La UE puede ser la gran vencedora de las elecciones en Alemania | Mercados

Europa ha sido la gran ausente de la campaña electoral en Alemania, pero se perfila, junto a Angela Merkel, como la gran vencedora en los comicios de este domingo. La canciller alemana, que ocupa el cargo desde 2005, depositará su papeleta a sabiendas de que, con toda probabilidad, la jornada abrirá el camino hacia su cuarto mandato. Salvo error mayúsculo de los sondeos, casi nada cambiará en Alemania. Pero todo o casi todo puede cambiar en la Unión Europea y en la zona euro tras el 24 de septiembre.

La era de Merkel IV, si se confirma su victoria en las urnas, parece llamada a romper con el inmovilismo que ha marcado la posición de Alemania en Europa durante sus tres anteriores mandatos, en particular, desde el estallido de la crisis del euro en 2010.

La canciller de plomo no ha dudado en enviar a la opinión pública alemana señales tan discretas como claras sobre la inminencia de los cambios en Europa. Un riesgo que no hubiera asumido si no estuviera dispuesta a apostar por retomar la agenda de integración europea.

Desde sus ruedas de prensa conjuntas con el presidente francés, Emmanuel Macron, hasta su disposición a negociar una reforma de los Tratados, Merkel ha dejado claro que el sempiterno nein alemán se ha terminado y llega el sí, pero.

Alemania solo mantiene dos tabúes, la mutualización de la deuda y la creación de un impuesto europeo. Pero se muestra dispuesta a regatear con Macron todas las medidas necesarias para apuntalar el euro y para evitar que la salida del Reino Unido de la UE se convierta en el principio del fin del club comunitario.

Las corrientes euroescépticas, que han cruzado el Canal de la Mancha y arraigan en lugares tan poco habituales como Italia, Austria, Holanda o la propia Alemania, han convencido a París primero y luego a Berlín de que la salvación del club estriba en recuperar sus objetivos de solidaridad y convergencia económica y en poner fin al repliegue nacionalista y al sálvese quien pueda que ha imperado durante las sucesivas crisis, desde la financiera a la de los refugiados, pasando por la energética o la de deuda .

Antídoto contra el euroescepticismo

Las elecciones del domingo podrían suponer el estreno en el Bundestag (Parlamento alemán) del partido eurófobo Alternativa para Alemania (AfD) liderado por Alexander Gauland y Alice Weild. Los sondeos dan una intención de voto del 11% a una formación con tintes racistas y xenófobos que en solo cuatro años ya ha logrado entrar en 13 de los 16 parlamentos regionales.

El temido ascenso de la extrema derecha había provocado en Berlín, como en otras capitales, un repliegue nacionalista en la posición sobre Europa. Pero la aplastante victoria de Macron sobre la eurofobia de Marine Le Pen ha mostrado que la ofensiva europeísta puede dar mejores resultados que la parálisis mantenida durante los últimos años. “Los populistas son el resultado del fracaso de los no populistas”, diagnostica un alto cargo de la Comisión Europea presidida por Jean-Claude Juncker.

Merkel parece dispuesta a emular a Macron y apostar por la integración europea como antídoto al euroescepticismo de AfD.

Aliados marcan el ritmo

El giro europeísta de Merkel IV dependerá del margen de su probable victoria (los sondeos le dan entre el 35% y 40%) y de los aliados con los que deba contar para formar gobierno. Los socialistas (SPD) de Martin Schulz y los Verdes de Cem Özdemir y Katrin Göring-Eckardt apoyan abiertamente la integración europea. Pero la canciller puede encontrarse con el euroescepticismo en su propio ejecutivo si los liberarles de (FDP) de Christian Lindner logran su objetivo de volver al Bundestag (los sondeos les dan un 10%).

FDP es el socio preferido de la CDU/CSU para formar gobierno si entre ambas formaciones suman mayoría absoluta. Pero el partido de Lindner mantiene una agenda muy dura sobre Europa, y defiende la desaparición el fondo de rescate de la zona euro (MEDE) o la salida de Grecia de esta si se reestructura su deuda.

Pero ni siquiera la presencia de los liberales se antoja suficiente como para frenar la inminente reforma de la zona euro. Y Bruselas ya prepara el proceso con el consentimiento tácito de Berlín y París.

Nueve meses de eurocambios

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ya anunció este jueves (21 de junio) la convocatoria de una cumbre de la zona euro en diciembre para abordar los primeros cambios. Sobre la mesa, la transformación del MEDE en un Fondo Monetario Europeo y la posibilidad de introducir algún mecanismo presupuestario estabilizador que evite una repetición de la tremenda brecha económica entre los socios provocada por la reciente crisis.

Macron presentará el próximo martes sus propuestas, con el objetivo de que sean tomadas en cuenta durante la formación de gobierno en Alemania.

Y Tusk calcula que los primeros acuerdos concretos “deben aprobarse en el Consejo Europeo de junio de 2018 como muy tarde”. Solo nueve meses después del 24S alemán.

La gran beneficiada de la crisis

Alemania entrará en la negociación de la reforma de la zona euro con mucho que compartir, porque ha sido una de las grandes beneficiarias de la crisis del euro. Entre 2010 y 2015 su producto interior bruto ha crecido un 16,6%, casi cuatro puntos por encima de la media de la UE. Su tasa de paro se ha reducido casi a la mitad y se encuentra en el nivel más bajo de los últimos 26 años.

Algunas de sus grandes entidades financieras sobrevivieron a la crisis gracias al rescate invisible del Banco Central Europeo. “El mayor porcentaje de la ayuda de liquidez de emergencia durante la crisis lo recibió un banco alemán, con un flujo entorno a los 100.000 millones de euros”, reveló recientemente José Manuel González-Páramo, miembro del comité ejecutivo del BCE hasta 2012.

El Tesoro alemán también se ha beneficiado en gran medida de la rebaja de los tipos de interés del BCE, hasta el punto de que, según Deutsche Bank, “sin esa rebaja Alemania registraría un déficit público del 1%”, en lugar del superávit del que presume el ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble. Los analistas de Deutsche Bank calculan que Alemania se ahorró entre 2008 y 2016 casi 260.000 millones de euros en intereses, cifra equivalente al 8,2% del PIB del país.

Alemania también se ha beneficiado de la benevolencia o impotencia de la Comisión Europea, que le ha permitido superar con creces el umbral permitido de superávit de la balanza comercial o salir casi indemne del fraude del diésel en el que más de 11 millones de consumidores europeos han sido víctimas del trucaje de motores de Volkswagen.

París reclama ahora a Berlín medidas que permitan reequilibrar la zona euro y ofrece a cambio disciplina fiscal y flexibilidad laboral.

Regalo de Macron

A 48 horas de la probable victoria de Merkel, el presidente francés firmó el viernes la reforma por decreto del mercado laboral, con la que pretende reducir drásticamente el poder de los sindicatos y limitar los costes de despido. El gesto, escenificado con una rúbrica ante las cámaras al más puro estilo estadounidense, se interpreta como una señal de buena voluntad hacia Berlín.

May pide clemencia

Casi a la misma hora que Macron firmaba su reforma, la primera ministra británica, Theresa May, cambiaba el tono de la negociación del brexit para pedir clemencia. May se fue hasta la piazza de Santa Maria Novella en Florencia para pronunciar un discurso muy agradable a oídos europeos pero que puede soliviantar a los miembros más euroescépticos de su partido, con Boris Johnson a la cabeza. May prometió saldar sus cuentas con el club (aunque sin concretar ninguna cifra) y respetar los derechos de los tres millones de europeos residentes en Reino Unido. También retiró la amenaza de recurrir al dumping laboral o fiscal para competir con la UE y la de utilizar la lucha contra el terrorismo como arma de negociación. A cambio pide clemencia: un período de transición de otros dos años para completar la salida de la UE (hasta 2021) y un acuerdo comercial mucho más favorable que el firmado por la UE con países terceros como Canadá. Un trato de favor que espera obtener del nuevo gobierno de Berlín, aunque tendrá más difícil ganarse el visto bueno de París.

A por la silla de Draghi

La reforma de la zona euro y la negociación del brexit serán de las dos grandes tareas europeas del nuevo gobierno alemán. Pero Berlín se ha marcado un tercer objetivo, consistente en hacerse con la presidencia del BCE cuando Mario Draghi deje el cargo en noviembre de 2019. Fuentes europeas consideran “muy probable, incluso, deseable” que el cuarto presidente del BCE proceda de Alemania, un país donde la actuación del emisor ha provocado inquietud en parte de la opinión pública (AfD nació en respuesta al rescate de Grecia y a la compra de deuda del BCE) y del Tribunal Constitucional alemán. Pero algunos analistas, como los de UBS, creen que Berlín podría renunciar a la presidencia del banco si los encajes de gobierno obligan a Merkel a buscar un puesto europeo para su ministro Wolfgang Schäuble.

Las claves del futuro de la UE

Un Fondo Monetario europeo para sacar al FMI de la troika

La reforma de la zona euro que se espera con más rapidez es la transformación el Mecanismo europeo de Estabilidad (MEDE) en un Fondo Monetario Europeo, encargado de los rescates de los socios en dificultades. Berlín quiere, además, que ese organismo asuma la vigilancia de los presupuestos nacionales (ahora a cargo de la Comisión Europea). Y París, que asuma el papel de la troika y saque al Fondo Monetario Internacional de la zona euro.

‘Ministro’ europeo de Finanzas

La reforma también apunta a la fusión de los puestos e comisario europeo de Economía (Pierre Moscovici) y de presidente del Eurogrupo (Jeroen Dijsselbloem). El nuevo cargo sería una suerte de ministro europeo de Finanzas, aunque está por ver los poderes reales de los que dispondrá. Berlín quiere otorgarle derecho de veto sobre los presupuestos nacionales, una potestad que París no desea. El compromiso podrá ser una figura similar a la de Alto Representante de Política Exterior de la UE (Federica Mogherini), con capacidad de coordinación pero todavía supeditada a las capitales.

Presupuesto de la zona euro

La zona euro podría dotarse de un mecanismo presupuestario con capacidad de actuar de amortiguador en los países que sean golpeados por una crisis. El presidente francés, Emmanuel Macron, desea un instrumento poderoso, de cientos de miles de millones de euros. Alemania prefiere una caja mucho más modesta. El objetivo del fondo también será motivo de negociación. La canciller alemana, Angela Merkel, ha sugerido que se utilice para compensar la caída de la inversión productiva (educación, I+D, etc.) en los países golpeados por la crisis. Bruselas también ha planteado la posibilidad de un fondo europeo de desempleo que cubra parte de los subsidios en momentos de gran repunte del paro.

Garantía europea de depósitos

La creación de un fondo europeo de garantía de depósitos para completar la unión bancaria se anuncia como la reforma más polémica y, previsiblemente, más lenta en entrar en vigor. Berlín exige a cambio medidas como la imposición de límites a la compra de deuda pública por parte de los bancos. Y, en última instancia, un sistema de reestructuración de deuda pública que evite los rescates.

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“Si nos va bien con Merkel, ¿por qué votar otra cosa?” | Internacional Home Tags

La canciller Angela Merkel vota en un colegio de Berlín.

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El mercado descuenta la estabilidad política en Alemania con Merkel acariciando la victoria | Mercados

Alemania celebra elecciones generales este domingo, 24 de septiembre, unos comicios que a medida que se iban conociendo los sondeos iban rebajando la incertidumbre política que podía quedar en Europa (con permiso ahora del enredo catalán). Las últimas encuestas estiman una clara victoria de la canciller conservadora Angela Merkel (CDU) con el 36% de los votos frente al candidato socialdemócrata (SPD) Martin Schulz (22%). UBS da a Merkel una probabilidad del 85-90% de retener el puesto de canciller. Así, los expertos dan por hecho el cuarto mandato de Merkel, garante de un continuismo que los mercados acogerían de buen grado.

“Los alemanes acuden a las urnas en lo que es probable que sea una confirmación del reinado de Angela Merkel como cabeza de la mayor economía de Europa”, señala el economista jefe de la gestora holandesa Robeco, Léon Cornelissen, que apunta que “su reincorporación como canciller para un cuarto mandato sería ampliamente bienvenida por los mercados como refuerzo de la estabilidad de Alemania, sobre todo si la actual coalición continúa”.

Ahora mismo, en Alemania gobierna una gran coalición formada por el grupo de centro-derecha liderado por Merkel (CDU/CSU) y su principal rival, el partido Socialdemócrata (SPD).

En Renta 4 opinan que, aunque Merkel salga victoriosa necesitará gobernar en coalición. “Una coalición que podría tardar en acordarse entre uno y dos meses, y que habría que ver si se concreta con los socialdemócratas, los liberales (FDP) o los Verdes”, sostiene la firma de análisis, que añade que “el escenario más favorable para nuevos avances en la integración europea sería un acuerdo con los socialdemócratas. En cualquier caso, el mercado apuesta por estabilidad política en la principal economía de la eurozona”.

Si bien a comienzos de este año las citas electorales que había en Europa (Holanda, Francia y Reino Unido) fueron motivo de gran preocupación para los mercados, los resultados (en Holanda y Francia se frenó el avance del populismo y la ultraderecha) aplacaron muchas de las incertidumbres políticas, que pasaron a un segundo plano dado además el casi convencimiento desde hace tiempo del triunfo de Merkel en Alemania. Queda por ver, eso sí, cuántos apoyos recibirá finalmente el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que según un sondeo de la segunda cadena de la televisión alemana, ZDF, se sitúa como tercera fuerza política en el futuro Parlamento con un 11% de los votos. Y los responsables políticos de Europa también tienen un ojo puesto en España, a la espera de cómo se resuelve la convocatoria de referéndum, declarada ilegal por la Justicia.

“Pese a que vuelven las elecciones y los referendos, la incertidumbre política en Europa es ahora más baja que en Estados Unidos”, opinan en BofA Merrill Lynch Global Research. “2017 comenzó con mucha consternación sobre el aumento del populismo, pero creemos que la historia de crecimiento de Europa significa que los votantes ahora tienen más que perder al aceptar lo desconocido”, señala la firma, que recalca que “el foco pasará a estar en la construcción de una Europa más fuerte, especialmente ante la retirada de estímulos del BCE”.

Por su parte, Christopher Dembik, responsable de análisis macroeconómico de Saxo Bank, duda de si Merkel tiene la capacidad política de impulsar las reformas económicas que necesita Alemania. “La economía germana es disfuncional, con un crecimiento medio anual de la productividad en la última década de tan sólo el 0,7%, por debajo de países como España (1,2%)”, destaca el experto, que indica que “el nuevo mandato de Merkel será distinto a los anteriores pues, tendrá que impulsar nuevas medidas y, hasta ahora, ha hecho cero en términos de reformas económicas”.

En la misma línea, en Amundi Asset Management consideran que ante los varios escenarios de coaliciones posibles en Alemania, hay que poner la atención en algunos detalles como los presupuestos, dado que “los partidos que pueden formar una coalición (CDU/CSU, SPD, FDP y/o Verdes) están a favor de recortes de impuestos, pero difieren en cuanto a quiénes y cuánto deberían beneficiarse. Sus prioridades de gasto público también son diferentes (infraestructuras, áreas sociales y/o defensa)”.

Añaden que “en Europa, hay prácticamente consenso sobre ciertos temas (enfoque difícil sobre el Brexit, fortalecimiento de cooperación en defensa…). Pero el SPD y los Verdes son más favorables que la CDU/CSU a las nuevas iniciativas que traen más federalismo, mientras que el FDP es más reacio. A pesar de estas diferencias, la actitud de Alemania respecto a Europa es probable que no cambie dramáticamente bajo una coalición dominada por el CDU/CSU”.

Teniendo en cuenta que Merkel se verá forzada a pactar con otros partidos, en opinión de Roberto Berzal, de Orey iTrade, “ese proceso podría impactar al Dax alemán”. “Los resultados de las elecciones alemanas no tendrán un gran impacto inmediato en los mercados, ya que no se espera que un populista se alce con el poder. Sin embargo, en el medio-largo plazo, los comicios tendrán repercusión en el euro, las rentabilidades de la deuda y las bolsas europeas, la velocidad de la integración europea, la postura frente a la periferia y los cargos de instituciones europeas”, resaltan en UBS, cuyo escenario central es la formación de una gran coalición, con el 60% de las probabilidades.

Corea del Norte y bancos centrales

En definitiva, los inversores andan ahora más preocupados por la tensión geopolítica entre Estados Unidos y Corea del Norte, sin perder de vista nunca las políticas monetarias de los bancos centrales. Para Natixis Global Asset Management “el escenario más probable para las relaciones entre EE UU y Corea del Norte sigue siendo un status quo intranquilo”. La firma ve “improvable” un conflicto militar directo, pero “Corea del Norte seguirá irritando a los aliados de Estados Unidos y Asia con pruebas de misiles”.

En cuanto a los bancos centrales, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos dio a conocer este miércoles su nueva hoja de ruta, con el comienzo de la reducción del balance en octubre y la subida de tipos proyectada para este año. A juicio de Anna Stupnytska, economista global de Fidelity, el mensaje de la Fed “ha sido mixto y muestran la confianza actual de la Fed en la economía, aunque los participantes del FOMC siguen siendo cautelosos a largo plazo”.

El Banco Central Europeo (BCE), por su parte, dejó para más adelante el anuncio de la retirada de los estímulos”.

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Bruselas alienta el ‘thatcherismo’ laboral de Macron | Compañías

París es el último objetivo de la troika (CE, BCE y FMI), concluía Yanis Varoufakis tras su efímero y tortuoso paso por Bruselas como ministro griego de Economía. El pronóstico parece condenado al fracaso porque la troika vive sus últimos estertores a la espera de la retirada definitiva del FMI.

Pero algunas de las recetas de los organismos europeos entraron en Francia por la puerta grande del Elíseo con la aplastante victoria de Emmanuel Macron en las presidenciales de mayo. Y la Comisión Europea no oculta su deseo de que el presidente francés aplique cuanto antes una reforma del mercado laboral reclamada desde hace años desde Bruselas e intentada sin éxito por los predecesores de Macron, el conservador Nicolas Sarkozy y el socialista François Hollande.

“La tasa de empleo en Europa es más elevada que nunca (…) pero el problema es un gran país no muy alejado de Bélgica que no logra rebajar su nivel de paro, por eso hoy me expreso en francés”, apuntaba el presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, el pasado 29 de agosto durante un acto de inicio de curso con los diplomáticos comunitarios.

Bruselas verá en parte colmados sus deseos este mismo viernes, porque el Gobierno de Macron se dispone a aprobar por decreto una polémica reforma laboral que ha puesto en pie de guerra a los temidos sindicatos franceses.

El choque ya se compara al que libró y ganó el gobierno de Margaret Thatcher con los sindicatos británicos hace casi 40 años. Y el presidente francés también parece en condiciones de imponerse en un pulso en el que se juega su credibilidad dentro de Francia y su capacidad de influencia ante el resto de socios europeos.

Macron tiene a su favor una mayoría parlamentaria de su movimiento La République en marche (309 escaños de 577), una economía en expansión (0,5% de crecimiento en los últimos tres trimestres) y una tasa de paro elevada pero en ligero descenso (9,8% en julio frente al 10,2% de enero de 2016).

El presidente francés parece convencido, además, de que los sindicatos disfrutan de una capacidad de influencia desproporcionada en relación con su número de afiliados (el 8% de una fuerza laboral de casi 29 millones de trabajadores, según los datos de la agencia europea Eurofound) y ha decidido desafiarles hasta el punto de menospreciar como “haraganes” y “cínicos” a los enemigos de su reforma laboral. 

La reforma persigue, entre otras cosas, debilitar la influencia sindical reconociendo el derecho de negociación a nivel de empresa e, incluso, de filial. A cambio, se mejora la capacidad de influencia de los trabajadores en la dirección de las compañías aunque sin llegar al modelo de cogestión aplicado en Alemania.

Se introduce un límite en las indemnizaciones por despido para evitar a los empresarios la incertidumbre sobre el coste de la resolución judicial de un conflicto laboral. Macron ya intentó imponer ese techo a las indemnizaciones en su etapa como ministro de Hollande, pero el gobierno de Manuel Valls lo dejó en mera referencia voluntaria a la vista de las protestas del grupo parlamentario socialista (diezmado en las legislativas de junio).

Y se amplía la flexibilidad para la duración de los contratos temporales y de teletrabajo y se autorizan los contratos vinculados exclusivamente a la duración de un determinado proyecto o encargo de la empresa.

La reforma laboral forma parte de la terapia de schock que el presidente francés quiere aplicar a la economía y la sociedad francesa. Pero Macron busca, sobre todo, congraciarse con Berlín, con el objetivo de reactivar el tándem franco-alemán para reformar una zona euro que, según el gobierno francés, podría desintegrarse si se mantiene la parálisis de la última década. París ofrece a Berlín una flexibilización laboral como la introducida en Alemania hace 15 años por el gobierno socialista de Gerhard Schröeder, que sentó las bases para una caída de los subsidios de desempleo.

El método y el calendario de la reforma laboral parecen calculados para satisfacer a Angela Merkel, que con toda probabilidad saldrá reelegida como canciller en los comicios del 24 de septiembre. El presidente francés dispone de mayoría parlamentaria suficiente para tramitar la reforma pero ha decidido aprobarla por decreto justo a tiempo para las elecciones en Alemania.

La reforma no va tan lejos como desearían Berlín y Bruselas. La CE también reclama cambios en el sistema de prestaciones por desempleo y en el sistema automático de revalorización del salario mínimo en función de la inflación. Pero Macron quiere demostrar ya ante la opinión pública francesa y ante las capitales europeas su firme voluntad de aplicar un programa electoral en el que no ocultó su agenda de liberalización.

Tras los cambios de esta semana, el gobierno francés prepara ya otro de mucho más calado y potencialmente conflictivo: asumir el control de las prestaciones de desempleo, gestionadas por los agentes sociales desde 1958. El sistema se encuentra en números rojos desde 2008, con un agujero de 30.000 millones de euros. En 2017 se espera un incremento del déficit de 3.700 millones de euros y en 2018 de 3.900 millones.

Bruselas atribuye tan tremendo agujero a la generosidad de los subsidios franceses de desempleo, que fijan un límite por perceptor de 7.000 euros mensuales, con un período mínimo de contribución de cuatro meses sobre 28 y una cobertura de hasta dos años tras una cotización de al menos 24 meses.

La escalada de la factura del paro, sin embargo, también se debe al aumento en el número de trabajadores con contrato temporal, que se ha doblado con creces desde 1,6 millones por trimestre en el año 2000 a 3,9 millones por trimestre a comienzos de 2016, según los datos de Eurofound.

Los sindicatos temen que las reformas de Macron aceleren la espiral de precariedad y falta de cotizaciones que hagan insostenible el modelo de protección vigente en las últimas décadas. Y que provoquen una brecha social como la sufrida por Alemania desde su reforma laboral.

“El tramo de salarios bajos apenas existía en Alemania antes de la reforma estructural; ahora ha pasado de 5,6 millones de trabajadores en 2003 a ocho millones en 2016”, señala Carsten Brzeski, economista jefe de ING en el país de Merkel. El porcentaje de trabajadores con un segundo empleo  también se ha doblado en Alemania en la última década, según los datos de Eurostat.

 

 

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Elecciones Allemania: Angela Merkel, la ‘presidenta de Europa’, se prepara para reinar en el caos

Merkel, de campaa electoral en el norte de Alemania: “No hay nada decidido. Cada voto cuenta”

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The Guardian view on the European Union: sticking together | Editorial | Opinion

Not all that long ago the European Union seemed to inspire doubt not hope: a project reaching its 60th anniversary looked to many as if it might be heading for its death bed, or at least the emergency room. The eurozone, some said, would soon crumble as a result of faulty construction and rash policies. A populist wave was certain to sweep away institutions based on liberal democracy and shared sovereignty. Citizens would irreversibly turn their backs on a club which apparently combined high-mindedness and inefficiency.

With Brexit, 2016 was the EU’s annus horribilis. The year before that the refugee crisis, critics said, had exposed the EU as a fair-weather construct – unable to cope with the unforeseen. In 2014, extremist parties had already made spectacular gains in the EU parliament. In its bleakest moments the EU, it was said, had been a reputable and worthy project but one with perhaps a limited lifespan. The politics of fear were about to send it to the dustbin of history. Today, this doomsday narrative no longer applies. For one thing, Brexit has produced no domino effect. Britain’s despondency serves as daily proof that the path must be avoided by others. Far from breaking up, the eurozone is set to grow at the fastest annual pace since 2011. The migration issue hasn’t disappeared, but with the numbers down, its disruptive impacts on politics seem for now contained. Populism is no longer seen as an irrepressible force. Far-right slogans calling for a continent-wide Patriotic Spring in 2017 have come to nothing.

On Wednesday Jean-Claude Juncker, the EU commission president, will echo this sense of renewed confidence in his annual “state of the Union” address, notably outlining a more robust approach to foreign takeovers to win support among European citizens for trade deals. In France, president Emmanuel Macron will face a stern test over his proposed changes to the labour market with thousands of protests planned. The French president was wrong to describe those who oppose his plans as “lazy”. He is perhaps too confident – with the trade unions divided and a big majority in parliament. Nowhere is this being more closely watched than in Germany, where Angela Merkel looks poised to be re-elected later this month, quite a political feat given that her downfall had been described as all but inevitable after the 2015 refugee crisis. It’s true the anti-immigrant AfD party is set to enter the Bundestag for the first time, but the traditional parties are still in charge. Elsewhere, in Austria, the Netherlands, Finland, populists have failed either to reach power or remain in government coalitions.

The mood in the EU is, if anything, upbeat. Plans for deeper eurozone integration are being floated, as are moves to enhance security cooperation, and the creation of a common digital market. Public trust in the EU is rising. No doubt, there are still tensions and uncertainties. Poland’s and Hungary’s populist governments are up in arms with the EU institutions over rule of law and migration quotas. The bloc’s cohesion on values is its biggest challenge. Doubts hang over the future of eurozone governance. France and Germany have a chance to correct monetary union’s flaws, which they should seize. Italy’s politics, with elections next year, and the state of its banking sector are a concern. Post-Brexit, 80% of Nato defence spending will be non-EU. An upcoming Russian military exercise has already put nerves on edge.

But those who believed Brexit and Donald Trump would be nails in the EU’s coffin need to rethink. Viewed from the continent, Brexit is all but a side show – not even mentioned once in the German election TV debate. Trumpism has helped convince more Europeans they need to stick together, not come apart.

Europe has been under strain, but it has not cracked. If anything, the setbacks have given the EU a stronger sense of what it is – and what it is not. Better awareness of this in Britain is long overdue.

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La ‘primavera europea’ pende de las elecciones en Alemania | Mercados

La Unión Europea ha disfrutado en 2017 de su particular primavera, seis meses de inquietantes citas electorales (en Austria, Holanda, Francia…) que, para regocijo de Bruselas, se saldaron con una derrota tras otra de los partidos más euroescépticos.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, hará este miércoles balance ante el Parlamento Europeo de tan excepcional cosecha durante su discurso anual sobre el Estado de la Unión. E intentará traducir el alivio electoral en un impulso a un proceso de integración europea estancado desde hace más de una década.

El plan de Juncker para 2018 pasa por concesiones a los deseos de Berlín y París, piezas imprescindibles para que el club tome de nuevo impulso.

El presidente de la CE tranquilizará a los oídos alemanes con una modesta propuesta de reforma de la zona euro. Reforma que, tal y como desea Berlín, podría pasar por la reconversión del actual fondo de rescate (MEDE) en un Fondo Monetario europeo que asuma las funciones del FMI tras el inevitable desmembramiento de la troika (CE, BCE y FMI). Para satisfacer al presidente francés, Emmanuel Macron, Bruselas contempla la introducción de un mecanismo de supervisión de las inversiones extracomunitarias (chinas, en especial) en sectores estratégicos y tecnológicos.

Pero el alcance y la ambición de las propuestas concretas sólo se conocerá después del 24 de septiembre, día de elecciones generales en Alemania.

La Comisión Europea es consciente que la nueva agenda dependerá del resultado de unos comicios que pueden prolongar la primavera europea o sumir a la UE en el ambiente depresivo que rodeaba hace un año el anterior discurso sobre el Estado de la Unión.

En principio, las elecciones en Alemania se presentan tranquilas a ojos de Bruselas porque los dos principales candidatos, la canciller conservadora Angela Merkel y el aspirante socialista Martin Schulz, comparten su apoyo a la Unión Europea aunque discrepen en algunos puntos sobre cómo gestionarla.

Pero el consenso europeísta de Alemania incluye matices en función de los aliados que se sumen al Gobierno del futuro canciller o, más bien, de la renovada canciller si se cumplen los sondeos. Los colores del futuro gobierno de coalición en Berlín marcarán la agenda de Bruselas y, sobre todo, las posibilidades de recuperación del descuajeringado tándem franco-alemán.

Los sondeos dan la victoria a Merkel pero podria necesitar el apoyo de los eurorreticentes del partido Liberal

 

La media de los últimos sondeos otorga a los conservadores de Merkel (CDU/CSU) un 37% de votos, frente al 23% de los socialistas (SPD) de Schulz. En caso de fragmentación del voto, la gran coalición (CDU/SPD) podría repetir, pero no parece la opción deseada por Merkel, que ya ha tenido que compartir gobierno con los socialistas en dos de sus tres mandatos.

Si sale elegida, la canciller podría optar en su cuarto mandato por una alianza con los liberales (FDP) , que esperan regresar al Parlamento (los sondeos les auguran un 10% de votos). Y en caso de quedarse cortos ambos grupos, los Verdes (también con esperanza de alcanzar el 10%) no han descartado sumarse al gobierno federal.

Esa coalición tricolor podría brindar a Merkel el equilibrio entre la eurorreticencia de los liberales y el euro entusiasmo de los Verdes…. o condenar a la canciller a un inmovilismo europeo como el mantenido en sus anteriores mandatos.

Los sondeos conceden menos posibilidades a una coalición alternativa, encabezada por Schulz y con los apoyos de Verdes y extrema izquierda (Die Linke). En cualquier caso, esa alianza colocaría al canciller ante el mismo dilema de contentar a aliados con una visión de Europa contrapuesta.

A la espera de que Alemania recuente sus votos, Juncker trazará ante el Parlamento Europeo un futuro mucho más prometedor que el año pasado, cuando incluso su continuidad en el cargo se ponía en entredicho.

El presidente de la CE puede alardear hoy de una economía que desde hace 21 meses crece a mayor ritmo que la de EE UU., de una tasa de actividad en cifras récord, con 232 millones de trabajadores; o de la creación de nueve millones de puestos de trabajo desde su nombramiento en noviembre de 2014.

Pero es una primavera ensangrentada por una mortífera ofensiva yihadista (más de 250 muertos en suelo europeo en dos años y medio) y empañada por las dudas sobre el otoño que llegará tras el 24-S alemán.

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Merkel cree que la automoción alemana podrá subsanar “errores” en el salón de Fráncfort | Compañías

La canciller alemana, Angela Merkel, destacó este sábado el papel que debe desempeñar el Salón Internacional del Automóvil de Fráncfort (IAA) para “subsanar” los errores cometidos por la industria de la automoción germana, “puntal” exportador del país del que, recordó, dependen 800.000 puestos de trabajo.

La IAA que abrirá sus puertas el próximo jueves será una “exposición muy especial”, afirmó la líder alemana en su mensaje semanal por vídeo, donde alude a la “gran pérdida de confianza” que ha sufrido la industria del país a raíz del escándalo de la manipulación de datos de emisiones en los motores diesel.

La industria del automóvil es “una importante columna de nuestro éxito económico y de nuestra reputación como nación exportadora”, identificada con el sello de calidad “made in Germany”, prosiguió Merkel, quien asistirá a la inauguración de la IAA en Fráncfort.

La canciller avanzó que aprovechará la apertura del salón para recordar que “los errores cometidos deben ser, por supuesto, subsanados”, cuestión en la que hay aún “mucho trabajo por hacer”, dijo, en atención también al mencionado volumen de puestos de trabajo que dependen del sector.

Merkel lamentó en su mensaje que, hoy por hoy, no hay una oferta suficiente de autos electrónicos, para expresar a continuación su confianza en que también ese déficit va a poder ser superado en el futuro.

La jefa del Gobierno de Berlín ratificó el compromiso del Ejecutivo federal en el fomento de las tecnologías alternativas, así como el desarrollo de nuevos conceptos de movilidad “inteligentes”, acordes con el objetivo de lograr la máxima eficiencia energética.

Merkel recordó, finalmente, que el sector alemán de la automoción es uno de los más innovadores del país y con mayor capacidad investigadora, y destacó el desafío de no perder competitividad tampoco en ese ámbito, especialmente frente a la competencia del mercado asiático.

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Corea del Norte anuncia que prepara otro “regalo” dirigido a EEUU | Internacional Home Tags

El lder norcoreano Kim Jong-un, junto a la supuesta bomba de hidrgeno lanzada por su rgimen.

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Angela Merkel consigue sacar a los refugiados del debate electoral | Internacional Home Tags

La canciller alemana, Angela Merkel, llega a una rueda de prensa en Berln.

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