hay expectativa de privacidad, es decir, que en tanto el trabajador usa herramientas proporcionadas por la empresa, esta puede investigar lo que se escriba siempre que tenga indicios de mal uso y de que supere el triple juicio de idoneidad, necesidad y proporcionalidad para hacerlo. “Si no, sería imposible demostrar que un empleado ha estado enviando información confidencial a una empresa de la competencia, por ejemplo. Lo que no se puede es, de forma indiscriminada, leerlo todo”, argumenta Ignacio Jabato.

¿Se puede hacer de forma sistemática e indiscriminada?

El socio director del área laboral de Abdón Pedrajas & Molero, Iván López, recomienda comunicar con asiduidad y de forma detallada cuáles son los controles, así como no generalizarlos y dirigirlos hacia el objetivo en cuestión: “Se pueden analizar los dominios de destino, el volumen de correos o la cantidad de tráfico, así como utilizar filtros que impidan el acceso total a los contenidos. Todo lo que no implique llevar a cabo un seguimiento exhaustivo y desproporcionado”. Porque convertir prácticas de este tipo en una política de recursos humanos no es lo más cómodo para un trabajador. “Cualquier empresa tiene cosas más importantes que hacer que controlar el correo de los empleados. Llegar a estos extremos solo debe ser para casos muy concretos e identificados”, explica Cristina Hebrero, directora de People Matters.

Protocolos detallados

Otro punto interesante que planea la sentencia, opina Daniel Cifuentes, es que cuestiona la política de la compañía rumana. “Parece que había comunicado que los equipos podían ser monitorizados, pero no había especificado cómo”. Es decir, no vale con que existan políticas generales, sino que deben estar reguladas y explicadas, de forma explícita, para cada medio y cada plataforma: “No es lo mismo Messenger, que el correo interno, el correo externo o las redes sociales. La empresa debe individualizar las normas y el supuesto de cada herramienta para que el empleado conozca todos los posibles a la perfección”, añade. “Cuanto mayor detalle tenga el protocolo telemático, sobre qué se puede hacer y qué no, qué es un uso abusivo, o de qué manera se va a monitorizar, mejor”, dice Ignacio Jabato, de Cuatrecasas,

¿Basta con que el protocolo sea público y accesible?

No. El abogado de Cuatrecasas avisa de que no solo basta con que el protocolo sea público para los empleados, por ejemplo, en una intranet. La empresa debe cerciorarse de que estos han accedido a él y, si es posible, que lo han leído. La frase de “el desconocimiento de la norma no exime de su cumplimiento”, en este caso no aplica. El empleado puede argumentar en un juicio que la empresa no le ha insistido, o no le ha informado de forma directa, de que debe cumplir con dicho protocolo.

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De festival en festival | Fortuna

La capital española se convierte desde hoy y hasta el 2 de julio en la capital mundial del Orgullo LGTB, ya que este año acoge el WorldPride 2017, que culminará con el tradicional desfile el sábado, 1 de julio. Esta gran marcha reivindicativa arrancará en Atocha y llegará hasta Colón. Más de dos millones de turistas se espera que acudan a Madrid para disfrutar de conciertos, exposiciones y foros.

En las icónicas Puerta del Sol y de Alcalá y las plazas del Rey, de Pedro Zerolo y de España o en el barrio de Chueca tendrán lugar los principales eventos. Información en Worldpridemadrid2017.com.

Cinco Jotas lanza un menú de jamón para un verano saludable

No engorda, reduce el colesterol malo, es bajo en calorías y rico en proteínas y vitaminas. El jamón de bellota 100% ibérico es un aliado para la salud. De la mano de Basque Culinary Center, Cinco Jotas propone un menú saludable ideal para verano y para acompañar verduras como espárragos, pasta o arroz e incluso frutos rojos.

La Gloria y Ledger’s Tonic, sabores refrescantes bajos en azúcar

Los refrescos La Gloria y las tónicas Ledger’s Tonic se adaptan a la moda saludable de que menos azúcar es más, sin renunciar al sabor. Las dos marcas premium de The Water Company incorporan la estevia a su receta en todas sus variedades de sabor, tanto en tónicas como en refrescos. La Gloria estrena este verano formato familiar de 1 litro.

Una ciudad de cuento para melómanos exquisitos

De festival en festival

El festival de verano (Summer Festival) de Lucerna es uno de los eventos culturales del año en Europa. Música clásica y contemporánea, orquestas y directores internacionales actúan en el moderno Centro de Culturas y Congresos entre el 10 de agosto y el 11 de septiembre en esta coqueta ciudad, con un cuidado casco histórico lleno de placitas e iglesias, cuyo puente medieval de la Capilla (Kapellbrücke) es uno de los sitios más fotografiados.

Al compás de la música en el corazón de Europa

El verano en la República Checa se vive a ritmo de música. Una buena ocasión para conocer el país y sus festivales. El más conocido es Colours of Ostrava, que se celebra en el espectacular entorno de Dolní Vítkovice, una antigua fábrica siderúrgica conocida como la ciudad de acero. Del 19 al 22 de julio, más de 150 grupos de música electrónica, rock, pop, jazz o flamenco y DJs actuarán en hasta 10 escenarios. Más información en Czechtourism.com.

De festival en festival en el país del sol naciente

De festival en festival

Fuegos artificiales, danzas folclóricas, originales vestimentas, coloridas esculturas de papel y antiguas tradiciones samuráis son algunas de las propuestas que podrán disfrutar en Japón durante alguno de sus más famosos festivales de verano. Kioto revive en julio una de sus fiestas más antiguas con el festival Gion Matsuri, que se celebra desde hace más de 1.100 años. Su origen se remonta al siglo IX, cuando se construyeron 66 carrozas para realizar un ritual de purificación después del fin de una peste. En el desfile del 17 de julio se pueden ver incluso algunos carros de la época Edo.

Un fin de semana a ritmo de jazz

Entre el 29 y el 31 de julio, en Suma, Fukushima, el festival Soma-Nomaoi recrea las antiguas batallas samuráis. Del 2 al 7 de agosto, Hirosaki y Aomori celebran los Nebuta Matsuri y Neputa Matsuri, donde grandes estructuras iluminadas de papel evocan a guerreros, animales o escenas y recorren las calles en un singular espectáculo nocturno.

De festival en festival

Escocia celebra durante 2017 el año de la historia, el patrimonio y la arqueología. Temáticas que inundan todas las actividades del país, desde el sector MICE a la música. Su capital, Glasgow, una ciudad moderna y vibrante, es famosa por sus castillos, su arte y cultura y también por su festival de jazz, que se celebra hasta el domingo 25 de junio y que se ha convertido en una de las citas ineludibles de los amantes de este género musical.

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