¿Cuántas horas tiene que trabajar un español para comprar un kilo de carne? | Compañías

Un consumidor español que cobre el salario mínimo interprofesional (SMI) precisa de 3,90 horas de trabajo para comprar un kilo de ternera, según los datos recogidos por Caterwings, empresa de catering propiedad de la alemana Rocket Internet, que ha analizado los precios de los productos frescos en los países con mayor consumo.

El estudio está basado en los datos de las cinco cadenas de supermercados más grandes de cada país– en España son El Corte Inglés, Lidl, Mercadona, Carrefour y Dia– y muestra el precio de un kilo de ternera, pollo, pescado, cerdo y cordero en cada país analizado.

Las conclusiones del estudio muestran grandes contrastes por países. Por ejemplo, en Europa, se encuentra el país más caro, Suiza, y el más barato, Ucrania. En el país helvético un kilo de ternera cuesta un 142% más que la media, mientras que en el mercado del este de Europa es un 52% más barato. España se sitúa como el décimo país dentro de una UE, por detrás de países como Francia, Italia o Alemania pero por delante de otros como Reino Unido o Portugal.

Los precios en España, destacado como uno de los grandes productores de carne de ternera y cerdo, se encuentran justo por debajo de la media del informe, con un 1,6% menos. Sin embargo, hay grandes diferencias en la comparación con el resto de países. Por ejemplo, la carne de ternera es casi un 20% más caro que la media y el cerdo un 3,5% superior. Por contra, la carne de pollo es un 15,70% más barato, el cordero es un 14,4% y el pescado un 1,50%.

Como indica la patronal del sector, la Federación española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), en su anuario de 2016, los precios de la carne y el pescado marcan importantes diferencias según el tipo de comercio. Así, el precio de un kilo puede llegar a encarecerse hasta en un euro y medio dependiendo si se compra en una tienda tradicional en vez de en un supermercado de descuento.

Otra de las grandes diferencias en el estudio la marca el número de horas que necesita un trabajador que cobre el SMI según el país del que proceda. Por ejemplo, aunque en Indonesia comprar un kilo de ternera cuesta un 35% menos que la media mundial, un empleado necesita 23,60 horas para poder permitírselo. Es el mismo caso que en la India, donde el precio de la ternera es un 61% más barato, pero cuesta 22,80 horas de trabajo si se cobra el salario mínimo. Viajando a la otra punta del globo, un kilo de ternera en Dinamarca cuesta un 30% más, pero tan solo una hora de trabajo adquirirlo. Esta situación se da también en países como Noruega, en el que un kilo de ternera cuesta un 88% más, pero esto equivale a 1,70 horas de trabajo. En el caso de España, al igual que el ranking de los precios, las horas de trabajo necesarias se asemejan a la media mundial.

En España, quinto país por volumen de consumo en carne y pescado, un ciudadano que cobre el salario mínimo interprofesional debe trabajar 3,90 horas para adquirir un kilo de ternera. En el caso del pollo, se necesitará menos de una hora, 0,90. El pescado equivale a 3,60 horas de trabajo, mientras que el cerdo son 2,50 y el cordero 2,80 horas.

España, quinto consumidor mundial

Los españoles consumen anualmente 97 kilogramos de carne y pescado per cápita, según Caterwings, solo por debajo de Australia, Nueva Zelanda, Austria y Argentina.

Según el infome anual de FIAB, cada español gastó en 2016 522 euros en comprar carne y pescado.

Los precios de los alimentos frescos en España varían según el establecimiento de venta. Un kilo de carne es un supermercado cuesta de media 6 euros, mientras que en una tienda tradicional la cantidad asciende a 7,39 euros. Lo mismo ocurre con el pescado. En un supermercado el kilo cuesta 7,48 euros. En un supermercado el precio se fija en 9,04.

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El embutido, el Ferrero Rocher de la montaña leonesa | Compañías

Todo comenzó en los años cincuenta, en Geras de Gordón [León]. Mis abuelos tenían una tienda de ultramarinos muy conocida en la zona, en la que podías encontrar desde herraduras de caballo hasta legumbres. Atraía a mucha gente de la provincia porque regentaban también una posada con mesón, heredado de mi bisabuela paterna”, cuenta Natalia Ordóñez Gutiérrez (1979), nieta de doña Jacoba, hoy responsable de calidad y exportaciones de este negocio familiar, situado entre montañas en la reserva de la biosfera del Alto Bernesga.

Es la tercera generación al mando de Entrepeñas, una empresa leonesa dedicada a la elaboración de embutidos artesanos, con más de 60 años de tradición. “Comenzaron a hacer matanzas pequeñas para la casa y después empezaron a venderlo en su tienda de ultramarinos y el mesón. Como la gente venía de tantos sitios [era y es un lugar de pastoreo por excelencia], nos dimos a conocer. Todo el mundo hablaba de los embutidos de Geras, y poco a poco aumentó la demanda y las matanzas”, prosigue Ordóñez.

Este negocio familiar factura cerca de dos millones, el 20% proviene del exterior, con siete tiendas en León
y Asturias

El producto estrella típico de la región es la cecina de León IGP (indicación geográfica protegida). Fabrican 150.000 kilos anuales de carne de babilla, contra y tapa tras un proceso de salazón, curado mínimo de siete meses y cinco horas de humo, el toque distintivo que hace a la vez de antioxidante y conservante natural. O el chorizo (150.000 kilos), picante y normal, con solo un mes de curación y cinco horas de humo.

“Mi abuela enviudó muy pronto y se quedó a cargo de todo, con tres niños pequeños, pero lo sacaron adelante. Cuando sus hijos se hicieron mayores [entre ellos su madre, Rosa María Gutiérrez, dedicada a la cocina], se encargaron del negocio y empezaron a hacer reformas y a profesionalizarlo. En los ochenta y a finales de los noventa se ampliaron las instalaciones: se construyó un restaurante y una fábrica más grande, ampliada [esta última] dos veces”, reseña.

Chorizo ya curado.
Chorizo ya curado.

En total, Entrepeñas fabrica al año 500.000 kilos de embutidos y salazones, entre los que destacan el jamón, el lomo y el salchichón. Y como últimas novedades incorporadas están la lengua de vacuno curada; las conservas de embutidos o untables (en botes de 400 gramos, desde 2,50 euros) de chorizo, salchichón y cecina; la morcilla en conserva, hecha a la plancha y lista para calentar, y la esencia de cecina (caldo en botella de un litro concentrado desde 2,90 euros), un extracto de cocido que en vez de jamón utiliza este tipo de carne con verduras y garbanzos. “Un boom el año pasado”, según la compañía, porque tiene mucho sabor y se consume sobre todo en invierno para bases de arroces, legumbres y guisos.

Fuera de la IGP, comercializan una marca propia, la Suprema de cecina, que se elabora con el corazón de la contra de la vaca, más jugosa por sus mayores vetas de grasa.“Hoy estamos al mando la tercera generación, somos los nietos de doña Jacoba, que era mi abuela; están mis hermanos (soy la mayor) y primos. Pero seguimos casi todos en el negocio”, señala Natalia Ordóñez.

La magia del entorno

La fabricación es estacional, como la del Ferrero Rocher, solo en invierno (octubre-marzo o abril, depende del año). Es que para conservar estas técnicas ancestrales de curación y evitar el uso de conservantes se necesita una temperatura inferior a 15 grados, explica. “En cuanto suben de 15, paramos la producción”, recalca.

Por eso la importancia de la montaña. Geras de Gordón está a 1.200 metros de altitud, con heladas frecuentes. Los inviernos suelen ser largos, con mucho frío, y secos. Aquí no hay humedad, como sucede en Asturias, donde imperan los chorizos de León por esta razón.

La cecina de León recién cortada, el producto típico de la región.
La cecina de León recién cortada, el producto típico de la región.

“En la montaña es donde mejor se cura el embutido de manera natural. Las condiciones son ideales para elaborarlos sin utilizar químicos ni ingredientes artificiales. Solo frío, humo de roble y encina, ajo y pimentón. No necesitamos nada más; es una de nuestras ventajas competitivas”, insiste.

La empresa factura casi dos millones de euros, el 20% proviene de las exportaciones, con una plantilla de 31 empleados, la mayoría de la zona. Sus principales mercados son Francia (chorizo específicamente), Italia, Suiza (donde curiosamente gusta más la cecina magra de la parte de la babilla, sin vetas, a diferencia de España), Bélgica, Holanda, Suecia, Dinamarca y Andorra. Mientras que fuera de la Unión Europea llegan a Hong Kong y Macao (China), República Dominicana, Islas Turcas y Caicos, las Antillas francesas, Birmania y Tailandia.

“Cada día tenemos nuevos adictos, nuevos clientes que nos demandan por correo el producto”, dice. Aunque, en ocasiones, tienen que afrontar algunas barreras comerciales. “En muchos casos, los problemas son las restricciones aduaneras. A veces, es tanto el follón de papeleos que se cansan y no siguen”, lamenta.

Entrepeñas quiere ahora conquistar el sur de España, “el norte lo tenemos más controlado”, admite Ordóñez. De ahí que contemplen abrir una tienda propia en Madrid, sin fecha prevista. “Estamos buscando local; nuestra idea es una expansión vertical”, apunta. Y consolidar su presencia en Alemania vía distribuidores, donde ya venden su producto pero aún con poca penetración.

Además, está en proceso la adquisición de la certificación halal, que avala a la comunidad musulmana que el animal ha sido sacrificado mirando a La Meca, y para lo que construirán otra sala. Un nicho atractivo para este mercado es Francia. Y ha solicitado una ayuda al CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial) para la creación de tres productos, “todavía secretos pero que sorprenderán”, augura.

Más inversión en telecomunicaciones

La sede de Entrepeñas, en la localidad de Geras de Gordón, perteneciente al municipio de La Pola de Gordón (León).
La sede de Entrepeñas, en la localidad de Geras de Gordón, perteneciente al municipio de La Pola de Gordón (León).

Las deficiencias en telecomunicaciones son uno de los principales obstáculos que impiden un mayor desarrollo en la reserva del Alto Bernesga, denuncian desde Entrepeñas. Al ser un territorio entre picos se dificulta la cobertura de móviles o el acceso a la red.

“Nadie se preocupa por instalar antenas ni banda ancha que mejoren el funcionamiento de las comunicaciones móviles y de internet. Es un problema muy grande para nosotros, se nos dificulta el trabajo”, se queja Natalia Ordóñez, responsable de calidad y exportaciones de Entrepeñas.

En el Alto Bernesga operan cinco fábricas de embutidos, y es un referente en este tipo de actividad tradicional precisamente por sus buenas condiciones climatológicas. Sin embargo, su avance económico ha sido limitado –pese a que también se dedican a la ganadería extensiva y agroalimentación– fundamentalmente por la despoblación. Hoy, tras la caída de la minería, apuestan por el turismo rural. “Si quieren que se cuide a la población y se desarrolle, hay que dar facilidades”, reitera. A esto se suma la falta de colegios, transporte o que “cuando nieva nos quedamos aislados”.

Por esta razón, Entrepeñas es miembro de diversas asociaciones que buscan impulsar el entorno a través del esfuerzo conjunto. Resaltan la Asociación de Empresarios de la Reserva de la Biosfera Alto Bernesga; la autonómica de mujeres Entretantas, que reivindica el papel de las cocineras en un contexto de moda gastronómica en el que imperan los hombres, o para la Promoción del Chorizo de León, cuyos socios quieren que su producto pase de ser marca de garantía a IGP (indicación geográfica protegida). De hecho, el 20 de agosto celebrarán una feria en Geras de Gordón con este fin.

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