Bitcoin: China prohíbe las colocaciones de criptodivisas | Mercados

El Banco Central del China ha determinado que las colocaciones en el mercado de criptodivisas, llamadas ICO o Initial Coin Offerings, son ilegales y los fondos obtenidos deben ser reembolsados. Se trata de la medida más drástica ante el auge de estas operaciones, extrañas para los no iniciados, en las que una empresa crea una criptomoneda y la vende al público. En lugar de obtener acciones de la empresa, el inversor recibe ‘tokens’ o divisas creadas por la compañía que, en un futuro, podrán tener valor real, en una suerte de crowdfunding respaldado por monedas imaginarias.

La fiebre por las criptodivisas provocada por la subida en vertical de la cotización del bitcoin ha provocado el auge de estas operaciones. Las ICO han captado 1.600 millones de dólares (1.333 millones de euros) en el último año, gracias a inversores empeñados en tener en sus manos virtuales la próxima piedra filosofal, también virtual, por supuesto.

El Banco Popular de China considera que, tras realizar una investigación sobre este mercado, penalizará estrictamente la venta de monedas inventadas y perseguirá posibles irregularidades en las operaciones ya cerradas. Quien haya vendido criptomonedas al público deberá devolver los fondos, si bien el banco no ha determinado cómo. Las plataformas de intercambio no podrán cambiar monedas procedentes de ICOs por moneda tradicional, y los bancos no podrán participar en ellas. 

La medida castiga uno de los mercados más ávidos por criptodivisas, y responde al miedo del supervisora a que la fiebre china por el bitcoin y sus imitadores suponga un riesgo para el sistema financiero. En China han operado 43 empresas que han vendido sus propias divisas. 

El supervisor de los mercados de Estados Unidos, la SEC, ha alertado sobre estas operaciones, aunque no las ha prohibido. Sí ha obligado a que las operaciones se registren.En muchos casos las ICO, vinculadas con frecuencia a aplicaciones que usan la tecnología blockhain, apenas parten de un ‘white paper’ o estudio de mercado, base a partir de la cual comercializan los ‘tokens’. Algunos estudios consideran que el 10% de las ICOs son estafas. 

La decisión del Banco Central, ha provocado una caída del 7% en la cotización del bitcoin, similar a la registrada por otras monedas como Ethereum.

Precisamente hoy Paris Hilton ha anunciado a sus 16 millones de seguidores en Twitter que espera ansiosa participar en una ICO, de una empresa llamada LydiancCoin y que prevé combinar el marketing, la inteligencia artificial y la tecnología blockchain, sin especificar muy bien cómo.  La iniciativa parte de una empresa cuyo consejero delegado estuvo en prisión por un caso de violencia doméstica.

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‘Blockchain’: el protocolo fiable | Compañías

Imagine el protocolo ideal. Este protocolo tendría la tercera parte de confianza más confiable imaginable – una deidad que está en todos lados. Todas las partes enviarían la información a Dios. Dios determinaría de forma fidedigna los resultados y los devolvería. Siendo Dios el culmen de la discreción y la confidencialidad, las partes no sabrían de las demás más de lo que ellos podrían saber de sí mismos.”

De este modo, Nick Szabo daba comienzo a su artículo The God Protocols, originariamente publicado en 1997. Szabo imaginaba el protocolo ideal donde Dios desempeñaría el rol de medidor fiable. Sin embargo, a menudo y debido a la insuficiente seguridad de las plataformas, o quizás, a la inexistencia de alternativa alguna, nos hemos visto obligados no a tratar con una deidad, confiable hasta la saciedad, sino con terceros de confianza (trusted third parties) de carne y hueso, falibles.

Por ejemplo y en el comercio electrónico, las instituciones financieras han venido adoptando este rol, permitiendo la realización de pagos electrónicos entre partes. En definitiva, dan fe de las declaraciones de voluntad que integran sus contratos, consignándoles una hora y fecha y permitiendo, en última instancia, el pago.

Frente a este tradicional modelo, basado en la confianza depositada en un mediador más o menos fiable, surge uno novedoso, basado, fundamentalmente, en pruebas criptográficas. Blockchain o cadena de bloques garantiza la integridad de la información, intercambiada entre las partes, sin necesidad de la intervención de terceros. En concreto, y realizando un esfuerzo conceptual, blockchain puede concebirse como un registro globalmente distribuido, de carácter público y encriptado.

No obstante lo anterior, aunque blockchain tiene innumerables aplicaciones, el protocolo, ideado por Satoshi Nakamoto, de un sistema de dinero electrónico (peer-to-peer), que permite el pago directamente entre partes sin la intervención de un tercero es, sin lugar a dudas, la blockchain más relevante y notoria. De hecho, bitcoin puede definirse realmente como una cadena de firmas digitales (the chain of digital signatures). A través de la verificación de estas últimas, se puede comprobar el historial de transacciones y, finalmente, la cadena de propiedad (the chain of ownership).

Por ello, tanto bitcoin, concretamente, como cualquier blockchain son efectivamente una cadena de firmas digitales. En definitiva y atendiendo a su propia naturaleza criptográfica, cada propietario firma digitalmente a través de su clave privada (private key), el hash criptográfico de la transacción previa y la clave pública (public key) del beneficiario y, a través de esta última, el propietario verifica su firma digital.

Blockchain requiere inevitablemente del uso de la infraestructura de clave pública (public key infrastructure o PKI) para configurarla como una plataforma fiable. Esta infraestructura, según Alex y Don Tapscott, “es una forma avanzada de criptografía asimétrica por lo que los usuarios disponen de dos claves que no desempeñan la misma función: una es para encriptar y la otra para desencriptar. De ahí que sean asimétricas”.

No obstante lo anterior, pese a la infraestructura de clave pública, cabría esperar la posibilidad de bifurcaciones (forks) en la cadena de bloques, facilitando el potencial fraude en la integridad de la información intercambiada. Indistintamente, partes malintencionadas, atendiendo a fines puramente particulares, podrían tratar de vulnerar la integridad de su registro. Sin embargo, el protocolo fiable, basado en blockchain, resuelve las bifurcaciones y, en definitiva, el fraude.

En su virtud y en un intento de sintetizar la lógica de blockchain, cada una de las transacciones es timbrada, mediante un hash criptográfico, con un sello de tiempo (timestamp server) y anunciada públicamente. Cada sello incluye al anterior, ensamblando una cadena y, por lo tanto, determinando un único orden de las transacciones (de este modo, difícilmente cabría la posibilidad de bifurcaciones mediante la realización, en un mismo instante de tiempo, de distintos intercambios de información con diferentes beneficiarios). De hecho y a través de la prueba de trabajo (proof-of-work), las transacciones realizadas son verificadas e incluidas en bloques en orden cronológico, configurando una verdadera cadena.

De conformidad con lo anteriormente expuesto, el bloque no puede sufrir modificación alguna sin rehacer todo el trabajo de cómputo previo. No obstante y como la prueba de trabajo pende del bloque inmediatamente precedente, para modificar uno pasado, es preciso rehacer su prueba, así como de todos los anteriores, y, si fuera poco, alcanzar y adelantar el trabajo de los denominados nodos honestos (honest computing nodes).

Así, el grado de dificultad de corromper la blockchain aumenta de forma exponencial. De hecho, en caso de bifurcaciones en aquella, la decisión de la mayoría de los nodos o partes integrantes de la red peer-to-peer, es representada por la denominada cadena más larga (longest chain), no la de mayor longitud sino la de mayor esfuerzo invertido. Y de la misma forma, esta mayoría de nodos o de partes continuará la prueba de trabajo sobre aquella y, en ningún caso, sobre las bifurcaciones no deseadas.

La seguridad de blockchain depende fundamentalmente del poder de procesamiento (CPU power) de los nodos honestos frente a posibles ataques de otros grupos de nodos. En este sentido, se pronuncian, de nuevo, Alex y Don Tapscott: “la cadena más larga suele ser la más segura. La relativa antigüedad de la blockchain de Satoshi y su ya asentada base de usuarios y mineros de bitcoins aumenta su seguridad. Atacarla requeriría más capacidad procesadora que atacar cadenas cortas.” El efecto red peer-to-peer, la base de usuarios miembros, aumenta la seguridad del sistema a medida que crece la cadena de bloques.

Finalmente, blockchain abre un abanico de incalculables posibilidades. No únicamente debe concebirse como un sistema de dinero electrónico, sino como una novedosa tecnología aplicable a muy diferentes ámbitos de nuestra vida, tales como, por citar solo algunos, el ejercicio del derecho al voto, la contabilidad o los registros públicos y el notariado.

Fernando Anaya Martín es consultor de F&J Martín Abogados.

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Por qué bitcoin no tiene nada que hacer contra el Banco Central Europeo | Tendencias

Las cadenas de bloques (blockchain) y las criptomonedas levantan pasiones. Monedas privadas tipo bitcoin parecen ser la respuesta a largas noches de vigilia y oración para aquellos que quieren ver el poder de los maléficos bancos centrales mermado o incluso eliminado. Malas noticias: estos mesías no parece que vayan a erosionar el poder de entidades como el Banco Central Europeo de controlar el sistema monetario de un país, y, con ello, el nivel de precios y los ciclos económicos. Si las nuevas criptomonedas suponen una amenaza, de momento no es para Mario Draghi, sino para los actores secundarios: la banca comercial.

El BCE y otras entidades más antiguas conocen la competencia desde hace centurias: las divisas extranjeras. Y bitcoin o ether, como ellas, pueden considerarse divisas contra la cual hay que tener un tipo de cambio. No en vano, entre las muchas cuestiones que tiene que decidir un banco central en cada momento está tanto el nivel de precios que desea como el tipo de cambio que mantiene con el resto de monedas. Algo extensible, sin problemas, con las criptomonedas.

La explosión de monedas privadas podría cercenar los poderes de los bancos centrales

En segundo lugar, nada impide que los propios bancos centrales puedan usar los protocolos existentes, e incluso crear su propia criptomoneda. Ejemplo de ello es el llamado Fedcoin. Hacerlo conllevaría ventajas “enormes”, según economistas como David Andolfatto. Por eso, el Banco Central de Abu Dabi y el mismísimo Banco de Inglaterra están implementando el protocolo de Ripple para llevar a cabo pagos instantáneos internacionales. También el Banco de la República Popular de China experimenta con esta posibilidad. Todo es empezar.

Eso sí, no es posible pasar por alto que en un futuro algo más lejano la explosión de monedas privadas sí pueda terminar por cercenar los poderes de los bancos centrales. Pero de nuevo, es poco probable que esto ocurra a niveles sistémicos. ¿Por qué? Por la confianza.

La competencia de monedas no es como la de bienes. Cuando dos monedas compiten lo hacen en la confianza que pueden transmitir. En este caso, las monedas legales no son solo medios de pago, además representan unidades de cuenta y valor atesorado. Es decir, entre otras razones usamos las monedas para saber cuánto valen las cosas (algo excesivamente complejo en economías basadas en el trueque) o simplemente para saber cuánto tenemos ahorrado. Para que todo funcione a la perfección necesitamos que la confianza que transfiere el Estado a la moneda a través de los bancos centrales esté fuera de toda duda. Como asegura Kamal Romero, profesor de economía de la Universidad Complutense de Madrid, “sin confianza, una moneda es expulsada del sistema”, recordándonos además que “existen modelos que explican cómo pequeñas variaciones en estos niveles de confianza pueden dar al traste con dicha competencia”.

Por ejemplo, en un trabajo recientemente, los economistas Jesús Fernandez-Villaverde y Daniel Sanches se preguntan qué pasaría si junto a la moneda oficial del banco central aparecieran diversas monedas privadas, en particular criptomonedas. Nada. Para Jesús Fernández-Villaverde, la irrupción de las criptomonedas “simplemente obligará a los bancos centrales a estar más comprometidos con el valor de su moneda comparada con las privadas”, añadiendo que “en todo caso, este compromiso es bueno per se incluso en el caso de ausencia de este tipo de monedas”.

En todo caso, conviene no olvidar un aspecto fundamental: un sistema monetario cuyo emisor sea público siempre será preferible a uno solo en manos privadas. ¿Por qué? Lo explica el profesor de la Universidad de Pennsylvania, Jesús Fernandez-Villaverdelos emisores de monedas privadas no internalizan las externalidades de sus emisiones, es decir, no tienen en cuenta las consecuencias sociales de su actividad y solo atienden al beneficio que les reportan individualmente. Por eso, no serán capaces de captar las verdaderas necesidades del mercado. Esto conducirá a ofrecer una cantidad de dinero que puede no ser la que necesitan los agentes (empresas, ciudadanos, etc.).

Una empresa que vende, por ejemplo, trigo, puede ser útil para mí, aunque su objetivo sea solo obtener beneficios (recuerden la mano invisible de Adam Smith). En este caso, la competencia de empresas y la búsqueda del cliente les obligará a llevar a cabo conductas de mercado compatibles con los deseos de los consumidores. Sin embargo, si en vez de producir trigo produce dinero, la búsqueda de beneficio llevaría a una sobre oferta de este, dado que intrínsecamente los costes de producir moneda son muy inferiores a su valor que representa. Esta sobreabundancia generaría inflación y por ello sería “socialmente” negativa.

Los bancos comerciales, en cambio, sí tienen motivos para ver amenazada su posición. Blockchain entra a competir directamente en una parcela del negocio que han ejercido desde sus más tiernos inicios, allá en la Italia medieval: la de intermediar en un mundo de agentes que ahorran y de otros que invierten. Su papel de intermediación se sustenta una vez más, en algo tan etéreo, pero fundamental como es la confianza. Y no solo cuando les cedemos la salvaguardia de nuestros ahorros, sino de la que depositamos cuando queremos llevar a cabo operaciones con dichos ahorros. Es decir, transacciones.

Por ejemplo, supongamos que quiero transferir dinero a un amigo que vive en Australia. Para ello, la mayoría de nosotros usaría la cuenta de la que es titular en su banco. Damos la orden, y en nuestro depósito desaparece el dinero transferido (hay un cargo y por ello un saldo menor) mientras que en la de nuestro amigo aparecerá un abono y un saldo mayor.

Pero, pregúntense qué ocurriría si no fuese así. Suponga, por ejemplo, que al mirar en nuestro depósito bancario comprobásemos que la cantidad transferida no es la correcta, o que se negaran a solucionar un error cometido por ellos. Nuestra seguridad se esfumaría, y nos negaríamos a trabajar de nuevo con ellos. Es decir, la seguridad y la confianza de que la transferencia se va a realizar correctamente es el motivo por el que hemos usado bancos comerciales.

Las criptomonedas entran a competir en parcelas donde hasta ahora los bancos comerciales no tenían competencia

Sin embargo, supongamos que es posible realizar todo este proceso con las mismas garantías sin necesidad de intermediarios. Aquí es donde aparecen las cadenas de bloques y las criptomonedas. Como muchos ya sabemos, una cadena de bloque es una especie de libro de contabilidad, imposible de modificar y que puede ser comprobado en cualquier momento. Puede, por ejemplo, llevar un registro de transferencias de “derechos” entre dos internautas de tal manera que a uno se le descuenta de “un monedero” la cantidad que ha transferido mientras que al otro “se le suma” dicha cantidad. Al estar encriptado y al ser un libro de contabilidad imposible de modificar cumple con los mismos requisitos que posee un banco comercial cuando confiamos en ellos para llevar a cabo nuestras operaciones financieras.

Es por esto que las criptomonedas entran directamente a competir en parcelas en las que hasta ahora los bancos comerciales no tenían competencia. Y es por ello que estos bancos, al comprender la magnitud de la cuestión, comienzan a estudiar cómo usar dicha tecnología más en beneficio propio que como un competidor.

Amplíen todos estos procesos no solo en el azaroso mundo de las transferencias bancarias. Piensen por ejemplo en la solicitud de créditos – el crowdfunding en bitcoins es una realidad-, en operaciones de inversión en mercados financieros, etc.

En conclusión, la irrupción de estas monedas puede ser deseable por diversos motivos. Sin embargo, los bancos comerciales han identificado que estas vienen a competir directamente con su tradicional parcela de negocio. En este caso se impone una huida hacia adelante, asimilar los protocolos y ofrecerlos a sus clientes. En el caso de los bancos centrales, por el contrario, solo implica una razón más para seguir haciendo lo que ya veían haciendo, ser responsables y ofrecer confianza.

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Qué es un minero de bitcoin… y por qué llegas tarde al negocio | Tendencias

Por mucho que hayas leído lo contrario, las criptomonedas, con bitcoin a la cabeza, no son un ente 100% horizontal y democrático, en el que todos los participantes tienen la misma importancia y capacidad de decisión. Sí, se basan en blockchain, y blockchain descentraliza y desintermedia. Pero no esperes una especie de Arcadia digital donde la autoridad es de todos y la confianza es unánime. Diles hola a los mineros de bitcoin.

Los mineros de bitcoin son la figura clave de la blockchain que sustenta esta criptomoneda, y de las aproximadamente 800 criptomonedas (y subiendo) existentes. Y no, no son personas, sino máquinas. Pero antes de bajar a esa mina tal vez convenga dar un paso atrás y explicar mejor algunos conceptos.

Todo arranca con el protocolo desarrollado por Satoshi Nakamoto, el misterioso creador de bitcoin, la criptomoneda con la que se alumbró la tecnología blockchain allá por 2008. Nueve años después, se han ido generalizando los usos de blockchain, ya no siempre ligados a las criptomonedas. Y además hay blockchain públicas y privadas (e híbridas). Evidentemente, las segundas, como los consorcios multinacionales R3 y Hyperledger, tienen sus propias reglas y mecanismos, siempre partiendo de las ideas de Nakamoto. Por eso nos centraremos en las blockchain públicas.

Blockchain es un libro de cuentas, una enorme base de datos, en la que se van apuntando todo tipo de transacciones. Todo funciona por consenso de las partes, y no se puede borrar ni modificar el pasado, ni tampoco operar fuera de las normas que se ha dado la propia red.

En las criptomonedas hay dos figuras clave. En primer lugar, los nodos. Ese rol lo puede desempeñar quien lo desee y cuente con una mínima capacidad computacional. Los nodos mantienen copias constantemente actualizadas de ese enorme libro de cuentas. Están ahí por altruismo o por conocer mejor la tecnología y así poder desarrollar aplicaciones sobre ella.

Los nodos son importantes, pero la clave está en un subgrupo dentro de los nodos: los mineros. Los mineros son los que realizan en sí las operaciones, las que vigilan los nodos de forma más pasiva.

Los mineros trabajan 24 horas al día, siete días a la semana, para resolver problemas informáticos a cambio de una retribución en bitcoins, los bitcoins que extraen según el ritmo de emisión de la criptomoneda que determinó Nakamoto. Pero, ¿cuáles son esos problemas informáticos? Son puzles criptográficos de una deliberada y enorme complejidad, para que la red sea segura.

Todas las operaciones que se realizan en la red se van agrupando en bloques (blocks en inglés), y para validarlas los mineros deben encontrar una especie de clave informática llamada hash. Se trata de fórmulas matemáticas que sintetizan en muy pocos caracteres una gran cantidad de información. No hay dos hash iguales, y no se pueden modificar. Cada bloque cuenta con un hash nuevo y con el hash del bloque inmediatamente anterior, como una especie de sello de lacre. Todo va enlazado, de ahí la partícula chain, cadena en inglés.

Cada vez que un minero encuentra un hash válido (debe reunir una serie de condiciones), se lleva, tras la comprobación de al menos el 51% de los mineros, 12,5 bitcoins; al cambio actual, casi 30.000 euros. Así la cadena de bloques se actualiza constantemente, quedando los libros actualizados en los nodos.

Igual que cualquiera puede ejercer de nodo de bitcoin, cualquiera puede ser minero… a priori. Y parece un buen negocio. Imagina la escena: te vas a la cama dejando un potente ordenador trabajando y a la mañana siguiente tienes 12,5 bitcoins en tu monedero virtual. Demasiado tentador como para dejarlo pasar.

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Pero la cosa ya no funciona así. Al principio, como cuenta Álex Casas, fundador de León Blockchain Hub y de Shelpin, un proyecto social basado en blockchain, “bitcoin estaba pensado para minar desde equipos que todo el mundo podía tener tras invertir 3.000 o 4.000 euros. Pero han aparecido circuitos informáticos específicos y ahora las inversiones tienen que ser cuantiosas”. Antes se minaba hasta con tarjetas gráficas de videojuegos; ahora hay un hardware específico para el minado de criptomonedas. Se han desarrollado pools de mineros, y China, con enormes granjas de minado, está copando el mercado -el 70%, asegura Casas-, en el que el precio de la energía es un condicionante decisivo. En España no es precisamente barato.

El enorme gasto energético de estos procesos es uno de los grandes puntos débiles del protocolo inventado por Nakamoto. Además, la revaloración de la moneda -en el último año su valor se ha multiplicado por cuatro- crea un incentivo perverso: la mayoría de los mineros llegan a la conclusión de que 12,5 bitcoins es demasiado dinero como para andar con remilgos con el gasto de energía.

¿Hablamos de un dispendio energético inasumible a medio plazo? Es imposible cuantificar con exactitud el gasto energético, porque depende de la procedencia y la eficiencia energética de los equipos de los distintos mineros, pero el investigador en políticas públicas Christopher Malmo calcula que cada transacción con bitcoin supone al menos 26 kilovatios hora en minería, o lo que es lo mismo, el 89% de lo que consume un hogar medio estadounidense en un día. Por eso, como recalca Gustavo Segovia, consultor experto en cultura de la descentralización, en otras monedas virtuales como Ether, la segunda en capitalización tras bitcoin, se están buscando métodos criptográficos más eficientes desde el punto de vista energético.

  • Una herramienta para hacer el mal

Otro problema, más conceptual, es la posible desestabilización del sistema mediante la conquista de la mayoría de los nodos y los mineros con fines espurios, para pervertir los consensos. ¿Hay un riesgo de dictadura del 51%? “Técnicamente podría pasar”, concede Leif Ferreira, un emprendedor barcelonés que ya tiene dos empresas dedicadas al mercado de bitcoins, “pero es muy complicado y tampoco tiene mucho sentido: ¿para qué vas a romper un sistema del que te beneficias?”

Si Terminator se ha convertido en un clásico porque se adelantó treinta años a un miedo muy actual -máquinas más inteligentes que los humanos-, el desarrollo de bitcoin y blockchain invita a una historia de ciencia ficción en que otras máquinas -los mineros- saboteen una nueva tecnología en la que la humanidad ha depositado todas las funciones de desintermediación y certificación que antes hacían personas, desde los notarios hasta los banqueros. De momento, eso queda lejano, casi como el año 2140, cuando Nakamoto estableció que se dejarían de emitir nuevos bitcoins. Quedarán otras criptomonedas, como esos cientos que van surgiendo.

Y con ellas, nuevas posibilidades de negocio en un mercado que se está disparado: por ejemplo, Gnosis, una criptomoneda que empezó a cotizar el 1 de mayo, lleva un 332% de subida en menos de tres meses. “Yo ya no me gasto veinte euros en la Primitiva. Ahora meto ese dinero en alguna criptomoneda, por si acaso”, dice Casas entre risas.

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¿Otra burbuja en las criptodivisas?

Puede que la financiación de las startups tecnológicas esté burbujeando otra vez, pero esta vez de un modo novedoso. Las ofertas iniciales de monedas, o ICO, han despegado, recaudando 1.100 millones de euros en lo que va de año, según Autonomous Research: seis veces el total del año pasado y casi 50 veces lo que en 2014. Pero esta técnica de recaudación de fondos no está probada ni regulada, mientras que las ideas de las beneficiarias no tienen que estar pensadas detenidamente.

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