Las utopías frustradas de Julie Mehretu llegan a Santander | Fortuna

El punto de transición entre el mar y la tierra en el que se encuentra El Centro Botín acoge desde este jueves, 12 de octubre, la exposición Una historia universal de todo y nada de la artista etíope Julie Mehretu. Se trata de la retrospectiva más importante sobre la obra de la pintora, afincada en Nueva York, que se celebra en Europa hasta la fecha. Una muestra de 30 pinturas y 60 dibujos, que comprenden desde su primera etapa artística hasta sus lienzos en gran formato de estructuras más complejas.

El trabajo de Mehretu habla sobre las preocupaciones contemporáneas con claras referencias a las revueltas surgidas durante la Primavera Árabe, a la guerra civil siria y a la creciente brutalidad del racismo en Estados Unidos que ha desembocado en el movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras son importantes). En palabras del director artístico del Centro Botín, Benjamin Weil, “su obra es una forma de representar muy bien el mundo actual, pues guarda una relación muy estrecha con el caos de hoy en día”.

La crítica a las utopías también esta presente en la muestra. Mehretu, nacida en 1970, huyó de Etiopía en 1977, tras la revolución fallida que derivó de la dictadura. Sus padres venían de una generación que soñaba con una vida mejor, una vez que la dictadura terminase. Sin embargo, a ella le tocó vivir la frustración de que ese cambio no llegara a producirse, una transición que se refleja igualmente en la obra de la artista. Mientras que sus primeras pinturas recogen un dibujo arquitectónico, en el que predominan el uso del color y la sucesión de capas y marcas, estas referencias van desapareciendo para dar lugar a piezas llenas de energía, donde el trazo es el aspecto más importante y el gris, el color predominante.

Para Mehretu, los tonos oscuros, lejos de ser una respuesta pesimista, brindan un espacio para la esperanza. “Es reconocer que ha habido un fracaso, pero que ese revés también abre la puerta a las nuevas posibilidades que pueden surgir en el futuro”, explicó la pintora, durante la presentación de la exposición. Considera el espacio gris un hueco para crear de nuevo. Se trata de un principio que ejecuta durante la elaboración de sus propias obras, en las que, con frecuencia, borra o desdibuja sus propios trazos para continuar creando.

De esta idea bebe también el nombre de la exposición. La pintora confesó haberlo elegido por “lo abierto que es, y por la idea de que tenemos una historia, un pasado, pero también nuevas posibilidades para avanzar”. Algo que le resulta complicado exponer con palabras, pues trata de ser casi algo más allá del lenguaje. “Hay que crear un idioma nuevo con el que navegar por estos tiempos tan convulsos”. Para Weil, se trata precisamente de esta capacidad para reinventar el lenguaje de la pintura lo que convierte a Mehretu en una de las artistas más reseñables de su generación.

La muestra se organiza conjuntamente con el Museo de Arte Contemporáneo de Serralves (Oporto), donde se expuso previamente, y podrá visitarse en El Centro Botín hasta el 25 de febrero de 2018. El interior de la institución, inaugurada a principios de verano, está completamente bañado por luz natural, lo que dota a la muestra de una apariencia más impactante. Durante la presentación de la exposición, la artista confesó hallarse fascinada, pues “nunca había visto las obras expuestas así”.

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Del videojuego al deporte electrónico: una nueva profesión para los ‘millennials’ | Innovación

Los videojuegos siempre han sido considerados una opción más de ocio, una forma de distraerse en el ordenador o la videoconsola de la rutina diaria. Esta percepción ha dado una vuelta de tuerca y emerge con gran fuerza la profesionalización de los jugadores en los llamados deportes electrónicos. Para algunos seguirán siendo esos frikis que se pasan las horas muertas delante de una pantalla. Sin embargo, estos apasionados han abierto una rendija laboral para una generación, la llamada millennial, que se ha topado con una crisis económica que ha cercenado muchas de sus esperanzas laborales. Para comprender el impacto de los eSports, la consultora Newzoo asegura que este sector facturó 390 millones de euros en el último año y prevé a lo largo de 2017 esa cifra suba hasta los 550.

Vesturio del Movistar eSports Center

League of Legends (LOL), Overwatch, CS:GO, Dota 2… un sinfín de títulos de videojuegos que han convertido a sus jugadores en profesionales y que mueven cifras impensables. La comunidad de LOL la forman 120 millones de jugadores. Un torneo de Dota 2 llegó a repartir más de 18 millones de euros en premios. La audiencia global del sector ronda los 300 millones de espectadores anuales. España, en medio de tanto guarismo, también empieza a apostar por los deportes electrónicos. A finales de mayo, Movistar inauguró en Madrid el Movistar eSports Center. Un recinto de unos mil metros cuadrados equiparables a los de una ciudad deportiva. Taquillas, sala audiovisual, cantina con menús personalizados y hasta anfiteatro. Una instalación para que los 60 jugadores profesionales de los equipos de Movistar Riders dediquen su tiempo en exclusiva a su trabajo: los videojuegos.

Fernando Piquer, consejero delegado de Movistar Riders, asegura que este proyecto no deja de ser una compañía de talento en la que se abre un horizonte profesional igual que el que puedan tener otros deportistas. “Este sitio es un ejemplo muy claro de cómo la gente joven ha creado una profesión que no existía. Y no nos quedemos solo en los jugadores. También hay entrenadores, analistas o narradores de las partidas”, argumenta. Piquer transmite la idea de que si el sector ha dado este salto cualitativo es para garantizarse un futuro con ciertas expectativas.

Jugador de eSports

Como un empleado más, Alberto González –Neptuno es su nombre de guerra– tiene un contrato de 40 horas semanales como jugador profesional de Overwatch de Movistar Riders. A sus 25 años, nunca antes se había planteado dedicarse profesionalmente a los deportes electrónicos… y eso que lleva desde los 11 yendo a competir a torneos. “Esto es algo serio y no solo un vicio. Creo que la sociedad ha cambiado y empieza a comprender lo que ocurre”, expone. Según datos de la Asociación Española de Videojuegos, los españoles gastaron 1.163 millones de euros en esta industria en 2016 y 15 millones de personas juegan a alguno de los títulos a su disposición.

El crecimiento vertiginoso de los eSports ha acercado a muchos jóvenes a la idea de dejarlo todo por su pasión. Igual que unos quieren ser el nuevo Messi, Gasol o Alonso, otros pretenden emular a sus dioses electrónicos: Faker, Olofmeister o HarryHook. Jorge Sáinz, manager general de Movistar Riders, convive a diario con sus jugadores. Es su apoyo para lo que puedan necesitar y a quien recurren para resolver cualquier duda, incluso aquellas más personales. Por su cuenta de correo pasan decenas de mensajes de chavales que piden una oportunidad. Es consciente de que lo ven como una opción viable, pero a la mayoría les frena un poco su entusiasmo. “Siempre les digo que estudien primero y ya veremos después lo que ocurre. Como equipo profesional tenemos que priorizar una solución integral y no solo de dedicación a los videojuegos”, razona. Tanto es así que una de sus normas para formar parte de la plantilla es tener una nota media mínima de seis.

Cantina del Movistar eSports Center

Vodafone, Orange, El Corte Inglés y Domino’s Pizza, entre otras compañías, se han asomado al fenómeno de los deportes electrónicos. En algunos casos en forma de patrocinio y en otros con la creación de equipos profesionales. El pastel parece bastante suculento como para quedarse sin una ración. De todas formas, la inversión se encuentra lejos de la de otras industrias pese a las cifras que están ya moviendo. Tal y como precisa Piquer, el capital privado que hay en el sector es de empresas implicadas de alguna manera en este negocio y no tanto de los actores clásicos. “Estoy convencido de que, por ejemplo, fondos de inversión y de capital riesgo se subirán a la ola y serán una parte más de la financiación de los eSports”, subraya.

La profesionalización de los videojuegos se antoja irremediable. Las cifras parecen vaticinar un futuro halagüeño y con un calado social cada vez mayor. Quienes trabajan en este nuevo empleo entienden que hay cierto riesgo de burbuja, como ya ocurrió con las puntocom a principios del siglo XXI. Desde hace año y medio han crecido exponencialmente, pero el reto radica en no desinflar las ilusiones depositadas por muchos millennials. “No se trata solo de jugar, sino de fomentar valores y comportamientos. Llevar una afición al mismo nivel que pueda tener cualquier otro equipo profesional”, concluye Sáinz. 

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