Candidatos a las próximas crisis económicas


Japón, Italia, China o Reino Unido son los países en el farolillo rojo de un sistema económico en el que las recesiones se han vuelto habituales desde que se rompió la relación moenda-oro.

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El reto demográfico para la banca | Compañías

Se ha escrito mucho sobre todos los retos a los que se enfrentan los bancos. Ha sido un debate recurrente desde el estallido de la crisis, pues muchos de los desafíos se centran precisamente en sus consecuencias. Como la compleja e interminable regulación y estricta supervisión desde las autoridades. Otros retos, como la elevada competencia y la digitalización del negocio financiero, suponen una nueva prueba de la resiliencia del sector. No cabe la menor duda de que los bancos superarán todos estos desafíos. Sin embargo, es cierto que hay otros factores de tipo estructural que merecen una reflexión. Y quizás uno de los más relevante es el factor demográfico.

La mayoría de países desarrollados se enfrentan a un doble riesgo en su población, de descenso a futuro y más envejecida. Este fenómeno tendrá grandes consecuencias para la sociedad y repercutirá, a su vez, en las finanzas públicas y en la sostenibilidad del sistema de pensiones. Del mismo modo los bancos, como parte de la sociedad, también se pueden ver muy afectados.

El factor demográfico conlleva, por ejemplo, tipos de interés más bajos y un aplanamiento de la curva de tipos. Es cierto que la situación actual extrema es excepcional, pero la normalización del nivel de tipos y de la pendiente de la curva probablemente quedará muy lejos de los niveles que existían antes de la crisis.

El sector bancario es consciente y busca soluciones. Por eso mira a Japón, donde el problema demográfico es ya más una realidad que una amenaza. La pérdida de peso de los bancos sobre el conjunto del sector financiero japonés, los problemas que sufren las pequeñas entidades –centradas en negocios locales– y la caída de la ratio préstamos sobre depósitos, son consecuencias directas o indirectas del efecto demográfico. En el país del Sol Naciente, el sector bancario ha asumido más riesgos, en buena parte internacionales, y ha reducido costes al mismo tiempo que ha llevado a cabo su consolidación. Todo ello con buenos resultados a corto plazo, aunque sin resolver del todo las dudas sobre el futuro.

En Europa, la debilidad estructural de los ingresos bancarios también se contempla como un verdadero reto para superar en el futuro. Sin embargo, se sigue discutiendo sobre los modelos de negocio a corto plazo y sobre la elevada morosidad acumulada durante crisis. Pero ¿y el desafío que supone la demografía para el sector? El propio presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, pasó de puntillas sobre el tema durante su conferencia en Jackson Hole: “sin la ayuda de la demografía, la única forma de aumentar el crecimiento económico potencial pasa por una mejora de la productividad”. El crecimiento es clave para el negocio de los bancos.

Los datos económicos más recientes muestran una mejora inesperada del crecimiento a nivel mundial. Y Europa es su mejor exponente, tal y como muestran los indicadores adelantados que apuntan a que la recuperación es más sólida de lo esperado.

Aun así, el propio BCE duda de su sostenibilidad a medio y largo plazo. La sociedad requiere de un crecimiento potencial mayor, un crecimiento inclusivo que se reparta de forma ecuánime. Los bancos europeos, sin duda, hacen su parte para lograrlo y apuestan por fomentar una mayor inclusión financiera. El riesgo es que un exceso de regulación o una regulación mal enfocada puede dificultar este objetivo implícito que tienen las entidades de crédito europeas.

Las autoridades económicas son las que deben tomar un mayor protagonismo para aumentar el crecimiento económico potencial, favoreciendo la inversión productiva, apostando por una mayor competencia productiva y también mejorando los mecanismos para resolver insolvencias.

Tampoco deben olvidarse de fomentar una mayor apertura comercial, basada en normas comunes, tal y como defendió el presidente del BCE en Jackson Hole. Todo ello acompañado de una mayor apertura financiera y bajo una regulación adecuada. Por eso es también importante que las autoridades ponderen el riesgo de un exceso de la regulación sobre los bancos y el resto del sistema financiero.

Superada la crisis, sus consecuencias aún nos acompañan. Los bancos ahora son más resistentes y han llevado a cabo cambios importantes en su gobierno, siempre bajo un enfoque de responsabilidad social. Todo esto se ha traducido en la importante aportación que están teniendo en la recuperación económica cíclica actual. Las autoridades deben mirar a más largo plazo y tratar de combatir los riesgos estructurales, como la elevada deuda pública y el envejecimiento de la población. La clave pasa por aumentar el crecimiento potencial, el verdadero objetivo para la sociedad.

José Luis Martínez Campuzano es portavoz de la Asociación Española de Banca.

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El sector manufacturero tira de la zona euro | Mercados

La actividad económica de la zona euro está creciendo en agosto gracias principalmente al importante impulso que aporta el tirón del sector manufacturero, según refleja el primer avance del índice PMI publicado este miércoles. Por el contrario, resta velocidad al empuje económico europeo el sector servicios, obtiene en el principal mes del verano los peores resultados de los últimos siete meses.

La actividad total de la eurozona viene representada en el índice PMI Compuesto, que muestra un significativo crecimiento del sector privado y la tasa de expansión más alta de los últimos seis años. El índice marca un 55,8, frente al 55,7 registrado en julio y se sitúa en su cota máxima de los dos últimos meses.

Lideró el crecimiento el sector manufacturero, cuyo índice alcanzó en el mes de agosto el 57,4, una décima más que en julio. Tres condiciones explican este crecimiento: el aumento de la producción, la demanda de nuevos pedidos y los mejores resultados en exportaciones desde hace seis años y medio. Por otro lado, el sector terciario ha caído hasta el 54,9, las peores cifras desde el pasado mes de enero.

“El aumento de las tarifas fue modesto y más débil que los observados hacia principios de año, y por tanto no causará mayor inquietud al BCE”, señala Andrew Harker, director asociado de IHS Markit, firma que elabora el índice PMI, en un contexto de preocupación del banco central por la inflación en la zona euro.

Alemania y Francia, las economías más fuertes de la eurozona, mantienen buenos resultados en el total de su actividad. Alemania se sitúa en un 55,7; mientras que en julio obtuvo un 54,7. Por otro lado, Francia se mantuvo estable en 55,6, aunque aumentó su producción manufacturera a un ritmo más alto.

Los datos definitivos del resto de países del cómputo no se publicarán hasta el 1 de septiembre. En el caso de España, los últimos datos disponibles corresponden al mes de julio, cuando obtuvo un 54. En junio se situaba en 54,7; y en mayo, en 55,4; enlazando dos meses de ralentización.

Según Harker, el incremento de los pedidos “es un buen indicio para el mercado laboral, puesto que es probable que las firmas busquen contratar personal adicional para ocuparse de los trabajos pendientes”.

Sin embargo, en lo que respecta a la representatividad del PMI, el economista José Carlos Díez advierte de que el PMI no representa los estándares de vida de la población, “refleja la situación del sector industrial y de la actividad económica. El indicador que estamos viendo de las familias no es bueno.”

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Una oportunidad para avanzar hacia un cambio de modelo productivo | Compañías

Como si de una fórmula magistral se tratara, la combinación de la recuperación económica en España y en toda la zona euro ha propiciado el fin de siete años de larga sequía industrial y el encadenamiento de 43 meses seguidos de crecimiento, en algunos casos de hasta dos dígitos. El sector ha ido ganando músculo en los últimos tres años hasta consolidarse como una maquina engrasada y potente que, según los últimos datos –del primer semestre de este año– no pierde fuelle ni velocidad. En algunas áreas, como en la de fabricación de maquinas para trabajar el metal, acumuladores eléctricos y generadores de vapor, el incremento ha alcanzado el 17%, mientras que en algunas empresas se han logrado aumentos en las ventas del hasta el 56% o asignación de nuevos contratos por un valor casi un 170% mayor.

El área que lidera este motor de crecimiento es el de los bienes de consumo. Alimentos, bebidas, coches, muebles, ordenadores, textil, tablets o electrodomésticos se han disparado como consecuencia de un consumo familiar que ha dejado atrás la austeridad de la crisis y lleva más de tres años consecutivos creciendo al 3%. A ese repunte interno hay que unir la sólida cuota de mercado que las empresas españolas han ganado en el exterior durante la recesión, como consecuencia de haber tenido que volcarse en los mercados internacionales para poder sobrevivir. Ese esfuerzo llevado a cabo en los años de vacas flacas sigue trayendo un rédito notable que es necesario proteger y potenciar. El mérito de ese resultado no está únicamente en la mejora de la coyuntura económica externa e interna, sino también en el meritorio esfuerzo de ahorro de costes que ha realizado la industria española y que se ha traducido en una mayor flexibilidad y competitividad.

La recuperación de la industria corre paralelamente al de la economía en general y ofrece una oportunidad histórica de reducir la terciarización de la economía española y avanzar hacia un cambio de modelo productivo en el que el sector secundario gane protagonismo y responda a las exigencias de un mercado global en constante cambio.

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La amenaza de la ‘vieja normalidad’ | Mercados

A principios de 2009, los gestores de fondos de PIMCO acuñaron el término nueva normalidad para describir el panorama financiero posterior a la crisis. Su proyección de un crecimiento lento, inflación moderada y tasas de interés a ras de suelo demostró ser fiable la mayor parte de los ocho siguientes años. Ahora los mercados temen que ese período esté llegando a su fin.

Ha quedado claro que la economía mundial está funcionando mejor. El FMI espera que el crecimiento del PIB mundial alcance un 3,5% este año. Los temores de que una crisis financiera pueda desencadenar una recesión en China han disminuido. La confianza económica en la zona euro está en su nivel más alto en casi una década. Sin embargo, la posibilidad de que los bancos centrales respondan a esa mejora ha pillado a los gestores del dinero por sorpresa.

Los rendimientos de los bonos de la zona euro subieron esta semana después de que los inversores interpretaran los comentarios del presidente del BCE, Mario Draghi, como un endurecimiento de la política monetaria. La perspectiva de que el dinero se encarezca se ha hecho sentir en las acciones. La noción de que un crecimiento más fuerte puede llevar a bajar los precios de las acciones es un recordatorio de la distorsión de los mercados. La liquidez no solo ha rebajado los rendimientos de los bonos del Estado, sino también ha reducido los costes de endeudamiento para empresas y consumidores.

Es demasiado pronto para declarar la nueva normalidad. Después de todo, el BCE sigue gastando 60.000 millones de euros al mes comprando bonos. Los signos de una recuperación también podrían resultar falsos. Las esperanzas de que la elección del presidente Donald Trump conduzca a recortes de impuestos que impulsen el crecimiento y el gasto en infraestructuras se se ha desvanecido en gran medida. Los bancos centrales saben que un endurecimiento de la política monetaria demasiado rápido podría golpear a los mercados y, a su vez, la confianza de los consumidores y las empresas. Sin embargo, las piedras de toque de la era post-crisis se están tambaleando. Los inversores tendrán que acostumbrarse a observar bajo cubierto.

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