Miguel Blesa, el banquero de Aznar | Compañías

Miguel Blesa de la Parra (Linares, Jaén, 1947) fue durante la presidencia de José María Aznar una de las personas más influyentes de España. Su estrecha amistad con el líder del Partido Popular -fraguada en sus años de opositores y en el primer destino de ambos, en Logroño- propició que cuando Aznar llegó a la Moncloa en 1996 nombrara a Blesa presidente de Caja Madrid, pese a no tener ninguna experiencia en el sector financiero.

Blesa fue entre 1996 y 2009 el máximo responsable de la cuarta mayor entidad financiera de España (tras Banco Santander, BBVA y La Caixa). Desde su despacho, en la última planta de una de las Torres KIO de Madrid, Blesa dirigió la expansión de Caja Madrid por otras regiones, su salto internacional con la compra de un banco en Florida (2008) y vivió en primera línea los tejemanejes de Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre para hacerse con el control absoluto de una institución que era el brazo financiero de la Comunidad de Madrid.

El culmen de su carrera se produjo justo antes del inicio de la crisis financiera internacional. El año 2007 Caja Madrid obtuvo un beneficio descomunal: de 2.861 millones de euros. Pero llegaron las hipotecas subprime en Estados Unidos, el colapso de Lehman Brothers, la explosión de la burbuja inmobiliaria en España…. y poco a poco comenzó el declinar de Blesa. El banquero ya tenía claro en 2008 que la banca española iba a atravesar por problemas gravísimos: “la morosidad no es que venga es que galopa“, llegó a decir.


El último vals de Viena

A pesar de adivinar el fin de una época en la banca española, Blesa no cejó en su afán expansionista. Poco después de la compra del banco de Florida, en 2008, el directivo puso en marcha la expansión de Caja Madrid en Europa del Este. Para el proyecto, abrió una oficina en un palacete de Viena, desde donde se daría servicio a empresas interesadas en expandirse por Eslovaquia, Hungría, la República Checa. Blesa no escatimó en gastos y feltó un avión privado para llevar a la inauguración directivos de Indra, Mapfre, FCC o El Corte Inglés, además de a algunos políticos madrileños. También estaban invitados varios líderes sindicales y periodistas. 

José María Aznar, en unas jornadas organizadas por Caja Madrid, en presencia de Miguel Blesa (en el centro).
José María Aznar, en unas jornadas organizadas por Caja Madrid, en presencia de Miguel Blesa (en el centro).

Los fastos incluyeron alojamientos en hoteles de cinco estrellas, comidas en restaurantes vieneses, visitas al palacio de Schönbrunn, conciertos con violines… Dos años después de la inauguración, la oficina fue cerrada y el edificio vendido.

Su último año al frente de Caja Madrid fue 2009, cuando aún se defendía que España sobrellevaría la crisis económica mundial mejor que otros países. La entidad financiera mantenía la apariencia de un balance saneado, pero la morosidad no dejaba de crecer. En la lucha intestina por Caja Madrid acabó mediando Mariano Rajoy, para imponer a Rodrigo Rato como sustituto de Blesa en la presidencia.

Blesa ya fue ajeno al proceso de integración de Caja Madrid en Bankia (junto con otras seis cajas de ahorros), a su salida a Bolsa y a su posterior rescate con dinero público. Pero su nombre ya estaba marcado en fuego en varios frentes judiciales.

Las primeras investigaciones que empezaron a destapara actividades sospechosas de Blesa al frente de la caja madrileña las impulsó el juez Elpidio Silva. En concreto, indagó sobre el proceso de compra del banco City National Bank de Florida. La agresiva instrucción del caso, que llevó incluso al encarcelamiento del exbanquero, acabó por dinamitar el procedimiento. El juez fue condenado por su actuación excesiva y el caso quedó archivado. Pero la semilla ya se había plantado.

Durante los cuatro últimos años, la vida de Blesa ha sido un calvario judicial. Aunque eludió el caso City, la Audiencia Nacional juzgó y condenó a seis años de cárcel al banquero por el uso abusivo de las tarjetas opacas en Caja Madrid. Blesa había recurrido la sentencia ante el Supermo, pero la sombra del regreso a la cárcel pendía sobre su cabeza.

Además, tenían pendientes otras dos investigaciones judiciales. Una por los sobresueldos abonados a la cúpula de Caja Madrid en los últimos años de su mandato. Otra,  por la colocación de 3.000 millones de euros de patricipaciones preferentes entre clientes minoristas: un producto de riesgo, que se vendió como si se tratara de un simple depósito bancario.

Al margen de la condena por las tarjetas black y el temor a un nuevo ingreso en prisión, la reputación de Blesa se había visto dañada por la publicación de los correos electrónicos que mandaba a los directivos y consejeros de Caja Madrid. Esta correspondencia, puso de relieve una gestión personalista, con constantes injerencias por parte de altos cargos del Partido Popular, y con gastos suntuosos a cargo de la entidad financiera. 

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