La crisis de Banco Popular, el best seller de este verano | Compañías

Seguro que en unos meses la crisis de Popular, el que fuera el banco más eficiente, rentable y solvente de España y casi de Europa hace una década, y su posterior venta de urgencias a Santander quedará plasmada en un libro. Su género bien podría ser la novela negra. Hay buenos, malos, menos malos y menos buenos, intrigas, acusaciones (por lo menos verbales), participación del Gobierno y de Bruselas para salvar los muebles….por lo menos los de los depositantes, ya que la de los accionistas desaparecieron en una noche casi de verano (la del 6 al 7 de junio). Hay consejeros contra consejeros, presidentes contra presidentes. Miradas hacia otro lado, avisos que al parecer no eran avisos, pruebas (las de estrés) que no detectaron la enfermedad que padecía el paciente. Y al final, el desenlace, una muerte, según dicen algunos ya estaba anunciada, tras años y años padeciendo una enfermedad ya crónica, una indigestión de ladrillo mezclada con una dejadez del paciente y de los médicos. Nadie quería hacer frente al problema, o eso parece.

Y mientras, las sospechas de un lado (reguladores) y de otro (consejeros de Popular) aumentan. La caída de Popular sigue provocando un sinfín de cuestiones, de lagunas, de fallos en una operativa, la de resolución del Mecanismo Único de Resolución (MUR) no tuvo en cuenta que un banco podía caer por falta de liquidez. Su fijación era hasta ahora la solvencia, explican varias fuentes, que recuerdan que era la primera vez que el MUR tenía que intervenir una entidad.

Otra cuestión que está sobre la mesa es por qué en solo cinco días Deloitte pudo detectar unas pérdidas en Popular de hasta 8.200 millones de euros en un informe provisional, y aún no ha entregado su informe definitivo. Necesita tiempo, aseguran otras fuentes. Otra cuestión lógica y desde hace más de tres semanas repetida hasta la saciedad es: “por qué el Banco de España primero, y luego el Banco Central Europeo (BCE) no detectaron el problema de Popular antes; por qué no evitaron el problema y solo cuando fue demasiado tarde decidieron intervenir.

Otra cuestión sin una respuesta muy convincente, según explican varios expertos, es por qué la CNMV no prohibió las posiciones especulativas o bajistas en el valor de Popular, en el que los cortos controlaban más del 12,5%, y llevaron al valor a hundirse más de un 50% en cuatro sesiones. En cambio, escasos días después de caer Popular la CNMV decidió vetar durante un mes las posiciones bajistas en Liberbank, un pequeño banco, que al contrario de Popular no es sistémico. Y por si fuera poco otra cuestión que el viernes contribuyó a aumentar las dudas sobre la actuación o bien de los supervisores o bien sobre el destituido presidente, Emilio Saracho.

El subgobernador del Banco de España, Javier Alonso, afirmó el viernes en un curso de la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) en Santander que sospecha que Popular tenía más garantías de las que presentó al organismo para obtener más liquidez (causa de la caída en un día del banco, y de que este problema hubiera derivado en el colapso y la presentación de un concurso de acreedores). De acuerdo al subgobernador, Popular recibió toda la liquidez que se le podía otorgar en base a las garantías presentadas.

“Las (garantías) que no se presentan a Banco de España es como si no existieran, si no las traen no las vemos”, reiteró Alonso.

Varias fuentes del ya exconsejo de administración de Popular insisten, sin embargo, en que a los avales que entregaron se les realizó una quita del 85%, razón por la que “solo recibimos 3.500 millones de euros”, cifras que no coinciden con las declaraciones del Banco de España. Demasiadas cuestiones que deberían despejarse antes de que la bola de nieve, si es que la hay, crezca más.

Mientras, Santander sigue con sus planes para Popular en espera. El grupo que preside Ana Botín tiene paralizado cualquier avance de su plan para rentabilizar la compra del banco madrileño en espera de las correspondientes autorizaciones de Bruselas. A diferencia de otras compras realizadas por Santander, o incluso de otras entidades españolas en el país, en esta ocasión el beneplácito de la operación, como los posibles condicionantes para su adquisición y absorción deben esperan más tiempo. “La burocracia es mayor”, asegura un experto jurista. La razón está en que es la primera adquisición europea que estrena (por desgracia) el MUR, y debe pasar por un mayor número de autorizaciones.

De ahí que no haya anunciado aún proyectos comunes entre la red de Santander y la de Popular. De momento, el banco mantendrá las redes de ambos bancos independientes, lo que puede durar entre año y medio a dos años.

Las razones son varias. La integración tecnológica tarda por lo general entre 18 a 24 meses, según todos los expertos. Además, varias fuentes consultadas aseguran que los juristas de Santander analizan en estos momentos qué es más conveniente fiscalmente para el grupo, una integración rápida de Popular y de Pastor, que se realicen a la vez, o en distintos tiempos. Hay que recordar que Santander ha comprado Popular por un euro, aunque la operación conlleva para el grupo que preside Ana Botín una ampliación de capital de 7.000 millones de euros para realizar la absorción. Y es que el banco madrileño cuenta con créditos fiscales de 5.000 millones de euros que Santander puede ejecutar, como ha aclarado el ministro de Economía, Luis de Guindos.

Algunas fuentes financieras afirman que Bruselas también ha dejado caer, aunque de forma verbal, la idea de que el ajuste que pueda llevar a cabo el banco debe tener en cuenta el hecho de que más de 300.000 accionistas, casi todos minoritarios, han perdido toda su inversión. Por ello, no sería muy lógico que se llevara a cabo un ajuste de personal con altas indemnizaciones, mientras que los accionistas no han recibido nada, y ahora les toca litigar.

Por cierto, lo que puede que sí consiga el presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, es que Santander mantenga la marca Banco Pastor. La presión ejercida por los clientes, y diferentes grupos políticos, así como el arraigo de esta marca, con una fuerte cuota de mercado en la región, están haciendo replantearse a Ana Botín su idea inicial de marca única, Santander.

Mientras, a seguir escribiendo el best seller del verano.

Y para terminar un apunte, el ministro de Economía, Luis de Guindos, quiere irse con los deberes hechos. El viernes el Consejo de Ministros aprobó el último fleco pendiente de la reestructuración del sector financiero solicitado por el BCE, el FMI y la CE en 2012, la reforma de las cooperativas de crédito. Eso sí, esta reforma es más light de lo previsto inicialmente. _Todo un triunfo de este sector que tiene una cuota de mercado del 6%.

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