Amiral: “Es difícil pensar que España pueda llegar a pagar sus deudas” | Mercados

François Badelon (Neuilly sur Seine, Francia, 1962) fundó Amiral hace 15 años. Hoy la gestora administra 3.200 millones de euros. Sus fondos estrella, Sexant Grand Large y Sexant PME están entre los mejores de sus categorías.

En diciembre se mudó a Singapur, ¿qué busca en Asia?

Es un continente muy joven, con gran potencial de desarrollo económico. Por ejemplo, en Vietnam hay 90 millones de habitantes, pero 30 millones no tienen cuenta bancaria. Allí están dejando atrás el pasado comunista. La región es bastante estable de cara al inversor y muy proclive a los negocios, ya sea en Japón, Singapur, China o Vietnam. Lo contrario que en Brasil, allí es más difícil operar porque se actúa de una forma más irracional, con corrupción y burocracia.

¿Ha encontrado problemas al invertir?

La cultura corporativa en Asia es muy distinta. Las empresas generan mucho efectivo que no se distribuye en forma de dividendos o para recomprar acciones. Esto acaba produciendo compañías baratas que, a la larga, acabarán usando el capital de forma más efectiva. Los Gobiernos van a fomentar el reparto de dividendos.

¿Habrá un fondo específico para Asia?

Eso sería una consecuencia, pero no un objetivo. Para nosotros, la obsesión es crear el mejor equipo de gestores que logre una buena rentabilidad para nuestros fondos.

¿Qué efecto tendrá sobre los mercados la retirada de estímulos del BCE?

La política monetaria actual es una vía para sostener Estados en quiebra. Como no pueden devolver la deuda, la única forma de seguir adelante es estableciendo un tipo al 0% para la deuda. Así no pagan intereses. El BCE está comprando bonos de los países que forman parte de la zona euro:que se presentan a sí mismos. Muchos de ellos están en quiebra. Es muy difícil pensar que España pueda pagar sus deudas con su estructura demográfica. Todo el mundo lo sabe, pero prefieren cerrar los ojos.

¿Qué repercusiones tendrá sobre la población?

Creo que a medio plazo acabará habiendo inflación, lo que hará que buena parte de la población se sienta más pobre. Se ampliará la brecha entre ricos y pobres. Tener activos reales marcará la diferencia. Los ricos tendrán un patrimonio para protegerse, para endeudarse si hace falta, sabiendo que el dinero no valdrá nada en 20 años.

¿Hay alguna esperanza para revertir esta situación?

Tal vez la tecnología. Por ejemplo, las compañías que permiten compartir bienes hacen que no sea necesario adquirir un coche o un apartamento. Esto abarata el coste de la vida y te hace más rico.

¿Qué le parece la elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia?

Su equipo tiene menos ideología que los Gobiernos previos. Es más razonable, está menos atados por escándalos previos y no está conformado por políticos profesionales que solo piensan en la reelección. Soy bastante optimista, creo que pueden ser buenos gestores.

¿Podrá sacar adelante sus reformas?

Veremos. Tendrá que ser muy hábil. Pero al menos vamos dejando atrás la política de las grandes utopías, que acaba produciendo monstruos como o los jemeres rojos o Hitler.

¿Teme el efecto Trump sobre los mercados?

Lo único bueno de Trump es que parece que va a hacer lo que ha dicho, pero sus ideas son peligrosas, como construir un muro en la frontera con México. Es un señor peligroso, con un increíble poder de persuasión. Sus mensajes sencillos conectan muy bien con la gente. Al mismo tiempo, es un personaje que fomenta el odio. También me preocupan los mensajes que ha lanzado de limitar el comercio internacional. Hay que recordar que las barreras proteccionistas están en el inicio de algunos conflictos bélicos, como la Segunda Guerra Mundial.

¿Copian ideas de otros gestores?

Por supuesto. Soy el mayor copiador del mundo. Si alguien ha tenido una buena idea, ¿por qué no aprovecharla? Cuando se ha hecho pública la inversión, cualquiera puede aprovecharla. Otros gestores también nos copian a nosotros.

¿Por qué es tan importante el equipo?

Entre nosotros no hay una mente tan brillante como la de Warren Buffet. No hay un supergestor como Francisco García Paramés o Álvaro de Guzmán. Por eso damos prioridad al equipo. Creemos en la inteligencia colectiva. De hecho, copiamos el sistema de la gestora Capital Group, que se basa en premiar los resultados obtenidos en los gestores, dotarles de una gran independencia y retarles para confrontar sus ideas con el equipo. Una forma de premiar el talento es ir dando más peso a las subcarteras de los gestores que mejores resultados obtienen.

¿Es importante la diversidad en el equipo?

Es fundamental. Tener a diez François Badelon no sirve de mucho. Es mejor tener perfiles de gestores muy diferentes, con distintos puntos de vista. Estamos incorporando varias gestoras, para que aporten diversidad y criterio.

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Balance de 10 años de crisis en el mercado


Los tipos cero han empujado al inversor a la Bolsa, que confía en que el alza de tipos que ponga fin a la crisis sea gradual. Wall Street ha subido el 260% desde los mínimos de la crisis pero los expertos no ven señales de burbuja bursátil

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El pinchazo de los bonos, el gran temor que deja la crisis en el mercado | Mercados

Diez años después del inicio de la crisis subprime, el Ibex cae todavía el 33% desde los máximos alcanzados en noviembre de 2007, Wall Street, el Dax alemán y el Ftse londinense cotizan en niveles récord y el rendimiento de los bonos, aunque ya no en mínimos históricos, sigue en niveles insólitamente bajos. El estallido de la crisis subprime en EE UU y el arrollador contagio que tuvo a nivel global –con una particular versión de crisis de deuda soberana en la zona euro– deja un balance desigual en el mundo de la inversión, aunque su dimensión fue tan grande que las secuelas perviven todavía y de hecho prometen seguir condicionando la inversión en los próximos años.

La ya conocida como Gran Recesión, solo comparable en la historia reciente a la Gran Depresión de 1929, provocó una movilización sin precedentes de los bancos centrales de los países desarrollados. La constatación de que el sistema financiero global estaba carcomido por los activos tóxicos dinamitó el sistema, provocó la inyección multimillonaria de ayudas públicas a la banca y la acción concertada de los bancos centrales para garantizar la liquidez. Pero dieron un paso más, impensable antes de 2007, con la decisión de lanzarse a la compra de bonos, no solo soberanos sino corporativos, una medida que ha sido decisiva para salir de la crisis y que a su vez ha distorsionado por completo el mundo de la inversión.

“Wall Street ha tenido grandes ganancias pero la última década ha sido prodigiosa para los bonos. Ese ha sido el principal cambio, el peso en el mercado de la intervención de los bancos centrales. Si ahora hay un activo sobrevalorado por excelencia es el de los bonos”, explica Félix López, socio director de Atl Capital Gestion.

Después de dejar los tipos de interés a cero, la Reserva Federal, el BCE y el Banco de Japón tuvieron que echar mano de medidas extraordinarias con las que garantizar la estabilidad financiera, el acceso a la financiación de familias y empresas –a la vista de que el crédito bancario se había secado– y la recuperación de la economía.

Wall Street ha subido el 260% desde los mínimos de la crisis pero los expertos no ven señales de burbuja bursátil

En Estados Unidos, la Fed mantuvo los tipos de interés a cero desde noviembre de 2008 a diciembre de 2015, durante el mayor período de la historia, y realizó compras de deuda hasta engordar su balance hasta los 4,5 billones de dólares. En la zona euro, el BCE sigue comprando bonos a un ritmo de 60.000 millones de euros al mes hasta fin de año y los tipos están al cero desde marzo de 2016, sin que se esperen subidas hasta finales de 2018 o principios de 2019 como muy pronto.

“La intervención de los bancos centrales fue imprescindible, sin sus medidas extraordinarias la crisis habría sido mucho más profunda y el euro se habría tambaleado, explica Juan Fernández-Figares, director de análisis de Link Securities. En el mercado queda ahora la secuela de unos bonos sobrevalorados y ya sin mucho más recorrido al alza –tras años de impulso incensante con las compras de la Fed o el BCE– y una renta variable que queda como reducto para obtener rentabilidad, en un entorno de tipos de interés aún en mínimos.

“No hay alternativas a la Bolsa y se aprecia cierta complacencia entre los inversores, los clientes nos exigen un mayor grado de exposición a la renta variable”, añade Félix López, quien aun así aclara que no hay señales de burbuja bursátil. “Nos preocupan algunas valoraciones bursátiles pero en general no estamos viendo una expansión de múltiplos, el alza de las Bolsas está en línea con el crecimiento de los beneficios empresariales”, señala Lópex. “Wall Street está en máximos pero gracias a compañías que ganan mucho dinero y que apenas tienen deuda. No veo burbuja en las Bolsas”, añade Fernández-Figares. El experto recuerda además que en 2007 las valoraciones eran más elevadas y los tipos mucho más altos. “No se pueden comparar valoraciones de una época y otra sin contar con el efecto de los tipos de interés”, explica.

En el caso de los bancos europeos, el sector cotizaba en diciembre de 2016 a 2,13 veces sobre valor en libros, muy lejos de las 0,72 veces de diciembre de 2016, según datos de FactSet facilitados por Link Securities. Con los tipos en el 4,25% en la zona euro en 2008, los márgenes de negocio del sector eran muy superiores y su rentabilidad también, un escenario opuesto al actual.

Los tipos cero han empujado al inversor a la Bolsa, que confía en que el alza de tipos que ponga fin a la crisis sea muy gradual

La liquidez con la que han inundado el mercado los bancos centrales ha sido clave en el alza bursátil, con repuntes desde los mínimos de la crisis del 260% para el S&P, que suma ocho años ininterrumpidos de avances, y del 77% para el Ibex. Estas subidas conviven con una suerte de calma chicha, de volatilidad en mínimos en la que también tiene mucho que ver la estabilidad que han proporcionado al mercado las medidas respuestas a la crisis de los bancos centrales.

Y pese a lo vertiginoso del rally bursátil, la Bolsa no encierra el germen de la próxima burbuja, en opinión de los expertos, que sí vigilan en cambio muy de cerca el comportamiento de los bonos.

La renta fija ha vivido un rally desbordante gracias a las compras de los bancos centrales y el gran temor de los inversores es cómo será la vuelta a un escenario de normalidad –con tipos de interés más altos y ya sin el sostén de las compras de bonos– sin que se produzca un descalabro en el precio de los bonos, con el agravante además de que las economías están mucho más endeudadas que con anterioridad a la crisis. Así, el aumento de la deuda ha sido el recurso inevitable para hacer frente al déficit público y al coste de los rescates bancarios.

Las letras a tres meses del tesoro estadounidense marcaron un mínimo histórico en su rentabilidad de -0,025% en octubre de 2015 y el bono alemán a una década llegó a caer al -0,184% en julio de 2016, en paralelo al repunte de su precio. Ahora cotizan en el 0,47%, en un movimiento gradual al alza ante la perspectiva de que las compras de deuda finalizarán a lo largo de 2018 y de que en algún momento llegará el alza de tipos.

Tanto la Fed como el BCE insisten en que los pasos hacia la normalización de la política monetaria se darán con suma cautela. La retirada gradual de los estímulos aplicados durante la crisis será decisiva para no provocar una venta masiva de bonos, ya sin un banco central que los compre, y con ello el alza de las rentabilidades y del coste de financiación.

La Fed va un paso por delante: ya ha subido tipos en cuatro ocasiones, hasta el 1%-1,25%, y estudia reducir su balance. Con los tipos aún a cero, el BCE aún tiene camino por delante hasta estar en condiciones de haber pasado página a la crisis.

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Cómo es el mundo diez años después del estallido de la crisis ‘subprime’ | Mercados

La que pasará a los libros de historia como la Gran Recesión, solo comparable a la Gran Depresión de 1929, dejará momentos que van a permanecer grabados en la memoria colectiva, como la crisis de Lehman Brothers o la caída de Bankia. Y también en la experiencia vital de cada uno, bien por un despido, una rebaja de sueldo, la pérdida del ahorro en las preferentes o un desahucio…Pero el momento en que empezó todo fue hace ya casi diez años, cuando dos fondos de la gestora estadounidense Bear Stearns se declararon en quiebra el 18 de julio de 2007, incapaces de permitir el reembolso de la inversión a sus partícipes. Fue el inicio de una espiral en la que salió a la luz con toda su crudeza la podredumbre del sistema financiero, que durante años había asumido riesgos de forma desmesurada y que en una búsqueda del máximo beneficio inundó de activos tóxicos –y de pérdidas– a la banca de todo el planeta.

La crisis de las hipotecas subprime tuvo su origen en el mercado hipotecario estadounidense y en la práctica extendida entre los gigantes de Wall Street de crear complejos productos financieros con el riesgo de esos clientes que se hipotecaban. Traspasaban ese riesgo a otras entidades financieras, a cambio de la correspondiente rentabilidad, en una peligrosa cadena que se rompió el pedazos cuando se vio con claridad que quienes contrataron esas hipotecas no las podían pagar. Todos los inversores que adquirieron esas titulizaciones se encontraron con que no valían nada, lo que provocó pérdidas multimillonarias en la banca europea e inyecciones públicas sin precedentes en la banca estadounidense. Lehman Brothers cayó pero el pánico que desató su derrumbe impulsó al Tesoro de EE UU a socorrer con capital público a todos los gigantes de Wall Street, demasiado grandes para caer sin que colapsara el sistema.

La crisis de las hipotecas basura de EE UU puso de relieve la importancia de la banca en el engranaje de las economías desarrolladas, mayor aún en una economía globalizada. Si caían los bancos, se evaporaba también el ahorro de sus clientes y desaparecía la vía de financiación de la que dependían familias y empresas.

La crisis desatada en EE UU y de magnitud global tuvo por tanto un componente puramente bancario, que se trasladó con mayor intensidad si cabe al otro lado del Atlántico. Su réplica europea afloró las debilidades con que se había construido la zona euro, un proyecto en el que habían convergido economías realmente desiguales y en el que no se había previsto qué hacer cuando uno de sus miembros tuviera verdaderas dificultades financieras. El euro quedó a merced de la desconfianza de los inversores, hasta poner en peligro su supervivencia. La crisis bancaria mutó en la zona euro a crisis de deuda soberana, en la que se puso en cuestión la capacidad de pago de los países más débiles, incluida España, que tuvo su propia crisis de hipotecas basura.

España también se dio cuenta de que el Emperador en realidad iba desnudo: el mercado inmobiliario pinchó estrepitosamente, llevándose por delante al sector de la construcción y a buena parte de la banca, en especial de las cajas de ahorros. El motor del milagro económico español se paró y lo que vino después ha sido un cúmulo de destrucción de empleo, precariedad, recortes presupuestarios, inyección de ayudas públicas a la banca, rebajas salariales y desigualdad.

Los bancos centrales jugaron un papel fundamental para frenar la crisis con sus inyecciones de liquidez y compras de deuda, cuyo ingente volumen puede limitar la respuesta ante futuros shocks

Diez años después, las economías ya crecen –España podría hacerlo este año a un ritmo del 3%–, aunque la crisis ha dejado una profunda huella social, política y financiera

Para empezar, la banca ya no es la que era. Ha tenido que encajar una intensa regulación que ha elevado las exigencias de capital y mejorado la transparencia en la relación con los clientes y en los términos en que ha de vender sus productos. “La banca es desde luego más segura. La regulación es mucho más exigente, tanto por los criterios de riesgo incurrido por los bancos como por el capital exigido para hacer frente a posibles pérdidas. Hay más consciencia sobre lo que se debe y no se debe hacer”, reconoce Konstantin Sajonia-Coburgo, coresponsable de banca de inversión de Barclays en España.

Joe Lovrics, responsable de mercados de capitales de Citi para España y Portugal, coincide en que “la banca es ahora más segura, se ha hecho un enorme esfuerzo. Hay un límite para el apalancamiento y se ha garantizado que los activos y pasivos estén bastante más balanceados”. Aunque también reconoce que pese a las exigencias regulatorias, aún hay bancos con problemas. Baste ver el reciente rescate de Popular o de dos bancos italianos de la región del Veneto.

Lo que sí deja clara la crisis es que los futuros rescates bancarios no los volverá a pagar el contribuyente. Al menos es la voluntad política sobre el papel, a la vista de que la regulación marca la vía en que un banco ha de rescatarse a sí mismo. No en vano, la crisis deja economías enormemente endeudadas, en gran medida por el coste de sus rescates bancarios y por la caída de la recaudación de impuestos.

El envejecimiento de la población y el impacto de la tecnología auguran un crecimiento futuro modesto y con baja inflación, lo que se solapa con efectos de la crisis todavía por digerir

La banca sobrevivió a sus activos tóxicos gracias por tanto a la ayuda de sus gobiernos, aunque el verdadero sostén de la estabilidad del conjunto del sistema financiero fueron los bancos centrales. La actuación concertada de la Reserva Federal, el BCE, el Banco de Japón o el Banco de Inglaterra fue determinante para suministrar liquidez en los momentos más críticos, cuando el mercado interbancario había colapsado, y para estabilizar el sistema financiero. Sajonia-Koburgo emplea el símil de una huelga de transporte en una gran ciudad. “Los bancos centrales han conseguido asegurar como poco unos servicios mínimos de entre el 80% y el 90% en todo momento”, señala.

En el caso del euro, la intervención del BCE fue decisiva para su superviviencia. En julio de 2012, cuando la presión sobre la deuda soberana era ya insostenible para gigantes de la zona euro como España o Italia, Mario Draghi aseguró que haría todo lo necesario para proteger la divisa. Y desde entonces no ha parado. Llevó los tipos a cero y comenzó un programa de compras de deuda sin precedentes –emulando el de la Fed o el Banco de Japón–, tras el que ha acumulado 4,2 billones de euros en balance. Sus compras han asegurado un entorno de financiación barata a gobiernos y empresas, que tendrán que afrontar tipos más altos una vez que ese programa de adquisiciones desaparezca, previsiblemente en 2018.

“La dependencia del BCE sigue siendo enorme. Diez años después, aún no se ha logrado romper el vínculo entre riesgo bancario y riesgo soberano. Y el mercado interbancario no ha recuperado su funcionalidad, los bancos continúan depositando en el BCE su exceso de liquidez antes que prestarla, incluso a pesar de pagar una penalización del 0,4%”, apunta Roberto Scholtes Ruiz, director de inversiones de UBS Banca Privada.

Los elevados niveles de deuda que deja la crisis plantean también el desafío de lograr unos niveles de crecimiento sostenibles con los que asegurar los pagos. En España, el ratio de deuda sobre PIB es del 100,4% al cierre del primer trimestre, a lo que se suma el lastre del elevado desempleo.

“Los mercados no son dominables, tienden a ir hacia el exceso. Ahora hay fondos de inversión demasiado grandes para caer…quizá la próxima crisis venga de ahí”, señala Joe Lovrics, responsable de mercados de capitales de Citi para España y Portugal.

“El PIB español está a punto de recuperar el nivel previo a la crisis, pero con la diferencia de que hay 2,1 millones de ocupados menos, de personas que esperan trabajar”, señala Daniel Fuentes, experto de AFI. En su opinión, España ha salido de la crisis gracias principalmente a la reducción de los costes laborales, que han contribuido a impulsar la exportación. “Pero en este terreno no queda recorrido. La ausencia de tensión en los salarios de la economía española sugiere que la tasa de paro estructural podría estar próxima a entre el 14% y 16%”, añade. E insiste en la necesidad de un esfuerzo en competitividad e innovación para encarar el futuro tras la crisis.

Las economías no terminan de levantar cabeza cuando de hecho están ya afrontando nuevos retos que apuntan a un futuro de crecimiento débil y baja inflación. El envejecimiento de la población y el avance de las tecnologías son los próximos desafíos. “Son efectos que se mezclan y retroalimentan: con menor crecimiento, menor capacidad de pagar la deuda”, apunta Scholtes Ruiz.

¿Y si estalla una nueva crisis? Los bancos centrales, con una pesada carga de deuda en sus balances, quedan con menos margen para encararla. “El gran riesgo sistémico actual es China, el crédito se ha disparado al 280% del PIB. La magnitud asusta”, añade el experto de UBS. “Los mercados no son dominables, tienden a ir hacia el exceso. Ahora hay fondos de inversión demasiado grandes para caer, poco líquidos, sin valoraciones diarias…quizá la próxima crisis venga de ahí”, añade Lovrics, desde Citi. La historia demuestra que las crisis se repiten. El pequeño consuelo es que, como pronosticaba Janet Yellen esta misma semana, “espero que no ocurra durante nuestra vida”.

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Preguntas que hacerse diez años después del estallido de la Gran Recesión | Compañías

Van a cumplirse diez años desde que dos fondos de Bear Stearns se declararan en quiebra, en la primera señal (entonces inadvertida por la mayoría) de una crisis que se desbocó un año más tarde con la quiebra de Lehman Brothers. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria en EE UU arrastró a la economía mundial, en particular a aquellos países, como España, donde coincidía una sobrevaloración de activos inmobiliarios y una asunción temeraria de riesgos en el sector financiero.

Vino el rescate de Grecia, que puso en jaque al euro, el derrumbe de las cajas de ahorros en España, y una desconfianza general con los países periféricos de la UE, cuyas primas de riesgo escalaron a niveles insostenibles. El Gobierno español de entonces (el de Rodríguez Zapatero) quiso primero combatir la crisis con medidas expansivas del gasto, hasta que en 2010 chocó bruscamente con la realidad e inició un camino de recortes que continuó Rajoy a partir de 2012. El ajuste en el sector privado destruyó empleo y devaluó los salarios.

El saneamiento de la banca obligó a disparar la deuda pública. Quien más ayudó a aliviar la situación fue el BCE, que dijo que haría todo lo necesario para salvar el euro y mantiene desde hace años una política muy expansiva, vía que en EEUUya se está abandonando de forma gradual.

Diez años después, la recuperación de la economía global es un hecho. Las cuentas públicas españolas están en orden y tanto el PIB como el empleo crecen con fuerza, aunque la factura social de la crisis es duradera, porque aumentó la desigualdad. Los mercados recuperaron la senda alcista y en EE UU ya han superado con nuevos récord los niveles previos a la llamada Gran Recesión.

Los efectos políticos están a la vista, con el auge de los populismos, como los que explican el brexit o la elección de Donald Trump, dos hechos que generan gran incertidumbre. Pese a todo, Europa parece haber contenido la marea y el proyecto común podría reactivarse. En el escenario se cruza además otro fenómeno para la historia:la digitalización de la economía.

Sería importante constatar si hemos aprendido las lecciones de un capítulo tan doloroso de la historia reciente. ¿Es mejor la regulación financiera a escala global? ¿Se ha avanzado para frenar la inversión más especulativa, en la línea que se propuso el G20 en Pittsburgh en 2008? ¿Somos más conscientes de los riesgos? ¿Evitaremos las burbujas en el futuro? ¿Es viable una unión bancaria en la UE, entre otros avances hacia la integración? ¿Cabe una economía menos vulnerable? ¿Podemos gobernar mejor la globalización sin caer en un proteccionismo trasnochado?Un decenio no basta para darnos las respuestas.

 

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Los bancos extranjeros ya se saben las preguntas de la Fed | Mercados

Los grandes banqueros extranjeros que buscan hacer una fortuna en América acaban de recibir una chuleta para calmar a los reguladores bancarios estadounidenses. Los principales bancos del país han aprobado el test anual de la Reserva Federal, incluyendo la parte cualitativa, que los había hecho tropezar anteriormente. Los internacionales, como Barclays y Deutsche Bank, que se examinan el año que viene, tienen ya una guía para seguir.

Por primera vez desde que se iniciaron los exámenes tras la crisis de 2008, la Fed no se ha opuesto al pago de dividendos o a los planes de recompra de acciones de ninguno de los 34 bancos que se mostraron a los reguladores. 21 instituciones estuvieron exentas del análisis cualitativo, donde los supervisores evalúan el riesgo operativo. Los 13 bancos que formaron parte de esta ronda también la superaron, aunque Capital One tiene que volver a presentar su plan de capital.

Mientras los bancos estadounidenses han podido cogerle el truco a los tests, los extranjeros enfrentarán los exámenes el próximo año. Barclays, Credit Suisse, Deutsche Bank, RBC y UBS estaban entre los mayores bancos internacionales que tenían que crear holdings bajo las reglas de la Fed. Pasaron un test de prueba este año y formarán parte oficial del proceso en 2018. Una división estadounidense más pequeña de Deutsche Bank ha suspendido el examen dos veces, pero estuvo exenta de la última ronda cualitativa.

Los bancos extranjeros pueden aprender de los errores de sus rivales estadounidenses. En 2014, Citigroup suspendió por segunda vez. La Fed concluyó que el prestamista manejaba de forma inadecuada sus complejas operaciones globales. Otras firmas, como Bank of America, JPMorgan, Goldman Sachs y Morgan Stanley, tuvieron que volver a remitir por errores menos importantes.

Los bancos extranjeros tienen menor presencia en EE UU pero están lidiando con nuevas estructuras y procedimientos de gobernanza bajo los holdings. Tendrán que mostrar que tienen controladas sus nuevas operaciones. Estas entidades tienen una hoja de ruta que seguir, siempre que los reguladores les sometan al mismo examen que han superado sus compañeros americanos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción es responsabilidad de Cinco Días.

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