El control de la diabetes se abre paso en el gasto sanitario de las autonomías | Mi dinero

Un 13% de los españoles que padece diabetes sufre una variedad de esta enfermedad llamada tipo 1, que aparece normalmente en niños y adultos jóvenes y se caracteriza porque el páncreas deja de fabricar insulina. En España son más de 700.000 afectados, según la Federación Española de Diabetes (FEDE). Además, se calcula que hay más de cinco millones de pacientes que sufren la variante tipo 2, en la que el organismo no sabe utilizar la insulina generada por el páncreas.

Las asociaciones de diabéticos reivindican desde hace años que el sistema sanitario asuma los costes de sensores que aumentan el control de la enfermedad. Su voz empieza a ser escuchada. El Gobierno vasco anunció a finales de julio que financiará uno de ellos antes de 2018, el sistema flash de monitorización de glucosa, para menores de 18 años con diabetes tipo 1, con una inversión en torno a los 330.000 euros al año. Euskadi se convierte así en la primera comunidad en implantarlo en un grupo de edad sin limitaciones.

A pesar de ello, esta medida solo se aplicará a un grupo restringido de personas. Osakidetza, el servicio vasco de salud, calcula que se beneficiarán cerca de 400 pacientes, que mantendrán la ayuda una vez cumplida la mayoría de edad. También Castilla – La Mancha pretende financiar este mismo sensor a menores de 18 años, aunque todavía está a la espera de la aprobación de los presupuestos regionales de 2017. La FEDE calcula que en España los afectados menores de 15 años serían 29.000. A nivel mundial se estima que alcanzan los 593.000, según la Federación Internacional de Diabetes (FID). Ambas regiones tienen intención de ampliarlo en el futuro a mayores de edad.

El sistema flash mide el nivel de glucosa en el líquido intersticial y la tendencia en las últimas ocho horas. El usuario solo tiene que pasar un lector electrónico sobre un parche sensor que tiene colocado en el brazo. El paciente puede así prescindir, en parte, de los pinchazos en el dedo. Sin embargo, la exactitud de sus mediciones es inferior a las de las glucemias capilares.

Este sensor, llamado FreeStyle Libre y fabricado en exclusiva por la farmacéutica Abbott, cuesta 60 euros y tiene que renovarse cada 14 días. “Se ha producido una pequeña revolución porque los pacientes hemos descubierto que no tenemos la necesidad de pincharnos los dedos”, asegura Andoni Lorenzo, presidente de la FEDE.

Una de las beneficiarias en Euskadi será Inés Merino, una niña de ocho años, que padece diabetes de tipo 1 desde los 23 meses. La pequeña dispone del sensor desde enero de 2015, cuando “todavía no estaba aprobado para su uso en niños”, explica su madre Irune Pérez, que es médica radióloga.

Actualmente este sensor implica un gasto para el paciente de 120 euros mensuales, que los niños vascos se ahorrarán. “Muchos padres están sacrificando 120 euros al mes para comprarle a sus hijos el sensor. Hay quién no se lo puede permitir”, asegura Lorenzo. Actualmente, Sanidad facilita los medidores y las tiras reactivas para las glucemias capilares.

Tanto las asociaciones como las consejerías de Sanidad recuerdan que este sensor no sustituye de manera definitiva a los pinchazos, ya que el control capilar sigue siendo más exacto, por lo que se recomienda seguir haciéndolo antes de cada comida y en el caso de glucemias extremas. Así lo indica Leticia López de Guereño, presidenta de la Asociación Vizcaína de Diabetes (Asvidia). Incluso Abbott aconseja realizar pruebas capilares en el caso de que se perciban grandes desniveles de glucosa.

Pérez cuenta que antes del sensor había días en los que tenía que pinchar a su hija hasta 11 veces. “Este sistema le ha cambiado la vida, se evita muchos pinchazos al día, que le provocaban destrozos en los dedos”, afirma.

A pesar de que no lo sustituye, este sistema permite un ahorro a la administración al aumentar el control de la enfermedad. “Supondrá no solo un beneficio social, sino también económico, puesto que servirá para evitar los ingresos hospitalarios por hipoglucemias, que suelen ser frecuentes”, señala Sonia Gaztambide, jefa del servicio de Endocrinología del hospital de Cruces de Barakaldo (Bizkaia).

Además del dispositivo de Abbott hay otra alternativa, pero con un coste mucho más elevado para el paciente, el conocido como medidor continuo. Este proporciona el nivel de glucosa cada cinco minutos y envía la información a un monitor, sin que sea necesaria la intervención del paciente. Medtronic y Dexcom lo comercializan.

La Comunidad Valenciana incorporó estos medidores a su cartera de servicios en junio para pacientes con diabetes tipo 1, portadores de bomba de insulina y un mal control glucémico. Por su parte, Cataluña también prevé incorporarlos a su cartera para el último trimestre, igualmente para grupos concretos.

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