El reto de ser una potencia también en el turismo de compras | Compañías

Las cifras de afluencia y pernocataciones situan a España como una gran potencia turística, la primera del mundo, según las previsiones para este año. Si se confirman esos cálculos, que auguran un cierre de ejercicio con 84 millones de visitantes, España desbancará a Francia como primer destino turístico mundial. Alemania, Francia e Inglaterra suman el 52% de los turistas extranjeros que llegan al territorio español, la mayor parte de ellos atraídos por el sol y la playa. El gasto en julio que generó este flujo de visitantes se disparó por encima del 16%, pese al encarecimiento del euro.

Aunque estas cifras evidencian la óptima coyuntura que vive el mercado turístico, hay un punto flaco en la boyante industria española: el gasto medio de los viajeros, que sigue situado en el vagón de cola en la mayor parte de las clasificaciones. Las cifras apuntan a que los turistas que visitan España gastan de media 1.028 euros, un umbral por debajo del cual se situa ese grueso de visitantes franceses, alemanes y británicos. A la vista de los datos, parece obvio que el gran reto de la industria turística española pasa por atraer a un viajero con mayor capacidad de gasto y hacerlo a través de medidas concretas, entre las que destaca la de incentivar el denominado turismo de compras. Iniciativas como la de CaixaBank, Iberia, El Corte Inglés, Samsung o Global Blue, que se han unido en una estrategia común para convertir la capital de España en un centro de compras capaz de competir con Londres o París, son una forma de ayudar a desestacionalizar el gasto de un turismo que debe ir más allá de los precios ajustados, el sol y la playa. Mientras la capital de Francia concentra el 16% del turismo de compras y Londres hace lo propio con el 13%, Madrid solo recibe entre el 2,6% y el 2,3%.

Es importante recordar que buena parte de la primavera que vive actualmente el turismo español se nutre de una coyuntura favorable, que incluye la caída de visitantes que sufren los destinos del norte de Africa. Ello hace que resulte clave acometer las reformas que la industria necesita y avanzar hacia el viejo objetivo, cada vez más urgente, de atraer a un turista de mayor poder adquisitivo.

 

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Yescapa se consolida como el Airbnb de caravanas y furgonetas en España | Compañías

La recuperación económica ha propiciado que muchos españoles, tras años de austeridad, hayan vuelto a viajar durante sus vacaciones. Esta semana fue la Comisión Europea la que dio por acabada la crisis iniciada en 2008 en la UE. Los datos macroeconómicos, como los salarios o el PIB, desmontan la tesis de las autoridades comunitarias. A ello se une la eclosión de otros negocios digitales, que ofrecen, al estilo de Airbnb, formas más económicas de viajar.

Es el caso de Yescapa, una plataforma nacida hace cinco años en Francia y que desde hace dos opera en España poniendo en contacto a propietarios de autocaravanas y furgonetas camper con personas interesadas en alquilarlas. Julie Da Vara, responsable de Yescapa en España, subraya que el negocio ha avanzado muy rápido gracias a la buena aceptación de otros modelos similares, como Airbnb o Blablacar. “Es una actividad que está muy sujeta a la estacionalidad y a los períodos de vacaciones, aunque la gente cada vez lo demanda más para reuniones familiares o bodas por una cuestión puramente económica”, señala Da Vara en una entrevista con CincoDías. Tras dos años de actividad, Yescapa cerró el pasado ejercicio con 600 reservas en España y el objetivo para este año es triplicar esa cifra hasta llegar a las 1.800, con lo que el peso de España en el total de la compañía llegaría al 10% de su volumen de negocio. “En la actualidad tenemos 40.000 usuarios y 450 furgonetas. Solo entre enero y mayo obtuvimos tantas reservas como en todo 2016”, subraya Da Vara, que destaca que España es el país en el que un mayor número de usuarios (47%) utilizan el sistema Android.

El sistema de reserva funciona de una forma similar a la de Airbnb. El propietario publica de forma gratuita el anuncio, establece una tarifa y el interesado se pone en contacto con él. El anunciante dispone de 48 horas para rechazar o aceptar la solicitud. En el primer caso procederá al pago del precio, que incluye los tres euros diarios por el seguro de viaje y que puede realizarlo en dos plazos, mientras que el segundo se deshace la operación sin ningún tipo de compensación al propietario. Una vez realizado el pago, ambos pactan un lugar de recogida, en el que se firma el contrato de alquiler y se realiza una inspección in situ de la estado del vehículo. Al mismo tiempo, el arrendatario está obligado a presentar el carnet que le faculta para conducir ese vehículo y a pagar la fianza acordada. El propietario recibirá el pago acordado el día después al que se haya iniciado el alquiler.

Yescapa firmó en marzo un acuerdo con Lagún Aro para que fuera la gestora de los seguros a todo riesgo, que cubren posibles robos y facultan para tener asistencia técnica en carretera en España y en el resto de la UE. Consolidado el negocio en Francia (donde el corredor de seguros es Allianz) y afianzado el lanzamiento en España, Da Vara apunta que los dos próximos objetivos son Alemania y Reino Unido. “Ya estamos establecidos en el mercado alemán, en el que todas las transacciones que se han cerrado hasta ahora se pagan en efectivo, algo impensable en España mientras que nuestro gran objetivo a largo plazo es el mercado británico”, señala. Las negociaciones del nuevo modelo de relación con la UE condicionarán la apuesta por el mercado británico.

Hitos de la compañía

Origen. En 2011, Benoît Panel comienza a recopilar información para viajar en familia y adentrarse en Reino Unido en autocaravana. Descubre que los precios que le piden son muy elevados y opta finalmente por alquilar un apartamento en el norte de España. Convence a Adrien Pison en el Startup Weekend, un evento de emprendedores en Bretaña, para desarrollar un nuevo negocio. Ambos fundan Yescapa.

Ronda de financiación. El 2 de febrero de 2015 captan medio millón de euros para comenzar a desarrollar el negocio en España. El 17 de enero de 2016, un año después de lograr la inversión, la compañía logra llegar a los 2.000 usuarios.

Alemania. El 28 de abril de 2016 se lanza la plataforma en el país germano. Alquila caravanas en Berlín, Hamburgo, Colonia, Dresde, Múnich y Fráncfort.

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La elevada deuda compromete los planes de crecimiento de las hoteleras | Compañías

España tiene cinco cadenas hoteleras entre las 60 más grandes del mundo. La última clasificación elaborada por la revista Hotels con datos a 31 de diciembre de 2016, establece que la primera española es Meliá, en el decimosexto puesto, seguida de NH (28), Riu (34), Barceló (42) e Iberostar (52). Las cadenas chinas y su política agresiva de compras amenazan esas posiciones, aunque las estrategias de futuro de las empresas varían mucho en función del pasivo que tengan. Un denominador común de las grandes cadenas ha sido la tendencia a sobreendeudarse para crecer; lo que les diferencia ha sido su capacidad para deshacerse de activos, la rentabilidad de los inmuebles que compraron en el pasado y los ingresos que han sido capaces de generar en los últimos años, coincidiendo con el récord de turistas en España (75,6 millones en 2016) y en el mundo (1,2 billones).

Meliá. La cadena que dirige Gabriel Escarrer es la más grande de España y la decimosexta del mundo, con 375 hoteles y 96.369 plazas. De ellos, 254 están situados en el área de Europa, Oriente Medio y África, 86 en América y 35 en Asia. En cuatro años ha reducido a la mitad la deuda (de 994 a 542 millones entre 2012 y 2016) mientras que el beneficio ha crecido un 66% al pasar de 171 a 285 millones en el mismo período. Todo ello ofrece un ratio de pasivo sobre ebitda de 1,9 en 2016 frente a los 5,8 de 2012. Una posición saneada que, sin embargo, no le va a llevar a cometer los excesos de sobreendeudamiento del pasado. La apuesta de la compañía con sede en Baleares pasa por no invertir en activos nuevos, sino en remodelar y modernizar aquellos activos más antiguos. En los últimos cinco años ha invertido 500 millones en renovar los establecimientos que tiene en destinos urbanos y vacacionales en España, de los que 200 han ido íntegramente a la remodelación de sus activos en Magaluf (Mallorca). Otro denominador común de las cadenas hoteleras ha sido el viraje en el modelo de gestión de sus establecimientos. Solo el 12% de sus hoteles están en propiedad. El resto corresponde a franquicia (13%), alquiler (31%) o gestión (44%).

NH. Es la segunda española en la clasificación mundial. Ocupa el puesto 28, con 379 hoteles y 58.472 camas. Al igual que Meliá, la propiedad ha ido perdiendo peso en su cartera a favor del alquiler. Al cierre de 2016, la cadena dirigida por Ramón Aragonés solo tenía el 21% de sus hoteles en propiedad frente al 56% en alquiler o el 23% en gestión. NH es la cadena más endeudada. En 2012 tenía un pasivo similar al de Meliá (996 millones) y cuatro años después la cifra se ha reducido un 25% hasta los 747 millones, mientras que el beneficio ha crecido un 53%. La digestión de algunos activos poco productivos ha sido muy pesada. Entre ellos destacan los 65 hoteles que compró a la holandesa Krasnapolski por 728 millones de euros en 2000 o la compra de 53 hoteles a la alemana Astron por 130 millones en 2002. La ratio entre la deuda y el beneficio, pese a haberla reducido a la mitad en cuatro años, sigue siendo la más elevada del sector (4,1% en 2016). La prioridad de la cadena, por lo tanto, pasa por reducir la deuda a través de dos ejes: la venta de activos y la mejora del beneficio por el buen ciclo económico. Aragonés reconoce que la cadena cuenta en la actualidad con una cartera de activos valorada en 1.900 millones de euros y el primer hito para ese desapalancamiento se centra en el hotel que la cadena posee en Nueva York. El establecimiento de tres estrellas cuenta con 240 habitaciones y podría tener un precio de mercado cercano a los 100 millones de euros. El consejero delegado de NH confirma que ya han recibido ocho ofertas y que la venta se cerrará con toda seguridad entre septiembre y octubre. Solo si se cumplen ambas premisas volvería a pensar en comprar, aunque no sería antes de 2019, fecha en la que tiene previsto reducir a la mitad la deuda de 2012. Por ahora las operaciones se basan en activos puntuales ligados al vacacional, como la gestión de un hotel en México.

Barceló es la cadena menos endeudada, con un ratio de 1,5 veces ebitda

Barceló. Es la cuarta cadena más grande de España y ocupa el número 42 de la clasificación mundial con 114 hoteles y 33.493 camas a 31 de diciembre de 2016. Cuatro meses después anunció la compra del 60% que le faltaba para controlar la gestora norteamericana de hoteles Crestline. Con esa operación pasaba a tener 228 hoteles y 50.000 camas y la compañía calcula que en la clasificación de 2017 pasará a estar entre las 30 más grandes del mundo. ¿En qué se diferencia Barceló de NH? La clave está en el mayor crecimiento del beneficio frente al resto de competidores unido a una rebaja del pasivo. En cuatro años, el ebitda se ha más que duplicado, pasando de 167,4 a 338,6 millones, mientras que la deuda ha caído un 68%, dejando una ratio de deuda sobre ebitda de 1,5 veces, frente a las 1,9 de Meliá y las 4,1 de NH.

Iberostar y Riu se salen de la norma

Riu. Ocupa la tercera posición entre las cadenas más grandes, con 95 hoteles y 43.902 habitaciones. En 2016 facturó 2.011 millones de euros y tiene dos objetivos para este año. El primero es consolidar su apuesta por América y Asia, incorporando dos o tres hoteles al año. Buena prueba de ello es su entrada en destinos como Islas Mauricio o Sri Lanka y su apuesta por Dubai o Maldivas. En lo que se refiere al mercado español, la compra del Edificio España por 272 millones es la operación que marca su futuro a corto plazo, ya que considera que le dará una proyección de futuro. La cadena ya está presente en seis destinos urbanos en Europa.

Iberostar. Ocupa la quinta posición entre las grandes cadenas españolas y la 52 en el ranking mundial, con 78 hoteles y 27.551 habitaciones. El único dato que facilita la compañía para compararle con el resto de operadores es la facturación. La cifra de negocio escaló un 10% a finales de 2016 y se situó en 2.025 millones, por encima de los 1.805 millones de Meliá, los 1.474 millones de NH y los 1.387 millones de Barceló. Lo que sí se pueden remarcar de sus planes de futuro es la diferencia con respecto al resto. La primera es que tiene previsto seis nuevas aperturas este año: cuatro en América (dos en Cuba, Miami y México), una en España y otra en Marruecos. A ello se une la inversión para la reforma de sus hoteles, cuantificada en 125 millones.

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Meliá Hotels, el potencial de enfocarse en el lujo | Mercados

Potencial de un 17,5% para Meliá según el consenso de Reuters. El gigante hotelero, que tiene una capitalización bursátil de alrededor de 3.000 millones de euros, llevaba subiendo de forma ininterrumpida en Bolsa desde principios de este año, hasta el 17 de agosto. El atentado terrorista en Barcelona hizo sufrir a las compañías relacionadas con el turismo, entre ellas Meliá Hoteles. Concretamente, la acción bajo un 2% en el día, y todavía cae el 5,03% desde entonces. Sin embargo, el valor se ha revalorizado un 15% desde enero de 2017 y un 80% desde sus mínimos tras el Brexit. A pesar de su actual situación alcista y de la recomendación mayoritaria de comprar, algunos analistas también se muestran prudentes. Felipe López Gálvez, analista de Self Bank, comenta sobre la compañía que “preocupa su alto endeudamiento, su elevada valoración y la subida del euro, que reduce los beneficios generados en el extranjero y que podría frenar la llegada de turistas de fuera de la zona euro”.

El endeudamiento de la compañía ha aumentado un 6% desde diciembre del pasado año y ha alcanzado los 574 millones de euros. Sin embargo, el ratio de apalancamiento es de 1,9 puntos, una cifra dentro del margen fijado por la compañía.

Con respecto a los ingresos consolidados, los resultados del primer semestre muestran un aumento del 7% con respecto al primer semestre del año pasado. Sin embargo, la compañía explica que esto no se debe a un aumento de la demanda, sino al incremento del 15,7% de los precios por habitación en los hoteles Meliá españoles, algo que se suma a la tendencia del sector en el país. Esta subida en el ingreso por habitación responde a la estrategia de Meliá de reposicionamiento de hoteles para mejorar la rentabilidad, y según los analistas de Bankinter, el impulso del Ebitda y de los márgenes en el próximo trimestre vendrá por la transformación de la cartera y el reposicionamiento en segmentos superiores como el lujo.

La compañía destacó en la presentación de sus resultados la evolución de los hoteles del segmento del lujo de Sevilla, Madrid, Barcelona, Mallorca y Sancti Petri y confirmó que lidera la oferta en el nicho del bleisure, hoteles premium para clientes que viajan por razones de trabajo pero que también dedican una parte de su estancia a hacer turismo. La marca con la que operan es Innside by Meliá.

Por otra parte, la empresa de la familia Escarrer está reduciendo el número de hoteles en propiedad y en alquiler para aumentar la proporción de inmuebles en régimen de gestión. La implementación de esta estrategia asset light permitiría a Meliá mantener en cartera un mínimo de activos para optimizar la inversión al máximo. Por ello, en el período actual un 55% del total de 310 hoteles que tienen en cartera se encuentran gestionados por la compañía y solo un 18% son de su propiedad.

No obstante, los resultados del primer semestre muestran una variación nula del margen del Ebitda, a pesar del aumento de los ingresos y de la cifra absoluta. Los analistas de Societé Generale proyectaban un margen del 17,2% y el resultado fue del 16,1%. Desde esta firma explican que el ratio aumentó más de lo esperado en el mercado español, pero que que el margen de los hoteles en gestión fue afectado de forma muy negativa por la depreciación del bolívar venezolano. De hecho, este efecto divisa ha afectado a los resultados en 7,1 millones de euros.

La temporada de verano, el período más productivo dado el carácter vacacional de Meliá, demostrará su eficacia cuando se presenten los resultados del tercer trimestre, que históricamente es el más fuerte para cualquier empresa del sector. Sin embargo, serán unos resultados marcados por un verano peculiar para el sector turístico español, afectado por las protestas contra el turismo masivo y por el atentado en Barcelona. En palabras de López Gálvez, Meliá “podría superar la cifra de los 50 millones de euros de beneficio por primera vez desde 2010. En concreto, el consenso espera que el beneficio neto se eleve un 13% hasta los 53 millones de euros”. El analista destaca que también se prestará especial atención al esfuerzo de la empresa por reducir deuda, ya que esta es una circunstancia que limita su capacidad de inversión.

En definitiva, la acción de Meliá se encuentra en una fase alcista pero muchos analistas puntualizan que ese recorrido está sujeto a que se cumplan las buenas expectativas con respecto a los resultados del segundo semestre, que se esperan positivos ya solo por motivos estacionales.

Claves

Crecimiento. Expansión internacional con la inauguración de 19 nuevos hoteles fuera de España en el año 2017 y expansión digital a través del impulso de las ventas por Internet. Los ingresos a través de melia.com se incrementaron un 19,6% hasta junio.

Recomendaciones La opinión mayoritaria del consenso de Reuters es la de comprar, pero casi la misma cantidad de analistas estiman que al valor no le queda mucho recorrido por lo que recomiendan mantener.

Ocupación. No ha habido una variación con respecto a la ocupación en el primer semestre del pasado año. Esta ha aumentado en el mercado de las Américas y ligeramente en Europa, pero ha descendido un 2,5% en Asia.

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Joaquim Clos, estilo londinense para una nueva generación hotelera | Fortuna

El sector hotelero de alto nivel atraviesa en España una etapa de transformación. Tanto de conceptos como de cadenas, y también de caras. Un rostro nuevo en el sector es el de Joaquim Clos, barcelonés, de 36 años, que ha tomado el testigo de su padre, Jordi Clos, al frente de Derby Hotels. Un proceso de relevo en el que, afirma, “aún estamos inmersos y del que creo que estamos disfrutando tanto él, como yo, como todo nuestro equipo”. Considera una suerte haber podido aprender de su familia valores “básicos para afrontar un reto de estas dimensiones. Creo que ellos, más que yo, son la clave del éxito”.

La temporada hotelera, también en el caso de Derby, está superando previsiones. Como analiza Clos, en las cuatro ciudades donde Derby está presente, Barcelona, Madrid, Londres y París, los datos “son buenísimos. El número de pernoctaciones sigue creciendo y el gasto medio del turista, no solo en nuestros hoteles, sigue aumentando también, así que no es únicamente el sector hotelero el que funciona, sino muchos otros que conviven en la ciudad”.

En su caso, Clos señala al cuidado del producto como el punto primordial de la estrategia de su empresa, y sobre el que pivotan los demás. “Mejoramos el producto y el servicio con innovación, con lo que vemos en otros negocios o en otras cadenas extranjeras o inventando nosotros mismos”.

Un hotel… que no sea Derby

Hotel Inkaterra Machu Picchu, en Perú.
Hotel Inkaterra Machu Picchu, en Perú.

Analizar lo que hacen otros hoteles va en el sueldo de cualquier ejecutivo hotelero, incluso de vacaciones. Un hotel que le impactó a Joaquim Clos fue el Inkaterra Machu Picchu, situado en el corazón de este mítico paraje peruano. También se queda con los pequeños hoteles de Punta Islita, en Costa Rica. A nivel urbano, cree que el mejor lujo está en Asia. El Four Seasons de Ho Chi Minh (Vietnam) o el Oberoi de Calcuta (India).

Buena mesa

La gran pasión de Clos siempre fue recorrer el mundo con su mujer, algo que ahora también comparte con sus hijos. Pero si tiene que señalar un capricho reciente, el último que se dio fue, precisamente, un viaje al País Vasco hace pocas semanas para cenar en el Asador Etxebarri, uno de los templos de la carne en España. Según él, “una visita obligada para cualquier amante de la brasa”.

Vía de escape

Pese a darse algún que otro homenaje culinario, como en el caso de Etxebarri, Clos intenta cuidar cuerpo y mente lo máximo que su agenda y sus obligaciones laborales le permiten. Para el cuerpo, dice hacer deporte e intentar comer sano entre semana, ya que, afirma, “el fin de semana es para disfrutar”. Para la mente, ha encontrado una vía de escape en dos disciplinas que le son de ayuda:el pilates y el mindfulness.

Su ciudad

Joaquim Clos, estilo londinense para una nueva generación hotelera

Una de las dos ciudades extranjeras donde Derby cuenta con un hotel es Londres. Lo tiene en el distrito de Bayswater, cerca de la estación de Paddington y a escasos metros de Hyde Park y los jardines de Kensington. Si tiene que quedarse con una ciudad, Clos elige Londres, “mi ciudad favorita”, aunque en estrecha competencia con Nueva York, adonde viaja siempre que puede, además de Roma y Marrakech.

Gusto por lo moderno

La capital británica es su ciudad fetiche y allí también se encuentra su tienda de moda preferida. Es Dover Street Market, un establecimiento multimarca con las últimas tendencias de la moda, con un estilo alternativo y moderno y con prendas de modistas que no son sencillas de encontrar. Está ubicado en Haymarket, junto a la National Gallery y muy cerca de la emblemática plaza de Picadilly Circus.

Lectura

Ébano, de Kapuscinski.
Ébano, de Kapuscinski.

Otra de las grandes aficiones de Joaquim Clos es la lectura. Sus gustos se concentran, sobre todo, en el género histórico y en las biografías. “Uno de los mejores que he leído sobre las guerras en África es el de Ébano (Anagrama), de Ryszard Kapuscinski”. En esta obra, el escritor y periodista polaco relata sus experiencias en el continente africano, donde fue corresponsal durante décadas. “Y, cómo no, cualquiera de Dominique Lapierre”.

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Cuatro hoteles esquivan la moratoria turística en Barcelona | Compañías

El pasado 28 de enero entró en vigor el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos de Barcelona (Peuat), que servía para establecer una moratoria para la construcción de nuevos establecimientos (hoteles, pensiones, albergues o apartamentos turísticos) ante la masificación del turismo y los problemas de convivencia que se iniciaron en el barrio de la Barceloneta en el verano de 2016.

El plan dividía la ciudad en cuatro zonas concéntricas: la zona 1, que coge los barrios del centro, en la que no se conceden licencias; la zona 2, en la que solo se otorgan si algún otro proyecto cesa previamente, y las zonas 3 y 4, en el extrarradio, con crecimiento limitado. Es en estas dos últimas zonas donde se han concedido las primeras licencias. En concreto, nueve proyectos han recibido un informe favorable previo a la solicitud de la licencia por parte del Ayuntamiento desde que éste aprobó el Peuat.

Los nueve suman unas 900 plazas y se ubican en zonas en las que el Peuat permite abrir nuevos establecimientos. Los nuevos alojamientos estarán situados en los distritos de Sants-Montjuïc, Horta-Guinardó, Sarrià-Sant Gervasi, Sant Andreu, Sant Martí y Nou Barris, han detallado fuentes municipales a Europa Press. De estos nuevos alojamientos turísticos que pretenden abrir en la ciudad en las zonas permitidas, cuatro son hoteles, tres son pensiones,uno es un apartamento turístico, y otro es un albergue.

Los expertos rechazan este plan al considerar que reorienta la oferta hotelera a zonas sin demanda, en la que los empresarios no van a invertir. Bruno Hallé, socio director de Magma Hospitality Consulting, considera que una solución más eficaz para acabar con el exceso de oferta es el control de la oferta ilegal. “Si lo controlas en Barcelona te quitas 70.000 camas de un plumazo. En cambio se ha hecho un plan que establece una moratoria sobre el 90% de la oferta. Si hay algún inversor que está dispuesto a gastarse 30 millones de euros es porque previamente habrá hecho un estudio sobre la viabilidad de la inversión. No creo que lo vaya a hacer si solo se le permite en zonas sin demanda”, dice.

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Hacienda no entiende la economía digital | Compañías

Hacienda somos todos, y cualquier persona –física o jurídica– que lleve a cabo una actividad económica sujeta a tributación debe pagar lo que exigen las leyes. Esto debe aplicarse tanto en el mundo offline como online, sin que las nuevas tecnologías e internet sirvan como subterfugio para escapar del control de Hacienda. Sin embargo, la Agencia Tributaria debe primero comprender el funcionamiento de los nuevos modelos de negocio digitales para encontrar luego la forma de regularlos. No se pueden aplicar fórmulas antiguas a realidades nuevas, ya que ello puede resultar en mecanismos de control ineficientes, desproporcionados y contrarios a la normativa del entorno digital.

Un ejemplo de esto último lo encontramos en el proyecto de Real Decreto del Ministerio de Hacienda que incluye la obligación para las plataformas colaborativas de informar sobre el arrendamiento de viviendas con fines turísticos. Este texto es claramente impreciso en sus definiciones, pero adolece de un defecto aún mayor: se impone un régimen de información contrario a la normativa digital e inadecuado según la naturaleza de las plataformas y de la actividad que llevan a cabo.

Las llamadas plataformas colaborativas son prestadores de servicios de la sociedad de la información y, como tales, están sometidos a la directiva de comercio electrónico y a su ley nacional de transposición. Este régimen jurídico exime a las plataformas de ejercer una actividad general de supervisión o monitorización de sus contenidos, de forma que no están obligadas a recabar información de manera activa (sea para transmitirla o no a las autoridades públicas). Por tanto, la normativa propuesta desde Hacienda quebranta el régimen jurídico establecido por las autoridades europeas para las plataformas digitales, tratando de cambiar con una norma de rango reglamentario lo que está establecido en una directiva comunitaria.

¿Y no pueden las plataformas igualmente compartir la información que se les pide? La respuesta es que no. Además de que la normativa les exime de hacerlo, las plataformas tampoco pueden dar la información que quiere Hacienda porque no la tienen. El texto del proyecto prevé que las plataformas remitan un conjunto de información tremendamente exhaustivo que comprende los datos personales de anfitriones y huéspedes, la identificación de los inmuebles con su referencia catastral y detalles sobre la duración de las estancias y el importe de cada alquiler (incluso aunque sea gratuito).

Las plataformas digitales son muy diferentes entre sí, desde algunas que se limitan a ser un portal de anuncios que facilita el contacto entre particulares, hasta otras que tienen funcionalidades adicionales para aportar más seguridad a la intermediación. De esta manera, la información que maneja cada tipo de plataforma es muy dispar y, en ningún caso, llega hasta los extremos que pretende Hacienda. En otras palabras, la Agencia Tributaria está pidiendo a las plataformas digitales una información sobre la actividad subyacente (la de arrendamiento de viviendas con fines turísticos) que se produce en el entorno digital que ellas habilitan, pero que es una actividad en la que no intervienen y sobre la que no disponen de toda la información, ya que no tiene relación con el servicio concreto que prestan a sus usuarios.

En definitiva, las obligaciones tributarias contenidas en el proyecto de Real Decreto son, por un lado, contrarias a la normativa de comercio electrónico y, por otro, injustificadas, desproporcionadas e irreales por lo que respecta al propio funcionamiento de las plataformas y del entorno digital.

Además, como han advertido la Comisión Europea y la CNMC, este tipo de normas desproporcionadas representan una barrera de entrada al mercado que desincentiva la aparición de nuevos competidores digitales, lo que obstaculiza el desarrollo de la innovación y la digitalización. España necesita sumarse a la transformación digital y aprovechar más las oportunidades que esta ofrece para conseguir un modelo de crecimiento estable y con futuro. Para ello es necesario que las administraciones entiendan mejor los modelos digitales y sean más creativas a la hora de buscar fórmulas para regularlos, evitando alterar por vías indirectas aquellos instrumentos jurídicos que ya funcionan y que han permitido el desarrollo de dichas nuevas realidades económicas.

Por otro lado, es importante destacar que la propia existencia de las plataformas ya ayuda a las autoridades fiscales, gracias a la mayor trazabilidad de las operaciones. Asimismo, algunas plataformas envían también información periódica a sus usuarios de la actividad económica generada y su forma de tributación para facilitar el pago de los impuestos correspondientes. Es más, en otros países, incluso se han llegado a acuerdos con plataformas para que estas procesen el pago de ciertas tasas turísticas en nombre de los usuarios, poniendo de manifiesto que las fórmulas de colaboración público-privada son posibles si se entiende la naturaleza y particularidades de los nuevos modelos digitales.

Entonces, ¿cuál es la solución? Siguiendo las recomendaciones de las autoridades europeas y de los organismos de competencia, las administraciones deben llevar a cabo una revisión normativa para adaptarse a la digitalización, colaborando con las plataformas para encontrar soluciones eficientes que garanticen el cumplimiento de todas las obligaciones fiscales. La heterogeneidad de las plataformas digitales impide la aplicación de soluciones uniformes al uso, y Hacienda debe escuchar a las plataformas y trabajar con ellas para buscar soluciones realistas, proporcionadas, flexibles y adaptadas al mundo digital.

Alfonso González de León es abogado y consultor senior en Vinces.

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Operación turismofobia | Compañías | Cinco Días

Desde hace unos meses que la palabra turismofobia viene ocupando un lugar central en la escena política y mediática del turismo. El origen de este neologismo puede ser ubicado en 2007, cuando José Antonio Donaire, profesor de geografía de la Universidad de Girona y reconocido experto en turismo, alertó de “la ofensiva turismofóbica” que se estaba gestando en ciertos ámbitos sociales, mediáticos y académicos. Sin embargo, como el mismo Donaire aclaró en su momento, esta turismofobia no era otra cosa que la expresión que tomaba lo que el economista George Victor Doxey llamó a mediados de los años 70 “fase de antagonismo” de todo proceso turístico, una idea prestada de la teoría del Ciclo de Vida de los Destinos Turísticos del geógrafo británico Richard Butler, y readaptación de los fundamentos que economistas como Joel Dean o Raimon Vernon utilizaron para describir el movimiento vital de cualquier producto en el mercado. La teoría de Butler, fuertemente anclada en el pensamiento liberal de Walt Whitman Rostow, partía de una premisa fundamental: los destinos evolucionan y lo hacen siempre siguiendo el patrón “exploración-involucración-desarrollo-consolidación-estancamiento”.

Pero la recuperación actual del concepto turismofobia poco tiene que ver con su sentido doxeyniano, y en parte es así porque eso implicaría un debate serio y preciso sobre las implicaciones e impactos de la turistificación, algo a lo que el sector (sector de sectores, heterogéneo y desigual, con liderazgos e intereses contrarios, pero al fin y al cabo sector) no parece estar dispuesto. Y es que valdría la pena empezar a reconocer que en el mando del turismo –si hacemos caso a cómo ha ido la historia del desarrollo turístico español en los últimos cincuenta años– quien ha marcado el camino y la estrategia a seguir ha sido siempre el capital financiero y especulativo, y ha sido así tanto en el franquismo como en democracia. Hoy, este capital financiero actúa en esencia igual que entonces, es decir, desbordando todo tipo de marcos legales, expoliando territorios, acaparando recursos fundamentales, así como precarizando trabajadores a corto y largo plazo. Se podrán llenar páginas sobre el destacado papel que ha jugado del pequeño empresario, sobre los esfuerzos que ha hecho para dar un servicio de calidad a los clientes o para garantizar los derechos de sus trabajadores, pero lo cierto es que el pequeño empresario nunca ha tenido ninguna incidencia ni capacidad de decisión en la política turística del país.

En este escenario, salidas ya conocidas como “la apuesta por el turismo de calidad” no solo enmudecen el debate, sino que insisten en un abanico de soluciones que no evitan ni mucho menos la generación de externalidades, impactos y transformaciones urbanas catalizadoras de desigualdad social. La actual situación habitacional y laboral, también legal y financiera, muestra hasta qué punto la gestión del turismo en nuestro país se ha mostrado insuficiente, inoperante e incluso contraproducente para la vida de miles y miles de habitantes. Ya no tiene mucho sentido medir y evaluar la huella turística a partir de la planta hotelera existente o del número de entradas vendidas por el museo del Barça. Nuevas dinámicas económicas, residenciales, legales, culturales y ecológicas están redefiniendo los límites de una ciudad-región turística con cada vez menos margen para practicarla, donde la expulsión de residentes es exponencial y el derecho a la movilidad ha sometido el derecho al lugar, a permanecer en él, a hacerlo y transformarlo, siempre siendo parte, nunca estando aparte.

El turismo ha perdido definitivamente el salvoconducto que le permitía aparentar ser una industria sin chimeneas, y ahora más que nunca, resulta evidente que siempre las ha tenido. Tampoco es la gallina de los huevos de oro ni una fuente de riqueza colectiva. La caída de estos mitos fundacionales ha provocado una rápida reacción, siendo la turismofobia uno de los artefactos conceptuales que se han destinado a definir, medir y contrarrestar el estado de crítica social hacia la ciudad turístificada y sus propietarios. La turismofobia tiene así una intención incriminatoria: en manos de determinados actores políticos-empresariales-mediáticos, trata de definir un tipo de reacción irracional, obsesiva y reprobable socialmente. Este relato patologizador que procura ayudar a mantener intactas las posiciones de un sector en estado de delirio.

Si bien es evidente que en el espectáculo mediático de la turismofobia hay intereses paralelos (véase, por ejemplo, la cobertura hecha en las protestas de Arran), resulta fácil asumir que es una nueva cortina de humo, un nuevo intento por deslegitimar la crítica y criminalizar la movilización social frente al modelo urbano y económico que se impone. Con el uso insistente e interesado de este concepto, se intenta definir los bandos y los límites mentales y políticos del conflicto, llevar las aguas al terreno de los intereses privados, y reducir lo que es un problema social en una estúpida pero peligrosa pataleta de unos pocos molestos con los turistas que “nos visitan”. Para que avance el barricidio, la fobia debe imponerse.

Queda por ver qué caminos alternativos se construyen ante esta ofensiva por el control de las ciudades, qué capacidad de gobernanza tiene el poder público para detener esta sangría de consecuencias irreversibles, o qué rol puede terminar ejerciendo la población organizada en la defensa de sus derechos fundamentales. Por lo demás, el problema de la turismofobia tiene una rápida solución, y no es otra que dejar de hablar de ella y abrir un debate serio y real, con consecuencias concretas sobre la vida de las personas y sus ciudades.

Sergi Yanes es doctor en Antropología Social. Miembro de Turismografías.

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Arabia Saudí retoma la obra del hotel más grande del mundo en La Meca | Compañías

Arabia Saudí reanudará la obra del proyecto hotelero más grandes del mundo, el Abraj Kudai, en La Meca, con una inversión prevista de 3.000 millones de euros. Las medidas de austeridad detuvieron su construcción en 2015.

Una vez terminado, el Abraj Kudai contará 10.000 habitaciones, 70 restaurantes, varios helipuertos y una sección reservada para la familia real saudí.

El gobierno de Riad está de nuevo interesado en volver a invertir este proyecto, que considera estratégico para desarrollar el turismo y que será también un impulso para el Grupo Saudi Binladin, la empresa constructora del hotel.

Saudi Binladin, uno de los mayores conglomerados de construcción del país, ha sido duramente golpeado por el freno en el sector de la construcción, después de que los bajos precios del petróleo redujeran los ingresos de exportación de Arabia Saudí y forzaron al gobierno a adoptar políticas de austeridad.

La fecha de apertura prevista para el Abraj Kudai aún no ha sido confirmada, pero se calcula que la obra tardaría al menos dos años en completarse. A los subcontratistas se les ha pedido que presenten propuestas de precios a Saudi Binladin para el próximo septiembre, según recoge Reuters. “El gobierno ha asignado una parte de su presupuesto para completar proyectos clave”, aseguró un ejecutivo del grupo Binladin.

Se calcula que este grupo cuenta con alrededor de 25.000 millones de deuda y a principios de este año sus acreedores acordaron extender un crédito de 1.100 millones para pagar los trabajos de construcción en la Gran Mezquita de La Meca. “El Ministerio de Finanzas está asumiendo un papel de liderazgo en el proyecto hotelero. Esto es positivo también para el sector bancario”, aseguró un responsable financiero.

El Ejecutivo árabe está dispuesto a reducir su dependencia del sector petrolero mediante el desarrollo de industrias como el turismo, en particular el turismo islámico. La peregrinación anual a La Meca lleva a dos millones musulmanes a la ciudad santa. El plan del reino suní pasa por elevar la cifra a 2,5 millones para 2020.

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Cuatro vías para luchar contra la turismofobia | Compañías

Poca gente va a Londres a pasar sus vacaciones de verano ni a Siberia a disfrutar de las navidades. Los turistas van buscando experiencias satisfactorias durante sus estancias y existe una línea de pensamiento único que les lleva a coincidir en sus preferencias: sol en verano y sol en invierno. Esa es la razón que ha llevado a España a convertirse en uno de los países más visitados del mundo. Pese a que disfruta de un clima similar a otras naciones del entorno como Italia, Túnez, Egipto o Turquía, España ha abierto brecha con el resto por una razón: seguridad. No se ha visto dañada por los atentados que han afectado a esos cuatro enclaves (a los que habría que añadir dos destinos urbanos como Londres y París) y eso ha provocado un efecto llamada que ha llevado a España a ganar siete millones de viajeros en 2015, otro siete millones de viajeros en 2016 y probablemente a subir otros nueve en 2017. En esos dos primeros años ha ganado lo mismo que lo logrado en los doce años anteriores.

Con lo que nadie contaba, y menos los políticos que han realizado unos balances tan positivos sobre el buen pulso del turismo, era con la reacción de los vecinos que conviven a diario con los turistas. La llegada masiva de viajeros ha servido para acuñar el término de turismofobia, definido como el rechazo vecinal a la presencia masiva de viajeros en sus calles y en sus bloques de viviendas. Hasta ahora, los turistas colapsaban las ciudades, pero por la noche pernoctaban en los hoteles, lo que evitaba los conflictos nocturnos con los vecinos. Pero eso cambió con la llegada de plataformas como Airbnb o HomeAway, que han permitido un doble beneficio: ofrecer un alojamiento mucho más económico que los hoteles a los turistas y permitir a un gran número de particulares sacarse un dinero extra compartiendo su casa con turistas.

Los vecinos y los hoteleros quieren poner coto a los pisos para turistas, mientras que las plataformas no están dispuestas a renunciar a un negocio que les permite además potenciar su imagen como fuente de ingresos alternativa para muchas familias en la parte final de una crisis económica que se resiste a desaparecer. En este contexto, ¿qué soluciones existen para tratar de alcanzar la paz social? Una de las posibilidades que manejan las autonomías más visitadas es la de introducir tasas turísticas. Las grandes capitales europeas, como Londres, París o Roma, ya las cobran desde hace varios años. La experiencia, sin embargo, demuestra que el impacto sobre la demanda es mínimo.

Un buen ejemplo se ha producido en Cataluña, que desde octubre de 2012 cobra una tasa a todos los viajeros que se alojan en sus establecimientos. Las tarifas van desde los 2,50 euros para cruceristas y turistas de hoteles de cinco estrellas hasta los 0,50 de los hostales. La medida no ha servido para reducir el interés de los turistas por este destino. Más bien todo lo contrario. En 2013 recibió 15,5 millones de viajeros, consolidando su posición como la comunidad más visitada de España, y ha seguido sumando turistas hasta los 18 millones a finales de 2016.

Otra de las medidas, no exenta de polémica, es prohibir la construcción de hoteles y poner coto a los pisos turísticos, bien evitando su construcción o limitando al máximo el número de días para su alquiler. Esa decisión la tomó el ayuntamiento de Amsterdam, que también aprobó un plan para que en cinco años los cruceros de turistas desembarquen fuera del casco urbano y no en el centro. Una medida similar aprobó el ayuntamiento de Barcelona, que prohibió la construcción de nuevos hoteles desde 2015 y la concesión de licencias para apartamentos turísticos a partir de este año. Bruno Hallé, socio de la consultora Magma TRI Hospitality Consulting, cree que los esfuerzos para acotar los efectos indeseados del turismo deben concentrarse en el alojamiento ilegal. “Si lo controlas en Barcelona te quitas 70.000 camas de un plumazo. En cambio lo que se ha hecho es un plan que establece una moratoria sobre el 90% de la oferta frente al 70% que está paralizada en la actualidad”. Hallé considera que el plan supone un bloqueo de facto sobre la oferta hotelera en Barcelona, ya que solo se permitirá proyectos en zonas sin demanda. En los distritos con mayor demanda, como Ciutat Vella o el Eixample, solo se concederán licencias siempre que se suprima otra. “Si hay algún inversor que está dispuesto a gastarse 30 millones de euros es porque previamente habrá hecho un estudio sobre la viabilidad de la inversión. No creo que sea conveniente hablar de que existe sobreoferta hotelera si no más bien de la dificultad de invertir de zonas sin demanda”, dice.

La Comisión Europea baraja elevar la fiscalidad de las empresas ligadas a economía colaborativa ante la presión de Macron y Merkel

Los hoteleros, sin embargo, consideran que la solución al conflicto la tienen las autoridades políticas, que hasta ahora se han mantenido de perfil en el fenómeno de la economía digital. En primer lugar, las autoridades comunitarias han defendido hasta ahora el modelo de la economía colaborativa como algo diferente al resto. Cuando las protestas han arreciado y a las voces de países como España se han unido Alemania y Francia, la Comisión ya se ha tomado en serio la cuestión y prevé debatir un incremento de la fiscalidad a estas compañías en el próximo Consejo de Ministros de Economía que se celebrará en Tallin (Estonia) a mediados de septiembre. La mecha la ha prendido el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, que tildó de “inaceptable” la factura fiscal de Airbnb en Francia, donde solo pagó 100.000 euros en el último ejercicio fiscal, pese a ser su segundo mercado con más de diez millones de usuarios.

El trabajo más arduo les espera, sin embargo, al Estado Central y a las autonomías. Al primero, con competencias en sociedad de la información, le toca velar porque todos los anuncios que se publiquen en plataformas como Airbnb o Home Away estén dados de alta en los registros oficiales. Los hoteleros ponen como ejemplo lo sucedido en San Francisco, donde la amenaza de sancionar con 1.000 dólares a cada casa sin número de registro provocó la anulación de 14.000 anuncios. A las autonomías, competentes en materia turística, les toca regular para clarificar dónde y cómo se pueden alquilar pisos para turistas y si pueden compartir espacio con los vecinos.

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