Javier Martín: “El talento joven huye de las grandes empresas” | Fortuna

Desde pequeño le gustaba hacer cosas. Siempre fue un niño inquieto. Tal vez por ello, Javier Martín, nacido en Móstoles (Madrid) hace 24 años, decidió estudiar telecomunicaciones. Comenzó desarrollando aplicaciones para compartir fotografías, hasta que Telefónica lo fichó con 16 años para el proyecto Wayra. Una experiencia que le cambió la vida, ya que empezó a relacionarse con el entorno del emprendimiento. Es cuando monta una aplicación para conectar gente. A pesar de tener financiación, el proyecto no salió adelante. El fracaso le sirvió además para afianzarse en la multinacional, que preside José María Álvarez-Pallete, en el departamento de seguridad, el mismo del que es responsable Chema Alonso. En paralelo, monta una agencia de diseño y desarrollo de producto. Es el momento en que decide independizarse y emprender su carrera profesional en solitario y crear Fudeat, una plataforma de empresas de catering. En una de ellas, Armiñan, se celebra esta entrevista.

¿Por qué abandona Telefónica y decide comenzar en solitario?

Conseguí una beca de redes con Telefónica para ir a San Francisco, a Stanford, y me gustó ver cómo evolucionan las empresas allí. Observando que la tendencia era la gastronomía, y que el catering estaba muy evolucionado, mucho más que aquí, vi la posibilidad de fundar un proyecto de este tipo en un país tan gastronómico como España. En EE UU, una empresa como Ezcater es un modelo de negocio que en un año facturó 150 millones. En España, el sector del catering mueve 3.500 millones de euros y creemos que tiene mucho potencial.

Una de sus empresas fracasó por falta de entendimiento entre los socios; ahora son nueve compañeros, ¿con qué criterio los ha seleccionado?

Ha sido importante que fuéramos complementarios, que cada uno aportara en una determinada área. Tenemos tres socios financieros, que son los fundadores de Tuenti, Hawkers, que además de ayudarnos con el know how, nos facilitan que acudamos a las rondas de financiación. También ha entrado en el accionariado el grupo hotelero Palladium, que nos va a ayudar con la expansión. Son socios financieros que se comprometen en el día a día. La inversión hasta ahora ha sido de 180.000 euros, más la parte tecnológica, que la hago yo como inversión adicional y que está valorada en 70.000 euros. Necesitamos conseguir dos millones de euros para poder llegar a todo el territorio nacional.

¿Cuál es el principal problema de una empresa que comienza?

Cuando se lanza un proyecto, uno de los problemas es la tecnología, y también el posicionamiento. La tecnología da miedo, sobre todo cuando no la entiendes. Lo normal es pensar que te engañan, y saber todos los entresijos te ayuda. En cambio, los tecnológicos no saben cómo funciona la puesta en marcha de un proyecto. Siempre las personas son más importantes que el producto.

Ha sido un joven precoz dentro del ecosistema emprendedor.

Desde los 13 años llevo programando. Influyó cuando era pequeño el tema de la seguridad informática. No tengo vena empresarial, lo que me gusta es tratar las cosas que otros no han tratado. El hacking consiste en destruir, pero yo pensaba que era mejor construir, dar respuesta a los problemas. Un emprendedor es como una navaja suiza, con muchos usos y mucho aprendizaje por delante. Lo que más valoro es lo que aprendo en el día a día. Soy aprendiz de todo.

En España, el sector del catering mueve 3.500 millones de euros y creemos que tiene mucho potencial

¿Qué aprendió en Telefónica?

Es una empresa enorme, pero lo que no me gusta de las grandes corporaciones es su sistema jerarquizado, que impide que las ideas fluyan. Y sucede que cuando tienes ambición por crear cosas, no puedes. El talento joven huye de las grandes corporaciones, incapaces de atraer a este perfil. A la gran empresa le cuesta adaptarse a lo que busca un joven.

¿Qué deben hacer?

Tomar medidas para captar a ese talento joven que tanto necesitan. Ya están desapareciendo los despachos y se crean espacios compartidos. Se está lavando la imagen de las empresas para que desaparezca el corporativismo e intentar cambiar los mastodontes.

¿Qué quieren los jóvenes?

El talento joven quiere participar en la toma de decisiones. Es lo que impulsó Tuenti. La ventaja que tienen las startups es que te permiten virar y hacer las cosas. En Wayra, si lanzabas una idea se llevaba a cabo si era viable, en otro tipo de compañía sería impensable.

¿En qué quiere convertir a Fudeat?

Pretendo democratizar el mundo del catering, que siempre ha estado relacionado con bautizos, bodas y este tipo de celebraciones, y lo que deseo es integrarlo en el día a día de los ciudadanos. Que el catering se convierta en algo normal. La gente joven relaciona el catering con cosas de padres. Somos pioneros porque hasta ahora no había un marketing place que aglutinara a todas las empresas gastronómicas y en tan solo cuatro clics poder elegir la oferta gastronómica para un evento.

¿Ser pionero es importante?

Dijo Picasso que los buenos artistas copiaban y los grandes robaban. Es muy difícil crear algo desde cero. Las startups innovan en la idea, que luego hay que implementar. Nuestra idea es pionera; ahora hay que ver cómo la integramos en el mercado español.

¿Su proyecto es replicable en otros países?

Es un proyecto escalable, que necesita de socios locales para poder hacerlo. Las startups globalizan, pero no crean algo que sea evolutivo. Por ejemplo, Cabify es una gran empresa que se ha globalizado, pero no han creado nada. Hacer un cohete espacial para colonizar Marte, eso sí es crear; unas baterías energéticas para casa, eso es crear. Yo tiendo a crear, no a globalizar.

Source link

Crimons, cuando decorar una fiesta se convierte en arte efímero | Compañías

Las bodas ya no son lo que eran. Tampoco las fiestas ni los eventos de empresa. Todo tiene un toque diferente, un punto de sofisticación al que en buena medida ha colaborado la compañía barcelonesa Crimons. El diseño de espacios para eventos, junto con el alquiler de mobiliario y menaje, son sus actividades principales, pero su secreto, dice Mercedes Ribas, la actual propietaria, “es adaptarnos a las necesidades del cliente”, desde una barra de cócteles o un food truck, a un spanish chillout para 500 comensales ingleses de visita en nuestro país.

“Cuando compramos esta empresa hace 10 años ofrecía únicamente servicios de alquiler de material para hostelería. En esta década, Crimons ha cambiado totalmente”. Así recuerda Ribas los primeros pasos que, junto a su hermana Blanca, dio con la empresa en Barcelona. “La compañía atravesaba por un momento que no le permitía seguir creciendo y nosotras quisimos recoger el testigo”, recuerda la empresaria.

“Ya contaba con una trayectoria de más de 60 años como proveedor de hotelería y nosotras proveníamos de otro sector totalmente diferente: el del textil y la moda”, dice la empresaria. Mercedes y Blanca Ribas reinventaron el negocio, pero reconocen que “no fue nada fácil”.

De hecho, la empresaria afirma que el momento de mayor dificultad lo vivieron al principio: no conocían bien el sector, aunque tenían claro cuál era su objetivo. “Nosotros empezamos a colaborar con grandes de la hostelería catalana además de continuar con los catering y empresas a los que Crimons siempre había dado servicio. Ese cambio nos permitió estar atentos a las tendencias que se estaban fraguando y ponernos a la vanguardia de los eventos”, señala. Más que alquiler de platos y copas, Crimons se convirtió en el proveedor de moda de las mesas.

El Celler de Can Roca, BMW y las cervezas Mahou son algunos de los clientes de la firma barcelonesa

“Hasta entonces ninguna empresa de hostelería se había planteado, por ejemplo, vestir las mesas con manteles negros. Crimons actualizó el sector”, cuenta Ribas. “Gracias a que dábamos servicio a clientes tan afamados como El Celler de Can Roca, Mèrces o Esther Conde Catering, tuvimos que empezar a ofrecer algo diferente. Más que decoración, escenografías”, recalca.

Desde luego, la crisis no pasó desapercibida para ellas: las empresas clientes empezaron a cortar el grifo y el dinero para eventos era mínimo. Sin embargo, Crimons logró un crecimiento que, sin ser exagerado, mantuvo el ritmo perfecto para salir victoriosos.

“Desde entonces, para el cliente todo es negociable y nos tenemos que adaptar. Esa es la herencia que nos ha quedado de los años de recesión”, señala la empresaria. Con todo, cerraron 2016 con una facturación de 4,5 millones de euros, cifra que esperan aumentar un 20% en 2017.

Ampliando sedes

“En plena crisis nos dimos cuenta de que necesitábamos estar presentes también en otros puntos del país y decidimos abrir nuestra oficina y almacén en Madrid”, indica Ribas. En total, tienen más de 7.000 metros cuadrados de almacenes y oficinas en ambas ciudades.

Desde estos dos centros coordinan casi cualquier evento que se organice en la península Ibérica. “También hemos hecho montajes en Portugal”, resaltan. Sin embargo, no planean una estrategia internacional por el momento. “Debemos esperar a asentarnos en España”. Además, la directiva puntualiza: “A más de 100 kilómetros de cualquiera de nuestras sedes logísticas, según qué evento, puede llegar a no ser rentable ni competitivo”.

“Los costes por desplazamiento en este sector son carísimos. Se trata de material de grandes dimensiones o de mucha cantidad”, explica. En total, en su catálogo hay más de 1.000 productos diferentes, incluyendo 20 tipos distintos de sillas (y un importante número de unidades por cada modelo) o mobiliario de diseño icónico, como sillones de estilo Le Corbusier.

Mesas rústicas, sillones Chester, sillas Tonet o cualquier otro tipo de mueble. Incluso, carpas de estilo beduino (también llamadas de vela), que se han incorporado recientemente a su lista de productos a través de la compañía Veleo. Se trata de una nueva línea de negocio para completar los espacios decorativos.

Bodas al jardín

Decoración de Crimons para una boda.
Decoración de Crimons para una boda.

No viven únicamente de las bodas, pero reconocen que son los eventos que más ilusión les hace. A ellos se llega generalmente por varias vías, ya sean wedding planners (una profesión en auge en los últimos años), empresas de catering o directamente los interesados, con una idea de decoración muy concreta en su cabeza.

“Los novios han cambiado tanto… Vienen mucho más preparados que hace unos años y todos saben muy bien lo que quieren”, comenta Ribas. “Ahora la tendencia es crear una boda mucho más casual”. Un jardín, muebles de interior en el exterior, diferentes espacios, estilo industrial o estilo nórdico y decoración floral son los elementos más repetidos. Y es que en las bodas –como en todo– también hay modas.

Para crear los espacios de decoración efímera utilizan desde programas de diseño en 3D hasta el ojo crítico de sus comerciales y personal. Montan un evento en casi cualquier lado: “Trabajamos en espacios como el Museo Thyssen, donde tenemos que preparar todo muy rápido y con extremo cuidado, hasta embajadas como la de Italia, o fincas y lugares más acondicionados”, cuenta la propietaria. Cada lugar y cada preparación de una fiesta “es un lienzo en blanco al que casi 50 personas, trabajadores fijos de Crimons, darán vida”, destaca.

El proceso de contratación casi siempre es el mismo: “Contactan con nosotros, estudiamos las opciones que tenemos, eligen modelos de mobiliario o menaje y elaboramos una propuesta personalizada para el cliente. Una vez acordado el tipo o tipos de espacios, en la fecha del evento nos trasladamos y montamos nuestro material en coordinación con las otras empresas que den servicio. Posteriormente, cuando acaba la fiesta, desmontamos”, relatan desde la empresa. “No hay lugar para la improvisación”, subrayan.

En Crimons casi no conocen el límite en el número de comensales a los que pueden dar servicio. Eso sí, “las limitaciones nos las ponemos nosotros mismos si dos grandes eventos coinciden en el mismo día. Ahí hay poco que hacer”, se disculpan.

La compañía, a grandes rasgos

Banquete
Banquete con sillas y decoración de Crimons.

El sector de los eventos ha aparcado la estacionalidad de los últimos tiempos para lograr estar presente en cualquier periodo del año: “En nuestra empresa ahora pesa más el alquiler de mobiliario, y eso evita la concentración de trabajo solamente en un momento del año que desde siempre habían sido los meses de verano y Navidad”, cuenta Mercedes Ribas.

Facturación. De los 4,5 millones de euros facturados, 1,5 provienen del alquiler de menaje y material para hostelería: vajillas, cuberterías, bajoplatos o cristalerías exclusivas. El resto del montante viene del alquiler de mobiliario, la línea de negocio que más crece en Crimons.

Rodajes. Además de estar presentes en fiestas y eventos, Crimons también colabora con productoras cinematográficas y publicitarias para aportar el material necesario para un rodaje: un set de estilo años veinte o una decoración futurista. Cualquier complemento puede salir de sus almacenes y quedará muy bien en pantalla.

Clientes. Los decoradores más solicitados de España y los catering y empresas de eventos más reputados cuentan con los servicios de Crimons. Los hermanos Roca (El Celler de Can Roca), BMW, Cervezas Mahou o el catering de la televisiva Samantha de España son algunos de sus clientes. Pero también trabajan paraparticulares que quieren hacer que su fiesta sea aún más especial.

Futuro. “Nuestro objetivo de aquí a unos años es seguir creciendo y diferenciarnos como proveedores de moda y tendencias para poder hacer frente a los pequeños competidores que han ido apareciendo”, explica la propietaria.

Líneas de negocio. “Cuando se trata de ofrecer lo mejor en el mundo de los eventos y la decoración, es necesario tenerlo todo”, dice la empresaria. Por eso, han incorporado en exclusiva las carpas Veleo, cuyo diseño hace las delicias de los decoradores y las empresas de organización de eventos. Se trata de cubiertas con cierto aire oriental y sin paredes, ideales para refugiarse cuando el sol aprieta.

Espacio singular. Una mesa perfectamente vestida y decorada, lista para comer (seguramente) grandes majares, pero en un parking. Así lograron en Crimons crear un espacio soñado en el interior de un oscuro aparcamiento del paseo de Gracia en Barcelona. Y así demostraron que cualquier espacio es bueno para celebrar.

Source link