Merkel se juega su legado político con la unidad de Europa | Mercados

Angela Merkel ya se ha ganado un lugar en la historia de Alemania y de Europa. Falta por saber si será para bien o para mal. Con su cuarta victoria consecutiva en unas elecciones generales (el pasado domingo) se coloca entre los cancilleres más populares de la postguerra, junto a Konrad Adenauer, que logró imponerse cinco veces, o Helmut Kohl, que lo hizo en cuatro ocasiones.

Pero esas figuras son recordadas por la reconciliación europea y la reunificación del continente, mientras que Merkel corre el riesgo de ser juzgada por los historiadores como una de las grandes responsables de la brecha política, económica y social que amenaza con resquebrajar la Unión Europea desde el inicio de la crisis en 2008.

Merkel tiene ahora cuatro años por delante (si agota el mandato) para intentar recomponer su legado europeo. Y parece dispuesta a aprovechar la presencia de Emmanuel Macron a la cabeza de Francia para retomar el proceso de convergencia política y económica del continente, paralizado desde hace más de una década.

Desde la llegada de Macron al Elíseo, la canciller ha mostrado su intención de pactar con París algunos de los cambios necesarios para apuntalar la zona euro, amenazada por la creciente brecha económica entre sus socios, y la Unión Europea, rasgada por la salida de Reino Unido.

La canciller, que hasta ahora gobernaba con los socialistas, aseguró el lunes que sus planes para Europa “no han cambiado” tras unas elecciones que la abocan a un gobierno tripartito (con liberales y verdes). “No, no creo que cambie [la situación en relación con Europa]”, señaló en su primera rueda de prensa tras la votación.

“Los grupos con los que puedo formar gobierno están interesados en alcanzar soluciones para Europa”, añadió la canciller

 

Macron presentará este mismo martes su plan para la zona euro, con la solemnidad, o pomposidad, que le caracteriza. El discurso tendrá lugar en el Anfiteatro de La Sorbonne, recinto centenario muy propicio para las grandes declaraciones. París no oculta que el objetivo de Macron es exponer sus demandas para que Merkel pueda tomarlas en cuenta durante la negociación con sus socios de gobierno.

Fuentes francesas ya han indicado que la meta final es convertir a la zona euro en una verdadera Unión monetaria, con los instrumentos necesarios (Fondo Monetario europeo, mecanismo de estabilización presupuestaria…) para evitar las devastadoras consecuencias de una crisis como la recién sufrida. Pero las mismas fuentes admiten que París ofrece flexibilidad sobre el calendario y el ritmo de las reformas, para ajustarlo a las necesidades políticas de Berlín.

Merkel parece condenada a entenderse con Macron si quiere frenar la peligrosa deriva política que ha tomado el continente. La canciller admitió el lunes su “responsabilidad personal” en la polarización de la política alemana, tras una votación que ha convertido al partido antieuropeo Alternativa para Alemania (AfD) en la tercera fuerza del Bundestag con más de cinco millones de votos y 94 escaños (de 709).

Pero la responsabilidad de Merkel va más allá de sus fronteras porque su liderazgo continental ha contribuido a la década perdida de Europa que ha dado alas a las fuerzas partidarias de disolver el club, unas formaciones con posibilidades de llegar al poder en Francia, Italia, Holanda, Finlandia o Austria y, tal vez a medio plazo, también en Alemania.

Merkel, alemana oriental que ingresó en la UE a los 35 años (con la unificación de Alemania), ha intentado reconvertir el club en una suma de Estados al margen del método comunitario vigente desde 1957, que otorgaba el papel de motor a la Comisión Europea. La nueva fórmula, bautizada por la canciller como método de la Unión en su discurso en el colegio europeo de Brujas en 2010, solo ha generado parálisis y desconfianza y ha logrado desacreditar a una Comisión que ejercía el papel de árbitro casi indiscutido.  

El fiasco en la gestión de las sucesivas crisis de los últimos años lleva el marchamo de Merkel mucho más que el de Bruselas. Y la acción o, más bien la omisión, de Berlín puede rastrearse en casi todas las sacudidas que ha sufrido el club.

La canciller y su ministro de Economía, Wolfgang Schäuble, frenaron una y otra vez la respuesta a una crisis financiera que devastaba gran parte de la zona euro pero de la que Alemania salía indemne cuando no beneficiada.

Los coqueteos políticos de Merkel con David Cameron alentaron la aventura del ya ex primer ministro británico que acabó en el referéndum de 2016 sobre la salida del Reino Unido. Los dos maniobraron también, sin éxito, para evitar que el actual presidente de la Comisión saliera elegido como fruto indirecto del resultado de las elecciones al Parlamento Europeo en 2014.

La apertura de Berlín hacia los refugiados sirios, aunque justificada desde el punto de vista humanitario, también se llevó a cabo de forma tan descontrolada que resquebrajó la zona Schengen (todavía hay controles fronterizos en varios países, incluida Alemania). El reparto exigido por Berlín desató el malestar de los países del Este, acusados de insolidaridad a pesar de que Polonia, por ejemplo, ha acogido a 1,3 millones de refugiados ucranianos, un número superior a los sirios acogidos por Alemania.

La zona euro también ha quedado hecha trizas tras ocho años de diktat de Merkel y Schäuble. Aunque se ha recuperado el crecimiento, la convergencia entre sus socios se ha frenado, según alerta una y otra vez la Comisión Europea. Cuatro socios (Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre) han sido rescatados, con intervención del Fondo Monetario Internacional por exigencia expresa de Berlín. Y el corralito monetario, fenómeno desconocido en la historia reciente de Europa, llegó a Chipre y, más tarde, a Grecia, donde todavía sigue en vigor.

La historia de la década que acaba es la de una especie de guerra civil“, resumía Macron el pasado 8 de septiembre en Atenas la situación vivida por la zona euro desde 2008. Una década que los historiadores identificarán siempre con el liderazgo de Merkel si no logra pasar a la acción durante su cuarto mandato.

¿Sobrevivirá el eje Merkel-Macron?

La mayoría de los analistas resaltan la dificultad que tendrá Merkel para formar su nuevo gobierno y para reconciliar las posturas de liberales (FDP) y verdes (Grüne) en relación con Europa. Pero discrepan sobre las consecuencias que la posible coalición gubernamental tendrá sobre la alianza que Merkel intenta forjar con Macron.

“El resultado puede ralentizar los esfuerzos por fortalecer la zona euro”, señalan los analisas de BlackRock Investment, que apuntan como obstáculo el previsible empeño del FDP en aplicar a rajatabla los objetivos de déficit público o la resistencia a aceptar ciertas reformas (como la designación de un “ministro” de finanzas de la zona euro).

Desde el banco Credit Suisse apuntan, por el contrario, que el resultado electoral del domingo supone un pequeño contratiempo para los planes esbozados por París y Berlín, pero no un cambio de rumbo. “Puede haber un período de incertidumbre hasta final de año hasta que el nuevo gobierno de Merkel exponga claramente su posición sobre Europa, pero no descartaríamos nuevos avances liderados por la canciller y Macron”, concluye el análisis de la entidad suiza.

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Merkel logra su cuarta victoria pero no evita la fuerte irrupción de la extrema derecha | Mercados

Angela Merkel se ha impuesto hoy por cuarta vez consecutiva en unas elecciones generales en Alemania, con un 32,5% de los votos, según los sondeos a pie urna publicados nada más cerrarse los colegios electorales a las seis de la tarde por la cadena de televisión ARD.

La indiscutible victoria de la canciller se ve empañada por la irrupción con fuerza del grupo de extrema derecha Alternativa para Alemania (13,5% según los mismos sondeos) y por las dificultades para formar Gobierno de coalición con el Parlamento más fragmentado de los últimos 50 años.

Los socialistas (SPD), aliados del Gobierno de Merkel, se quedarían en torno al 20%, cinco puntos menos que en 2013; los liberales (FDP) regresarán al Parlamento (con 10,5%), y los Verdes y la extrema izquierda (Die Linke) llegarían al 9,5% y 9%, respectivamente.

Alexander Gauland, colíder de Alternativa para Alemania (AFD), compareció entre vítores de sus militantes apenas un minuto después de que se publicasen unos sondeos a pie de urna que les convierten en la tercera fuerza política del Parlamento alemán, solo por detrás de conservadores y socialistas.

Vamos a recuperar nuestro país“, prometió Gauland, líder de un partido basado en la eurofobia y la xenofobia y que, según sus críticos, representa el regreso al parlamento federal de una extrema derecha ausente desde la caída del nazismo y el fin de la II Guerra Mundial. 

Los sondeos a pie de urna indican que los dos grandes partidos, los conservadores de Merkel (CDU) y los socialistas de Martin Schulz (SPD), han pagado electoralmente cuatro años de gran coalición, la segunda alianza contranatura desde que Merkel llegó al poder en 2005.

La CDU y el SPD pierden varios puntos de apoyo, una caída que podría debilitar el liderazgo casi indiscutido de Merkel y poner en peligro el futuro político de Schulz, que regresó a la política nacional tras dos décadas en Bruselas como miembro del Parlamento Europeo.

Schulz ha reconocido el batacazo poco después del cierre de los colegios electorales. “No hemos logrado nuestro objetivo, no hemos logrado movilizar y retener a nuestro electorado”, señaló el candidato del SPD. Aunque reivindicó los logros de su partido durante la coalición con Merkel, Schulz anunció que “la colaboración con la CDU ha terminado“. Los socialistas descartan repetir la gran coalición y anuncian su paso a la oposición.

La canciller, Angela Merkel, fue la última en comparecer y también admitió su creciente fragilidad a pesar de la victoria. “Nos hubiera gustado un resultado mejor pero era un gran desafío”, se disculpó tras quedarse por debajo del 35%, el umbral que el ala crítica de su partido había exigido como objetivo mínimo.

El programa eurófobo y anti-inmigración de Alternativa para Alemania (AFD) parece haber absorbido la hemorragia de votos de los partidos tradicionales. El grupo, nacido en 2013 en plenas protestas contra la inyección de dinero alemán en el rescate de Grecia, ha logrado en cuatro años entrar en 13 de los 17 parlamentos regionales de Alemania. Y tras la votación de hoy, podría contar con varias decenas de escaños en el Bundestag (parlamento federal) en Alemania.

Los partidos tradicionales llamaron en las últimas horas a una movilización del electorado, para evitar que la temida abstención favoreciese a Alternativa para Alemania. La petición parece haber surtido efecto, al menos, durante la primera parte de la jornada electoral. A las 14 horas, tras seis horas de votación, la participacíón se situó en 41,1%, solo tres décimas por debajo del dato de 2013.

Tortuosa negociación

Aun así, AFD ha logrado convertirse en el tercer grupo parlamentario. Y el resultado podría abocar a Merkel a unas complicadas negociaciones para formar coalición. La opción más sencilla sería repetir la gran coalición (derecha-izquierda) pero ni la CDU ni el SPD desean repetir una fórmula que, a menudo, genera frustración en el electorado.

Los conservadores de la canciller apostaban por lograr la mayoría absoluta con el grupo liberal (FDP), pero los primeros sondeos a pie de urna indican que, tal vez, no sumen los escaños necesarios.

La segunda posibilidad sería un gobierno tripartito (conservadores-liberales y verdes), una amalgama que ocupa el gobierno en varias regiones alemanas. A nivel federal, sin embargo, podrían saltar chispas entre liberales y verdes, que mantienen visiones contrapuestas en asuntos como la política europea. A pesar del riesgo, el tripartito parece ser la única opción viable para Merkel.

Europa, a la espera

Merkel ha asegurado que “hemos recibido un mandato y asumiremos nuestra responsabilidad” de formar gobierno. Los colores de la nueva coalición marcarán la política de Berlín con el resto del continente. La Francia de Emmanuel Macron confía en recuperar la fuerza del eje franco-alemán para fortalecer la zona euro y la UE. El presidente francés tiene previsto presentar este martes su agenda para dotar a la zona euro de instrumentos anticrisis como la creación de un Fondo Monetario Europeo o de un presupuesto común.

La irrupción de la extrema derecha xenófoba en Alemania podría jugar, curiosamente, a favor del entendimiento entre París y Berlín, que ya comparten un problema que hasta ahora solo inquietaba a Francia por la pujanza del Frente Nacional. El contagio eurófobo del electorado alemán debilita internamente a Merkel, pero puede obligar a la canciller a buscar soluciones europeas que frenen el ascenso de las fuerzas partidarias de disolver la UE.

Durante la crisis del euro, Merkel ha ignorado las peticiones de reforzar la zona euro cursadas por países en serias dificultades económicas (como España o Italia) o políticas (como Francia). Merkel retrasó el rescate de Grecia o la creación del fondo de rescate de la zona euro para no poner en peligro los resultados de su partido, en un esfuerzo por no perder al electorado más reacio a la implicación de Alemania en la UE. Pero la irrupción de AFD ha provocado la huida de parte de ese electorado, tanto de la CDU como del SPD.

Los dos partidos han expresado su deseo de recuperar a ese electorado. El SPD recuperando su papel de “oposición”, como ha asegurado Schulz. Los conservadores, previsiblemente, se debatirán entre la salida Macron, con una clara apuesta por Europa, o el repliegue nacioinalista defendido por los aliados bávaros de la CSU.

La canciler, sin embargo, ya ha dejado claro durante su campaña su intención de entenderse con el Gobierno de Macron para pasar definitivamente la página de una década de crisis en la zona euro. Los Verdes, si entran en el Gobierno como parece probable, podrían ser el antítdo de la eurorreticencia de los Liberales. Y el resultado paradójico sería una Merkel más débil y una Europa más fuerte.

Bruselas apuesta por esa salida y el presidente del Consejo Europeo, Donadl Tusk, ya anunció 48 horas antes de las elecciones en Alemania la convocatoria de una cumbre europea de la zona euro en el mes de diciembre para lanzar la reforma de la zona euro. Tusk desea que los primeros cambios, como el Fondo Monetario Europeo, estén en marcha solo nueve meses después, en junio de 2018.

 

 

 

 

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